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Junio del 2006

PERSPECTIVA DEL HOMBRE / 1

Por cristianogiv - 28 de Junio, 2006, 0:58, Categoría: General

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PERSPECTIVA

 

DEL HOMBRE

 

 

Un Opúsculo Antropológico

 

1978

 

 

PREFACIO

 

El presente trabajo, como su nombre lo indica, es precisamente una perspectiva, una panorámica antropológica cristiana, un dia­grama elemental donde no se pretende dete­nerse, ni menos enredarse en cuestiones exce­sivamente eruditas, sino que apenas se dan las líneas directrices de una visión del hom­bre y sus cosas. Es pues simplemente la Pun­ta del iceberg bajo la cual se puede investigar más profundamente. Es por ello que muchas cosas apenas se mencionan. Puesto que el te­ma es tan amplio, se han tocado tangencial­mente ítems que pertenecen no solo a la an­tropología, sino también a la psicología, la filosofía, la historia, la mitología, la ciencia y la religión.

El opúsculo fue en su mayor parte es­crito durante 1.978 en la república del Para­guay, sin embargo algunos añadidos son pos­teriores.

El autor agradece primeramente a Dios por la oportunidad de escribir y presentar al público estos escritos. Reconozco que si la trompeta, como dice Pablo, diere sonido in­cierto, ¿quién se prepararía para la batalla? éste es seguramente el caso en algunos pasa­jes que quizá requieran cierta meditación o cierto trasfondo cultural. Sin embargo tiene el autor la esperanza, y es su oración a Dios, que el lector se anime a hacer el esfuerzo de penetrar en el sentido auténtico de las decla­raciones, que son el fruto de haber encarado el contorno de la cultura, hasta cierto punto. Agradezco al lector su consideración de esta perspectiva.

Dedico el opúsculo a todo el lector ho­nesto que lo lea con espíritu amplio. Tam­bién, con gratitud por su colaboración, lo de­dico a mi esposa Myriam, y a mis hijos Sil­vana, Esteban,  Claudia, Rebeca, Elizabeth, Patricia y Salomé, a quienes el Señor quiera conceder una larga vida para servirle aquí en la tierra hasta que Dios nos conceda a todos un feliz paso a la eternidad. De igual manera hago una dedicación especial de este opúsculo a mis parientes y amigos, con la es­peranza de servirles algo de mi corazón.

Gino Iafrancesco V.

 

 

Contenido

 

Capitulo I.        El hombre tras su significado             

Capitulo II.       La pasión necesaria y la síntesis de complementos 

Capitulo III.      La enajenación historicista     

Capitulo IV.      La ilusión evolucionista         

Capitulo V.       La problemática de los fósiles imputados a la supuesta

                       ascendencia  humana         

Capitulo VI.     La raíz mística            

Capitulo VII.    Relación histórico-mitologal             

 

 

CAPITULO I

 

EL HOMBRE TRAS SU SIGNIFICADO

 

 

¡Y aquí está el hombre! tú y yo! ayer y hoy! confiamos en que también estará aquí mañana. Helo allí, junto a ti, y en ti mismo. Sus ojos espirituales interiores pre­guntan. La conciencia existencial de su natu­raleza espiritual es como una llama anhelan­te, e interroga. Se da cuenta de que pregun­ta, pues he allí que existe. ¡Significado! sig­nificado es el sentido que persigue la vida. Súbitamente nos miramos viviendo. La vida, cual llama que lame ardorosa el elixir sagra­do de lo que es, exclama por significado. Y con su sed abraza minuciosa lo que encuen­tra a su paso; y a si misma se abraza.

 

¿Cuál es la historia de su pregunta? ¿ Por qué pregunta? he aquí que nos halla­mos preguntando. Sí, de pronto pregunta­mos. ¿ Hay alguno que no haya preguntado? creo que no hallaré ese testimonio de un hombre por ninguna parte. Ciencia, filosofía, religión, distintos nombres de un mismo pro­ducto: la llama de la existencia que labora Por un significado. Quiere hallarlo o fabricar­lo, pero no puede acallar la atracción de su gravedad. La profundidad indaga. El hom­bre, con la profundidad en sus manos, con la profundidad en su alma, en el espíritu, mira desde el borde del abismo hacia arriba y ha­cia abajo; ¡y siente! No solo que se pregun­ta, sino que también siente. No siempre es dueño de lo que siente, pero lo siente. Y en­tonces habla; canta y se expresa; recibe y da. Helo allí, caminando por el sendero que bordea el abismo descubre que la realización total le llama. Y el caminante ye que tam­bién teme. Y, ¿por qué teme? él no se inventó el temor, pero lo descubrió. Por eso se afe­rran al delirio de la temeridad los iniciados en el sendero de la serpiente; he allí el vér­tigo de Nietzsche y el roedor de sus ditiram­bos dionisiacos. Se asombró el hombre por­que existía; el camino le espera. Amargura corroe a Shopenhauer y absurdo a Sartre. Todos los que se deslizaron procuran acos­tumbrarse al abismo.

 

Y ¿cuál es la historia detrás de la pregun­ta humana? alguna historia verdadera habrá. Aunque la hayan olvidado, por aquí han pa­sado muchos y con muchas ocurrencias de respuesta. Pero la historia verdadera de la pregunta humana debe estar en algún lugar. No fue un sueño la historia ni fue un mito, aunque el mito ha sido su marido inseparable.

 

El mito y la historia navegan siempre en la misma embarcación. Jung ye siempre al hombre necesitando al mito; y es que su ne­cesidad no es mito, y lo necesitado es real y el mito viene a suplantarlo. Mirad lo que pre­tende suplantar la "ciencia". ¿Quién fue an­terior, la historia o el mito? no podemos de­cir que el mito, pues así el mito no seria más mito. Muchos mitos son versiones deforma­das de una verdadera historia que en alguna parte tiene su versión. Resulta insensato des­preciar con prejuicios el sentido del mito. Lo que debe más bien hacerse es escudriñar la genealogía del mito hasta su raíz, verifican­do el camino y la partida de sus desviaciones, y hallando el tronco original que nos llevará a lo que ya no es mito sino realidad históri­ca. Una historia verdadera es la raíz de la cual se desprendieron los mitos. Esa historia se conserva fiel en algún lugar. La documen­tación antigua más digna de confianza ha de­mostrado ser el conjunto de escrituras sagra­das judeocristianas. El mito es la respuesta que se da un pueblo ante su condición. Tal condición tiene una historia real; por lo tanto el mito se desprendió de allí, aunque en el camino se halla degenerado. No todo es tan solo mito en los mitos, como tampoco todo es ciencia en las ciencias. Más bien diríamos que muchas hipótesis científicas son eviden­temente también mitos, y cumplen el papel del mito entre sus adeptos. La fe en la ciencia Es la nueva mística de la mitología actual. La "ciencia" es el mito moderno.

 

Hay una realidad auténtica que sobre­vé el correr genuino del hilo de la historia plena del hombre. Y hay también una enga­ñosidad de facto que alimenta con intereses creados la interpretación del hecho real. Los hombres escogen poner su fe en uno u otro poder. Y si decimos que la historia es ante­rior al mito y que a ella se allegaron los mi­tos, ¿dónde está esa historia? ¿Dónde ese hilo confiable? la madeja de opiniones es abru­madora; pero ese hilo confiable de la reali­dad no ha dejado de pasar por aquí, pues la realidad es ella misma. La historia es verda­dera en su realidad, y trascendente. Sus efec­tos son evidentes y presentes; no se trata de meros documentos desaparecibles como lo pretende el hermano mayor de la ficción Or­welliana. Las huellas de la historia se conser­van aún entre la incertidumbre. Mirad como les buscan. Si la historia fue historia y no es sueño, el testimonio autentico de su "qué" nos acompaña. Poco importa si en la proce­sión le siguen y rodean los mitos, sean éstos científicos, filosóficos o religiosos. El hilo confiable del testimonio auténtico de la his­toria flota sobre las aguas de la corriente del río de la humanidad. Se estrujan entre si las aguas; se chocan y se mezclan las corrientes; pero allí van todas juntas a pesar de todo cargando con el peso de lo que en realidad ha sucedido y que tarde o temprano brotará. Las similitudes de la historia verdadera con los mitos son obvias y tienen su razón lógica de ser. Han de parecerse si provienen de un pasado común. El mismo mito confirma el detalle auténtico de la historia. El mito co­rresponde a la psicología de los pueblos, por­que esta corresponde a su historia. Esa histo­ria se remonta hasta el primero, tras sus hue­llas. Las huellas del primero son más historia que mito. El primero debe ser inevitablemen­te una realidad. Adán no puede faltar. Uno habría de ser el primero.

 

Interpretar el mito como mera transformación de la libido es a todas luces insufi­ciente. Ciertamente que el origen de la histo­ria no fue la libido. Más bien diríamos que la propia libido tiene su historia. Después viaja­ron juntas; pero antes de ellas hubo un co­mienzo que se nos muestra sorprendente­mente inteligente en su diseño. En ese co­mienzo se plasmó un poder. Obviamente que no es la libido, de existencia contingente, la que puede producir al Creador. Es el Creador el que dio curso a la libido. No son la mística ni la metafísica un mero símbolo sublima­do de la libido. Más bien, es la libido un efecto, un reflejo y un símbolo del acontecer metafísico; un resultado evidente de una rea­lidad trascendente. La correspondencia, pues, entre el mito y la libido debe interpre­tarse en sentido contrario al de sublimación. Los neofreudianos se han deslizado del Cam­po psicológico al epistemológico, cerrán­dose a la evidencia objetiva metafísica. Dilu­yeron para si mismos el contenido real del testimonio de la revelación histórica. La con­sideración parcializada de solamente la parte subjetiva del mito, ha llevado a algunos de sus estudiosos a una interpretación errónea de la conducta humana. El mito, considera­do meramente como transformación y sím­bolo de la libido, divorcia al hombre de las realidades objetivas mismas que dispusieron la estructura dinámica. El mito y la libido se relacionan, pero la objetividad hace más fac­tible que el mito contenga disfrazada la his­toria que explica a la libido, en vez de expli­car la libido al mito suficientemente. El ob­jeto libido demanda una historia objetiva y hela allí disfrazada de mitos que provienen de hechos ajenos a las meras representaciones de la libido misma. La libido es contingente y no se creó a sí misma. Tampoco existe evi­dencia científica de su evolución, a menos que se traguen crudas hipótesis superficiales e improbables. Examinad la erudición her­mética y los hallaréis postrados ante los mis­mos demonios primitivos. Si fuésemos a em­plear la terminología psicoanalítica que no aprobamos del todo, diríamos que la energía del superyo no es extraída Únicamente del ello. Pues el arquetipo y la estructura del su­peryo tienen su historia independiente mien­tras la libido demande un estructurador y una fuente original ontogénica y filogénica. La re­lación ello-yo- superyo no debe confundirse siempre con transformación libidinal o sublimación. Evidente es que la libido no es toda la realidad ni la Única naturaleza en las cosas evidentes que existen. El cuerpo no es el al­ma, y el alma no es Dios, aunque la estructu­ra esté plenamente dispuesta para relación. No obstante, a pesar de la relación, la natura­leza de cada uno conserva una característica irreducible. El alma no puede ser reducida meramente al cuerpo aunque se relacionan. El hombre es una unidad integral, más poli­dimensional, que disfruta de diversas natura­lezas. Tampoco Dios puede reducirse a un mero producto del alma. La perspectiva es justamente lo contrario: Dios explica al al­ma, y el alma explica al cuerpo; no al revés.

 

La psiquis no es independiente ni auto­suficiente. Las necesidades del ello tienden un puente hacia realidades ajenas a su misma existencia. Igualmente el yo se abre a la relación sociable. El superyo se apoya en la realidad de lo que representa. La interrelación ello-yo-superyo no puede ser jamás un círculo dinámico aislado; ni la dinámica de su estructura es autosuficiente. A cada estadio corresponde una realidad externa a sí mismo. El concepto de sublimación es insuficiente. Existe si una utilización de la energía psíqui­ca puesta al servicio de la comunión con la realidad externa; pero claro está que nunca tal realidad externa será una mera transfor­mación de la energía psíquica puesta a su servicio en la comunicación. La comunión de la energía del sujeto con la energía del obje­to complementario es la participación dentro de la realidad. La satisfacción de las necesi­dades innatas e instintivas, de autoconserva­ción, placer, comunicación, reproducción, morales y religiosas, etc., solamente se reali­za válidamente con el real objeto comple­mentario de energía externa: alimento, sexo, amistad, Dios, etc.  La mera representación de estas cosas hecha con la energía del sujeto no provee suficientemente para la necesidad real; necesidad tal que llega a ser el lenguaje del acoplamiento y acomodación de la es­tructura humana dentro de toda la realidad de su contexto.

 

El mito no es pues solamente un símbo­lo de la libido, sino una interpretación, erró­nea o no, de la realidad exterior e interior dentro de cuyo contexto la libido es apenas un elemento que también debe acoplarse y acomodarse; por eso su analogía a todo el proceso de la marcha de la realidad. La histo­ria real, aparte de la libido, tiene su aporte abundante en la formación del mito. La libi­do participa en el mito por cuanto participa de la realidad. La correspondencia del mito con las necesidades de la libido se debe a la correspondencia de la urgencia de participa­ción libidinal con la realidad verídica que el mito representa, erróneamente o no. Si el mi­to representa con mucho error la realidad, el hombre no quedará satisfecho. Los intentos científicos de interpretación son también místicos y buscan responder a la misma inda­gación subyacente. La verdadera historia, que podríamos llamar sobrenatural, de donde el mito derivó pervertido, satisfará esa ne­cesidad humana. La comunión con el Dios verdadero encajará a plena satisfacción den­tro del hombre, proveyéndole para su comu­nicación con la realidad total y su intelec­ción, de la cual Dios es el eje. La revelación divina colocará al hombre en armonía con la plenitud de todas las cosas, pues Dios es la razón final real a quien todo finalmente pre­senta y en quien todo se reúne, y a cuya ma­nifestación tiende la integración de toda la realidad. Queda hecha pues la realidad el efecto de la evidencia del Ser Divino en quien todo subsiste y de quien y para quien lo es todo. La salud es pues la conformidad al propósito eterno de la Deidad. La terapia es la revelación, la redención y la disciplina pa­ternal de Dios. La historia es parte de todo esto.

 

Solamente el objeto preciso comple­mentario satisface realmente a cada necesi­dad. El objeto complementario final de ple­na satisfacción total es el Dios verdadero. La revelación, la redención y la disciplina divi­nas corregirán los pasos de la humanidad ha­cia su pleno sentido. He allí la razón de la historia. La simple energía del sujeto como realidad parcial, mitiga tan solo momentá­neamente, con la mera representación de la realidad complementaria, al hambre de la au­sencia; pero nunca satisface realmente su ne­cesidad auténtica. La realidad objeto com­plementario "alimento", "sexo", "amor", "Dios" debe estar presente con toda su evi­dencia de ser, para lograr la definitiva satis­facción. Sonar que se come no satisface la necesidad auténtica; mera masturba6ón no llena el papel de copula perfecta y amorosa matrimonial; fría cortesía en vez de amistad sincera no satisface. Aparentación religiosa en lugar de verdadera comunión con Dios no satisface. Solo la evidencia misma del objeto complementario logra su propósito. Es por eso que la historia corre de desilusión en de­silusión aprendiendo a encontrar su objeto complementario verdadero el cual es Dios mismo. No era religiosidad, ni economía, ni bienestar simplemente material. La actual pugna de Oriente y Occidente es un azote disciplinario para volvernos la mirada a la pureza de la revelación traída por el más singu- lar personaje de la historia humana: iJesu­cristo!

Al comienzo de la historia se plasmó pues un poder. Todas las cosas indefectíble­mente traen el mismo sello. Y aquí estamos para interpretar el sello; todos y cada uno. De manera que al hallar la interpretación, el sello interpretado nos interprete a nosotros. Nosotros interpretados, será el significado. ¿Cómo interpretaremos el sello? ¿Quién nos lo interpretará? Aunque Protágoras, Parménides y otros hayan pensado diferente, el hombre no es la medida de todas las cosas. Aunque por sí mismo indaga, lo mucho que hace es acumular información. Su estructura de credulidad es asombrosa. Mirad cuántas cosas ha llegado a creer; tan variadas másca­ras han vestido sus oráculos. Necesita creer. El hombre no es la medida de todas las co­sas. Cuando quiere saber, siempre ha necesi­tado que le cuenten la historia. Y qué "histo­rias" le han contado. Sin embargo y con todo eso, una historia trascendente ajena a su propia interpretación siempre le acompaña; el hilo confiable de la realidad trascendental.

 

La realidad suprema es el significado buscado y es la razón de la existencia. La realidad suprema no es la suficiencia del "si mismo"; sino que éste está relacionado con el dónde, el como, el por qué y el para qué.

 

r

 

El "si mismo" no es la respuesta suficiente; de otra manera no se formularia la pregunta existencial, sino que se bastaría a si mismo; lo cual ha demostrado ser imposible, dada nuestra contingencia fundamental. Un recla­mo vivo requiere una respuesta vivificante. Es obvio que el derecho de "para sí" que pre­tende la existencia es muy relativo. Derecho absoluto corresponde únicamente al diseña­dor de la estructura quien además es su sus­tento. La existencia humana no puede evitar sentir el abismo. La dinámica existencial de la psiquis requiere un sustento ajeno a sí. Las puertas de la perturbación psíquica se han abierto cuando se ha pretendido un apoyo autoexistencial independiente y encerrado en si. He allí el gran significado de la caída del Edén. La nostalgia es esa insatisfacción debida a lo incompleto del reposo de la exis­tencia sobre si misma. El superhombre es una locura, un delirio maligno e infernal. Cuando lo hemos intentado hemos apenas hallado nuestra propia esclavizante enferme­dad, depravación asquerosa. No podemos menos que confesar que en ese derrotero se nos ha escapado el equilibrio.

 

La energía psíquica existencial le ha si­do prestada al hombre para que cumpla su servicio dentro de un contexto pleno que re­bosa sus límites. Surgen conflictos en el con­texto circunstancial por causa del alejamien­to del eje unificante, abiertamente Dios. El hombre se desarrolla con una nostalgia acompañándole; pero el derramamiento de la revelación divina tiene la capacidad, ya pues­ta a prueba, de satisfacer de plenitud al ser. Hay pues una copula legítima para la exis­tencia humana y es en su espíritu con Aquél que lo dio a luz. Es obviamente fraudulenta toda copula espiritual ajena al diseño del Estructurador. Por esta razón, aún el animis­mo y el espiritismo que pretenden tender ha­cia lo trascendente culminan en posesión de­moníaca. El espíritu es el radar metafísico que indaga en el infinito y en el absoluto su objeto complementario definitivo. Y esta de­finición es la verdad que había de ser revela­da. Dios hecho hombre en la historia humana.

 

La energía de la vida está diseñada por su Autor para realizarse cumpliendo sus ser­vicios indirectos dentro de uno directo. Es­tos servicios están entrelazados entre si Co­mo estructura dinámica. Esta energía es pues la vida que vive para la vida. La vida sirve a la vida y cada nivel o calidad de vida está desti­nado para servir a una vida superior hasta culminar todo en el servicio supremo al Autor de la vida quien es la vida en si misma, el gran Yo soy. Es así que la vida botánica se sirve de los minerales y sirve a su vez a la vi­da animal; ésta sirve al hombre y el hombre a Dios. Esto es lo natural, lo real. El servicio de la vida no es necesariamente una evolu­ción, ni rígidamente hablando una conver­sión por sublimación. Pero la vida sí tiene su dignidad propia en su nivel natural. El mine­ral no necesariamente se convierte en vegetal, pero le sirve y cuando le sirve halla la digni­dad y razón plena de su ser como mineral y allí culmina su servicio y sentido. El vegetal, aunque se sirve del mineral, no es un mero producto de éste, sino que posee su naturale­za propia según un propósito dádole tam­bién propio y distinto de aquel del mineral. El vegetal halla su dignidad y servicio a los pies del animal. No evoluciona en animal aunque a éste sirve. El animal recibe el servicio del vegetal desde una naturaleza que ya le es propia y distintiva de su nivel, recibida gené­ticamente conforme al diseño del Autor que le otorgó su estructura y función propias. Los dones inferiores no tienen facultades ni propiedades diseñadoras en su naturaleza innata para diseñar algo superior a sí mismos. El animal, pues, sirve al hombre pero no lo hace. Nada tiene el animal en su naturaleza para diseñar a un hombre, pero le sirve por­que fue él mismo así diseñado. El hombre también se descubre diseñado para servir a la Deidad; y esto es lo normal y natural; es la historia de los pueblos y mi propia historia. La rebelión es simplemente un antiservicio que también evidencia la estructura. Hallar, encaminado al Dios verdadero, el servicio más perfecto y eficaz es el fin Ultimo del hombre; para lo cual debe comprender a Dios que desea ser contenido, vivido, expre­sado y representado por el hombre. Tal alian­za es la adoración verdadera, y todos los ni­veles de energía están diseñados para con­fluir en este servicio. El hombre pues vive, sobrevive, se reproduce y se defiende, como servicio a Dios. Si comemos y bebemos debe­mos hacerlo para Dios. La destrucción del servicio de la vida en cualquier nivel significa enfermedad y muerte. Es por eso que cada clase de servicio de cualquier tipo de energía vital es ya sublime en su propio nivel, natura­leza y propósito. No se trata pues, estricta­mente hablando, de conversión de una ener­gía en otra, sino que en el hombre es servicio integro de su función homínida. Esta, para el hombre, consiste simplemente en ser hom­bre en todo el sentido de la palabra, para Dios. No es una energía inferior que se transforma en otra superior, sino que la función integral está ya diseñada y dada en su nivel propio desde el mismo principio. No elabo­ran las energías su servicio, sino que para tal servicio fueron diseñadas tales energías en su propio nivel. El Autor preparó el diseño y és­te constituyó el servicio; el servicio utilizó la síntesis de las distintas energías confederadas que estuvieron allí para un plan preconcebi­do. El instinto es natural y también lo es la moral. Revisad la historia y lo encontraréis así tanto en Confucio del oriente como en Aristóteles del occidente, aun antes de Cristo, perfección moral. Los rudimentos de la ley están escritos en la conciencia. Las energías no se subliman pues creando un servicio sino que sirven según una función sublime de por si. El impulso primario del hombre es su propia hominidad integral. He aquí por qué re­pudiamos el mecanicismo y el materialismo. Nuestra mirada a la historia y a nosotros mis­mos descubre a un hombre más profundo, complejo y diseñado para la trascendencia en su propia personalidad particular. El hombre real es cada uno, y no una mera "humani­dad" abstracta. Y el juicio de los culpables se hace inevitable a la luz de aquellos que en condiciones peores escogieron servir mejor. Por eso los mártires son el juicio del mundo. La historia se erige cual maestra y fiscal.

 

Podemos notar también dos aspectos de la historia: Uno, que hace de la historia un registro subjetivo. Otro, que trasciende al in­dividuo y se remonta a las alturas objetivas como testigo y espectador imparcial. Estos dos aspectos de la historia afectan la conti­nuación de ella, pues también la subjetividad y la objetividad son realidades que se afectan entre si. ¿Se hallará el hilo confiable en su coincidencia? ¿Será que pertenece al hombre o está al alcance de su mano la realidad exclusivamente objetiva que prescinde de la subjetividad humana?. El hombre es un suje­to y las cosas en sus manos toman el color de sus huellas. Además, la existencia subjetiva del hombre es también un objeto de la histo­ria y un motor en ella. De allí que esa exis­tencia objetiva de la subjetividad se abre paso para tomar al menos relativamente el dere­cho de participación, con lo cual se hace ine­ludiblemente responsable para desembocar en la justicia o en al culpa. Decimos también entonces que la realidad trascendental llamó al hombre subjetivo y real a participar. Y le confirió un derecho relativo. Hallamos en­tonces al hombre como realidad en medio de una realidad más amplia que sobrepuja en mucho los límites de su individualidad.

 

Esa relación del hombre con su contex­to, y esa cibernética de la plenitud total de la realidad, establecen un punto de intercomu­nicación en el que hallamos la disposición de la estructura humana que nos ayudará a ob­servar el significado antedicho de la existen­cia del hombre. Tal significado no se puede hallar sino en la relación del hombre con la realidad suprema.

Por otra parte, hallamos a la existencia humana como un hecho posterior al resto de la realidad objetiva. Hablamos de la existen­cia de la personalidad particular. Al hablar de realidad objetiva no nos estamos circunscribiendo meramente al finito, incierto y va­riable conocimiento subjetivo de los hombres particulares; sino que tomamos también en cuenta aquella realidad del más allá de nuestros pues no somos la medida de todo. Tal realidad del más allá, aunque des­conocida, está sin embargo estrecha y nece­sariamente relacionada con lo que conoce­mos parcialmente; e influye sobre esto inelu­diblemente, en virtud de la unidad de lo real.

 

De esta completa realidad objetiva emerge el hombre como resultado, y esto es precisamente lo que explica la razón de su pregunta. Pregunta porque no es el todo si­no una parte. Tal naturaleza le hace, como decíamos, susceptible de credulidad. Necesita el hombre creer. Ante la realidad suprema necesita el hombre ser crédulo. Su fe puede caer en el vacío o descansar en el engaño; puede también enfocarse en el eje de revela­ción que hace brotar su evidencia desde el vér­tice de intelección total que solo puede ha­llarse en el Dueño y Estructurador absoluto. El hombre necesita pues ante la realidad su­prema ser crédulo. Su yo subjetivo no puede ser la máxima seguridad pues no es una isla autoexistente. Sin fe nunca entrará el hom­bre en relación con el contexto y tendrá que regresar al absurdo de un "si mismo" que huye. El sentido coman tiene una de sus ba­ses en la fe natural. El desarrollo de las evi­dencias rubrica la confiabilidad de la fe y del sentido común. El agnóstico se embota a si mismo extirpando la realidad de su fe natural. Se entrega a un ánimo pesimista de trasfon­do moral. Desea esconder su culpabilidad en un escepticismo apresurado y hasta traído de los cabellos. Pero cuando se trata de sobrevi­vir para sus placeres entonces vuelve a ser crédulo. Los más escépticos y nihilistas están allí cargándose responsablemente a si mis­mos con el peso de la soledad de su propio existir autocondenado a incertidumbre, y lo sienten con un peso inevitable. Son, sienten que son, lo saben y hasta les molesta y an­gustia; pero aun así se resisten a abrirse e in­vocar el vértice de relación que ha dado testi­monio de sí y del cual no aceptan voluntaria­mente verse suspendidos. Cuelgan también de allí, pero no quieren mirar hacia afuera; no quieren usar su fe natural. Pero ¿de quién escapan? resto de la realidad? ella les al­canzará. Es deshonesto pretender ignorar que no nos hicimos a nosotros mismos y que no somos únicos. La puerta de la locura dio­nisiaca está en ese derrotero. La estructura total rechina con dolor en protesta. Un miembro del cuerpo en posición anormal se duele porque su equilibrio se halla en la nor­malidad. Alegría gloriosa o náusea detectan si se está en enfermedad o en salud, en ver­dad o en ilusión. No le deis el crédito al en­gaño. ¿Podrá la mentira hacer feliz? La felicidad es el premio de la verdad, y el dolor la recompensa del error. El hombre llega al punto donde necesita desplegarse hacia afuera y fundirse en alianza de amor con el resto de la realidad que le rodea por dentro y por fuera. El hombre busca entonces el complemento pleno de toda su existencia. El complemento pleno de la existencia humana es la realidad suprema. Encajar en el seno de la realidad suprema es el significado buscado. Del hombre entonces, su existencia como ente de ser se lanza en pos de la plenitud ontológica de realización para hallar en ella su razón de existir. Se despliega de los limites del yo ha­cia un necesario "Tú". La razón de su exis­tencia se hallará en la Divina Esencia Otra del ser Divino que lo es en si, abiertamente el Dios verdadero. Es esta Divina Esencia Otra, evidentemente trascendental, la necesaria an­te la existencia limitada y contingente que se hunde sin poder sostenerse a si misma sufi­cientemente. ¿No fue acaso Nietzsche el pro­feta delirante del ateismo? vedlo allí en el manicomio postrarse ante una imagen de la virgen pidiendo ayuda para continuar su re­belión satánica; vedlo allí autoproclamarse un condenado, como consta en su Ultimo li­bro "mi hermana y yo". Antes de su locura irrefrenable también había reconocido en su poema "entre aves de rapiña" que se había dejado seducir en el jardín de la antigua serpiente para cavar enfermo un pozo para en­cerrarse a si mismo. ¿Quien ha sido vuestro héroe? el pobre diablo!. La existencia carco­mida en sus entrañas por el abismo y el va­cío, obviamente no es la razón propia que puede sostenerle. La nada no sustenta, sino que carcome a la existencia. Dios, que es la misma Divina Esencia Otra y trascendental, como ente de plenitud ontológica de ser en si y por si, es la razón esencial que sustenta a la existencia humana y le otorga su significa­do dentro de Su amor. Dios es aquel "Tú", aquel Sujeto compañero total y vivificante, imprescindible, de donde emana como crea­ción el todo, y donde se sostiene, se vuelca y se reine, en copula perfecta, la realidad su­prema. La Fuente y Suma de toda perfec­ción es la Deidad Trascendental, Omnipoten­te, Omnisciente y Omnipresente que dice de sí misma ante los hombres: "Yo soy el que soy".

 

La existencia humana que es viviente busca necesariamente su complemento, la ra­zón de su vivir, el principio que le vivificó. La problemática existencial implica un de­rrotero. La alternativa presentada es seguir tras la realidad suprema hallando su fuente Para beber de ella. En su defecto, quédale engañarse merodeando sin buscar, o acallando la protesta de la conciencia, haciendo pasar el tiempo, esperando la muerte y quizá con una váguida esperanza indescifrable; es decir, la tibieza. 0 en defecto de éstos, huir hacia si en el reino del absurdo. Otros directamen­te se suicidan; pero escaparán acaso? ¿Qué saben ellos de lo que les espera más allá? ¡Nada, no saben nada! aunque quisieran para siempre desaparecer. Anhelan creer que todo terminará, pero no pueden presentar a nadie, ni a si mismos, ninguna garantía. Netamente les queda tan solo un deseo irracional de no ser.

He allí el hombre con su existencia! el camino le espera. Realización total mediante su fusión con Dios en la realidad suprema; matrimonio de la existencia creada con el principio divino vivificante y absoluto. El hombre es amado de Dios. El significado se halla en la pertenencia al Dios verdadero que es personal, Sujeto Trascendente que pudo todo lo podido, por nosotros parcialmente encontrado; que supo todo lo que pudo y que está presente sustentando lo podido. Es­te Dios es uno solo y pleno, pasión en si de amor eterno, Dios Padre Creador revelado en amor por Su Verbo, que es Imagen de Su Hi­póstasis y Resplandor de Su Gloria, Su Hijo, Igual y consubstancial; Pasión tal que es Es­píritu, y Espíritu Santo. Dios es la Esencia trascendente primordial que sustenta la ple­nitud del todo de la realidad absoluta, me­diante Su Verbo que es mediador entre la trascendencia eterna y la inmanencia sustentatriz. A El le llamamos la bandera de la evi­dencia del Ser Divino Trascendente que lo es en si y por si, cuyo nombre es "Yo soy el que soy", que es y se revela mediante si mis­mo, como el Padre, el Hijo y el Espíritu San­to: Uno solo y amor.

 

Se lanzó el hombre a buscar el principio de las cosas, el principio de la energía, el principio de la materia, el principio de la vi­da, el principio del pensamiento y del hom­bre. Por si mismo, el "como" relativo y tem­poral acierta a escudriñar; pero ese principio definitivo lo debe creer de Aquel quien lo engendró. El significado de la existencia está definitivamente en Aquel que es esencia divi­na trascendente. El hombre tan solo encon­trará el sentido de su ser más allá de si mis­mo; es a saber, en Dios. El hombre se halla frente al universo físico y metafísico. Su existencia viaja por los bordes del abismo. Dentro de su alma, en su espíritu, un lugar insondable para que allí more y se mueva po­deroso y jubiloso el aliento eterno del Espíri­tu eterno que hinche toda plenitud; el Dios invisible, Creador y Sustentador del universo. La Divina Esencia sustenta al universo, sin ser el mismo, y la existencia humana, como Parte de ese universo sostenido, necesita on­tológicamente beber eternamente de esa fuente inagotable para ubicarse en el contex­to de la realidad absoluta. El es una pregunta
viva que requiere una respuesta vivificante. Vida eterna es el desafío.

 

Cuando el hombre se separa de Dios, el silencio divino abre un abismo en las entra­ñas del individuo, y el vacío carcome fatal­mente. Es la muerte en el alma de que habla­ba Sartre. La nada como agujero del ser, según m su lenguaje. La existencia siente el abis­mo. La existencia percibe, piensa y siente. En el espíritu percibe la presencia o la ausencia. Con la razón piensa el alma y con la emoción siente. Y el resto de toda su estructura inte­gral está estrechamente relacionada. Según percibe piensa. Según piensa siente y según siente piensa. Es la dinámica del alma, envol­viendo al espíritu, como existencia psíquica. Es la persona con un lugar insondable para conocer a Dios, para hallar el vértice de la realidad suprema, el sentido pleno de la ra­zón de su percibir, pensar y sentir; el para qué de su razón y su emoción, su aprender espiritual y su conocer natural.

 

El Divino "Tú" vivificante y trascen­dente es la respuesta absoluta. Precisamente el caso de la confesión del apóstol Pedro: eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Sobre la rota del Hijo-Mesías revelado de parte del Padre y confesado por el hombre, Jesucristo prometió edificar Su Cuerpo mís­tico; allí donde las puertas del hades no pre­valecerán. La fe que es por la gracia cerró las fauces del abismo. El abismo no puede tragar a aquél que se ha fundido con ese Tu "tras­cendental". Ha roto el círculo del interrogan­te existencial y hallo el sentido de su percep­ción, razón y emoción; de su ser total. Ahora participa, en el espíritu, de la naturaleza di­vina y hereda como propio el universo. La síntesis de la realidad suprema se efectúa en un Dios personal trascendental vivificante que lo llena todo de sí y se comparte al indi­viduo y al hombre corporativo que llega a constituir mediante la reconciliación en sí de los regenerados. Es en Dios en quien somos y nos movemos. Su revelación eterna ha pro­clamado: "Yo soy el que soy".

 

La existencia recibe su energía espiri­tual y psíquica con la que intuye, aprehende, tiene conciencia moral, piensa y siente, de una manera prestada y estructurada de ma­nera que sirva a la comunión del contexto de todas las cosas y Dios. A esas energías se les asigna pues un derrotero y se le permite un derecho relativo. Con ese derecho relativo experimenta el sentimiento, el pensamiento y la realidad del albedrío, con el fin de que apunte voluntariamente todas sus fuerzas hacia la comunión suprema expresada en el mandamiento moral de amar a Dios sobre to­das las cosas, con todas las fuerzas, la mente, el alma; y amar al prójimo como a si mismo. Por lo menos a esta segunda parte se avino en desembocar Erich From, para no salir totalmente deshecho. En Aquel mandamiento completo se ye la síntesis de la comunicación y de la ubicación de la existencia en el contex­to de la realización total.

El derecho divino es absoluto, y su con­cesión de derecho relativo a la existencia hu­mana tiene el propósito de la participación libre, el gozo supremo de la comunión perfec­ta en la vida divina hecha asequible al hombre. Tal jubilo inefable hinche toda plenitud rebosando el abismo interior hasta saturar a la existencia que le contiene cual vaso, y que ahora, a través del espíritu y por el canal de los pensamientos y sentimientos de la psiquis propia, experimenta el vínculo universal del amor inefable, expresándolo para ir hacién­dolo visible, y hallar en él el ambiente normal de su existencia significativa.

 

El universo visible e invisible donde las existencias hallan su contexto, es entonces una manifestación vibrante del poder del Fiat divino. La energía inmanente en esa vi­bración responde al Dios personal vivificante y trascendente que suministra existencia de la nada a partir de si mismo por medio del Verbo que es atributo de su plenitud.

 

El conflicto contextual acontece, pues, cuando la existencia humana usurpa la ener­gía prestada que le ha sido suministrada para servir en el contexto, y entonces pretende una posición independiente, haciéndose a sí misma el eje hacia el que apunta su vibrar existencial, haciendo del derecho relativo de su albedrío, un reino aparte. Pero sucede que al desconocer a Dios, el silencio divino de que hablábamos abre el abismo en el que se despeña la existencia humana, hacia el absur­do primero, y después al tormento del abis­mo. Si el Logos calla, el abismo carcome. Sí, el vacío comienza su carcoma y la existencia lo siente y se atormenta. Su así llamada li­bertad propia le condena al tormento. Tal existencia tratará entonces de aferrarse a si misma mientras se desvanece tratando de sub­sistir mediante sus energías usurpadas. Tam­bién alargará la mano para asirse de otras exis­tencias creadas y bailar con ellas la danza del delirio hasta la perdición; cuando se ahogue en su destemplado vibrar, mientras cae por los si­glos de los siglos en un pozo inmundo sin fin, haciendo de sus artes un cada vez más rechi­nante y macabro lamento. Ved la antesala en la anarquía moderna. Esa nostalgia de Dios se acrecienta con tristeza mortal hasta el pá­nico y el terror, perturbando la psiquis que ahora apunta hacia el vacío y se hastía del absurdo en medio de remordimientos culpa­bles, a coerced de toda pesadilla y sin pro­tección alguna pues la rehusó cuando era tiempo de alcanzarla. Es pues injusto hurtar el caudal de energía. La razón se perturba y el pesimismo invade más allá de lo previsible. La ansiedad y la desesperación se hacen sen­tir rayando más allá de lo macabro. La ver­güenza quita el Ultimo asidero de esperanza. Esto no es poesía. Muchos casos de muerte clínica revividos atestiguan cosa semejante; y experiencias alucinógenas y espíritas son un anticipo. El terror que experimenta el aliena­do no es un cuento. ¿Qué será de la perdi­ción eterna? Tan solo hay salvación en el re­torno oportuno a Dios mediante la expia­ción en Cristo Jesús. Cuídese el hombre de no volverse a un sustituto, pues otra mera creatura no bastaré. Para retornar se necesita creer en la gracia revelada históricamente en Jesucristo, y escoger la razonable fe y el arre­pentimiento lógico.

 

Del monoteísmo original, como lo ates­tiguan entre otros Petrie, Langdon y Albright, los pueblos se degeneraron al politeísmo ani­mista entregándose a otras creaturas, resul­tando posesos de entidades espirituales ma­lignas. Cualquier religión no bastará. La filo­sofía existencialista y su correspondiente "teología" son también una actitud religiosa perversa; es la religión de la serpiente. El hu­manismo a ultranza es la misma actitud de Satanás; sustituyendo al Creador por la crea­tura. No es cuestión de una religión cualquie­ra, sino de auténtica amistad con el Altísimo Uno que se reveló como "Yo soy el que soy" declarado por Su Verbo que es el Hijo Unigé­nito hecho hombre y sujeto de la historia con el propósito de traer a esta la gracia con­descendiente mediante la crucifixión, rubri­cando con la resurrección ante testigos de la más alta calidad moral que se expusieron a la muerte por sostener su testimonio. iJesucris­to es el camino!

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PERSPECTIVA DEL HOMBRE / 2

Por cristianogiv - 28 de Junio, 2006, 0:53, Categoría: General

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CAPITULO 2

 

LA PASION NECESARIA Y

LA SINTESIS DE COMPLEMENTOS

 

El "ser para si" del existencialismo es una pretensión cuya acción a priori" e "in-moral" es motivada en la ignorancia volunta­ria de la Causa del "ser en si". La superiori­dad supuesta en el existencialismo de la exis­tencia sobre la esencia en el "ser para si", es una ilusión, puesto que el "ser para si" debe primero sostenerse en el "ser en sí". La exis­tencia recibe de la esencia el "ser en sí", y este conlleva "en sí", en forma inherente, su propio "para qué". La angustia evidencia la inherencia del "para qué" en el "ser en sí"; de modo que diferenciar ónticamente el "ser en si" y el "ser para si" es una ignorancia del esencialismo del propósito, el cual es evidente de por sí, de la misma manera que resulta evi­dente el "ser en si". Tal ignorancia voluntaria es un robo que enajena a la misma existencia del "ser en si", el cual no puede garantizarse la autoposesión absoluta ante el peso de la contingencia frente al todo. Diferenciar ónticamente el "ser en sí" del "ser para si" es una triquinuela astuta, un intento de evasión. El "ser para sí" es por lo tanto inmoral, injusto e incoherente. La autoposesión del "ser para sI" es una posesión ilusoria y temporal que conlle­va su propia auto destrucción. La libertad no consiste en el absurdo del "ser para sino en la realización plena del "ser en sí" que ya conlleva su "para qué" en forma inherente. La razón de esto es porque el "ser" precede a la "libertad". No hay libertad sin ser. La li­bertad no escoge al ser sino apenas una mo­dalidad de este, realizadora o enajenante. Pre­tender que la libertad escoge "ser en sí" para poder "ser para si", es una ilusión, un cast­illo en el aire. Más bien diremos que al ser se le dio libertad para perpetuarse aceptándose tal como es "en si" incluido su "para qué"; o autodestruyéndose con la negación y ena­jenación de su "ser en sí" evidente y óntica­mente inmutable. Los cambios y modos que afectan la forma del ser, no afectan su esen­cia, pues solo son posibles los cambios y mo­dos que la esencia misma ha determinado. No puedo convertirme en árbol aunque quie­ra. La esencia, pues, se enseñorea sobre la forma y la forma obedece a la esencia. Esto, de las creaturas, pues el Creador es Dios y la creatura no se crea a sí misma. El ser no se hace; se descubre.

 

La verdadera dignidad del hombre es la esencia que protesta contra la pretensión de

la existencia que intenta rebajar su cualidad inherente. No aceptaremos el trato de anima­les ni aunque nos lo demos nosotros mismos. La desorientación de la existencia y su náu­sea acompañante es la sentencia irrevocable contra el delirio existencialista. Nuestra hombridad es esencial y no existencial, en todos sus recodos. La libertad humana sim­plemente reposa en el océano esencial. Su destino es perpetuarse descubriendo y acep­tando con gratitud su "para qué", y accionar su libertad en la realización de su asentimien­to a la invitación del ser. Tal invitación es lla­mado de la esencia, y por ella, de la Causa di­vina del "ser en sí", y no debe ser presun­ción de la existencia. Cuando la existencia presume, se alista a despertar de su delirio enfrentándose a la enajenación, el absurdo y el abismo. Tal encarar la carcoma del agujero de su ser es el vértigo de la existencia, la caí­da en el abismo. De allí la pasión inútil del humanismo existencialista.

 

El "para què" del "ser en sí" se eviden­cia en la utilidad, la urgencia, la necesidad, la exigencia y la unidad del ser dentro del con­texto total de la realidad. El amor es pues lo contrario del "para sí". El amor eterno es el "para que" del "ser en sí". El amor eterno es el matrimonio propuesto por la esencia reci­bida a su propia existencia; aceptarse tal cual se es y aceptar a Dios. Es el abrazo del hombre y Dios, propuesto por el Altísimo, la pa­sión necesaria, la vindicación del sentido eterno del ser, si le responde afirmativamen­te a Dios. El humanismo teísta, o más bien, el teísmo humanitario del cristianismo, es la respuesta y la exigencia esencial de la digni­dad humana; es por lo tanto "la pasión nece­saria", alternativa más excelente a la "inutili­dad" de la pasión del humanismo existencia­lista.

La "contingencia fundamental" de la existencia, evidente de por sí, honestamente reconocida, marcha a la vanguardia de los enemigos implacables del ateísmo existencia­lista. El "ser necesario" sigue siendo pues la piedra fundamental de la dignidad humana. La "inutilidad" de la pasión existencialista es pues el gran baldón de execrable desprecio que se vierte contra la dignidad del hombre. Su dignidad es inherente a la hombridad esencial. La dignidad no es la "inutilidad" del "para sí", sino el lugar eterno del ser, su realización plena y satisfactoria. La satisfac­ción eterna es la exigencia natural de la dig­nidad humana, y la halla en el cumplimiento del propósito esencial. La vivencia de una "razón de ser" eterna es la copula de la dig­nidad. La dignidad máxima es ser aceptado para siempre en Dios. Y esto reside en la vida en virtud de Cristo, complacencia declarada del Padre.

 

El existencialismo carece del discerni­miento del propósito divino; se ha hecho an­te sí mismo huérfano al convertirse en parri­cida de las evidencias objetivas del Espíritu del Ser Divino, contactadas vivencialmente en el espíritu de los seres humanos. Quienes conocemos a Dios, lo conocemos directa­mente, sin necesidad de reflejos indirectos; aunque la realidad divina también destella esos reflejos indirectos. Pero a Dios le cono­cemos tan directamente como conocemos nuestra propia existencia y la existencia del universo. Simplemente declaro que para los conocedores de Dios, éste se ha revelado a sí mismo tan directamente que no necesita ex­plicar su existencia, puesto que ésta se ha ex­plicado a sí misma tan evidentemente que no hace falta inferirla abstractamente, sino que es vivida realmente. He allí la experiencia de que adolece el post-tomismo, y esa es la falta que le ha hecho deslizarse al existencialismo. El post- tomismo se deslizó de la validez de la experiencia religiosa hacia la mera inferen­cia filosófica, abstracta y huérfana de las evi­dencias directas. No necesitamos probar a Dios; El dice por sí mismo: Aquí estoy yo. Cuando El dice así, entonces nuestro sentido le conoce. ¿Habías tornado en serio ese sen­tido?. La definición de una cosa es su propia evidencia.

 

¿Qué es pues entonces la mentira? es ese necio pensamiento ilógico de la existen­cia que se pretende propia en sus pensamien­tos y sentimientos. Esa petulante e imagina­da independencia existencialista, diseminada en las diversas fases de la cultura, no es más que la tristemente burda manifestación de la inmadurez del hombre, su adolescencia. Al racionalismo le engañó el sentimiento de au­tosuficiencia. No obstante, su humanismo es el disfraz de una nostalgia del paraíso. La ra­zón se hace irracional cuando no cuenta con la revelación. El conocimiento empírico solo se hace posible gracias a modos de realidad predispuestos antes de la experiencia y del conocimiento. Tales modos de realidad se hayan diseñados según principios que por afectar la realidad, son ellos mismos reales. Tales principios reales evidencian una causa­lidad final o teleológica, y por lo tanto supo­nen un sujeto dueño de los principios tales, el cual es Dios. Aun la disposición de la es­tructura humana para el juicio estético está diseñada para el goce de la realidad en si. Después de conocer la realidad, entonces se goza y se posee. Es por eso que, debido a la estructura subyacente, lo que es del hombre lo entiende el hombre; si no es una locura, basta el sentido común. No por ser psicólogo se es más que hombre. Ni por ser meramente hombre necesariamente se es menos psicólo­go. Se ha señalado ya la profunda psicología de los grandes literatos. Sin embargo toda existencia lleva sobre si el sello de la contin­gencia fundamental.

 

Toda creatura trae de hecho una condi­ción inmutable e inherente por causa de la realidad. Si, toda creatura trae esa condición inherente que es como el sello inviolable de la suprema realidad. Y he aquí la condición inherente a toda creatura: Su deuda y obligación; su pertenencia a su Creador. Aunque trate de escaparse, esconderse y escabullirse, toda creatura, tarde o temprano, encontrará sobre sus lomos la marca del sello inexorable de la suprema realidad que es la Soberanía Divina. Y verá la creatura que para siempre es deudora. Su deuda y obligación para con Dios es inherente y permanente dentro de su condición de creatura. Es el peso de la reali­dad que doblará nuestras rodillas y constreñirá boca a confesar a Dios. Contin­gencia, angustia y tormento moral son las ci­catrices de la herida impresa por la realidad que hay que acatar: Dios es Dios, y nosotros para El. Quien se resista delirará hasta la des­trucción. Morirá arrastrado por el alud de lo que es inexorable, ineludible e inevitable. La estructura subyacente de complementaridad en base a la cual es posible todo tipo de sín­tesis dentro de la realidad, es una evidencia que derriba la dialéctica del materialismo.

La supuesta ley de los contrarios u opuestos dentro de la razón dialéctica es una ilusión o engaño. Dícese que al enfrentar a la tesis, la antítesis, resultará la síntesis. Pero qué es en realidad la síntesis misma?, ,no es acaso la demostración de que no había tal oposición o contrariedad? pues la síntesis se efectúa en virtud de la complementaridad. Y lo complementario no es necesariamente opuesto o contrario. La razón dialéctica re­sulta ser pues, no el canal ni el motor de la síntesis, sino el obstáculo de inmadurez que hay que remover para llegar a la síntesis o al descubrimiento de lo que ya era posible gra­cias a la estructura subyacente de comple­mentaridad. La síntesis es el descubrimiento de los complementos, el fiscal de la ilusión. No merece llamarse por la categoría de opuesto o contrario a lo que es meramente complementario o suplementario. La síntesis ocurre dentro de la categoría de los comple­mentos y no dentro de la de los opuestos.

 

La razón dialéctica adolece pues de in­madurez. Al penetrarse en el proceso dialéc­tico para sondear la pista del descubrimiento para la síntesis, la dialéctica resulta no ser tal, sino que se presenta más bien como mayéuti­ca socrática. Es decir, deja en entre vista la ilusión de su apariencia. La mayéutica Socrá­tica lleva a la síntesis por los complementos poniendo en evidencia la unidad de la estruc­tura subyacente de complementaridad debi­do a la cual fue posible la síntesis. La estruc­tura ya era real y permanecía latente durante la ignorancia en el periodo de la pre-síntesis. El período de la pre-síntesis no trabaja como una ley sino como una ilusión. El descubri­miento de lo complementario desvanece la ilusión de la ley de los opuestos. Lo que hace es revelar la estructura subyacente.

 

Claro está que no nos vamos tampoco al extremo platónico de la preexistencia de las almas, ni decimos que lo que hacemos al comprender es recordar lo previamente co­nocido en el llamado mundo de las ideas; pe­ro si queremos decir que en virtud de la Inte­ligencia del Diseñador el diseño total es uni­tario y por lo cual las partes son complemen­tarias además de diseñadas según el propó sito del Estructurador. Es al ver esta estruc­tura subyacente de complementaridad que vemos la superioridad del amor cristiano so­bre la lucha de clases marxista. Bajo el mate­rialismo dialéctico subyace más bien una re­ligión panteísta y dualista. Una vez desecha­do el Dios trascendente por un ánimo malig­no, se sustituye el todo creado y contingente por el dios panteísta, el cual lógicamente, al ser confundido con las cosas, descubre en si el bien y el mal, a los cuales acepta como substancia eterna. Con lo cual se llega a equi­parar en el dualismo lo malo a lo bueno. Es entonces cuando la barrera moral pierde ra­zón de ser en vista de la igualdad de los opuestos. Aquel ánimo maligno inicial que

desechó al Dios trascendente entonces se Lan­za por fin definitivamente en la amoralidad y en la depravación de los instintos enarbolan­do la violencia y construyendo así el reino de las tinieblas, cuya espada, la de su rey, de­cía haber recibido Marx. Es la fiesta &ellé­tica del caos que esperaba Nietzsche y que perseguía el Oulanem marxista. Y ¿cuál es el derrotero del existencialismo? Continuar la prole de la serpiente.

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PERSPECTIVA DEL HOMBRE / 3

Por cristianogiv - 28 de Junio, 2006, 0:50, Categoría: General

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CAPITULO 3

 

LA ENAJENACION HISTORICISTA

 

A La sed de verdad histórica no es la úni­ca sed del hombre. Diría más bien que tal ti­po de sed es apenas una sed subordinada a otro tipo más profundo de sed. La sed de verdad histórica, como otros tipos de sed en el hombre, es una de las necesidades de la vi­da que está diseñada para el servicio de otra significación más profunda del hombre; una significación que ya no tiene que ver solamen­te con los acontecimientos pasados, sino más bien con la vida presente y futura y su signifi­cado, acerca de lo cual, tales acontecimientos pasados podrían arrojar cierta luz. La imparcia­lidad de la interpretación histórica está pues de alguna manera condicionada por esa legiti­ma realidad presente del hombre. Al hombre no le satisface el hecho mismo como tal, sino el significado que hay detrás del hecho. Un he­cho aislado del contexto de la totalidad es in­satisfactorio. El peso de la evidencia del ser y acontecer presentes demanda la sujeción de una interpretación histórica adecuada. Se desembocará inevitablemente en la responsabi­lidad subjetiva de la interpretación. El sujeto es una realidad como tal que exige por sí misma el acomodo de la interpretación histó­rica a la situación de su existencia presente; y en cierto modo demanda ese "derecho" porque su existencia misma es una realidad evidente y presente; y es el adecuado signifi­cado de esa realidad conocida y evidente de por sí, del presente, el que causa la sed su­bordinada de verdad histórica. Hallamos pues un elemento electivo en las causales de la in­terpretación histórica. Tal elemento electivo implica una responsabilidad por causa de la consecuencia. Toda elección tiene conse­cuencia y su finalidad es escatológica. El hombre está pues libre frente al alud nebulo­so del pasado.

 

Diferentes elementos de juicio actúan en la formación de las convicciones. La in­vestigación científica pretende describir mu­chas veces la realidad circundante mediante el común denominador estadístico, pero en variadas ocasiones falla grandemente en el momento cuando se plantea la pregunta en forma prejuiciada y en términos apriorísti­cos, dando por sentadas algunas cosas no comprobadas fehacientemente. De igual ma­nera falla cuando interpreta los resultados impregnada de motivos preconcebidos, algu­nas veces inconscientes. El planteamiento y la interpretación son casi siempre meramente relativos. Las circunstancias de ningún hombre son plenas (aparte de Jesucristo, Dios y hombre, según la fe cristiana). De allí que la única convicción verdaderamente digna de confianza es aquella que verdaderamente provenga en forma directa como un don gra­tuito de revelación de parte de Dios. Y eso es asunto de exclusiva iniciativa divina. Nos postraremos indefectiblemente ante el altar de su soberanía. Nada podrá cambiar esa rea­lidad. Tarde o temprano doblaremos nues­tras rodillas con acatamiento. Nuestra exis­tencia contingente solamente puede apoyar­se y subsistir, aun a su pesar, en un Dios tras­cendente. Yo sé que éste es Yahveh revelado en Jesucristo.

 

Existe en las investigaciones del hombre una cierta mística preconcebida, cualquiera fuere la tendencia del investigador. Y es que el hombre no puede escaparse de la gran rea­lidad que es el mismo como sujeto en proce­so de formación. A pesar de la honestidad, la perspectiva muchas veces depende de los es­casos elementos de juicio. Hagámosle justicia a la fe. El hombre necesita un poco más que la razón para conocer la realidad. No caiga­mos en el mito de la razón suficiente. La su­ficiencia de la razón es un mito, primero, porque la razón es apenas una pieza influen­ciable de la estructura humana. El hombre no es solo razón y sus sentimientos afectan a menudo su manera de pensar. Por eso cada filosofía es un testimonio de su filósofo par­ticular. Segundo, la razón es contingente. Tercero, los elementos de juicio con que tra­baja la razón son generalmente insuficientes si no cuentan con la revelación. Cuarto, la ra­zón es dependiente. Quinto, porque existe para la razón un propósito trascendente a ella; es decir, no fabricado por ella, sino por el Autor de la estructura racional. Los malos pensamientos de incredulidad y el ánimo ma­ligno de rebelión son una enfermedad. El or­gullo levanta su morada sobre la mentira de pretenderse suficiente y propio. La humilla­ción voluntaria ante la soberanía de Dios se asocia al reconocimiento de la verdad. El or­gullo se alimenta del engaño; la humildad de la verdad, la realidad. Cierto, el hombre ne­cesita un poco más que la razón para cono­cer la realidad; necesita de la revelación. He allí el lugar natural y normal de la fe, ele­mento imprescindible del género humano. Aunque no se la use en la revelación, se la usara en la hipótesis, en la deducción, en la interpretación. ,Como puede un hombre su­ponerse científico si descarta ese abultado trozo de la realidad llamado fe? ¡Cuán me-nos científico será si desconoce las eviden­cias de la revelación! Mientras más trate de ignorarlas y mientras más se apresure a descartarlas, más condenará su método. Sere­mos juzgados según lo que escogemos. En el último trasfondo se trata simplemente de Dios y Satanás. ¡Cuántas vueltas da el hom­bre para escaparse de Dios!, ¡cómo se parece al pobre diablo! Para quien no crea en un juicio le diremos simplemente que toda con­secuencia es una realidad. No confíe en ilu­siones, pues se hallará con su propia elección. El hombre normal posee el sentido de la fe para ser usado con toda naturalidad, igual a los demás sentidos. No se aparte de la saluda­ble realidad; reconozca el lugar de la fe. Acuérdese de éste Nombre histórico: iJesu­cristo! No deberla usted olvidarlo ni eludir­lo. Encare Su persona ¡concienzudamente!

 

Ese vanagloriarse del hombre en su lla­mada ciencia, pues a la verdad, más que cien­cia es apenas experiencia, ese vanagloriarse es una fabricación natural humana que utilizan los hombres para llenar su necesidad de segu­ridad. Necesidad que es condición de la exis­tencia. Es la fe natural del hombre que busca un lugar donde reposar; y cuando se aparta de la confianza en Dios, entonces edi­fica en su experiencia a la que llama ciencia, la imagen de un protector, pues se apartó del verdadero. Pretende el hombre en su llamada ciencia hallar al protector que le dará seguri­dad.

 

El delirio de la vanagloria del hombre es para combatir y acallar el terror de su incer­tidumbre. Su fanatismo cientificoide es pues también una prueba de su religiosidad, ahora mal encausada y enmascarada. Sí, la llamada ciencia es la nueva máscara de la religiosidad humana que se pintarrajea la cara para la fiesta de las nuevas circunstancias y para la guerra del destino. El fervor de la adoración del hombre se vuelca entonces a su nuevo tó­tem. El hombre necesita postrarse en grati­tud y reposo, que son elementos de la seguri­dad; y al rechazar a Dios, se postra ante el cientificismo derramando su gratitud ante los nuevos héroes. Ahora se siente iluminado por el conocimiento y baila la danza del descubri­miento. La dirección en la que busca dirigir­se la estructura de la fe es hacia la verdad. El sentido de la fe en la estructura del hombre protesta y reclama satisfacción, por lo cual ahora etiqueta con el santo nombre de la ver­dad, que es necesaria a la existencia, a cada nuevo dios que le produce su laboratorio. ¿Negaréis acaso el dogmatismo marxista que se pretende científico?, ¿Cuánto tardará el hombre en despertar de su nuevo mito y vol­ver al Padre Original?, ¿Cuánto demorará una nueva honestidad en protestar?, ¿no son aca­so vuestra filosofía y cientificismo modernos los nuevos nombres de los dioses paganos antiguos? Pero existe un solo Dios verdade­ro; pero también muchos ángeles y demonios que se han evidenciado a los hombres en to­das las épocas, no importa la psicología de moda. Aquellos son la fuente oculta tras la inspiración de siempre. Más que inconsciente colectivo, se trata de historia y condición co­munes; estructura homínida común dentro de un universo polidimensional.

Mirad los nuevos dioses de quienes buscan oráculos hoy: Carbono 14 y potasio-ar­gón. A éstos preguntan y en sus mentiras creen. No importa si los hechos demuestran la gran cantidad de factores que afectan las constantes, y que la historia registra un dilu­vio que cambió el campo magnético de los tiempos antiguos, deshaciendo la cubierta de aguas super-atmosféricas que afectaba la for­mación de los hidrocarburos. No es tanto el tiempo como quisieran, pues lo necesitan para acomodar su hipótesis; pero los pueblos ávidos de un significado que les permita la amoralidad, se abalanzan sobre las migajas de componendas que sus nuevos sacerdotes de la llamada ciencia les presentan al salir del santuario nuevo del laboratorio.

 

Depravación vil ha corrompido a la hu­manidad. Su religión cientificoide les robó lo más noble del significado de su ser. Su digni­dad se convirtió en moléculas y besaron el caos hasta la conflagración. Miradlos allí, todos sus devotos se preparan para el holocaus­to. El hombre se degeneró en su manera de preguntar. Lo hizo primero a Dios; pero de allí descendió a los espíritus, a los que llamó dioses. Entonces preguntó a sus antepasados. Fue así que se volcó a sí mismo para pregun­tarse, y de sí se inclinó ahora a la materia pa­ra buscar en ella una respuesta para su es­píritu.

 

Huellas limpias y sucias han quedado marcadas en la manipulación de los testimo­nios de la historia. El criterio de honestidad se hace indispensable aunque no sea suficien­te por falta de elementos de juicio; de otra manera el baldón se volverá sobre la propia cabeza. No somos responsables de la historia pasada, pero sí de nuestra interpretación his­tórica. ¿Se adecua la interpretación al conjun­to pleno de vivencias presentes y evidentes por si mismas? Cualquier interpretación que haga violencia a tales realidades y vivencias evidentes, ciertamente no es respuesta ade­cuada. He allí pues la desventaja en que se encuentran los intérpretes que desconozcan el ineludible peso de vivencias de conoci­miento presente y de revelación vivificante. La experiencia profunda de la vivificación se yergue tan legítima como la misma existen­cia, pues disfruta de una certeza presente que sobrepuja el nebuloso ayer, al cual se acude apenas para complementar el cuadro de la experiencia presente y para encajar el hecho de hoy con sus relaciones del pasado.

 

¿Quién me dirá que no he nacido si estoy aquí?, ¿quién me dirá que Jesucristo no ha resucitado si además del testimonio de los testigos se me ha revelado también a mí y a otros cada d fa?, ¿quién me dirá que no existe El que me responde más allá de la posibilidad humana?, ¿por qué escoger términos reducti­vos y fraudulentos para opacar ante mi mismo la mano del designio?, ¿por qué mutilar mi sorpresa ante la providencia? ¡Tengo el dere­cho de aceptarla!, es injusto cerrar los ojos vo­luntariamente!. La presencia de Dios eviden­te tanto como yo y el universo no necesita interpretación alguna. Está allí y nos encon­tramos con ella tan convincentemente como con nosotros mismos y las cosas. Los senti­dos conocen la evidencia de las cosas mate­riales; el alma conoce su propia existencia con su enjambre de vivencias; y el espíritu conoce a Dios con quien tiene semejanza y afinidad, y en los renacidos del cristianismo, hasta idéntica naturaleza participada. El co­nocimiento necesita instrumentos de la mis­ma naturaleza de lo que conoce. La materia corresponde a la materia y la psiquis al alma y el espíritu a Dios y a los espíritus. Está en te­rrible desventaja aquel que tiene mutilado el instrumento de su conocimiento. Tal atrofia no puede ser reemplazada por sustitutos de una naturaleza inferior. .La filosofía trata con el sistema de abstracciones del mundo metafísico; la religión, en cambio, trata con el ente metafísico mismo; contacta con él. He allí la superioridad del conocimiento reli­gioso comparado al conocimiento filosófico, en cuanto a lo metafísico. La así llamada ciencia, llega más bien a ser "no ciencia" en este respecto, pues a si misma se mutila y limita en el use de los sentidos perceptores de la integridad humana. La evidencia metafísica es conocida en el terreno de la religión. Y no hay que confundir religión con cultura de religiones comparadas, lo cual es apenas historia. Religión, más que cultura, es expe­riencia. Lo simplemente mecánico no basta­rá para el conocimiento de la vida. Asimismo la vida natural es abrumadoramente insufi­ciente para discernir las realidades sobrenatu­rales. La religión como tal es la ciencia de las evidencias espirituales. La filosofía no se le puede comparar, porque ésta se mueve ape­nas en el piano abstracto e inerte de la mera representación de las entidades metafísicas, pero no con ellas mismas. Tales entidades mismas, Dios, ángeles y demonios, espíritus de ultratumba, requieren un instrumento su­perior a la filosofía, que conviva con ellas en afinidad de naturaleza. Relegar al mero pia­no de irrealidad legendaria a lo que determi­no el curso de los pueblos es no comprender las fuerzas que realmente tuvieron lugar, a las que se ha interpretado diversificadamente.

 

Al acercarme pues a las relaciones históricas y mitologales, escojo abierta y sin­ceramente colocar mi confianza en aquellos documentos históricos que a mi juicio se adecuan más perfectamente a la realidad, mía propia y de muchos; diría más bien, de muchísimos millones de congéneres de hoy y de ayer. Es pues en la valoración e interpre­tación del documento donde radica la res­ponsabilidad del elemento electivo, no es en el documento mismo evidente de por sí. La filosofía, pues esto es también la interpretación histórica, como simple e inerte repre­sentación abstracta de las relaciones dentro de la totalidad, debe someterse a la totalidad mis­ma evidente de por si. La originalidad vital se levanta contra el peso de la ilustración anqui­losada de la cultura.

 

El eclipse de fe causado por la mala fi­losofía, es pues una lamentable enajenación donde la mera representación distorsionada se acepta en lugar de la misma realidad total. Corresponde a la vida, por la evidencia de si misma, traer a la filosofía de nuevo a su lu­gar cabal como sierva fiel. Digo pues que la filosofía, o mejor, la parte filosófica del Hombre, es apenas un canal que debe sujetar­se a la vida y tomar la forma fiel de las evidencias, incluidas las del más allá, que son conocidas mediante el instrumento apto del conoci­miento religioso, la revelación y el testimonio de las experiencias espirituales evidentes. Quien se rehúse a considerar tales testimo­nios carecerá ante si mismo de elementos de juicio. Quien desconozca la revelación y las experiencias confirmatorias de ella, no halla­rá en la filosofía nada que se le parezca; in­defectiblemente vagará en tinieblas. El en­tendimiento filosófico es de una naturaleza excesivamente inferior comparado a la reali­dad vital que proporciona el conocimiento por revelación directa del ente metafísico. En el conocimiento religioso, se aprehende di­rectamente en el espíritu al ente metafísico, Dios; ángeles y demonios han sido conocidos también no solo mediante el espíritu, sino además con otros sentidos más burdos de la naturaleza humana. El discernimiento, pues, en el mundo de las cosas espirituales requiere un conocimiento que para esta dimensión podríamos llamar sobrenatural, por medios espirituales. Bien escribió el apóstol Pablo: "El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puede entender porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie". (1 Cor. 2:14-15).

 

Son precisamente las evidencias actua­les del Espíritu de Jesucristo resucitado lo que Su Cuerpo Místico está fundamental­mente llamado a demostrar, antes que cual­quier otra cosa.

Los acontecimientos espirituales son lo normal de la historia del hombre, no impor­ta cuánto se les pretenda reducir a explica­ciones que siempre se quedan cortas. La jac­tancia moderna, con su temor de lucir primi­tiva, se engaña a si misma cambiando mera­mente las palabras; no modifica la realidad ni disminuye sus efectos, sino que se dopa con el tranquilizante de la lingüística y la termi­nología. Tal terminología expresa meramen­te su deseo, pero no es fiel a la evidencia. Y hoy en día., como irónica paradoja, mientras la filosofía grita desaforadamente intentando apagar la voz de las cosas espirituales, se mul­tiplican arrolladoramente las experiencias so­brenaturales y místicas de hombres comunes y normales, muchos inteligentes y cultos, alre­dedor del mundo. Los materialistas no cono­cen suficientemente al hombre; su interpre­tación es muy superficial. Cuando la crítica histórica luchaba por ridiculizar el aspecto milagroso de la historia antigua, aparecen al mismo tiempo por todas partes infinidad de testimonios de aconteceres milagrosos en las mismas narices de los críticos. Cuando se reían de las multiplicaciones de los panes por el Señor Jesucristo en Galilea, se multiplican hoy en Su Nombre las mandiocas en Indone­sia. Cuando no, podían soportar el relato de las resurrecciones efectuadas por el Señor y sus apóstoles, tendrán que cerrar las bocas ante resurrecciones presentes y docu­mentadas mediante un William Marrion Bran­ham, un Tomy Osborn y otros varios. Y ¿qué decir de sanidades milagrosas y espectacula­res de personas desahuciadas por los médicos y especialistas? Es tal la evidencia que no puede enumerarse. No nos explayaremos pues en la consideración del movimiento Ca­rismático mundial, al que paralelamente acompaña una corriente de demonismo sin par en la historia. A los pies de las modernas cátedras materialistas o existencialistas bulle y ruge el ocultismo. ¿Acaso si le llaman pa­rapsicología dejará de producir los mismos efectos diabólicos? miradles el rostro y des­cubriréis al mismo diablillo. Evidentemente han madurado sobre la tierra el trigo y la ci­zaña. La terminología de inconciente colec­tivo no puede reducir la realidad de las enti­dades de otra dimensión ni de las experien­cias paranormales. Al final de su vida Jung reconoció la existencia real de tales entida­des y las llamó "Psicoides".

¿Cómo interpretaremos entonces lo que nos presenta la historia?, ¿qué docu­mentos claves juzgo más dignos de confian­za? por excelencia, las sagradas escrituras ju­deocristianas. Poseen estas en si mismas la suficiente calidad para imponerse ellas solas. Lo divino en ellas, ya reconocido, es contac­table en forma directa por cualquier espíritu abierto que se acerque a ellas para escudri­ñar y buscar. Ellas son para mi el pimpollo del árbol de la historia; las mayormente so­metidas a escrutinio resultando airosas hoy más que ayer. Las únicas con respuestas uni­versales y comprobables. Personalmente es­cojo poner mi confianza en ellas y colocar todo documento simplemente al lado de ellas y medirlo con las sagradas escrituras que contienen la revelación del mismo Dios. Otra persona escogerá quizá intentar medir las es­crituras con otro documento, tal vez el mo­derno diente de pecarí llamado hombre de Nebrasca. Yo mido más Bien el documento con la vara del príncipe de los documentos: La Escritura en que creyó Jesús resucitado de los muertos. Tengo razones interiores pa­ra pacer tal elección. La vara de medir ha lle­gado a imponer su autoridad por si misma a mi conciencia; la escojo porque me lo dicta la conciencia honestamente. Mi cristianismo no proviene de tradición sino de conversión madura después de haber pasado por muchas experiencias y después de haber hecho inves­tigaciones. Las escrituras son el documento directriz que se erige ante mí desde la histo­ria con mayor confiabilidad. Por él mido, abierta y sinceramente, sin pedir a nadie ex­cusas por ello, a los demás documentos. Por ellos

también juzgo las experiencias. En el campo de valoración de documentos históricos, a autoridad del documento es inherente a él; y mucho más cuando es confirmada por el resto del contexto de la realidad. La realidad es el contenido de un documento autoritativo, en el sentido de testimonio. La conjetura no tiene derecho a sentarse en la primera silla. El Dios de siempre ha vindicado hoy lo que salió de Su mano ayer. La vindicación divina es la palabra final; y Él vindica con Su propio testimonio. Él sabe cómo hacerlo evidente a los limpios de corazón.

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PERSPECTIVA DEL HOMBRE / 4

Por cristianogiv - 28 de Junio, 2006, 0:46, Categoría: General

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CAPÍTULO 4

 

LA ILUSIÓN EVOLUCIONISTA

 

Para dar una breve razón sumaria de mi posición creacionista, quepa a esta altura introducir un corto paréntesis para conside­rar el asunto de la ilusión evolucionista que ha hecho presa de la mentalidad moderna y que encandila como oropel desde el espejismo del materialismo dialéctico. El fervor moder­no se ha buscado un sucedáneo ante su crisis de fe por causa de la pérdida de su perspectiva. La ilusión de la hipotética evolución ha sido el paliativo utilizado con mayor frecuencia, de tal manera ya, que se ha erigido en tabú sa­grado, y es dogma a priori de fe, lo cual aun así es abiertamente reconocido, entre los cre­yentes del llamado método científico. Otra ocurrencia temporal de los hombres, bastante ingenua por cierto, aunque con mostachos postizos de aparentada seriedad. Digo inge­nua, por su ignorancia de la realidad metafí­sica y por su autolimitado sentido de percep­ción. Este ha sido el siglo en que los hombres han escogido mutilar su porción más sublime.

 

Puesto que algunos han tornado tan en serio el asunto afectando su destino eterno, nos tenemos que tomar entonces la osadía de presentar a su más sensata consideración algunos hechos reales, de manera que el fan­tasma de la ilusión evolucionista no se hin­che tan imprudentemente. La hipótesis ha si­do tan vapuleada por los descubrimientos y tan engalanada de falacias que es hora ya de apercibirse contra ella; tan sospechosa es. A la selección natural derriban las relaciones simbióticas. A la generación espontánea los descubrimientos de Pasteur y otros. A las mutaciones, la realidad estadística de cuan­tiosa degeneración.

 

Comencemos diciendo que el tiempo mismo le ha quedado corto. De ninguna mane­ra ha podido haber el tiempo necesario a la hi­pótesis, comprobable, para que se desarro­llen al azar millones y millones de milagros. Los fósiles aparecen muy desarrollados sin antecesores, y hasta pequeños fósiles ocupan varios estratos terrenos a los que se les atri­buyen en la interpretación diferentes épocas; de manera que un solo espécimen, contra to­da lógica, participó de alargadísimas eras; alargadísimas en la interpretación, no en la realidad. Fósiles "más nuevos" aparecen en estratos mas profundos, y de un mismo es­trato se obtienen cosas "nuevas" y "viejas". La infinidad de años que requeriría un mísero cambio, en tan pocos estratos comproba­bles de registro paleontológico, sumándose a la sinrazón de una mutación casual no dirigi­da y desechable por falta de inteligencia pre­visora, y por inutilidad "transitoria", todo junto, es ya una prueba contraria. Ni los fósi­les más antiguos, con toda la exageración atribuida al mudo carbono 14, alcanzarían a llenar el tiempo requerido para la formación de complejidades arrolladoras; ni siquiera de magnitudes considerables. Por el contrario, en vez de cambios graduales, la paleontolo­gía registra formas y tamaños de fósiles cuya aparición y relación geológica hablan de irrupción repentina de los géneros. Además, el modelo catastrofista geológico explica per­fectamente por selección hidrodinámica en la catástrofe diluviana, la sucesión fósil estra­tigráfica. El catastrofismo explica también, con más posibilidades que el actualismo, los depósitos sedimentarios, los cementerios fósiles, las rocas ígneas y otros misterios de la paleontología y la geología. Veo con gran sa­tisfacción que también la paleontología muestra en los estratos terráqueos la confir­mación geológica del libro del Génesis; ade­más del diluvio, también la independencia de los géneros y la aparición diferenciada de los reinos naturales. También la embriología y la genética confirman estos últimos ítems mos­trando la imposibilidad de convertir a un género en otro. Cuánto más lo comprueba el sentido común al observar hoy vivos y en pie a los géneros básicos, pero como ironía cu­riosa, no hay rastros de vida de ningún esta­do intermedio entre los géneros. Las varieda­des, posibilidad genética original, no cruzan nunca los limites de su género; no evolucio­nan; tan solo varían dentro de sus posibilida­des genéticas demarcadas con exclusividad. Esto es aun así en los especimenes que gozan de apariencia mixta. Faltan justamente todos los eslabones perdidos, y estos son millones. Podríamos detenernos en cualquier punto de la línea y hallar al padre semejante al hijo y al hijo semejante al padre.

El abismo entre lo inorgánico y la vida es tan profundo que ni siquiera la ciencia tan compleja, experimentada y manipulada inte­ligentemente ha podido tener el honor de ce­rrar fehacientemente su brecha. Cuánto me-nos un azar abofeteado por las evidencias de designio en la naturaleza, hermosamente de­mostradas principalmente en las relaciones simbióticas. La ley de la entropía, segunda de la termodinámica, es una barrera infran­queable para la evolución de lo inorgánico a lo orgánico. A la entropía, ni el mismo teóri­co premio Nobel, Prigogine, pudo vencer en el papel, según la refutación de Elmendorf, Morris y Gish. Y aunque el laboratorio llega­se a demostrar una ley natural, nadie puede atribuirla llanamente a la casualidad. Las mu­taciones y la generación espontánea son el mito más deseado, pero a la vez el más rea­cio, pues cada vez que aparece una mutación es como si se burlara de la palabra evolución. Cada mutación produce generalmente un monstruo inservible y desechado aun por sí mismo y sus congéneres. Ante tales deforma­ciones más bien lo que se levanta es gratitud a Dios porque nos toce, la parte normal. Pre­fiero creer en el gran milagro normal de la creación antes que en los millones de incom­probables milagros del azar.

La arqueología, especialmente la rela­cionada a la cultura egipcia, proclive a em­balsamar a los animales que deificó, desentie­rra de miles de años atrás especies exacta­mente iguales a las nuestras actuales.

 

Y ¿quién que esté medianamente infor­mado le va a creer sus mentiras al carbono 14 que no mide tiempo sino limitadas des­composiciones orgánicas, sujetas al embate alterador de la rediación cósmica de activi­dad inconstante, y a otros factores desestabi­lizantes como la humedad, la radioactividad, la desintegración alfa gamowiana, etc., que destruyen la confiabilidad de las constantes?. Además, la atmósfera antidiluviana era dife­rente debido a la capa que rodeaba la atmós­fera, que además era rica en oxigeno, lo cual impediría la formación de ciertas moléculas orgánicas necesarias para el paso por azar de lo físico - químico a lo biológico en caso de una evolución atea y sin propósito. Los lla­mados relojes atómicos se contradicen unos a otros con diferencias aterradoras. La apa­riencia de edad en las cortezas y capas de los árboles se explican con la radioactividad. Y ¿qué otros factores desconocidos alterarán mucho más el asunto? Cuando algo es crea­do aparece súbitamente en una fracción de tiempo muchísimo menor al que aparenta el desarrollo de su estado actual. Si Adán fue creado joven, pues al instante luciré con mu­chos años irreales encima; igualmente con to­da creación. Por otra parte, hasta la misma presión del petróleo indica a todas luces que la tierra no puede ser tan vieja como se la quiere suponer para poder acomodarla a la hipótesis evolucionista. No hay tiempo sufi­ciente para los eslabones; no hay tiempo pa­ra la evolución, a menos que sea en la imagi­nación.

 

La entropía, la llamada "masa perdida" de las galaxias y sus brazos espirales, la desin­tegración de los cometas según la investiga­ción de Swimne, el encogimiento del sol se­em los informes de Kelvin, Helmoltz, Eddy y Boornazian, el efecto Poiting-Robertson, el cálculo de Petterson sobre el tiempo de acu­mulación del polvo meteórico, la reducida cantidad de polvo hallado en los alunizajes, el campo magnético de la tierra según la ecuación de Lamb, la velocidad de exuda­ción y el contenido de helio en la atmósfera terrestre, los errores de las mediciones anti­guas relacionados al factor plomo original en los minerales y relacionado a la lixiviación y a la contaminación de plomo radiogénico y otros plomos anómalos, la neodatación ra­diométrica incluyendo todas las constantes y factores, los radiohalos de polonio 218, el modelo catastrofista de fosilización y estrati­grafía, los descubrimientos de Gentry acerca de la juventud del carbón, la ya mencionada presión del petróleo, la teoría moderna que reduce las 4 glaciaciones a una sola, la dilu­viana, los cálculos de radioactividad en los minerales radiogénicos, la erosión de las montañas, etc., etc., todos estos son mazazos sobre la cabeza de la cronología evolucio­nista.

 

La famosa galería de "antropoides", ya caduca aunque no retirada del mercado co­mo las ediciones viejas, es en su mayoría ex­plicable o fraudulenta; no importa que se trate del anciano artrítico de Neanderthal, del diente de chancho de Nebrasca, de los di­bujos de Ameghino con sus hipotéticos tri­prohomos. Digámoslo de una vez: Razón hay en no llamarle historia a la "prehistoria". Esta última no es en efecto segura y docu­mentada historia. La historia comienza en Mesopotamia y su registro es perfectamente concordante con la declaración fundamental de las Escrituras Sagradas judeo-cristianas. El Verbo de Dios, testigo y vehículo de la creación, que se reveló a los hombres en carne, y resucitó históricamente citando así el Génesis, creyó en la historicidad de toda la Escritura y la confirmó así. Yo creo también. Y pensar que la geología tan vapuleada por el catastrofismo, la distorsión estratigráfica y el vulcanismo, es la incierta y endeble base sobre la que descansa el círculo vicioso de interpretación paleontológica, que al fin y al cabo es la única suposición dizque firme del evolucionismo, falso sustento del materialismo dialéctico.

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PERSPECTIVA DEL HOMBRE / 5

Por cristianogiv - 28 de Junio, 2006, 0:27, Categoría: General

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CAPITULO 5

 

LA PROBLEMATICA DE LOS FOSILES

IMPUTADOS A LA SUPUESTA

ASCENDENCIA HUMANA

 

 

Concordante con la declaración y la cronolo­gía fundamental de las escrituras sagradas ju­deocristianas. El Verbo de Dios, testigo y ve­hículo de la creación, que se reveló a los hombres en carne y resucitó históricamente citando así el Génesis, crey15 en la historici­dad de toda la escritura y la confirmó así. Yo creo también. Y pensar que la geología tan vapuleada por el catastrofismo, la distor­sión estratigráfica y el vulcanismo, es la in­cierta y endeble base sobre la que descansa el círculo vicioso de interpretación paleonto1ógica, que al fin y al cabo es la única suposi­ción dizque firme del evolucionismo, falso sustento del materialismo dialéctico.

 

Puesto que el sentido común y la obser­vación del mundo que nos rodea nos muestra la vida perfectamente diferenciada en géne­ros y especies y naturalezas, nos muestra también la ausencia de formas intermedias entre género y género, es decir, géneros en transición, entre la multitud de seres vivos que hoy existen, los hombres se han tenido que volcar a un supuesto pasado remotísimo donde se supone ocurría lo que normalmen­te no vemos que ocurre hoy a nuestra vista. Así surgió la fe evolucionista suponiendo que las formas de transición que no vemos hoy y que están ausentes entre los géneros a pesar que los géneros mismos si están presen­tes, las formas de transición, decíamos, que no se hallan en la realidad presente, se imagi­nan en el pasado, al cual se hace exagerada­mente remoto para poder acuñar la explica­ción de los innumerables millones de mila­gros requeridos para las supuestas transicio­nes. Comenzó entonces la codiciada cacería de registros fósiles y entre el montón desor­denado de estos se procedió a la selección de aquellos que pudiesen adaptarse, con la ayu­da de la imaginación, a la hipótesis evolucio­nista; y algunos que no se adaptaban por sí solos, fueron adaptados a la fuerza. Así que apartando los restos fósiles de sus circunstan­cias reales fueron acomodados y rellenados dentro de un supuesto y meramente imagina­rio árbol genealógico, al cual se le conceden por necesidad y obligación cantidades de tiempo imposibles según los hechos observa­bles. Se le atribuye a Cronos la creación, pero Cronos no tiene credenciales. Como an­tes mencionábamos, ni las galaxias pueden darse el lujo de tan exagerados millones. Las órbitas keplerianas, en que la velocidad de­crece desde el centro hasta el exterior, hubie­ran enrollado los brazos espirales de las ga­laxias por rotación diferencial; es conocido que los gases y las estrellas en una galaxia gi­ran en órbitas keplerianas; pero he allí los brazos espirales sin haberse mayormente en­rollado como hubiera de haberlo sido si fue­se verdadero el caso de los tan exagerados millones de años del trabajo de Cronos.

 

Y si nos seguimos acercando más a nuestro propio sistema solar, allí descubri­mos que tampoco el tiempo ha tenido tiem­po suficiente. El efecto Poiting-Robertson demuestra lo relativamente nuevo del sistema solar. Una partícula de roca meteórica de 1 cm. de diámetro y densidad 2,7 a la distan­cia de la tierra al sol caería en espiral en 10.000.000 de años al sol, según el cálculo de Robertson; lo cual significa que si hubie­sen transcurrido 2.000.000.000 de años, toda masa de roca de 2 metros de diámetro hubiera caído al sol por el efecto Poiting-Robertson, limpiando el espacio. Hasta la órbita de nep­tuno estaría limpio el espacio de todo objeto menor de 2mm.1/2 de diámetro. Hasta la or­bita de Júpiter, de objetos menores de 7,5 cm. de diámetro. Esto, por el efecto Poiting­Robertson actuando tal cantidad de anos. Pero ¿cuál es la realidad? existe gran canti­dad todavía de material meteórico en órbita sin completar la caída, el cual por el reflejo del sol produce el fenómeno de la luz zodia­cal. De manera que el sistema solar es más re­ciente de lo que se acostumbraba a pensar. A esto añádense otras pruebas más tomadas de otras observaciones.

 

El tiempo de acumulación de níquel de polvo cósmico indica en la escala miles y no millones de años. ¿Dónde quedaría la brecha necesaria para la supuesta evolución entre el Ramapitecus y el Australopitecus imaginada en 10.000.000 de años?, 14.300.000 toneladas de polvo meteórico se depositan anualmente sobre toda la superficie terrestre, según las investigaciones dirigidas por el geofísico sueco Peterson. En 5.000.000 de años, la mitad apenas de lo atribuido a la brecha entre el R­mapitecus y el Australopitecus, se hubiera formado una capa de 18 metros de espesor so­bre toda la superficie del planeta, incluyendo los océanos, en ausencia de accidentes geoló­gicos. Por la erosión, debiera haber enormes cantidades de níquel meteórico en los océa­nos y en sus sedimentos, pero es raro incluso en rocas terrestres y mucho más raro en los sedimentos oceánicos. Los meteoros contie­nen bastante níquel; igualmente existe en el polvo cósmico que continuamente se deposi­ta sobre la tierra, y que por su descenso len­to no se quema en la atmósfera. Al medirse la cantidad de este níquel existente en los océanos y en sus sedimentos, y al medirse conjuntamente la velocidad en que éste es transportado al agua desde el material me­teórico, resulta el tiempo de acumulación; lo cual también cae en la escala de los miles y no de los millones de años.

Según sus investigaciones, el astrónomo alemán Swimne, y también Lyttleton, esti­man en base a sus cálculos en muy reciente la edad de los cometas por ellos estudiados de nuestro sistema solar. La edad pues del sistema es corta. Swimne no se permite con­cederle a los cometas más de 25.000 años. Lyttleton estima que ningún cometa de pe­riodo corto puede sobrevivir más de 10.000 anos. La mayoría de los astrónomos sostie­nen que los planetas y cometas del sistema solar datan su formación de un mismo perio­do. Estos son los hechos observables.

 

El estudio del contenido de helio en la atmósfera, de su velocidad de exudación de la litosfera, junto a otras indicaciones, permi­te para la atmósfera un máximo de tiempo que cae también en la escala de los miles de años.

 

Recordemos que, según el Dr. Melvin Cook, si la tierra tuviera tal antigüedad como la que se le pretende aplicar al interpretar los fósiles, la presión del petróleo se hubiera di­sipado. Pero la actual presión no indica más de 10.000 años. Si se consideran todos los factores externos, incluso los relojes radiacti­vos dan edades cortas, como ya ha sido de­mostrado.

 

En un esfuerzo internacional de más de 90 universidades y museos, se date) por car­bono 14 a 15.000 restos fósiles. Ninguno pu­do pasar la barrera de los 40.000 años, a pe­sar de los exagerados 300.000.000 que se le atribuían. El carbón antes datado entre 200.000.000 y 300.000.000 de años ahora se date) en simplemente 1.680 años.

 

Loren Eisley desarrolló el método del oxigeno 18 con el que inténtase medir la temperatura de los tiempos antiguos. Por ese método sostiene demostrar que la edad del hielo es muchísimo más reciente. Ahora bien, es a partir de tal edad que los evolucionistas suponen el origen del hombre; y su fe se ci­mienta en restos fósiles, de entre los cuales no se ha encontrado todavía un cráneo con su esqueleto completo del supuesto hombre mono. De manera que la base del argumento es de una fragilidad extremada. Los dibujos artísticos, llamados reconstrucciones cientí­ficas, no son más que imaginaciones deseadas. De hecho, se han "reconstruido" variadas máscaras en base a un mismo pedazo de fósil. La realidad se le suele ocultar al estudiante, el cual ingiere ingenuamente las altisonantes fábulas evolucionistas.

 

Es en honor a ellos que nos detenemos un poco más para examinar la realidad de los fósiles que acomodaticiamente imputan al imaginado árbol genealógico del hombre, la supuesta ascendencia humana.

 

Se comienza por el Propliopitecus. Va­rios de entre los mismos evolucionistas lo clasifican como un simple mono gibón. Solo hay de él unos fragmentos en Egipto, y ya no es hora de pretender seguir asignándole 30.000.000 de años. Además se presenta co­mo más "reciente" que el mimo Ramapitecus hallado en Siwalik, nordeste italiano, seme­jante a un chimpancé pequeño, ágil e inge­nioso como los actuales.

 

De los fragmentos fósiles del Driopitecus hallados en Africa y Eurasia, se dicen ser también más "recientes" que el Ramapitecus, invirtiéndose así la supuesta cadena evolutiva. Pero además, para poder explicar el paso de Propliopitecus a Driopitecus tienen necesidad de imaginar 11.000.000 de años. Después del Driopitecus admiten una Laguna en blanco en el registro fósil de unos supuestos 9.000.000 de años. Y cuán inseguro es todo esto, te­niéndose en cuenta lo antedicho acerca de la cortedad del tiempo y además los accidentes geológicos ocasionados en los eventos del ca­taclismo diluviano, ya fehacientemente comprobado

El Ramapitecus de Siwalik, Italia al nor­deste, es semejante al chimpancé y no es aceptado por varios de entre los mismos evo­lucionistas como perteneciente a la línea del hombre.

El Australopitecus tiene solamente un tercio de la capacidad del hombre moderno. El primero fue descubierto por Ramon A. Dart y su registro fósil está excesivamente distanciado del Ramapitecus del cual se preten­de evolucionó. El evolucionista Le Gross Ckark afirma que no hay ninguna evidencia de que el Australopitecus poseyera atributos especiales asociados al hombre, y por lo tanto usa con reservas la palabra "homo" para el Australopitecus.

 

Las supuestas evidencias de use del fuego presentadas por Ramon A, Dart no sopor­taron el análisis critico. Oakley y Washburn concluyeron que los huesos de Australopite­cus en las cavernas eran restos de devorados por carnívoros y hienas. También el evolu­cionista R.L.Lehrman dice del Australopite­cus no ser "homo" sino igual a cualquier an­tropoide. Lo mismo dice Ashley Montagh. J. T. Robinson halló en Sterfonten, Africa del sur, 58 artefactos de piedra perfectamente atribuibles al hombre en las mismas acumula­ciones donde se hallo el Australopitecus; de manera que tampoco en este caso se presenta lógica y eslabonada la cadena. El hombre en estratos del Australopitecus descalifica a este como su remoto antecesor.

 

El Zinjantropus o supuesto homo-habi­lis, imaginado hombre primitivo del Africa, fue hallado por L. 0. Leakey. El Dr, Robin­son lo clasificó como simple Australopitecus. Se trataba de un cráneo. En 1.959 fue some­tido a distintos métodos para calcular el tiempo, dando diferentes edades. Huesos de mamíferos hallados en el mismo sitio donde Leakey hallo su cráneo no tenían más de 10.000 años según el carbono 14. Huesos del valle del Omo, Etiopia, que se decían más antiguos al hallado por Leakey no pasa­ron por carbono 14 la barrera de los 15.000 arios. En 1.972 Leakey admitió que el crá­neo era el de un mono. El profesor de ingeniería nuclear, Dr. Whitelaw, aseguró que el "homo-habilis cascanueces" tenía menos de 7.000 años. ,Como entonces atribuirlo a la supuesta ascendencia humana?.

Hace entonces su ostentosa aparición el hombre de Piltdown en el eslabón ascenden­te del supuesto árbol genealógico. Los regis­tros fósiles fueron hallados en 1.912 por Charles Dawson y Arthur Kaith en Piltdown, Inglaterra. Se dijo descubrir un hombre-mo­no. Arthur Woodward y Teillard de Chardin fueron a colaborar con el trabajo. Fue "re­construido" a partir de un cráneo, una quija­da y algunos dientes. Estuvo Exhibido 14 años en el museo británico engañando a los ilus­trados que creían sin examinar; hasta que en 1.953 John Wimer y Samuel Oakley exami­nando minuciosamente hallaron que el tal cráneo era de un hombre moderno, y la qui­jada de un mono gorila moderno tratada con bicromato de potasio y sal de hierro para darle aspecto fosilizado. Los dientes habían sido limados para darle semejanza a los de un mono. Y de seguro que esta no es la única vez en que el ojo del científico es engañado.

 

En 1.922 se hallo y "reconstruyó" el Hesperopitecus conocido también como el hombre de Nebrasca. Su "reconstrucción" resultó partir de un diente de pecarí, especie de chancho.

Del supuesto homo-erectus inclúyense del registro fósil al Pithecantropus, al hombre de Java, al hombre de Pekín y al hombre de Calais, Tanganika, a quienes la enciclope­dia americana considera simples antropoides o quizás un tipo de hombre inferior. Los fósiles de Hungría, el hombre de Swascombe y el hombre de Kanjera, Africa, son también clasificados como supuestamente homo-erec­tus. El hombre de Java o Pitecantropus es uno de los más apreciados por los evolucionistas, y uno de los registros fósiles en que más con­fían y hasta se glorían. El cirujano holandés E. Dubois causó sensación al anunciar su des­cubrimiento en Sundra, Indonesia. Se trata­ba de cinco fragmentos fósiles: Según algu­nos, una parte superior de cráneo de gibón gigante, un hueso y un diente. Otro grupo de paleontólogos alemanes le declararon ser al Pitecantropus un simple hombre. Dubois mismo admitió que los restos, a los que lue­go había añadido un sexto fragmento, parte de quijada inferior hallada en otra parte de la isla en el mismo estrato, no eran de un hom­bre-mono sino que los había hallado distan­tes entre sí. Los primeros fragmentos hasta a 20 pasos de distancia, y había hallado tam­bién restos de hombres modernos en el mis­mo Lugar. Del hombre de Pekín han desapa­recido las evidencias. Scientific American `66 informa del hallazgo de los restos de po­blación de hombres modernos contemporáneos del "homo-erectus" entre los fósiles de Hungría. A.M. Winchester sostiene de restos en Europa del hombre de Swascombe ser contemporáneos del hombre normal. Lo mis­mo se dice del hombre de Kanjera, Africa. De manera que estos supuestos homo-erectus o pre-Neanderthales eran tempranos ejemplos de homo-sapiens normal según se deduce también de los fragmentos de Swascombe, Inglaterra, y Steinhein, Alemania. El fuerte de Java se hallo junto con las calaveras moder­nas de Wadjak en área volcánica de no más de 500 alms, como lo demostró la expedición de Frau Selenka en 1.907.

 

El hombre de Heidelberg fue simple­mente "reconstruido" a partir de un hueso de quijada que se aceptó como humano. ¿Cómo sostenerse en tales conjeturas?.

El hombre de Rhodesia fue examinado en el esfuerzo internacional a que hicimos mención anteriormente, y el examen por car­bono 14 no le asigna más de 9.000 años. Menos le fue asignado a los huesos de Tha­mesville y Catham, Ontario, Canadá.

 

Anteriormente los evolucionistas po­nían al hombre como descendiente directo del hombre de Java, Pekín, Neanderthal y Rhodesia; los evolucionistas modernos afirman que no; que el hombre no está en la línea de los tales. Y es que se han halla­do fósiles de hombres de tipo moderno en los mismos estratos y aim en estratos más "tempranos" que el de los fósiles "prehistó­ricos" de Java, Rhodesia y Neanderthal. Del hombre de Neanderthal, el Dr. A.T.E. Cave sostuvo en un congreso internacional de zoo­logía en 1.958 que al examinar el esqueleto del Neanderthal hallado en Francia resultó ser el de un anciano artrítico. En el esfuerzo internacional mencionado se le aplicó carbo­no 14 y no paso la barrera de los 40.000 alms; otros no pasaron la barrera de los 32.000 años. A un molusco vivo se le aplicó carbono 14 y pudo datarse su "muerte" ha­cia 3.000 años. ¿Cómo fiarse de tales cosas y exageraciones?. También la revista Harper's reconoce al Neanderthal como artrítico, y no doblados, brutales y mal desarrollados co­mo se decía. El Times magazines del 19 de marzo de 1.961 dio la capacidad del Neanderthal en 1.625 cm.3, mayor que el hom­bre promedio normal. La enciclopedia mun­dial del '66 lo describe como completamen­te humano, plenamente erecto y muscular, de cerebro igual al hombre común. El de Pekín y el de Neanderthal, segúnm I. Lissmer y T.D.Stewart, eran de rasgos faciales seme­jantes a los nuestros. El Neanderthal es contemporáneo del Cro-magnon, hombres europeos superiores al hombre moderno en estatura y capacidad cerebral. También los boscopoides del Africa del sur, que según Eiseley no pueden tener más de 10.000 años, reflejan características, según J. Jauncey, superiores al hombre mo­derno. ¿Cómo puede entonces suponerse que el hombre evolucionó de ellos?.

Hemos seguido los eslabones fundamen­tales del supuesto árbol genealógico de la as­cendencia que imaginadamente se le imputa al hombre. Tal árbol genealógico supuesto está hecho trizas. Le da forma solo el deseo y la imaginación. No ha habido tiempo para su evolución y los supuestos antepasados no son mas que conjeturas forzadas. El hombre aparece claramente como una creación espe­cial.

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PERSPECTIVA DEL HOMBRE / 6

Por cristianogiv - 28 de Junio, 2006, 0:10, Categoría: General

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CAPITULO 6

 

LA RAIZ MISTICA

 

Generación proviene de generación, y hombre de hombre. La genealogía ha sido normal en la historia de los hombres. Retro­cediendo hacia el pasado con la ayuda de los registros genealógicos llegamos hasta el pri­mer hombre histórico: Adán. Además de las escrituras judeocristianas, también otras tra­diciones de los pueblos antiguos coinciden en ubicar el origen del hombre en un hombre primero hecho del barro. Quizá no seria ne­cesario agregar que el barro y nuestra com­posición material son perfectamente coinci­dentes; coincidencia que se ve mejor a través de los ojos de la medicina naturalista. Tuvo necesariamente que haber un primer hombre y la genealogía histórica lo encuentra en Adán. A partir de allí puede encontrarse también la raíz mística que se ha desarrolla­do en frutos de religión a lo largo de la histo­ria del hombre. La documentación implícita en el libro del Génesis nos muestra el tronco original de donde se bifurcaron los pueblos.

 

Este allí el "sefer" de las generaciones de Adán hasta el diluvio; también las generacio­nes noéticas y la distribución de las naciones mostrando la raíz de pueblos tan antiguos como los acadios, los sumerios, los egipcios, los asirios y caldeos; también las generacio­nes semíticas, la hebrea, la edomita y la ma­dianita; Las crónicas de Judá e Israel comple­mentadas por los libros de los reyes junto a los libros de Esdras y Nehemías son también ricos en genealogías y referencias bibliográfi­cas antiguas. Pero es el libro de Lucas el que enlaza con nuestra era la genealogía antigua. Es importante el hecho de que el Señor Jesu­cristo haya tornado como históricamente cierta la existencia del personaje llamado Adán. Allí está, pues, la raíz mística, de don-de derivaron principalmente dos corrientes: la teísta y la ofita.


Adán tuvo el privilegio de escuchar de la boca de Dios mismo acerca de su propia creación. Más tarde, el Espíritu Divino por boca de sus profetas dio también testimonio de estas cosas antiguas. Pero concentrémo­nos ahora en la experiencia personal de Adán para hallar el comienzo del hilo en el desa­rrollo de las cosas de la humanidad; pues el pueblo real no pudo nacer de un mito y la fábula evolucionista está despedazada. La ex­periencia de Adán y su relato de ella sería la influencia primitiva de mayor peso en la formación del contenido místico de la historia de la raza humana. Atenderemos pues a la relación externa de los canales de transmi­sión, y entonces también al fluido que corre por esos canales primeros y que fuese enri­quecido por las experiencias posteriores de los que celosamente procurarían conservar auténticamente la herencia histórica y mís­tica. Se desprenderá también de allí la com­prensión de las interpretaciones pervertidas, su desarrollo y relación en ramas humanas con desviaciones cada vez más apartadas de la línea auténtica, por causa del juego de los intereses creados, las tendencias, los favori­tismos, las omisiones, las acomodaciones; en fin, la abrumadora cantidad de factores falsi­ficadores, los cuales, a pesar de todo, no po­drán menos de traer consigo las huellas de la verdad autentica de la que procuraron esca­par. El estudio de las religiones comparadas evidencia lo antedicho.

 

Ha habido siempre en la humanidad, aparte de los factores desviatorios, otro fac­tor, celoso guardián de la pureza original. Si Dios tenía un plan al crear las cosas cierta­mente proveería para llegar al fin de su pro­pósito. Vemos allí el lugar de la función pro­fética. Se hace pues necesario hallar ese fac­tor preservacional entre el intrincado ramaje del árbol general. ¿Cuál es el tronco central? ¿Cuál es el cogollo directivo? ha de partir necesariamente del primer hombre histórico, Adán. El pueblo no nació de una leyenda; nació de un personaje histórico hecho legen­dario. Adán, pues, como todo espécimen hu­mano dejó el registro de su propia experien­cia; lo escribió en sus herederos; actitud nor­mal de todos los hombres. Repito que tene­mos el libro de las generaciones de Adán, los nombres propios de sus herederos y las fechas de su nacimiento y muerte, además de los acontecimientos importantes.

 

Echemos pues una breve mirada a la ex­periencia de Adán, de manera que podamos proyectar una rápida perspectiva de su in­fluencia sobre su descendencia. De él nos lle­ga que despertó perfecto en la presencia de Dios, inocente y en un paraíso. Aquí salta a la vista el anhelo primordial de todos los hom­bres, su aspiración natural al Edén. Míralo en sus proyectos. La estructura humana reclama el paraíso. Aún la "humanización" del ateís­mo es esa secreta nostalgia; no quiere desli­zarse del todo en el abismo de inmoralidad y absurdo que implica su parricidio. Adán, en su primera condición paradisíaca aprendió de Dios directamente cuál seria el camino de la vida, en caso de que hiciera la elección co­rrecta de árbol sustentatriz. He allí la reli­gión original, natural y verdadera; es decir, acorde con la realidad. Señoreó sobre la na­turaleza. ¿Qué cosas habrá aprendido de Dios el Creador del cual era el amigo inseparable? Conoció la inocencia y con ella la confianza y la seguridad. Igualmente conoció la libre alianza de la obediencia y la reverencia ante la excelencia divina mientras tenia ante si el limite que le advertía acerca de las terri­bles consecuencias de corner del fruto del co­nocimiento del bien y del mal con lo cual se separaría del sustento de vida eterna impo­niéndose a si mismo una frágil autoposesión sin sentido y desarmónica. Conoció primera­mente Adán el arte de la libre y plena expre­sión de vivencia desinhibida y santa y de co­municación perfecta con la naturaleza, consi­go mismo y con Dios. Esta sed es la necesi­dad que sigue manifestándose en los hombres. Descubrió Adán el lenguaje más diná­mico y expresivo dando nombre a los seres según la más perfecta impresión recibida de su realidad. Conoció la reacción apropiada ante esa realidad total según se le presentaba; y conoció entonces la gratitud normal y lógi­ca, por lo tanto adore. Se supo dueño y a la vez posesión y conoció el sentido y la armo­nía iniciales. Entonces conoció también la creación de la mujer, y con ella un hito más de la armonía perfecta; y fue para ella la ex­plicación de su feminidad y con ella estuvie­ron frente al sentido de su humanidad inte­gral como compañeros en la adoración, para contener, expresar y representar a Dios cual imagen suya y debido a su semejanza por la cual podían relacionarse de una manera única.

 

Entonces su matrimonio daría lugar a una familia para Dios que llenase la tierra de un Reino que expresase la excelencia de la gloria divina. Antiguas tradiciones persas, griegas, bárbaras, teutonas, indias, tártaras, chinas y mongoles, además de las hebreas, heredaron la noticia del comienzo glorioso. Las fechas que las escrituras judeocristianas señalan para el comienzo del hombre y su re­distribución postdiluviana concuerdan más perfectamente con la estadística poblacional que las exageradas fechas evolucionistas, pues con 500.000 años de "historia" huma­na, la población sería imposible de meter en el planeta pues alcanzaría un promedio que pasaría los 300 ceros, ya que normalmente la humanidad se duplica cada siglo y medio. Las antiguas civilizaciones babilónica, persa, china, india, árabe, abisinia y maya no colo­caban la aparición del hombre en máss de 6.205 años.


Sin embargo conoció también Adán el temor de la desobediencia y la temeridad de la desobediencia misma. Esta loca temeridad está hoy patente en los diversos ritos de ini­ciación ofita especialmente en el degradante rito paladio. Conoció Adán la conciencia de culpa, el temor del juicio y su sentencia. He allí la razón subyacente de muchos suicidios por los cuales tampoco escapan, sino que mas bien se lanzan definitivamente en conde­nación, donde deben encarar un ineludible y atroz remordimiento. Suicidas recuperados que cruzaron el umbral testifican de esto. Conoció Adán el juicio, la maldición, el dese­quilibrio y el alejamiento del paraíso. Intro­dujo la anormalidad y la sub-hombridad a cau­sa del pecado. Sí, conoció el pecado, pero también la promesa de un Redentor y la cu­bierta del sacrificio. Conoció efectivamente el sacrificio expiatorio de cuyas pieles fue cubierto por el mismo Dios quien se lo ense­116 y le dio la consolación de la esperanza de la promesa. Esperanza arraigada en lo pro­fundo del hombre, en la necesidad innata de su naturaleza actual, testificada por la con­ducta de los pueblos. No es entonces de ex­trañar observar a través de los siglos la prác­tica del sacrificio expiatorio a la que siem­pre, de una manera u otra, acudió la huma­nidad para cubrirse. Dios mismo la enseñó al primero de los hombres, y éstos la encontra­ron psicológicamente normal y lógica. La copiaron de Adán, desde Abel en adelante; aunque estaba, claro está, en peligro de per­vertirse; lo que evidentemente aconteció en la mitologización. El sentido auténtico sin embargo se conserve, hasta su cumplimiento perfecto en la expresión más sublime, la divi­na, expresada en la Cruz de Jesucristo. El sacrificio, pues, no era el furor divino sino su justicia y amor.

 

Si seguimos la cronología bíblica en forma llana y sin suponer lagunas, Adán per­maneció vivo hasta ver sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus tataranietos, sus choznos, sus bichoznos y sus tatarachoznos. Su nom­bre fue recordado también en una ciudad que lleva su nombre, la ciudad de Adán, en el valle arcilloso del Jordán, conocida por las generaciones posteriores aun del tiempo de Josué. Es sugestivo aun el parecido de nom­bre que se halla en el mito de Adapa. La ar­queología ha desenterrado antiguos docu­mentos relacionados tales como el sello de la tentación. Fue, pues, Adán testigo y pa­triarca de ocho de sus generaciones; contem­poráneo de Enoc y Matusalén, su hijo, el cual fue el eslabón que conectó sus transmisiones con el patriarca Sem, sobreviviente del dilu­vio y padre de los semitas. El periodo inter­testamentario sacó a luz tradiciones en el li­bro llamado de Enoc, usado por sectores de la iglesia primitiva y respetado hasta hoy por la rama copta de la cristiandad. Las tradicio­nes recogidas en ese libro se le atribuyen a Enoc, a quien también se le atribuyen el co­mienzo de la escritura y el diseño "profético" de las pirámides usadas en los misterios órfi­cos, que son el plagio de Osiris acerca de la redención esperada. Los acontecimientos prediluvianos son narrados con más detalles en este libro, como si fuese una ampliación de las noticias del Pentateuco; allí se intenta iluminar sobre los comienzos históricos de muchas prácticas animistas, que fueron mito­logizadas a partir de allí. Matusalén, el hijo de Enoc, sería de edad de 243 años cuando murió) Adán. i243 años de contemporanei­dad!. Debemos recordar que antes del dilu­vio existía una capa de agua super-atmosféri­ca que les protegía mucho mejor de la radia­ción cósmica, por lo cual la vida podía pro­longarse mucho más, como queda también patentizado en el tamaño descomunal de los fósiles antidiluvianos, tales como el ptero­dáctilo las tortugas y cocodrilos gigantes. Es por eso que los historiadores antiguos, de los cuales Josefo hace una relación de una docena, sostenían que los hombres antiguos casi alcanzaban el milenio. Otros historiado­res, claro está, se exceden en muchísimo. Enoc habría puesto a su hijo un nombre pro­fético cuyo significado sería el de que cuan­do éste muriese el diluvio vendría. Fue preci­samente en el año de la muerte de Matusalén cuando se desató el diluvio sobre la tierra.


De casi 18.000 especies de animales, en­tre anfibios, reptiles, aves y mamíferos, el doble cupo perfectamente en un tercio del arca cuyas medidas abarcan una longitud ma­yor a un campo de fútbol. Muchas culturas han conservado la tradición del diluvio; entre ellas: Babilonia, Persia, Egipto, India, Grecia, Lituania, Siberia, Sudán, China, Japón, Aus­tralia, México, Birmania, Alaska, Islandia, Nigeria, Congo, Nueva Zelanda, Laponia, Hawai, Finlandia, Irlanda, Gales, Sudáfrica y Sudamérica. Todo esto antes de la difusión cristiana. Incluso, el historiador nativo de los aztecas, llamado Ixtlilxochitl, tiene una cronología prediluviana casi exacta en comparación con la del libro del Génesis. La es­cuela catastrofista de geología tiene abun­dante bibliografía demostrando sobre la cor­teza terrestre las huellas del diluvio universal. También la historia tiene abundante docu­mentación acerca de la supervivencia del arca sobre la cordillera del Ararat, vista por testi­gos, desde los mismos tiempos del antiguo historiador Beroso. De entre los testigos a lo largo de la historia podríamos citar por ejem­plo a: Beroso de Caldea, Jerónimo el egip­cio, Manasés, Nicolás de Damasco, Flavio Jo­sefo, Jacob de Nisibis, Epifanio de Salamina, Guillermo de Ruysbroek, Marco Polo, John Maundeville, Jean Chardin, Joseph P. de Tournerfort, James Morier, James Rich, Aga Hussein, Frederic Parrot, J. Montgomery, Hardwicke Knight, G. Jefferson Greene, Fer­nando Navarra, M. Delaney, y otros. Todos éstos, directa o indirectamente, estuvieron cerca del testimonio de la existencia milenaria sobre los montes del Ararat del arca.

 

Noé había conservado la justicia a los ojos de Dios hasta esa generación y él sobre­vivió con sus tres hijos Sem, Jafet y Cam, al cataclismo diluviano, que como hemos esta­do diciendo, dejó sus huellas en la corteza para nosotros y para el examen de la paleon­tología o la arqueología; recordado también en forma mítica por las diversas tribus de la tierra, que son descendientes de los tres hijos de Noe desde más arriba de la Mesopotamiala Mesopotamia y distribuidos a lo largo y ancho del planeta mediante migraciones registradas en docu­mentos y en relatos hechos ya legendarios, mas no por eso menos históricamente reales. Hemos sostenido que la historia parió a la leyenda y no viceversa. No solo se ha hallado sobre los montes de los antiguos kurdos la histórica arca, sino que también han sido halladas monedas con el nombre del patriarca Sem. Tenemos además el libro de las genera­ciones semitas. Este patriarca murió 10 años después del matrimonio de Isaac con Rebeca. El mismo Noé murió medio siglo después del nacimiento de Abraham, Nacor y Haram de Mesopotamia, donde se hallaba la hoy ya de­senterrada Ur de los caldeos. ;169 años de contemporaneidad entre el patriarca Sem y el patriarca Abraham! La arqueología de­senterró tablillas en donde figuran, entre otros, los nombres històricos de Peleg, Serug, reu, tales como los antepasados cercanos de Abraham, que tambièn aparecen en el registro de las generaciones semitas. Hoy la arqueologìa se ha erigido finalmente como fiscal acusador de las pretensiones de la crìttica del siglo XIX que buscaba motivos para imputar como simple mito a lo que fue realmente historia.

 
El bastión del monoteísmo reverdecido a partir de Abraham estaba suficientemente cimentado por eslabones directamente entre­lazados tales como Adán, Matusalén, Sem e Isaac; una familia bien conocida; un cortísi­mo nexo de seguridad con nombres tales co­mo Enoc, Noe y Abraham en su haber. Con esta raíz brota el árbol del monoteísmo.


El origen monoteísta de la religión del hombre está certificado por los descubri­mientos de documentos antiguos babilónicos hechos por Stephen Langdon. También Flin­ders Petrie descubrió documentación egipcia antigua monoteísta. Sayce hallo en tablillas del tiempo de Hamurabi la declaración: "Yahveh es Dios". La antropología más re­ciente ha descartado la hipótesis de una evo­lución del animismo y politeísmo al mono­teísmo. La evidencia documental demuestra mas bien una degeneración a partir del mo­noteísmo hacia la idolatría. Y en cada época, incluyendo la nuestra, se han medido eras dos fuerzas antagónicas: El bastión monoteísta y el bastión idolátrico.

 

Las creaturas, en su absurda rebelión, han querido siempre sustituir a Dios. La ser­piente dice hoy la misma mentira de siem­pre, forrada en variedad de términos; pero es la misma rebelión y soberbia del principio. Dios, por su parte, no se ha quedado sin tes­timonio. Interviene directamente en la vida de Abraham separándolo de la idolatría ya forjada a su derredor. El único Dios, creador del cielo y de la tierra, se proponía enaltecer Su Nombre entre los hombres. Se hace obvia la separación de Israel mediante el cual se prepararía la ruta del Mesias prometido, a través del cual la humanidad hallaría plena redención y razón de ser. El Dios de Abra­ham, Isaac y Jacob llega a ser el Personaje más importante de la historia humana. Hoy en día es el Dios de las tres grandes religiones.

 

No se puede ya alas decir que la histo­ria de Jacob en Egipto es un mito. Hasta las pinturas atestiguan la estadía semita en el país de los faraones. Si, las piedras hablan. El relato del Génesis es verdaderamente his­tórico. De José nos deja la historia profana el acueducto que lleva su nombre. Es en su época, cuando éste era la mano derecha del faraón egipcio, que el pueblo de Israel co­mienza a multiplicarse y a ser luego oprimi­do, obligándosele a fabricar ladrillos, de lo cual también la arqueología tiene algo que decir. El éxodo está impreso, por asi decirlo, también en los ladrillos, notándose la partida del pueblo en la estructura de las construc­ciones; con buena paja los primeros ladrillos, con menos los del tiempo de recrudeci­miento de la opresión cuando la paja les era negada, y diferente cuando habían partido los esclavos para dar culto a Dios.

 

La genealogía de Moisés está así identi­ficada: Jacob, Leví, Coat, Amram, Moisés. La omisión en la historia egipcia, hasta lo que va de los descubrimientos, es fácilmente comprensible. Los faraones solo registraban ostentosamente sus victorias, incluso apro­piándose las de sus antecesores, tal como se sostiene de Ramsés II. La cuarta campaña de Tutmosis HI es silenciada por los cronistas egipcios. Tenemos entonces a Josué, segundo de Moisés en el éxodo, quien introdujo los huesos de José en Canaán. Su figura aparece en las tablillas de Amarna. Los cananeos de­jaron registro de su temor y de la invasión hebrea. Este Josué es un eslabón fuerte en la conservación de las escrituras antiguas del Pentateuco; enlaza la historia desde los per­sonajes históricos de José hasta la época de los jueces. Moisés escribió en un libro el inci­dente de Amalec. Este histórico Josué fue quien sostuvo sus manos en alto y vio el res­plandor en el rostro de Moisés cuando éste trajo las tablas del pacto antiguo. Oyó también de boca de Moisés la lectura de la ley. Este Josué fue testigo de la inspiración del Pentateuco y recibió órdenes directas de Dios de no apartarse del libro de la Ley ni a diestra ni a siniestra. Introdujo al pueblo cantando el cántico de Moisés, compuesto para testimonio y conservado hasta hoy. Junto con Moisés había recitado él mismo las palabras del canto. Escribió sobre el mon­te Ebal en piedra a los ojos del pueblo una copia de la Ley de Moisés, e hizo cuanto le fue ordenado sin guitar palabra. Si la eviden­cia externa reconoce la historicidad de Jo­sué, pues de la mano de él está Moisés. No obstante, Trogo Pompeyo y Justino, siguien­do quizás tradiciones egipcias y fenicias, pues no bíblicas, habla de Moisés con cierta inexactitud. También el sacerdote historia­dor egipcio Ptolomeo Mendesio, además de Manetón constituyen evidencia externa acer­ca de Moisés.


Algunos ya refutados críticos del siglo pasado habían pretendido afirmar que el Pen­tateuco fue recién escrito por un escriba des­conocido en los tiempos de Esdras. Claro está que Buena a suposiciones malintencionadas. Tiempo ha que es un hecho el descubrimiento de que los fenicios no fueron los padres del al­fabeto, como se creía anteriormente y por lo cual se suponía que Moisés no pudo escribir el Pentateuco en sus días. Los fenicios recibieron el alfabeto de los semitas, lo cual has­ta se evidencia en los nombres de las letras que corresponden a palabras hebreas. Así que el argumento de los críticos que afirma­ban que el alfabeto no se conocía en ese tiempo se ha derrumbado. Vemos además en los salmos de David (el 103 por ejemplo), y en otros de Asaf, muy anteriores a Esdras, que se hace mención de los sucesos del éxo­do, de la ley y de Moisés; lo cual es el patri­monio más celosamente guardado de los is­raelitas. David no solo precedió a Esdras, sino también a la misma cautividad de Is­rael en Babilonia. El registro de la práctica sacerdotal de Israel es mucho más antiguo a lo que se pretendía atribuirlo. Se ha compro­bado ya que por lo menos en un mínimo de 300 años antes de Moisés y antes de que Israel hubiese sido llevado por éste al Sinai, existía el alfabeto entre los cananeos y hebreos. Tes­tigos son las tablillas halladas por F. Petrie de los obreros del Retenú. Las piedras del Serabit El-Chadem son ya antecesoras claras del alfabeto actual. El código negro de Ha­murabi es también claramente premosaico. Asi que está suficientemente claro que la es­critura en alfabeto era ya una realidad en la tierra del Sinaí en tiempos de Moisés. No ol­videmos tampoco que el mismo Moisés cita libros anteriores a él. Por otra parte recorde­mos que el registro extrabíblico confirma el éxodo patentemente con los descubrimien­tos de Nemberry, las pinturas con semitas la­borando en ladrillos. Los 430 años de escla­vitud parecen corresponder con el final de la época de Ramsés II, afamado constructor de ladrillos, en cuya época Israel sufrió el yugo de la esclavitud, de la que fue liberado luego, dejando la huella en los mismos ladrillos.


La inspiración de las sagradas escrituras judeo-cristianas se hace también patente al correr el tiempo y evidenciarse como aque­llos hechos eran además figurativos y analógicos perfectamente; eran apropiados ejem­plos de lo que seria la historia de las viven­cias de los creyentes del Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

 

Tenemos que repetir entonces que al observarse incluso los mitos, las similitudes de la historia verdadera con ellos han de mostrarse normalmente obvias; han de pare­cerse si provienen de un pasado común. De­cíamos que el mismo mito confirma el deta­lle autentico de la historia y que el mito corresponde a la psicología de los pue­blos porque ésta corresponde a su historia en cierta manera. La historia, pues, debe remon­tarse necesariamente tras sus propias huellas hasta el primero. Alrededor de la primera tradición histórica se formaron los mitos y las cosmogonías, que luego poco a poco fue­ron cediendo lugar a las cosmologías que serían precursoras de cierto tipo de humanis­mo. No seamos ciegos para no ver que la ser­piente hacia mientras tanto su trabajo. El ti­po griego de humanismo desarrolló un aspec­to de la lógica y de las ciencias naturales, aderezando así la mesa para la investigación moderna, pero pretendiéndose luego lastimo­samente, pasados ya unos buenos siglos, en­cerrar al universo separándolo de Dios. Fue entonces que con mucha sutileza el color de la historia derivó camuflado hacia la utópica fábula con que la serpiente engañó a Eva pro­metiéndole independencia. Hoy la misma mentira se nutre del lenguaje altisonante de cierta filosofía. El efecto sin embargo sigue siendo el mismo: La muerte. Pero Jesucristo introdujo la resurrección; he allí la gran dife­rencia!

 

El concepto de resurrección es mucho más antiguo al zoroastrismo con su maz­deísmo, dualismo y ciclos. Ya el rey David en el libro de los salmos había profetizado acerca de la resurrección del Santo de Jehová. Tal cita era usada por los apóstoles de Jesús para confirmar escrituralmente la resurrec­ción de Cristo, de la cual fueron testigos pre­senciales, fieles hasta el martirio. Zoroas­tro o Zaratustra fue apenas contemporáneo de Nabucodonosor de Babilonia y de Tales de Mileto, mal llamado padre de la filosofía; (el hombre siempre fue filósofo, aunque la expresión de su filosofía cambie de matiz se con la época). David fue anterior a Zoroastro. Podemos decir lo mismo con respecto al li­bro de Job, antiquísimo, donde éste declara su esperanza de un Redentor al cual verá en la carne después de deshecha esa su piel. Tal esperanza de resurrección es pues mucho más antigua que Babilonia y Persia. El profeta Isaías, que predijo la cautividad de Israel en Babilonia, antes de Zoroastro, había profeti­zado ya la resurrección. Diré, pues, que el concepto de resurrección es tan, pero tan an­tiguo, que se remonta al origen mismo del hombre. Ya Adán poseyó tal esperanza, pues él recibió la promesa de redención del mismo Dios desde el Edén y al mismo tiempo de la maldición. Si la trasgresión provocaría la muerte y ésta era el imperio de la serpiente, entonces cuando la serpiente fuese aplastada en su cabeza, su imperio seria roto. La resu­rrección ya estaba pues implícita en la pro-mesa de Dios al hombre hecha en el Edén. De alli parte la historia verídica de la raza humana y también el contexto del cual deri­varon los diversos mitos que fueron tomando con el tiempo carices diferentes, pero conte­niendo camufladamente las legitimas espe­ranzas y recuerdos del hombre desde sus albores. Cuando la familia de Jacob descendió a Egipto consideraba ya de importancia el Lu­gar del sepulcro de sus padres Abraham e Isaac. Por eso José hizo transportar sus huesos hizo transportar sus hue­sos a Palestina donde efectivamente fueron introducidos por Josué. Dios había prometi­do al mismo Abraham, y no solo a su simien­te, darle aquella tierra que será aquella donde se asentará la capital del Reino milenario del Mesías con la participación de los resuci­tados. Tal esperanza se ha ido definiendo en la humanidad, y la línea escogida por Dios para preservar el advenimiento de esa simien­te redentora que aplastaría la cabeza de la serpiente, conservó y recibió la revelación que fue creciendo y acumulándose hasta que la mies humana estuviera lista para la apari­ción de Jesucristo. Entonces éste dio cumpli­miento fehaciente con pruebas indubitables ante reconocidos testigos de esa esperanza humana de resurrección. Mostró al mundo las primicias de la victoria con su propia vida y resurrección, y entregó la garantía definiti­va de la resurrección a los hombres, quitando en ella la maldición de la tierra. La confirma­ción de la esperanza humana se arraiga sóli­damente en el hecho de la realidad cristiana.

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PERSPECTIVA DEL HOMBRE / 7

Por cristianogiv - 28 de Junio, 2006, 0:02, Categoría: General

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CAPITULO 7

 
RELACION HISTORICO - MITOLOGAL

 

 El Dios único y Verdadero, Yahveh Elohim, creó el cielo y la tierra. Este es el re­gistro inspirado de las Sagradas Escrituras he­breas; creencia corroborada además en cierta forma por la historia profana apoyada por la arqueología, la cual ha mostrado la subya­cencia de un Dios supremo en los antiguos misterios. Es el comienzo monoteísta de la historia. Aparte de los documentos inspira­dos y mosaicos del Génesis, historiadores y arqueólogos modernos tales como S. Lang­dom, Mallet, F. Petrie, Sayce, Wilkinson, Al­bright, demuestran basados en los documen­tos antiguos que la religión original y natural fue monoteísta. También historiadores anti­guos tales como Higinus, declaran que en un principio, antes de la hermenéutica de Cush, hijo de Cam, los hombres vivían sin ciuda­des, ni leyes y hablando un mismo idioma, hasta la distribución de las naciones por di­vergencias lingüísticas; reminiscencia de Ba­bel. La antropología moderna reconoce la creencia universal en un Dios supremo de las razas primitivas. La representación de las emanaciones del Dios supremos fue personi­ficada y luego apartada en cierto modo de él. Se dio así lugar poco a poco al politeísmo animista, al cual se unió la deificación mítica de los antepasados y fundadores. Se fue con­formando entonces así una galena de héroes que llegaron a ser titanes, especialmente en Grecia y luego Roma, cuyas figuras fueron entremezclándose entre si y atribuyéndose a unos y otros las cualidades de los demás.

 

La mentira de la serpiente sobrevivió al diluvio y quiso presentarse como la verdad original. El arte de escribir era ya una reali­dad en los tiempos antediluvianos. Cuando Dios puso señal en Caín demostró que era in­herente en la naturaleza humana la capaci­dad de descifrar. Han sido las tradiciones ju­días y árabes las que han atribuido a Enoc la paternidad de la escritura. Assur-Banipal, el famoso bibliófilo asirio antiguo, mencionó "escritos anteriores al diluvio". Beroso tam­bién registra la tradición del entierro de los documentos escritos en tablillas antes del di­luvio y desenterrados después. Wolley, Smith y Langdon han hallado tablillas pictográficas y sellos que llamaron antidiluvianos en Ur, Fara, y Kish, respectivamente. Sin embargo, la geología de modelo catastrofista presenta evidencias diluvianas muchísimo más convin­centes. El modelo actualista se ha quedado corto para explicar los fenómenos de la cor­teza terrestre y del fondo submarino.

 

El monoteísmo fue la religión universal primigenia de la cual obtúvose la idea de un Dios supremo que con el tiempo llegó a ser hecho el padre de los dioses, emanaciones primero y personificados luegos en mezcla con los héroes legendarios. Cush, el hijo de Cam, padre de Nimrod es el personaje histórico que aparece como responsable de la per­versión religiosa original a partir del diluvio. Es el quien aparece como intérprete y ense­ñador de la mentira encubierta de la serpien­te, tergiversando así el entendimiento origi­nal de los descendientes de los sobrevivientes del diluvio. Hermes, que significa hijo de Cam, es el mismo Bel fundador de Babilonia, el intérprete de los dioses. Después fue lla­mado Mercurio, confundido luego con el ti­tán Hiperión y con Jano, a quien se le repre­sentaba desparramando las naciones y con dos caras. En su honor se nominó al primer mes del ario como enero, puesto que él era el supuesto padre de los dioses. Sus hazañas fueron mitificadas y él y sus descendientes fueron deificados. A él se le atribuye, pues, el encausamiento original de la corriente her­mética o esotérica que alimentó la tradición ofita, gnóstica, templaria y rosacruz-masónica especialmente de los grados elevados y de rito paladio como el luciferiano de los ilu­minati entre los grandes druidas. Sin embar­go, no pueden atribuirse en justicia a este Hermes-Cush, hijo de Cam, los libros de Her­mes trismegisto: Poimandres, Asclepios, el li­bro sagrado de la virtud del mundo, y los frag­mentos a Tat y de Isis, Afrodita, y de las dis­gresiones. Un estudio de aquellos revela más bien la mano de un falsario alejandrino de la época de Constantino que toma el nombre esotérico de Hermes para conjugar su propio eclepticismo, mezclando ideas pervertidas del Génesis y Job con el platonismo griego de Plotino y la nomenclatura egipcia. Incluso su teología es, respecto del Verbo, de ten­dencia arriana. Vemos pues en Hermes tris­megisto la sutil mentira de la serpiente que arrastra al panteísmo que ya se vela en la Cá­bala y en el Bagavad Ghita, con lo cual el po­liteísmo justificaba su idolatría y se reenfo­caba alrededor de la serpiente.

Nimrod o Ninus, hijo de Hermes - Cush, estableció Babilonia y la religión pervertida de su padre. Los caldeos compartieron la ciencia y las matemáticas con Egipto. Egipto lo paso a Grecia, pues aquellas eran patrimo­nio de la religión. Testimonio de tal inter­cambio son Herodoto, Plutarco, Diodoro, Porfirio, Jámblico, Proclos; este Ultimo sos­tenía que Pitágoras había recibido la iniciaación en los misterios órficos de manos de Aglaofamos quien de Egipto poseía en Gre­cia las tradiciones traídas por Orfeo. Solón recibe la tradición de la Atlántida de manos de un sacerdote egipcio. El mismo Platón utiliza a Tot. Porfirio tenia correspondencia con Anebo. Los misterios órficos, la metem­psicosis, las matemáticas, el alfabeto jeroglífico y otras cosas eran trasfondo común de egipcios, griegos, indios y celtas. La religión de Babilonia Hegel a ser entonces la madre de los distintos sistemas de mitología, la boca de león. Ella fue sin embargo la mujer forni­caria que traicionó al esposo Dios verda­dero. Abandonó al Creador. Semitas y cami­tas, por motivos relacionados, estuvieron enemistados.

Ramas jafetitas y camitas emigraron al lejano oriente fundiendo sus corrientes. Los camitas señorearon en el sureste y suroeste; los jafetitas en el noreste y noroeste, y los se­mitas en el medio oriente. La filología ha descubierto similitud lingüística entre los pueblos asiáticos y los americanos precolom­binos. El lejano oriente y los esquimales son parientes. Las tradiciones antiguas de estos pueblos revelan que la mezcla jafetita-camita descendió sobre la América precolombina, principalmente desde el norte emigrando ha­cia el sur, y hermanando las civilizaciones de Egipto, la India, la China con las aztecas, mayas e incas. Desde América del sur se emi­gró a través del Océano Pacífico a las islas del sur y la Polinesia, en la legendaria trave­sía de Kon Tiki. Jafet, pues, predominó en Europa y Cam en Africa. Sem en la parte central de la tierra. El Dios verdadero, Yahveh Elohim, iría malentediéndose poco a poco por instigación de la serpiente y sus hijos, principalmente por la religion ofita que se asentó primero en Egipto, Etiopía y resto de Africa.

La primera dilusión fue hacia un simple y mero dios supremo, que era Amón en alto Egipto, Assur entre los asirios, Brahma entre los hindúes, Pijetao entre los zapotecas, Hu­nab-ku entre los mayas, Chuminigagua entre los chibchas, Atacuju Huiracocha entre los incas. Amón llegó a ser luego identificado con la serpiente y llegó a ser Nef en Tebas y Etiopia, y la serpiente emplumada Quetzal­coatl entre los aztecas, el cual era el Kukul­cán de los mayas. Así la serpiente se hizo adorar cual creador de hombres y dios de la vida, del firmamento y la agricultura. De la misma manera había sido personificado en Nimrod o Ninus y también en su padre, sien­do el trasfondo de Marduk o Merodach en­tre los babilonios, que era a su vez el mismo Zeus, Júpiter o Jove entre griegos y romanos, y Pachacamac entre los incas. Este no era más que el anterior Bel, Baal de babilonios, caldeos y fenicios. Por eso fue el Huiracocha inca el que castigó a los hombres con un di­luvio, según su versión; de lo cual había claro está otras semejantes relacionando el evento entre la generalidad de las mitologías. Todo ello no es otra cosa que huella de la historia verídica diluviana, en la que aparece el Noé histórico, hecho Xixutro en la epopeya de Gilgamesh, o Deucalión y Pirra sobrevivientes entre los griegos, y parientes de Prometeo, hijo de Japeto, nombre relacionado al Jafet noemita, del cual descendió el histórico Ja­ván padre de Grecia, mitificado en Heleno de los helenos y hecho titán con Océano, Palan­te y Estigia relacionados a las aguas. Noé fue también el Noh de los hotentotes de Sudáfri­ca y el Nu-u de Hawai, de quien reconocen descender los primeros y de quien la familia se salvo en el diluvio, según los segundos.

 

La noción del Dios verdadero fue pues pervertida a la de un mero dios supremo, el padre silente e invisible. Originalmente se creyó conforme a la verdad que tal Dios su­premo creó todas las cosas por la palabra; en­tonces el tema cosmogónico tendría lógica­mente que tratar también con el concepto de verbo, lo que también llegó a pervertirse al convertir las emanaciones en dioses de los oráculos y la elocuencia, identificados con el sol, primero allí representado, pero luego allí adorado haciendo al mismo sol un dios de gran importancia. Entonces se aceptó a la luna como hermana del sol, adorada luego como diosa, esposa y madre, reina del cielo . . . Del Dios trascendente se paso a un dios meramente inmanente convirtiendo al todo creado en dios: panteísmo. Este dios panteís­ta se aceptó entonces manifiesto en la crea­ción y adorado en los astros, en los héroes y en los animales. Pero además había una antigua promesa que era necesario acomodar. Dios había prometido verdaderamente a los hom­bres, según el proto-evangélico pasaje de Gé­nesis 3:15, una simiente redentora. La mito­logía misma había conservado rasgos del principio histórico feliz y de la caida. Esto lo demuestran las tablillas de barro de Ashur, Babilonia, Nínive y Nippur, las cuales hacen referencia a los hechos históricos. En medio de mitos deformados se yen huellas de la ver­dad auténtica. Tenemos por ejemplo expre­siones tan comunes y básicas tales como: "en el principio", "abismo primitivo", "caos de aguas", "expansión de arriba y abajo", "establecieron los cielos y la tierra", "for­mando las cosas", "ordenaron las estrellas", "hicieron crecer la hierba verde", "las bestias del campo, y el ganado y todo animal vivien­te", "formaron al hombre del polvo de la tie­rra", "fueron hechos seres vivientes", varón y mujer juntos vivieron", "compañeros eran", "en el huerto era su habitación", "ropas no conocían", "cesar de todo negocio se ordenaba", "día santo", etc. Todo esto muestra el rastro de la verdad de una historia necesaria, en medio de la mitología tejida a su alrededor.

 

Cuando murió Nimrod, su esposa Semi­ramis lo deificó. La comunicación animista y espirita era una práctica antigua, incluso antidiluviana. Ella llamó entonces a Nimrod "la simiente prometida". Con el tiempo llegó ella misma a ser su esposa-madre, siendo así deificada y hecha reina del cielo. Fue el ori­gen de la famosa dupla del hijo-esposo y la esposa-madre que se halla en tantas mitolo­gías y que se mezcla, como dijimos, con prácticas animistas ya de data antidiluviana, cuando los hombres tenían comercio con los demonios hasta el punto de la prostitución sagrada, que volvió a estar en apogeo entre los cananeos. Canaán era hermano de Cush. La tradición recogida en el libro de Enoc re­cuerda que Semyaza, jefe de Angeles, dirigió a éstos a tomar mujeres. Estos les enseñaron los encantamientos, el arte de cortar raíces y la ciencia de los árboles; es decir, la curande­ría que posteriormente derivó en la farmacia. Azrael enseñó a los hombres a fabricar armas y también el arte de los metales y de embe­llecerse con ellos adornándose, también pin­tándose, especialmente alrededor de los pár­pados con antimonio; les enseñó asimismo acerca de las piedras preciosas. Armaros en­señó como deshacer los hechizos. Baraquiel y Tamiel enseñaron la astrología. Kokabiel la interpretación de los presagios. Vemos pues que ya antes del diluvio los demonios in­tervenían en la historia de los hombres con quienes tenían trato a través de la magia. Por eso es que aparecen en los mitos dioses te­niendo hijos con reyes, y familias reales em­parentadas con los dioses. También nos re­cuerda la historia de los Nefilim. Quienes ejercían la magia, ayer como hoy, tenían el poder del mundo. Reyes, reinas y princesas eran asociadas a la familia de los espíritus. De allí que también "Babel" signifique ade­más de confusión "la puerta de un dios" (bab-il). Los demonios aprovecharon tam­bién la veneración de los antepasados, mime­tizándose allí en el culto de los héroes. Estos fueron entonces también divinizados y pues­tos en la galería de la magia. Comerciaban "dioses" y hombres y recrudeció la noche del politeísmo dinamizado por un demonis­mo que ya encuentra par en nuestra época, similar a la de los días de Noé. Adoráronse entonces las creaturas en vez del Creador. La serpiente satánica había logrado mucho de su propósito, revelado por el Espíritu de pro­fecía a través de Isaías y Ezequiel antes y du­rante la Babilonia de Nabucodonosor. La ser­piente apartaba tras si a la humanidad, ale­jándola del Dios verdadero.

 

La promesa de la simiente redentora fue plagiada también. Tenemos por ejemplo el caso de la Trimurti hindú. El dios supremo ahora llamado Brahma entre los hindúes tu­vo su primera emanación Brahman. La se­gunda persona de la Trimurti fue Vishnú con sus diez avatares o encarnaciones de las cua­les las más conocidas son la séptima rama, y la octava, Khrisna. El verbo fue pues conver­tido en hijo de los dioses, dios de los orácu­los, representado por el sol, según ya men­cionábamos, y así adorado. Cuando los hom­bres, como consecuencia de la panteización y el espiritismo, se elevaron a la categoría de dioses, aparecieron entonces multitud de te­mas mitologales relacionando las figuras del sol, el fuego y la fertilidad, con los héroes. Nino fue el Marduk o Merodach en Babilo­nia, y el Osiris en Egipto, fundador de Tebas y civilizador. No olvidemos que Nimrod o Nino fue el primer poderoso en la tierra. Fue pues Mazda u Ormuz en Persia, con su hijo Mitra, llamado también así el sol

Tambien llamado Sury, esposo de Aurora. El mismo Ra en Egipto, Sha-mash en Asiria, Tamuz en Babilonia, Apolo y Feho entre griegos y romanos respectivamente, Beleno entre galos, Baldier entre nórdicos, Copicha entre zapotecas, Kinichagua entre mayas, Bochica entre chibchas, Inti entre los incas. Beleno fue el mismo Helios. Este fue pues el mismo personaje-sol entronizado nacido en los albores de Babel.

 

El dios sol fue también relacionado al fuego y llamado Ftah en la trinidad egipcia. Fue el mismo Logi nórdico, Nina incaico y Huhxeteotl de los teotihacanos. Igualmente fue relacionado a los orácu­los y así se le llamó entonces Apolo, Febo, Helios, Esus (galo), Bragi (nórdico), Catequil (inca). Se le relacionó también al trueno y la fuerza, y entonces fue llamado Odín entre los nórdicos con sus descendientes Donar, Thor, tor. Este Odín fue también dios de la guerra. El dios trueno incaico fue Illapa y el guaraní Tupá.

Se asociaban, pues, las ideas de un dios supremo a la de su emanación, y ésta repre­sentada como personificación en el sol y allí adorada; entonces como dios oracular, del fuego, el calor, la fuerza y la guerra. Al de­sembocar en la guerra, brotan multitud de formas relacionadas ahora no solo con el sol, sino también con sus planetas, especialmente Marte, el cual es Mivorte, relacionado a la guerra. Es el mismo Huitzilopochtl de los az­tecas del sur, Ekahau de los mayas, Epuna­mun de los araucanos y Ancayoc inca.

 

El Huitzilopochtl de los aztecas sureños, por ejemplo, no solo se asocia a la guerra sino también al cielo diurno. Por lo tanto vemos la asociación entre la guerra y el mismo sol, lo cual veladamente deja entrever al que está entre bambalinas. La guerra y el sol se asocian también en Odín y los ases nórdicos. Este Odín es también Wodín y Wotán. Entre los griegos tenemos a Ares y entonces Eris, cortejo de Marte. Quirino es entre los roma­nos el preparador de la guerra y el mismo Cá­mulo entre los galos; es Karkikeya, hijo de Siva. No solo dioses, sino también diosas tuvo la guerra; tales como Discordia entre los griegos.

 

Los dioses tenían sus esposas y hermanas y esa es la razón por la que también la guerra tuvo sus diosas. Allí tenemos pues a Ishtar, esposa de Marduk que es Friga, esposa de Odín, y Belona, hermana de Marte, entre los romanos. La guerra, obviamente, debido a la estrategia y a la disciplina llegó a asociarse con las artes y la sabiduría, con el rayo y hasta con el mismo cielo. Tenemos ejemplos en Indra de los hindúes y en Minerva que es la misma Palas o Atenea greco-romana.

 

Cuántos sustitutos de Dios fue presen­tando Satanás. Su intención anticristo ya se ve en su tergiversación de la promesa edénica acerca de la simiente de la mujer. La palabra divina decía: "La simiente de la mujer herirá en la cabeza a la serpiente". Esta, entonces, tenia que defenderse haciéndose pasar por la mujer. En muchos casos apareció mitad mujer, mitad serpiente, como es el caso de Equidna y la Cihuacoatl de los aztecas.

La reina Semiramis, esposa de Nimrod, llegó entonces a usurpar el papel de la mujer, deificada luego como la reina del cielo. Ella fue la Isis de los asirios y egipcios también como Ishtar. Que es la misma Astarté de los fenicios y Athor egipcia. En Grecia es Afro­dita y entre los romanos Venus; entre los nórdicos es Iduna y entre los mayas Ixazalu­ca. Es la misma Bachué entre los chibchas y Quilla entre los Incas.

 

Como tal llegó a ser identificada como la hermana del sol y como su esposa, diosa de la luz. La Hathor egipcia equivale pues a la Anaitis de los persas y armenios, a la Ama­terasu del Japón, a Belisana entre los galos, a Coyolzauqui de los aztecas y a Ixchel entre los mayas. Siendo identificada con la luna fue pues la diosa Luna que es la misma he­chicera Hécate, llamada también Febe, Sele­ne, Diana, Artemisa y Chía de los chibchas.

 

Vemos, pues en las bases de todas estas mitologías un parentesco asombroso que se debe obviamente al pasado histórico común de los pueblos que fueron emigrando a lo largo y ancho de la tierra a partir de la Meso­potamia, cuna de la civilización. El tema cen­tral de la dupla hijo-esposo y esposa-madre se derivó como perversión de aquella profe­cía divina registrada también en el Génesis bíblico donde Dios le promete a Adán una simiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente. La familia camita y en espe­cial Cush y su hijo Nimrod, con su esposa Semiramis, los primeros poderosos de la tie­rra, cazadores y guerreros, son quienes apa­recen como la influencia principal en la des­viación de la revelación original y monoteísta.

 

Quizás la madre de Cush, esposa de Cam, sobreviviente del diluvio, influenció en su hijo poniéndolo en contacto con la inter­pretación cainita y ofita antediluviana. No olvidemos tampoco la curiosa noticia de la supervivencia y desentierro de tablillas de que nos hablan Asur-Banipal y Beroso. Caín ha sido el héroe ofita y antes que él su dios ­serpiente quien pretendió abrir los ojos de los hombres con el conocimiento del bien y del mal para hacerlos dioses.

 

No obstante la perversión, el monoteís­mo de Seth, Enoc y Noé, padre de Sem, rea­vivado y conservado desde Abraham, se abrió paso de nuevo en especial a través de Israel y principalmente mediante la divina in­tervención por los profetas hebreos. De allí nos llega la buena nueva. A ellos fueron con­fiadas las sagradas escrituras. A alguien debían de haberle sido confiadas y fue a este rema­nente. El mismo grueso de Israel cayó de nue­vo en la idolatría por lo cual fue llevado cauti­vo a Babilonia donde se definieron los espíritus. Unos, el remanente de Judá, retornó a Je­rusalén aferrado, ahora sí de una vez por to­das, a la revelación original; otros derivaron en la herejía y eclecticismo dando lugar a la Cábala, especie de plagio de las teogonías del paganismo circundante. La misma teogonía caldea había reverdecido con los neoplatóni­cos y casi sienta de nuevo sus reales en los tiempos de Juliano el apóstata. La teurgia de los oráculos caldeos fue conservada por Jám­blico. El Sefer Yetseirá, primera parte de la Cábala, influyó a su vez a los griegos, a los gnósticos y a los sufíes. Está emparentada al Talmud, como lo reconoce el rabino Loeb. La "Gran exposición" de Simón el mago, y el código nazareno, son también influencia­dos por la Cábala. Esta paso pues al gnosti­cismo; también a los joanistas y templarios. De allí llega a la masonería que se esconde detrás del socialismo y es manejada desde la logia del Gran Oriente bajo el B'nai B'rith, que reúne las internacionales judaicas a la ca­beza de lo cual se halla la dinastía Rothschild desde el siglo pasado. Aun el mismo nazismo esotérico, mediante la orden de Thule ha es­tado ligado a la Aurora Dorada, que es el co­vent privado de la Dinastía Rothschild, la cual es el tribunal supremo de la sociedad lu­ciferiana de los iluminati, según testimonio del ex-druída Lance Collins, y cuyo propósi­to es la entronización del Anticristo.

 

A pesar de todo, la providencia divina proveyó para que el cumplimiento auténtico de su promesa se diese en Jesucristo, quien con su resurrección histórica venció a la muerte aplastando el imperio de la serpiente. La serpiente ha sido aplastada en la cabeza. La Simiente de la Mujer, el hijo de la Virgen, Emanuel, recibió en la Cruz su herida en el calcañar, con lo cual nos redimió pagando el precio de nuestros pecados y sufriendo el castigo por nosotros y a nuestro favor. Es la hora cuando la autentica Jerusalén de Dios se levanta para desplazar a Babilonia. Esta que se levantaba de la tierra para desafiar al cielo es condenada a la ruina y a la desola­ción. Pero aquella que desciende de lo Alto, cuyo Arquitecto y Constructor es Dios, pre­para su asiento como capital universal sobre el Monte de Sión.

 

De Jesucristo brota un cristianismo pu­ro, dinámico, evangélico y apostólico que se conserva por el Espíritu, a través de la histo­ria, mediante el remanente de los mártires. Este desenmascara las artimañas de la ramera babilónica que se disfraza de cristiana, pero fornica con el paganismo y la magia y con los poderes del mundo. Ramera que se sienta sobre los estados es esa misma que ha pacta­do con la serpiente. El pacto de los hijos de Ignacio de Loyola y la masonería se inició en 1.925 con Gruber, Berteloot y 0. Lang, K. Reichl y E.Lenof. Hoy existe más de un cen­tenar de altos clerigos romano papistas en las filas de la masonería.

 

Rastreadas la teología liberal y moder­nista y la filosofía existencialista resultan ser también hijas de la misma serpiente. De igual modo acontece con el pseudo-humanismo y el comunismo que Marx recibió por M. Hesse y Levi Baruch a través de la judiomasonería bajo la direction de A. Pike y con el endoso de los Rothschilds. Tambien Trosky y Lennin eran altos grados masónicos. Los prometeos de los últimos tiempos se han expuesto Co­mo cómplices del diablo en motivación. El contenido antimetafísico de cierta filosofía es una creencia de transición que busca una fachada científica para la rebelión luciferia­na. Pero esta transición busca desembocar claramente en la adoración al dios de la ma­sonería de alto grado, Lucifer. Zbigniew Brze­sinski, eminencia gris y entre bambalinas de la elite del mundo, acaudilla sagazmente a la crema y nata del globo hacia la consecución del gobierno mundial de estilo draconiano.

 

¡Pero Jerusalén se ha levantado! ¡Jesu­cristo vuelve! ¡La herencia es de los Santos del Altísimo! ¡Babilonia está sentenciada a la triste ruina y a la desolación! ¡Lucifer, el dios de la masonería cabalística, la boca del león de la bestia apocalíptica, aquel que ali­menta el engaño del mundo con corrientes de implicación ofita para sus intereses hege­mónicos, ha sido aplastado! ;La Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado y Su Espíritu de Resurrección nos sustenta para llevar a cabo el propósito divino de poseer al hombre en comunión para ser a su vez por el conocido, contenido, expresado y represen­tado cual familia Jerusalémica que prepara su diafanidad para dar lugar al resplandor de la Gloria de Dios! "Todo aquel que invocare el Nombre del Señor será salvo".

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Si desea consultar otros blogs del mismo autor, puede verlos en:

http://cristianogiv.zoomblog.com  "Gino Iafrancesco V."

http://exegiv.zoomblog.com         "Escritos exegèticos".

http://filosofiagiv.zoomblog.com   "Escritos filosòficos".

http://poemasgiv.zoomblog.com   "Escritos poèticos".

http://givevangelio.multiply.com   "Canciones de Gino Iafrancesco V."

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ENCARANDO ASPECTOS BRANHAMITAS / 1

Por cristianogiv - 27 de Junio, 2006, 14:00, Categoría: General












ENCARANDO

ASPECTOS

BRANHAMITAS



Examen de las doctrinas del
Movimiento originado con
William Marrion Branham


por:   GINO IAFRANCESCO V.

Encarando Aspectos Branhamitas
Examen de las doctrinas del Movimiento originado con William Marrion Branham.
© Gino Iafrancesco V.
Ciudad del Este, Paraguay. 1983.
Los derechos son del autor. Se permite la libre reproducción total del presente documento y su distribución gratuita, con la única condición de citar la presente fuente, para que se pueda comprobar la fidelidad del texto.
Edición autoral.
Cris✞ianía ediciones.
E-mail: cristianiaediciones@yahoo.com.mx
Impreso en Colombia.
Sistemas: Arcadio Sierra Díaz.
Clasifíquese: Heresiología.

CONTENIDO

Prefacio 

Capítulo     Título               

I        Sucinto resumen biográfico
II       A la par de los hechos   
III      Alrededor de los oráculos
IV      Niveles distintos en el mensaje
V       La cuestión de Elías   
VI      La caída, el sexo y la mujer
VII     La divinidad   
VIII    El alma y el infierno 
IX      La apertura de los sellos
X       Escatología   
XI      Breve reseña de la difusión del branhamismo 
XII     Apéndice Documentario   


PREFACIO

El presente libro de Gino Iafrancesco V., titulado: "Encarando Aspectos Branhamitas", es el resultado de la experiencia del autor, después de haber pasado por el branhamismo durante sus primeros años de vida cristiana; por la gracia de Dios, el autor percibió los errores y se retractó en forma oral y escrita poco después.  Se escribió este documento con el expreso propósito de ayudar a los que se encuentran en la situación en que estuvo el autor antes de su retractación. También se dirige a todas aquellas personas interesadas en el campo de la heresiología.
Este libro comenzó a ser escrito en Ciudad del Este, Paraguay, en febrero de 1981, y terminó de ser escrito en la misma ciudad, en agosto de 1983.  Los documentos que van en el apéndice, llevan cada uno su propia fecha.
El libro tuvo una circulación internacional en formato rústico; esta es la primera edición de imprenta.


Capítulo I

SUCINTO RESUMEN BIOGRÁFICO

 
William Marrion Branham nació el 6 de abril de 1909 en Burkesville, Kentucky, Estados Unidos de América. Contaba él que el día de su nacimiento, según le refirieron sus familiares, una luz entró por la ventana de la humilde cabaña y reposó sobre su cabeza, asombrando al vecindario. Su padre, de apellido Branam, que luego cambió en Branham, siendo su primogénito William Marrion el primero en llevar tal apellido, era de ascendencia irlandesa; su madre era de ascendencia cherokee, de la reserva indígena. William Marrion Branham desde niño, aún antes de su conversión a Cristo, tuvo visiones de las cuales él sostenía que todas tuvieron cumplimiento. Ver visiones y escuchar voces fue lo normal en toda su vida hasta la muerte. Su último hijo, José, dio indicios también de la misma capacidad, cosa por la cual, algunos de los posteriores seguidores de William Marrion Branham esperaban que José continuara la obra de su padre.
En septiembre de 1916, a la edad de 7 años, cuenta William Marrion Branham que estando descansando un momento del trabajo en casa, bajo un árbol, oyó moverse como por un remolino de viento las hojas de éste, y una voz le habló diciéndole que se abstuviera del alcohol y del cigarrillo y de deshonrar su cuerpo en alguna manera, pues habría una obra para que él hiciese cuando llegase a mayor edad; once años después, en septiembre de 1927, a la edad de 18 años, dejó su casa y se marchó al 0este, a Jeffersonville, Indiana, la ciudad donde después se levantaría el Tabernáculo Branham, lugar donde W. M. Branham escogía predicar sus principales mensajes. Un año después de llegar a Jeffersonville, en 1928, se convirtió a Cristo, no sin antes haber experimentado una adolescencia sufrida y también acompañada de visiones y experiencias espirituales esporádicas. Inicialmente se reunió con los bautistas y al poco tiempo de convertido comenzó a pastorear un grupito. Después de un tiempo se separó de los bautistas por haberse negado a ordenar mujeres, y permaneció independiente sin afiliarse a denominación alguna, aunque poseía una tarjeta de los Hombres Cristianos de Negocio del Evangelio Completo.
El 16 de Junio de 1933, mientras se hallaba bautizando a unos conversos en el río Ohio, en Jeffersonville, un bólido de fuego se posó sobre su cabeza, lo cual causó conmoción entre los presentes y fue anunciado en el periódico; noticia que recortó Lee Vayle, doctor en teología, quien luego se uniría al movimiento branhamita, defendiendo su causa. W. M. Branham sostenía que así como Jesús había escuchado en el Jordán la voz del Padre identificándolo como Su Hijo Amado, en Quien tenía complacencia, así también él había escuchado desde el bólido de fuego una voz que le decía que así como Juan el Bautista había sido enviado como precursor de la venida de Cristo, así él y su mensaje precursarían la segunda venida. Tales palabras se repitieron varias veces y en varias ocasiones en forma de profecía en diversas reuniones donde Branham estaba ministrando. El evento del río Ohio sirvió de referencia después para algunas interpretaciones por las que algunos llegaron a afirmar, oyéndolo personalmente yo, que aquello había sido la encarnación del Verbo en William Marrion Branham. En ese mismo mes de Junio de 1933, William Marrion Branham recibió las famosas siete visiones mayores que él sostenía le fueron dichas como cosas que debían ocurrir antes de la ya cercana segunda venida del Señor Jesucristo. Una de ellas tenía que ver con la invasión de Mussolini a Etiopía, y la posterior muerte del dictador fascista. Otra tenía que ver con el levantamiento de Hitler, el cual llevaría al mundo entero a una guerra mundial; en la visión aparecía la derrota americana de la línea Sigfrid/Maginot.
Otra visión hablaba del levantamiento del comunismo a partir de Rusia, el rey del norte, el cual absorbería al nazismo y al fascismo.  Una más hablaba del progreso científico, del transporte a control remoto, y de la forma progresiva de los autos asemejándose a un huevo. Otra visión habló de la degradación moral en que caería el mundo, y el desnudismo que haría presa de las mujeres. La sexta visión hablaba del levantamiento de una mujer dictadora, bella y cruel, en los Estados Unidos de América. La última y séptima visión mostró explosiones, cráteres, fuego y devastación por todo el territorio de su nación. Estas visiones se dieron a conocer antes de su cumplimiento, y hasta el día de hoy (escribo en 1981) no se han cumplido todas. W. M. Branham pensaba que para 1977 ya todas estarían cumplidas. Las reiteradas menciones del año 1977 de parte de Branham, hicieron creer a muchos que en ese año sucedería el rapto de la Iglesia. Otros decían que tres años y medio antes. Se tejieron varias conjeturas alrededor de tal año, sin embargo Branham mismo no aseguró en forma de profecía que tal cosa fuera necesariamente así; lo declaró simplemente como una opinión predictoria personal, advirtiendo que aunque creía hablar con inspiración, no debía tomarse como profecía, ni decirse en su nombre que él decía que Jesús volvería en tal año.
No obstante las advertencias, muchos fijaron fechas, ya en abril, ya en septiembre, ya en noviembre. Pero pasado ese año y los siguientes, aquellas interpretaciones fueron acomodadas, de la misma manera como adventistas y "testigos" ruselistas en el siglo pasado y a principios del presente siglo XX, acomodaron las abortadas predicciones de Miller, el cual honestamente se retractó; luego Russel y Rutherford predijeron otras fechas; los seguidores sin embargo buscan muchas veces remendar el asunto ante la angustia de sus propias conciencias. William Soto Santiago, que usó citas de W. M. Branham para presentarse como el precursado por éste y como el Mesías en Su segunda venida, prometió la translación para 1977; luego "espiritualizó" la interpretación y pretendió introducir el Milenio "espiritualmente", presentándose como el Hijo de David, Rey de reyes y Señor de señores, recibido con hosanas y alborozos por sus seguidores en Puerto Rico y diversas ciudades de Latinoamérica. El 22 de junio de 1934, un año después de las siete visiones y la aparición del bólido de fuego, W. M. Branham se casó en Jeffersonville con Hope Brumbach, de la cual le nacieron Billy Paul el 13 de septiembre de 1935, y Sharon Rose el 27 de octubre de 1936. En noviembre de 1936, Branham profetizó la inundación del río Ohio, la cual ocurrió en julio de 1937, y en la cual murieron Hope, su esposa, y Sharon Rose, su hija. W. M. Branham lo interpretó como castigo del Señor por no haberle obedecido cuando un tiempo atrás había asistido a una convención de los "Sólo Jesús" y había sido invitado a predicar a partir de aquella ocasión por todo el país.
El 25 de octubre de 1941, Branham se casó de nuevo en Jeffersonville con Meda Broy, de la cual le nacieron Rebeca el 21 de marzo de 1946, Sarah el 19 de marzo de 1951, y José el 19 de mayo de 1955, quienes junto con Billy Paul le sobrevivieron a su muerte. Preocupado William Marrion Branham porque muchos ministros del evangelio le decían que sus visiones y experiencias sobrenaturales eran del diablo, se apartó a un lugar para orar a Dios y para pedirle que aquellas cosas le fueran quitadas o explicadas; entonces, la noche del 7 de mayo de 1946, la misma fecha en que nacía el Estado de Israel, cuenta él que le apareció un ángel con el cual tuvo una larga conversación y el cual le explicó su comisión diciéndole que era enviado para llevar un don de sanidades a las naciones, para lo cual le sería dada una señal en la mano para detectar las enfermedades; y que si se mantenía fiel llegaría a conocer los secretos de los corazones. El ángel, decía él, le dijo que la segunda señal era para anunciar la segunda venida de Cristo con la manifestación del Hijo del Hombre como fue en los días de Lot, en los cuales, antes de la quema de Sodoma y Gomorra, Dios se apareció en carne a Abraham. A partir de aquella fecha, comenzaron las grandes campañas de sanidad divina de Branham, siendo la primera en St. Louis Mo., en mayo del 1946; de allí pasó a Phoenix, Arizona, en 1947 y 1948, predicando y dando su testimonio, contando sus experiencias y orando por los enfermos. Durante 1949 tuvo grandes campañas en Minneapolis, Minesota, y en 1950 en Cleveland, Ohio. A comienzos de ese año, el 24 de enero del 1950, en Houston, Texas, fue tomada la famosa fotografía certificada por George Lacy, examinador de documentos dudosos del F.B.I., en la cual aparecía un halo de luz sobre la cabeza de W. M. Branham. La foto fue tomada por un fotógrafo de apellido Ayers durante una polémica pública sobre el tema de la sanidad divina, sostenida por el Dr. Best, bautista, y el Dr. Bosworth, en el estadio de Houston, de lo cual la prensa dio amplia información.
Muchos se inspiraron en el ministerio de W. M. Branham para sus campañas de sanidad, y salieron haciendo lo mismo por todas partes. Entre los nombres más sobresalientes están Orals Roberts, Tomy Hicks y Tomy 0sborn, quien llegó a afirmar en un artículo escrito haber visto a Dios manifestado en carne como en los días de Jesús de Nazareth, obrando a través del evangelista Branham. Éste tuvo también resonantes campañas de sanidad en la India y en el África, donde desafió a los líderes religiosos musulmanes shiitas y de otras religiones, a sanar enfermos y deformados para demostrar la verdad de su religión. William Marrion Branham demostraría en cambio la verdad de Jesucristo, sanando en Su Nombre, a la vista de todos, a un ciego, o a un conocido deforme, lo cual fue hecho. Muchos le compararon con Elías en el monte con los profetas de Baal. La campaña de Sudáfrica fue en octubre de 1951; la de Bombay, India, en septiembre de 1954; ambas tuvieron amplia asistencia y numerosas confesiones de fe que fueron la mayoría canalizadas a organizaciones pentecostales. Willíam Marrion Branham también viajó a Londres donde oró por la sanidad de Florencia Nightingale, a punto de morir, la cual era nieta de la fundadora de la Cruz Roja Internacional. Ese mismo año, 1950, viajó a Helsinski, Finlandia, donde a la vista de soldados comunistas resucitó en el Nombre del Señor Jesucristo a un niñito atropellado por un automóvil; decía que las lágrimas corrían de los ojos de los soldados, a quienes les instó a creer. En 1955, en el mes de mayo, estuvo en Laussane, Suiza. En 1959 viajó a Puerto Rico; también recuerda un viaje a México. Sin embargo, la mayoría de sus predicaciones y correrías fueron dentro de su propia nación. Su itinerario sinóptico se encuentra en un libro titulado: "Huellas sobre las arenas del tiempo", publicado por Spoken Word. Tuvo series notables de reuniones en Jeffersonville, Jonesboro, Conersville, Chicago, W. Palm Beach, Phoenix, Louisville, Los Ángeles, Brighamton, Macon G/a., N. Hollywood, Shreveport, Oklaoma, Edmonton, Waterloo, Middletown, S. José (California), Tulsa, Beaumont, South Gate (Cal.), Tucson, Hot Spring, Bakerfield, Tulare, Dallas, Tampa, etc. Sus principales temas hasta 1963 fueron, sin embargo, abordados en Jeffersonville, donde se consideraba en casa. En los demás lugares repetía los temas de sus mensajes en Jeffersonville, y procuraba adaptarse a las condíciones locales.
A partir de 1963 hasta 1965, el año de su muerte, decidió predicar sus mensajes importantes en cualquier lugar, pues estos eran grabados y algunas veces formaban series. Generalmente hablaba más para la audiencia invisible de los casetes que para la visible de las congregaciones. De tales grabaciones se obtuvieron sus folletos y libros, acerca de los cuales se pedía la mayor fidelidad; por tal causa, la mayoría de las lecturas no son sistemáticas y es necesario cotejar y seguir el itinerario del mensaje en orden de fecha para comprender mejor la evolución de su pensamiento. Él mismo consideraba su ministerio dividido en tres etapas. Asignaba la primera etapa a su época de campañas de sanidad, cuando ejercía públicamente el don, que le fue dicho por el ángel, en su mano. La siguiente etapa la asignaba a la época en la que había comenzado, sin necesidad de tomar la mano, a discernir los secretos de los corazones de la gente, sus enfermedades, nombres, lugares de procedencia, conversaciones íntimas. Decía él que esta era la espada de la Palabra, más penetrante que toda espada de dos filos, que discierne los pensamientos e intenciones del corazón; y decía también que era la señal del Hijo del Hombre manifestado. Igualmente sostenía que rechazar o burlarse de aquello, era lo que consistía una blasfemia contra el Espíritu Santo. En alguna ocasión, en un mensaje titulado "Acusación", en 1963, acusó a la generación de ministros contemporáneos a él como blasfemos y perdidos. En su mensaje "Almas encarceladas hoy", dado según dijo él, presumiendo, la puerta de la gracia se había cerrado. Según él, en ocasión de una visita a Chicago, el tiempo de América para un avivamiento había llegado a su fin en el año 1956. La tercera etapa de su ministerio sería pues a los perdidos. Fue una etapa largamente esperada, de la cual dijo estar en funcionamiento anticipado, dando como ejemplo algunos milagros efectuados por el simple hablar de la Palabra. El Ángel le había declarado, según él mismo contaba, que la tercera etapa no sería un espectáculo público como las dos primeras. A la etapa final, W. M. Branham la consideraba la de los misterios, la Palabra y la apertura de los sellos en la cúspide de la pirámide. Esto lo hacía considerándose a sí mismo como el séptimo ángel que aparece en Apocalipsis 10:7, en cuyos días el misterio de Dios sería consumado.
A fines de1962 anunció en su tabernáculo, según una visión, la venida de una nube de ángeles, lo cual testificaba que aconteció el 28 de Febrero de 1963 en el Monte Sunset de Arizona mientras estaba de cacería con Fred Sothman y Gene Norman. Ese mismo día se formó en la atmósfera una nube especial fotografiada por el observatorio de Flastag, Arizona, y publicada en las revistas "Life" y "Science" del 17 de mayo y 19 de abril de 1963 respectivamente. El movimiento branhamita aplica la aparición de la misteriosa nube, en la que muchos hemos visto la similitud del rostro de Jesús, a la formación de ángeles que descendieron en aquella ocasión para comisionar a W. M. Branham que estaba en Arizona, a regresar al Este, a Jeffersonville, donde regresó a predicar "La revelación de los siete sellos", cuyos mensajes, Branham sostenía haber recibido en revelación directamente de una voz desde la columna de fuego en su cuarto de oración. Del 17 al 24 de marzo de 1963, cada noche predicó acerca de un sello. A tal ocasión la identificó en parte con el séptimo sello, la segunda venida de Cristo, por lo cual muchas personas, aún después de la muerte de Branham, y en especial a partir de 1974, consideraron el asunto como la segunda venida de Cristo a la tierra para reclamar a sus escogidos, manifestado con un nombre nuevo: William Marrion Branham. Fue principalmente en Latinoamérica, partiendo de Puerto Rico, donde influenciados principalmente por la interpretación de William Soto Santiago, respaldado por Óscar Candelario, Adalberto Pérez y Miguel Bermúdez, que tal movimiento halló cause entre seguidores de Branham, entre los cuales yo mismo estuve personalmente hasta cierto punto y luego me retracté.
A medida que pasaba el tiempo, William Marrion Branham se sentía cada vez más solo y menos respaldado por aquellos ministros denominacionales que inicialmente le habían respaldado en sus campañas de sanidad. Él lo atribuía a la Palabra, diciendo que desde que había empezado a manifestar más abiertamente sus convicciones personales acerca de la Palabra, había sido abandonado. Por su parte, los ministros en las denominaciones o fuera de ellas comentaban que aunque W. M. Branham era un profeta cuando estaba bajo la unción, sin embargo sus enseñanzas doctrinales adolecían de errores. Otros, como Jack Moore, aunque no concordaba exactamente con su doctrina, siempre le daba plena libertad de expresión en su grupo del "Tabernáculo de Ia Vida" en Shreveport, Louisiana. Así que en realidad algunos le declaraban diabólico y falso profeta; otros, siervo de Dios, pero con algunos errores (entre los cuales estoy yo), y otros le declaraban directamente Dios manifestado en carne, Jesucristo encarnado, de interpretación bíblica prácticamente infalible. Cada cual tenemos nuestro argumento. En1961, sin embargo, W. M. Branham se vio obligado a amenazar con abandonar el ministerio, pues se había levantado entre sus seguidores un movimiento que lo consideraba o confundía con Jesucristo; llegando algunos a bautizarse en su nombre; pero después de haberles dicho con mucha tristeza que ellos estaban equivocados, y después de hablar personalmente con algunos de ellos, a la semana siguiente continuó sus predicaciones.
Regresaba W. M. Branham de una gira hacia Jeffersonville donde tenía planeado predicar un mensaje largo sobre "el rastro de la serpiente", cuando le sorprendió en el camino un accidente carretero a consecuencias del cual murió pocos días después, el 24 de diciembre de 1965. Su familia se negó a enterrarlo por bastante tiempo. Algunos otros creían que él iba e resucitar, e inclusive se difundió la doctrina de que él debía resucitar para cumplir la visión de la carpa que mostraba quedar inconclusa. Muchos le esperaban aún guardando para él los diezmos, y negándose a aceptar otros ministerios aparte de las grabaciones de W. M. Branham. Una de las razones de tal expectativa era las reiteradas declaraciones de Branham en el sentido de que volvería a correr ese camino otra vez; lo anunció como una promesa.
Años más tarde, alrededor de 1976, William Soto Santiago, en Puerto Rico y por Latinoamérica, dio a entender que aquella promesa era cumplida en su ministerio, siendo Soto el anunciado, y originando la costumbre de reunirse en carpas para dar la apariencia de cumplimiento a la visión inconclusa. Permitiéndolo el Señor, sobre algunos de los tópicos tocados hasta aquí, y sobre otros, nos explayaremos un poco más adelante, para registro y mejor comprensión del movimiento branhamita. Hasta aquí meramente un sucinto resumen de la vida de William Marrion Branham. ☐

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ENCARANDO ASPECTOS BRANHAMITAS / 2

Por cristianogiv - 27 de Junio, 2006, 13:58, Categoría: General


Capítulo II

A LA PAR DE LOS HECHOS


Habiendo en el sucinto resumen biográfico del capítulo anterior mencionado algunos hechos sobrenaturales, me ha parecido necesario presentar a la par, en honor de la fe personal, algunos otros hechos, los cuales juzgo conveniente tener presentes cuando se consideran asuntos sobrenaturales. Lo que he relatado son simplemente hechos, hasta donde mejor los conozco yo, por contacto directo, conversaciones con involucrados y/o lecturas referentes al tema tratado. Cuando apenas hago simple mención de hechos sobrenaturales, o que por lo menos tienen esa apariencia, no lo hago juzgando el hecho en sí, es decir, declarándolo correcto o incorrecto, sino simplemente presentando la evidencia histórica y neutral de su realidad objetiva. Son hechos encontrados, interpuestos en nuestro camino para ser afrontados, y al relatarlos, no estamos necesariamente tomando ningún partido, ni a favor ni en contra. Por el momento apenas estamos considerando lo que ocurrió. Eso no significa, sin embargo que el autor de este escrito no tenga un punto de vista en particular; significa más bien que prefiero presentar el asunto de la manera más honesta que me sea posible, para dejar al lector pronunciarse personalmente. Ocasionalmente, pues, expresaré mi opinión personal (como es el caso que me ocupa en este capítulo, en lo relacionado a eventos sobrenaturales de cualquier índole), por razones de conveniencia, es decir, para que los hechos sean juzgados con mayores elementos de juicio.
Giovanni Papini, en su supuesta traducción de las cartas del inexistente papa Celestino VI, apela contra el "pilatismo” de los historiadores que meramente relatan hechos sin pronunciarse acerca de ellos. Yo personalmente tampoco soy amigo de lavarse las manos cuando es necesario tomar partido; pero lo que quisiera más bien decir es que no siempre hay sólo dos partidos; es decir, no sólo es correcta una respuesta cuando se dice llanamente "sí", o cuando se dice llanamente "no". También puede ser correcta una respuesta que diga en honesta expresión simplemente "quizás", o simplemente "no sabría qué decir". Puede ser correcta la siguiente respuesta: "Tengo la pregunta pendiente delante del Señor, y estoy esperando en Él". Esa es mi respuesta en algunos casos y en lo relacionado a algunos respectos; otras veces mi respuesta es "sí", y otras definitivamente "no". No me parece inapropiado hacerlo así; al contrario, me parece prudente, pues si soy del Señor, nada de malo hay en que le pregunte acerca de todo lo que viene delante de mí, pues así, siendo Cristo hecho por Dios Sabiduría para los cristianos, puede Él confirmar lo que sea Suyo, exponer lo que sea meramente humano o hasta satánico, y discernir lo aprovechable entre lo desechable. Mi problema consistiría más bien en no sujetarme lo suficientemente a Cristo y en no esperar verdaderamente en Él. Allí radica, creo yo, la responsabilidad principal de cada uno. Desechamos, pues, juntamente con el "pilatismo", al "dogmatismo", procurando ubicarnos en el punto medio de la realidad.
En lo relacionado entonces con eventos sobrenaturales de cualquier índole, y en especial con señales y prodigios, milagros y maravillas hechas en el Nombre de Cristo, debemos, a pesar de todo, tener en cuenta las enseñanzas de Jesús al respecto. Un hecho sobrenatural no significa necesariamente que sea del diablo, como lo afirma un cierto sector de la Cristiandad para estos días; ni tampoco significa que sea necesaria y totalmente de Dios, como estarían ingenuamente propensos a creer en otro sector del cristianismo. Bien sabemos que tanto Dios como el diablo pueden hacer señales milagrosas; así que tales señales no son elementos de juicio suficientes en sí para presentarse a favor o en contra de un hecho de tal índole; es necesario tener en cuenta otras cosas, y a eso es precisamente a donde debemos atender.
Por un lado, Jesús dijo que quienes creyesen en Él harían Ias mismas obras que Él hizo, y prometió señales que seguirían a los que creyesen; igualmente la Palabra de Dios promete para los últimos días un derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne que manifestaría sueños, visiones y profecías de Dios entre Sus siervos y siervas. Nos dice también la Palabra que el Espíritu gime en los que tienen las primicias, con gemidos indecibles hasta la redención del cuerpo. Las lenguas, profecías y la ciencia cesarán cuando venga lo perfecto, pero esto será en el establecimiento del Reino, tras la segunda venida del Señor Jesucristo, corporalmente y en gloria; el día perfecto será cuando ya no veamos, ni conozcamos, ni profeticemos en parte, sino cuando conozcamos como fuimos conocidos, y eso será cuando le veamos tal cual es, para ser semejantes a Él. Hasta tanto, estaremos ejercitando como buenos administradores y mayordomos, todos los talentos y dones, sin enterrar ninguno, ni el más pequeño, hasta el regreso del Señor de la Casa. No pueden cesar las profecías en la misma época para la que el Espíritu Santo prometió profecías: los últimos días.
Por otro lado, Jesús amonestó que en Aquel Día no reconocería a muchos obradores de iniquidad que presentarían ante Él como credenciales: milagros, profecías y exorcismos en Su Nombre. Vemos, pues, que éstos por sí solos no presentan ninguna garantía. Además también el apóstol Pablo amonestó que aunque un ángel del cielo viniese y predicase, el tal sería anatema si predicase un evangelio diferente, o presentase a un Jesús distinto al Real y Verdadero visto y predicado por los Apóstoles del principio. De manera que la aparición de un ángel del cielo no es tampoco una garantía suficiente en sí misma. Eso no significa que Dios no tenga tales espíritus ministradores a favor de los que hemos de heredar salud; significa más bien que hay otra cosa que tiene prioridad y que es más excelentemente primordial, como elemento de juicio, en la consideración de los asuntos de la índole tratada.
Es de sumísima importancia considerar en primer lugar la fidelidad a Cristo y al Evangelio presentado por Éste y Sus Apóstoles, contenido en las Sagradas Escrituras; tal Evangelio es eterno, por lo tanto inmutable. Es el hombre quien debe adaptarse al Evangelio para ser salvo; no podemos adaptar el Evangelio al mundo hasta el punto de aguarlo, diluirlo y negarlo. La Verdad es trascendental y es válida en toda época y condición. Ningún punto del Evangelio puede ser removido, y la Revelación de Jesucristo no tolerará jamás añadidura ni mutilación ninguna. En Cristo estamos completos y Él es Todo el Mensaje de Dios para los hombres de todas las edades. En Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.
Otro detalle que debemos tener también muy en cuenta es que la santidad supera la milagrosidad; es decir, la iniquidad descalifica aun al milagrero más portentoso. La semejanza a Cristo debe, pues, buscarse más en el carácter santo que en los dones y señales milagrosas. Hacer un milagro como Cristo, no significa en la expresión práctica ser tan santo como Él. Sólo posicionados en Cristo somos santos. La manifestación mística y práctica de Cristo a través de la Iglesia debe buscarse, pues, primeramente en el área de la santidad, sí, antes que en el de la espectacularidad. Jesús nos advirtió que en los últimos días vendrían muchos falsos profetas y falsos cristos, haciendo grandes prodigios, señales y milagros de tal manera que engañarían si fuese posible aun a los escogidos. Nos advirtió el Señor que se nos intentaría mostrar uno de los días del Hijo del Hombre, diciéndosenos: Helo aquí, helo allí; pero solemnemente agregó el Señor: Mas no lo veréis, no sigáis, ni vayáis, ni creáis.
Es por eso que todas estas cosas deben ser tenidas en cuenta, para que nunca nuestra fe cambie el pie de su fundamento, que es exclusivamente Jesucristo, y lo traslade, para mal propio, a una cosa, experiencia o persona diferente de Él. Eso puede ocurrir muy sutilmente sin notarlo el engañado, y a pesar de la sinceridad. Además de la sinceridad, la consagración y la fe, se necesita también el conocimiento de Dios y Su Palabra, para no ser confundidos.
Es también interesante notar que Dios puede probar los corazones de Su pueblo cuando éste se halla frente a hechos milagrosos de evidente claridad. El libro del Deuteronomio en el capítulo 13, los versos 1 al 3, nos dice:
"1cuando se levantare en medio de ti profeta o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, 2y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; 3no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Yahveh vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Yahveh vuestro Dios de todo vuestro corazón y con toda vuestra alma".
De manera que es necesario anteponer antes que todo nuestra fidelidad a Dios quien se nos ha revelado exclusivamente en Jesucristo, del cual da testimonio suficiente la Sagrada Escritura. No importa cuán estremecedoras aparezcan las cosas; si éstas nos apartan un ápice de Dios, es hora de deponerlas. Israel tenía mandamientos de arremeter con la espada, y sin compasión exterminar el mal de entre sus ciudades, sin que se pegase nada del anatema a su mano; todo debía ser puesto a fuego. Entonces, delante de hechos y eventos de índole sobrenatural, y en especial aquellos que vienen con la apariencia de hacerse en el Nombre de Jesucristo, debemos tener presente, a la par de los hechos, estos dos lados: la promesa divina y la advertencia divina.
Por lo demás, algunas veces las cosas de Dios nos vienen mezcladas con el sabor humano del vaso y con las señales de la intención satánica de confundir. Sólo Dios puede dar a Su Iglesia el discernimiento necesario. ☐

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ENCARANDO ASPECTOS BRANHAMITAS / 3

Por cristianogiv - 27 de Junio, 2006, 13:56, Categoría: General



Capítulo III

ALREDEDOR DE LOS ORÁCULOS

Los oráculos han sido siempre motivo de interés especialmente por el poder que tienen de afectar la conciencia de los hombres. Los oráculos tienen el poder de ligar, y aun de subyugar, porque se asocian principalmente a los poderes superiores y en especial a Dios. Una persona normalmente temerosa de Dios teme también delante de los oráculos proferidos en Su Nombre; interpretará que desatenderlos o ir contra ellos es ponerse en contra de Dios y exponerse a la terrorífica ira Divina. Y esto sería verdad en el caso de los verdaderos oráculos del Dios Verdadero. Pero, ¿qué sucede cuando inescrupulosos extorsionan las conciencias de las gentes para sacar de ellos algún provecho, sea monetario, sea de vanagloria y aun de satisfacción sexual, como ha ocurrido tanto? ¿Dejaría Dios a merced del engaño a la gente? ¡Claro está que no! Solamente al ignorar el carácter, motivo, palabra y método de Dios, la gente se hace presa fácil de los que engañan usando el Nombre de Dios. Pero Dios no nos ha dejado huérfanos ni de Su Espíritu, ni de Su Palabra, y por supuesto, tampoco de Sus verdaderos oráculos.
Por todo esto se hace necesario introducirnos en el estudio de las posibilidades que Dios asigna al espíritu del hombre para ser engañado. De esa manera contaremos con elementos de juicio para acercarnos a considerar algún tipo de oráculo, verdadero o falso, que usando el Nombre del Señor, aparezca en nuestro camino. Aquel que profiere el oráculo se hace responsable, para bien o para mal, según el caso, de haberlo proferido, de la manera como lo profirió, y de la pureza de su manifestación; igualmente, aquel que se encuentra frente a un oráculo es responsable de su reacción ante el mismo, ya sea de menosprecio o sobrevaloración, discernimiento o ingenuidad, etc. Toda acción libre depara consecuencias; de allí que se hace necesaria la responsabilidad, ya sea para aceptar, ya sea para rechazar, ya sea para posponer, ya sea para entresacar. ¿Y qué haría el hombre sin la ayuda de Dios? Pero gracias a Dios que tenemos de Él promesa, que quien en Él espere no será confundido. Además, tenemos de Cristo el mandamiento de no hacernos maestros sobre la tierra, pues tenemos de Dios un Maestro, el Cristo: ¡a Él oíd! ¡A Él y Su Palabra debemos acudir!
Los capítulos 23 de Jeremías y 13 de Ezequiel contienen algunas sentencias que nos permiten ver el uso de la presunción de que son capaces algunos "profetas". Dice Dios que "andaban en mentiras y fortalecían las manos de los malos para que ninguno se convirtiese de su maldad". Y amonestó el Señor diciendo: "16No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Yahveh. 17Dicen atrevidamente a los que me irritan: Yahveh dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros. 21No envié yo a aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. 25Profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé. 26Profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón. 27Hacen que mi pueblo se olvide de mi nombre con sus sueños que cada uno cuenta a su compañero. 30Hurtan mis palabras cada uno de su más cercano. 31Yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: Él ha dicho. 32Sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Yahveh. 34Y al profeta, al sacerdote o al pueblo que dijere: Profecía de Yahveh, yo enviaré castigo sobre tal hombre y sobre su casa. 38Mas si dijereis: Profecía de Yahveh; por eso Yahveh dice así: Porque dijisteis esta palabra, Profecía de Yahveh, habiendo yo enviado a deciros: No digáis: Profecía de Yahveh, 39por tanto, he aquí yo os echaré en olvido, y arrancaré de mi presencia a vosotros y a la ciudad que di a vosotros y a vuestros padres; 40y pondré sobre vosotros afrenta perpetua, y eterna confusión que nunca borrará el olvido". Además dice: "28El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Yahveh. 29¿No es mi palabra como fuego, dice Yahveh, y como martillo que quebranta la piedra?" (Jeremías 23).
"2Di a los que profetizan de su propio corazón: Oíd palabra de Yahveh. 3Así ha dicho Yahveh el Señor: ¡Ay de los profetas insensatos que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto! 5No habéis subido a las brechas, ni habéis edificado un muro alrededor de la casa de Israel, para que resista fuerte en la batalla en el día de Yahveh. 6Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha dicho Yahveh, y Yahveh no los envió; con todo, esperan que él confirme la palabra de ellos. ¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación mentirosa, pues que decís: Dijo Yahveh, no habiendo yo hablado? 8Por tanto, así ha dicho Yahveh el Señor: Por cuanto vosotros habéis hablado vanidad, y habéis visto mentira, por tanto, he aquí, yo estoy contra vosotros, dice Yahveh el Señor. 9Estará mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira; no estarán en la congregación de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy Yahveh el Señor. 10Sí, por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz. 17Y tú, hijo de hombre, pon tu rostro contra las hijas de tu pueblo que profetizan de su propio corazón, y profetiza contra ellas, 18y di: Así ha dicho Yahveh el Señor: ¡Ay de aquellas que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mantener así vuestra vida? 19¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan, matando a las personas que no deben morir, y dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira? 20Por tanto, así ha dicho Yahveh el Señor: He aquí yo estoy contra vuestras vendas mágicas, con que cazáis las almas al vuelo; yo las libraré de vuestras manos, y soltaré para que vuelen como aves las almas que vosotras cazáis volando. 21Romperé asimismo vuestros velos mágicos, y libraré a mi pueblo de vuestra mano, y no estarán más como presa en vuestra mano; y sabréis que yo soy Yahveh. 22Por cuanto entristecisteis con mentiras el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y fortalecisteis las manos del impío, para que no se apartare de su mal camino, infundiéndole ánimo, 23por tanto, no veréis más visión vana, ni practicaréis más adivinación; y libraré mi pueblo de vuestra mano y sabréis que yo soy Yahveh" (Ezequiel 13).
Estas declaraciones del Señor entresacadas de los libros de Jeremías y Ezequiel nos muestran hasta qué punto el corazón del hombre es engañoso y cómo puede pretender hablar en el Nombre del Señor con motivos impuros y aun engañándose a sí mismo; nos muestra igualmente cómo aun es posible ver y adivinar mentira; de la misma manera nos revela cómo se extorsiona a las conciencias de los justos con amenazas, y cómo se alimentan las vanas acciones con lisonjas y vanas esperanzas; y todo esto vestido de profecía, ¡como si viniese de la mano de Dios! Gracias al Señor de que tenemos Su promesa de liberación y de entendimiento en los postreros días.
Vemos, pues, que endulzar fácilmente Ia lengua y atribuírle a Dios lo que es meramente humano, es un asunto muy serio y digno de la mayor consideración. Ciertamente existe el don de la profecía que debe usarse conforme a la medida de la fe, pero siempre toda profecía debe someterse al juicio de la Iglesia antes de ser aceptada. Por lo tanto en todo oráculo debemos observar si su contenido encaja dentro de las Sagradas Escrituras perfectamente, pues el Espíritu Santo no se contradice. Debemos ver también que no sólo encaje con la letra de las Escrituras, sino también con Su Espíritu, pues Satanás es capaz de utilizar la letra, sacándola de su contexto y aplicándole otro espíritu, es decir, utilizándola con un motivo diferente al que busca Dios con Su Palabra. Así que es preciso discernir también la naturaleza y carácter del espíritu que habla, pues el testimonio de Jesús es el Espíritu de la profecía, y la naturaleza santa, tierna y compasiva del Señor se irradia a través de las profecías verdaderas.
Recordemos que el tesoro está escondido en vasos de barro, y muchas veces el sabor de las cosas es contaminado con el sabor del vaso, de manera que a los impulsos del Espíritu, el hombre puede agregar los propios. Satanás también está listo para sugerir en el menor descuido algún pensamiento fraudulento. La profecía debe ser, pues, pública para poder someterse al juicio de la Iglesia. Un espíritu escondidizo es sospechoso, pues Dios no tiene temor de que Su pueblo se detenga a examinar y comprobar cuál sea la voluntad perfecta y agradable del Señor. Adam y Eva quisieron esconderse porque sabían que habían pecado; por el contrario, el Señor lo expone todo al desnudo y desafía a Su pueblo a comprobarlo.
Ahora bien, debemos además recordar la cita de Deuteronomio que hicimos en el capítulo anterior; aunque fuese anunciado un prodigio, y se cumpliese abierta, llana y perfectamente, aun así, debemos considerar si con eso se nos quiere apartar de Dios. Claro está que Satanás no lo hará abiertamente, pero en las consecuencias que vienen implicadas al tomar ciertas actitudes, está el peligro. Todo "así dice el Señor" ha de acercarnos a Dios, pues de otra manera nos tiende ocultamente un lazo; creo que aun las sentencias condenatorias son con la esperanza del arrepentimiento, con ese gran deseo. Sólo después de agotarse toda posibilidad, cuando se cruza la línea de la misericordia hacia el juicio, la palabra final de Dios es fulminante. Pero los extorsionadores usan el temor para sacar provecho. No obstante, a pesar de todo, existen oráculos verdaderos de Dios dignos de todo temor, respeto y reverencia; siempre concordarán escrituralmente y en Espíritu.
Sin ignorar, pues, lo que hemos considerado hasta aquí en estos tres primeros capítulos, pasamos a continuación, Dios mediante, a considerar el mensaje de Willliam Marrion Branham. ☐
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