El Blog

Calendario

<<   Julio 2006  >>
LMMiJVSD
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31       

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog

Julio del 2006

ÁREAS BÁSICAS DE LA REVELACIÓN DIVINA

Por cristianogiv - 24 de Julio, 2006, 17:44, Categoría: General




ÁREAS BÁSICAS DE
LA REVELACIÓN DIVINA




por: GINO IAFRANCESCO V.


"Áreas Básicas de la Revelación Divina", enseñanza del día 18 de Mayo de 1991, en un Instituto Bíblico de la localidad de Rafael Uribe Uribe, Santa Fe de Bogotá D.C., Colombia, América del Sur.  Transcripción y  Sistemas: Arcadio Sierra Díaz.
"Áreas Básicas de la Revelación Divina", constituye el capítulo 15 del libro "Introducción a la Teología General", el cual es a su vez el tomo III de la colección "La Enseñanza del Ministerio".  La presente es la cuarta edición de este capítulo.  Ciudad Bolívar, 9 de Septiembre de 1998.
Los derechos son del autor. Se permite la reproducción total y la distribución gratuita del presente documento, con la única condición de citar enteramente la fuente a fin de corroborar y preservar la integridad del texto. Sin tal citación el autor no puede hacerse responsable por el nuevo texto.


ÁREAS BÁSICAS DE LA REVELACIÓN DIVINA

A la manera de un índice

En los capítulos anteriores del presente tomo hemos visto de manera global que existe la suma de la Palabra de Dios, el Depósito de Dios, una fe completa, el consejo de Dios, que incluye cosas fundamentales, otras que ocupan un segundo lugar, otras un tercer lugar, pues hay una jerarquía de valores dentro de ese depósito de Dios.  Es necesario entrar a ese depósito, y no lo podemos hacer abordando un solo tema, de golpe y a fondo, sino que se necesita distinguir los puntos cruciales del depósito divino.  Eso nos dice que Dios ha hablado acerca de muchas cosas en su Palabra, pero de todas ellas, de todo lo que Dios ha revelado a su pueblo, hay algunos puntos cruciales, y son las materias básicas en las cuales la Iglesia debe estar ducha.  Esos puntos cruciales los vamos a tomar, no de una manera aislada, sino en una forma coherente, sabiendo dónde se ubica cada cosa.

El Señor, el Padre entregó al Hijo un Depósito. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han entregado ese depósito al pueblo del Señor, a la Iglesia. Obviamente que cuando hablamos de la Iglesia, no estamos refiriéndonos a alguna denominación específica, ni siquiera a la Católica Romana, sino a lo que el Señor Jesús, los apóstoles y el Nuevo Testamento llaman la Iglesia. Dentro del depósito de Dios tenemos que hacer discernimiento en la escala de valores o en la jerarquía de los asuntos.  Hay cuestiones a las cuales el Señor Jesús llamó mosquitos; cuestiones a las que el Señor Jesús llamó camellos; cuestiones a las que el Señor llamó mayores; cuestiones a las que llamó menores, primeras, segundas y terceras; cuestiones a las que llamó necesarias y las que son prescindibles.  Eso significa que dentro del Depósito de Dios existen temas fundamentales y verdades fundamentales.

Cada uno de estos puntos cruciales los vamos a relacionar como si se tratara de un índice, el contenido, los principales títulos y algunos pequeños subtítulos de las materias fundamentales, las áreas básicas de la revelación divina, de ese gran depósito, y que se interrelacionan unos con otros.

1.  Teología Propia

El tema principal que Dios habla en Su Palabra, lo primero y fundamental que El revela a través de la Biblia, el tema central y principal del Depósito de Dios, trata primeramente con Dios mismo.  Dios mismo es el item principal de la revelación divina.  La revelación divina habla de otras cosas, pero fundamentalmente nos da a conocer a Dios mismo. Dios mismo es el primer tema de la Biblia, y de ese tema se ocupa la Teología Propia, o teología propiamente dicha, pues es la materia que trata de Dios mismo; no de lo que ha dicho Dios acerca del hombre, o acerca de las profecías, sino de todo lo que trata del ser mismo de Dios, de su carácter, de su corazón, su naturaleza y de todo lo relativo a Dios.

2.  Teleología Divina

Además de Dios, existe la creación, pero entre Dios y la creación existe un plan en Dios acerca de la creación; un plan que es anterior a ella, que tiene que ver con la creación pero que no es ella misma y que tampoco es Dios mismo.  Esa materia que trata, ya no de Dios mismo sino del propósito de Dios, es la Teleología Divina.  Ya no es teología, que viene de theos y logos, que quiere decir tratado acerca de Dios o de Su Palabra.  Teleología viene de la palabra griega thelos, que significa voluntad, objetivo, meta, el fin que se busca, el propósito.  Vemos, pues, que existe una materia que trata de los objetivos de Dios, qué es lo que Dios tenía en su corazón antes de la fundación del mundo, qué es lo que se ha propuesto; qué es lo que Dios conocía, qué es lo que Dios ha planeado, qué es lo que El ha ordenado.  Son cosas que El ha revelado también en la Biblia.

Dios en la Biblia nos ha hablado acerca de Sí mismo, y esto lo trata la Teología Propia, y nos ha hablado también de Sus planes, y es lo que estudia la Divina Teleología, la cual es una materia fundamental, porque si nosotros no sabemos qué es lo que Dios quiere, qué es lo que ha planeado, hacia dónde va Dios, cuál es el objetivo que nosotros debemos perseguir juntamente con Dios, entonces vamos a estar viviendo una vida cristiana un poco sin sentido, como llevados de aquí para allá.  Ahora hay una moda, mañana hay otra moda, después aparece otra; a veces sopla el viento para la izquierda, a veces para la derecha, pero no sabemos exactamente qué es lo que Dios quiere, y qué es lo que nosotros debemos querer con Dios.

¿Por qué la llamamos no solamente Teleología, sino Divina Teleología?  Porque no solamente Dios tiene planes.  Los hombres también tienen planes.  El estado tiene planes.  Así es como existe una teleología diabólica, que se relaciona con los planes del diablo. 

Existe una teleología del estado: para qué se constituye el estado, qué busca la Asamblea Nacional Constituyente con una nueva constitución, qué dirección le va a dar al estado, al gobierno.  Eso se llama una teleología del estado; sus planes propios.  No así la Teleología Divina, que se refiere a los propósitos de Dios.  Entonces primero es Dios, tema propio de la Teología Propia; luego viene la creación en adelante.  Pero entre Dios y la creación están los planes de Dios para la creación.

3.  Cosmología

Llegamos al tercer punto crucial: la creación.  Dios no solamente nos ha enseñado en Su Palabra acerca de sí mismo y acerca de Sus planes, sino que Dios también ha hablado, ha revelado, ha comunicado en el depósito, de su revelación acerca de la creación.  Es el tercer item, el tercer punto clave de la revelación divina.  La materia que se ocupa de la creación es la Cosmología.  A través de ella se ve el origen de la creación, el estado de la creación, el sentido de la creación, las clases de criaturas, su clasificación y otros temas importantes.  Cosmología viene del griego Cosmos, universo, mundo, y logos,  palabra: es la palabra o tratado acerca de la creación.

     3A.  Cosmogonía

Es necesario hacer una exégesis cosmogónica, una exégesis cosmológica y una exégesis cosmotélica.  La Cosmología no trata solamente del origen de la creación sino también del estado y del objetivo de la creación, de su sentido.  Lo relativo al origen de la creación se llama Cosmogonía.  Es una subdivisión de la Cosmología, que trata sobre la enseñanza, el punto de vista o la manera de ver el origen de la creación.  Se habla, por ejemplo. de la Cosmogonía Fenicia, para significar lo que los fenicios decían de cómo había sido el origen del mundo.  Asímismo de la cosmogonía caldea.  Lo que pensaban los antiguos caldeos primitivos acerca del origen del mundo.  Hay una cosmogonía secular, que es lo que piensa el mundo humanísticamente acerca de cómo empezaron las cosas, y entran en juego varias especulaciones como el evolucionismo, el big bang, la teoría del estado constante de la materia y otras.  Esas son cosmogonías, es decir, explicaciones acerca del origen del mundo. 

Pero el depósito de Dios contiene también una área de revelación acerca del origen verdadero del mundo, y es la Cosmogonía Bíblica. 

Aquí la que nos interesa primero es la bíblica, porque a la luz de ella juzgamos a las demás.  Qué tiene de parecido, qué las diferencia, en qué se desvían, en qué se acercan, etc.

     3B.  Cosmotelía

Cuando hacemos la exégesis, la lectura interpretada para sacar el sentido de los textos donde Dios habla acerca de los orígenes, hacemos una exégesis cosmogónica.  En el sentido más estricto, la Cosmología se refiere al estado de la creación, la Cosmogonía al origen de la creación y Cosmotelía al propósito de la creación, a su fin dentro de los planes de Dios; entonces cuando interpretamos los textos donde Dios habla de los fines de la creación, para sacar el sentido, hacemos una exégesis cosmotélica.

4.  Angelología

Dios empieza a hablar de una manera más especializada; ya no lo hace sólo de la creación general, sino que nos revela en Su Palabra que existe una creación visible y también una creación para nosotros invisible.  La Biblia habla de que en Cristo fueron creadas todas las cosas, las del mundo visible y las del invisible.  Entonces existe también un mundo invisible y existen regiones del mundo invisible y Dios ha revelado esto en su Palabra y hace parte del depósito divino que El ha entregado a Su pueblo: conocimiento y revelación acerca de ese mundo invisible.  Existen, por tanto, criaturas del mundo invisible:  los ángeles con toda su clasificación, su origen, su misión, su propósito, etc.  Surge entonces una nueva materia de la Teología en general, del depósito de Dios, que es la Angelología, que trata de los ángeles, su origen, clasificación, sus jerarquías, su misión, su estado, del objetivo de Dios con los ángeles, claramente revelado en las Sagradas Escrituras.

Este panorama lleva una secuencia lógica.  No empezamos por la Angelología porque hay que empezar por Dios.  No empezamos por la Cosmología porque hay que tratar el plan de Dios, que El tenía antes de la creación en relación a ella.  Esta secuencia nos ayuda a ordenar nuestra cosmovisión del depósito de Dios.  Este orden coherente nos proporciona una visión global del plan de Dios desde antes hasta el futuro, subdividiéndolo en sus diferentes materias, y luego se trata cada una en su respectivo lugar.

     4A.  Satanología

Como no todos los seres angelicales permanecieron buenos, surgió la rebelión primero en el cielo con Lucifer o Lucero; es por eso que de la Angelología surgió una rama que llegó a convertirse en otra materia de mucha importancia para nuestro estudio, y es lo que se llama la Satanología, que es el estudio de todo lo relacionado con Satanás y el origen del mal.

Satanás era un querubín, un ser angélico, pero se rebeló, y todo el origen de su rebelión y sus consecuencias lo trata la Satanología, que es otra materia crucial.  Dios ha revelado mucho acerca del diablo, sus actividades, origen, destino, y ahora el problema es con el diablo.

     4B.  Demonología

La Satanología trata de una persona especial, que es el líder, el principal.  Este tiene otro montón de seres que le siguen, llamados demonios, y da origen a una segunda rama de la Angelología, llamada Demonología.  Hay ángeles buenos, ángeles escogidos, y ángeles rebeldes.  Como esto se ha desarrollado y ha llegado a ser una cosa dramática en la historia, es perentorio que le demos realmente su lugar y ubiquemos a la Satanología y a la Demonología en la identificación de los items básicos.

5.  Antropología

Dios ha hablado acerca de Sí mismo, de sus planes, de su creación, de ciertas criaturas de su creación, las angélicas, de algunas que se rebelaron, y también ha hablado del hombre.  Dios ha revelado cómo creó al hombre, qué partes tiene, cómo funciona el hombre, con qué misión lo creó, lo que aconteció en el ser del hombre a raíz de la caída, o sea funcionamiento del hombre caído, restauración del hombre, etc.  Todo lo relativo al hombre en el sentido individual, familiar, cultural, colectivo, todo cabe dentro de la materia que se llama Antropología Bíblica.  En esta forma vamos desglosando el depósito de Dios en sus principales items o materias, bajando a la panorámica y acercándonos un poquito más, viendo cómo se perfilan las principales materias dentro de un todo sistemático y coherente.

6.  Hamartiología

Todo hubiera sido muy lindo si hubiera llegado hasta aquí.  Desafortunadamente y por causa del diablo y sus demonios, también entró el pecado en el mundo, como había sucedido en el cielo.  Este asunto es tratado por una materia que se llama Hamartiología, que viene de la palabra griega hamartía (ἁμαρτία), que significa pecado. 

Hamartiología es el sexto item básico de la revelación en el depósito de Dios, de lo que Dios ha hablado con mucha claridad, de lo que El ha diagnosticado y ha revelado su origen, su situación;  es esta materia, que trata del pecado, del mal, todo lo que tiene que decirse de parte de Dios referente al mal, desde la Biblia.  Pero gracias a Dios que allí no termina la Biblia.  Hasta aquí da la impresión que se trata de una revelación descendente.  Empieza con Dios, luego baja hasta la creación, pero la escalera no termina allá abajo. Ahora vemos cómo en la siguiente área, la escalera empieza a subir desde la caída hacia la plena restauración y realización.

7.  Cristología

Hubo pecado, caída, muerte, la condición caída del hombre, pero llega la salvación; pero para que la pueda haber fue necesario que viniera Cristo, porque es en Cristo en quien se realiza la recuperación del hombre.  Entramos en la séptima área básica de la revelación que es la Cristología, que estudia todo lo relativo a Cristo, Su divinidad, Su humanidad, Sus naturalezas en Su sola Persona, de lo que se llama en teología kenosis, o sea el despojamiento del Verbo de Dios al tomar condición humana; su concepción y nacimiento virginal, su vivir humano, toda Su obra, su resurrección, su ascensión, su ministerio terrenal, como abogado, como sumo sacerdote, su plan de regreso.  Es una materia fundamental y la Iglesia debe estar bien empapada en esa gran verdad.

8.  Pneumatología

Las dos más grandes verdades que tiene la Iglesia son acerca de Dios: la Trinidad y la encarnación del Verbo de Dios y de su obra de salvación.  Son los pilares, lo primero que la Iglesia debe conocer, porque ese fundameno es lo que produce lo siguiente.  El Espíritu Santo, enviado por Cristo a la Iglesia para que continuara en el presente la labor de Cristo en la Iglesia y la aplicación de los logros de Cristo al hombre; es una de las Personas de la Trinidad.  La palabra griega pneuma, significa espíritu, por eso todo lo relacionado con el Espíritu lo trata la Pneumatología, que es una materia clave. Es como si dijeromos en castellano ‟Espiritulogía”, pero no se suele usar así.

9.  Soteriología

Cristo vino a darnos salvación, y todo lo relativo a la salvación lo trata la Soteriología.  La palabra soter es la raíz griega de donde viene la palabra salvador.  Sotería quiere decir salvación.  A veces pensamos que el evangelio y el depósito de Dios solamente hablan de la salvación, pero no es así.  Para poder hablar de la salvación hay que hablar de qué necesitamos ser salvos; hay que hablar de la condición, de la caída, y de quién y por qué, y cómo se relaciona con el plan de Dios y con Dios mismo.  De ahí que haya todo un orden coherente de materias, para estudiarlas en ese mismo orden;  porque seguro que vamos a entender mejor la Hamartiología, que trata de la doctrina del pecado, si comprendemos bien la Antropología, que trata acerca del hombre.  Porque si comprendemos el origen del hombre, y luego en qué consiste el pecado, vamos a comprender cómo afectó el pecado cada parte del hombre.  Eso significa que es bueno ver primero la Antropología que la Hamartiología, para poder entender mejor en qué consistió el pecado y cómo afecto el pecado al espíritu del hombre, cómo afectó el pecado al alma, y cómo al cuerpo, cómo es redimido el hombre del pecado en cada una de sus partes.

Después viene la Soteriología para salir del pecado, ser salvados no solamente del juicio eterno sino de la condición caída, por Cristo y por la acción del Espíritu; porque no hay salvación aparte de Cristo, y no hay aplicación de la salvación aparte del Espíritu.  También la Soteriología habla lo relativo al perdón, la liberación, a la limpieza del pecado y de la mancha del pecado, a la reconciliación con Dios, a la justificación, a la santificación, a la regeneración, a la renovación, a la configuración de Cristo, a la transformación, a la glorificación en lo individual y luego en lo colectivo. Es necesario, pues, que estudiemos Cristología, Pneumatología y Soteriología, materias juntas y relacionadas.  Hamartiología y Soteriología es bueno verlas juntas porque una nos muestra cómo fue el problema, el diagnóstico de Dios acerca del mal, y la otra el remedio de Dios acerca del mismo.

10.  Eclesiología

Hemos seguido el orden coherente del depósito de Dios. Primero Dios, luego su propósito, su creación, los ángeles, aun los rebeldes, el hombre, el pecado, Cristo y su obra, el Espíritu Santo, la salvación, que viene a encajar en la formación de la Iglesia, todos los redimidos, el Cuerpo de Cristo, tema fundamental que trata la Eclesiología.  Esta materia trata sobre la Iglesia, la naturaleza de la Iglesia, el lugar de la Iglesia en el propósito eterno de Dios; qué es no sólo naturaleza interna de la Iglesia, sino también exteriormente; cual el fundamento de la Iglesia, sus aspectos, el gobierno de la Iglesia, todo lo que Dios ha revelado acerca de lo que la Biblia llama Iglesia.

11.  Escatología

Con la Iglesia no termina todo. Es necesario que venga la consumación de todo, las últimas cosas, tanto en lo individual de la persona, el estado final de las almas, como el estado final de la creación.  Todo eso se trata en lo relativo a las profecías, y es el tema de la Escatología.  Esta materia habla de la culminación de los planes de Dios, el asunto de la muerte, del más allá, del Seol o Hades, del tercer cielo, del paraíso, el plan profético de Dios; las profecías acerca de Dios mismo, del Espíritu, del Mesías, de la Iglesia, de Israel, de las naciones, de los ángeles.

La Iglesia es depositaria del Depósito de Dios y no solamente debe tener la verdad acerca de Dios, sino al Dios de la verdad.  La Iglesia no solamente debe tener la verdad acerca de Cristo, sino la experiencia de Cristo; no sólo la verdad acerca del Espíritu sino la experiencia de conocer y de ser guiada y salvada por el Espíritu; no sólo la verdad acerca de la salvación sino la experiencia de la salvación.  La Iglesia debe experimentar el perdón de los pecados, experimentar la limpieza del pecado y de la mancha del pecado. No es lo mismo experimentar la liberación del pecado y el perdón de los pecados, experimentar la justificación ante Dios, la reconciliación.  No son sólo palabras sino que son palabras que se refieren a la obra hecha por Cristo y con el Espíritu aplicado a los creyentes para la salvación personal de cada uno y colectiva de la Iglesia como la obra maestra de Dios. Y esa Iglesia somos nosotros los que creemos en Cristo, los que hemos sido perdonados, limpiados por su sangre, los hijos de Dios.

Cuando tomamos conciencia de la Iglesia, ya nos damos cuenta que somos depositarios de Dios, de Cristo, del Espíritu, de la obra de Cristo, y en forma corporativa no sólo somos creyentes sino administradores del depósito de Dios, de la gracia de Dios, de Dios mismo, de la luz misma, de la verdad misma, de la vida misma. El contenido de la Iglesia es todo lo que es de Dios, de Su Cristo y del Espíritu, en su Ser y en Su obra.  La Iglesia es la consumación del Espíritu en la plenitud de Cristo.  Es el organismo de Dios cuando El se da, se entrega, se dispensa al hombre, al espíritu del hombre primero.

Que esto nos ayude a ver las cosas más ordenadas.  Este depósito se ha venido acumulando desde que Dios lo derramó y ha venido pasando de siglo en siglo; no debe quedar en los libros; debe llegar a ser propiedad nuestra, a ser experiencia nuestra como vanguardia del trabajo de Dios, de la restauración de todas las cosas.  Pero la Iglesia debe tomar conciencia de ella.  Ahora hay otros edificios que se están construyendo.  Así como hay una Teleología Divina, también hay una satánica; hay también un plan que tiene Satanás; también hay un misterio de iniquidad que se ha estado desarrollando.

Hay dos simientes que están circulando; hay un plan legítimo y hay una falsificación, pero Dios es el legítimo heredero, y la otra simiente y el otro plan es de Lucero, un querubín que quiso ocupar el lugar de Dios, que quiso desplazar a Dios y ser el centro.  Entonces es cuando la criatura llega a ocupar el lugar de Dios y cuando el Dios transcendente llega a desaparecer, pero son otros los planes de Dios, la realidad de Dios.  La historia se ha venido desarrollando en el cumplimiento de la profecía bíblica de Génesis 3:15: ‟Y pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la simiente suya...”  Es el conflicto de las dos simientes a los largo de la historia, que lo vemos plenamente desarrollado en Apocalipsis.  El dragón y la mujer, es decir, toda una historia de la civilización humana.

CIENCIAS AUXILIARES

12.  Hermenéutica

Además de la Escatología, existen unas materias auxiliares, pues la sopa no se puede tomar sola sin el uso del plato, y sin la cuchara.  Así el mensaje de Dios requiere de ciertos instrumentos para poder ser apropiadamente manejado.  Entre esas ciencias auxiliares que nos apoyan, nos ayudan a manejar el depósito de Dios, está la Hermenéutica, que es la ciencia y el arte de la sana interpretación. 

Es el conjunto de normas, métodos, reglas, principios para interpretar correctamente, para hacer la exégesis sana del texto.  La Hermenéutica no es el mensaje de Dios.  Dios no nos habla de Hermenéutica en forma directa, pero sí vemos la Hermenéutica del Señor Jesús, o sea la manera cómo el Señor Jesús interpretaba el Antiguo Testamento, cómo lo hacían los apóstoles.  Vemos ciertas frases bíblicas y también la misma experiencia de la Iglesia le ha ido enseñando a ésta a saber interpretar correctamente.

13.  Bibliología

Hay otra materia que se conoce como Bibliología, la cual también tiene sus subdivisiones.  Trata acerca del Libro, la Biblia.  Pero no es una Teología Bíblica en el sentido de hacer la exégesis del mensaje de los libros, sino que es la materia que trata acerca del libro mismo, las partes que tiene el libro, los autores, los idiomas del libro, la transmisión del texto, la alta crítica, la baja crítica, lo que se suele llamar Introducción a la Biblia, Introducción al Nuevo Testamento, Introducción al Antiguo Testamento.  Antes de tomar el mensaje mismo, tú estudias quién escribió ese mensaje, en qué época, de dónde vino, en qué documentos está y cómo sabemos si su traducción textual es fiel, etc.  No es precisamente el mensaje de la Biblia, sino que la Bibliología es una materia auxiliar que nos explica acerca de ese libro, ya sea la Biblia en General o de Nahum en particular, o Sofonías, o el Pentateuco, etcétera.

Cabe introducir al estubio bíblico la Alta Crítica y Baja Crítica o Criticismo.  Hacer una crítica es hacer un examen;  no necesariamente tiene que ser negativo, destructivo; algunas sí lo son.  La Alta Crítica se ocupa de  verificar la originalidad del texto: quiénes son los autores del texto, en qué época lo escribieron.  Si es legítimo este texto.  No hace la exégesis del texto mismo, sino que solamente estudia su procedencia verdadera. ¿Verdaderamente esto es de Moisés?  ¿Verdaderamente esto es de Esdras?                           ¿Verdaderamente esto lo escribió Jeremías? ¿Quién fue el que escribió el segundo evangelio? ¿fué Marcos?  Todo esto lo estudia la materia que se llama Alta Crítica, y existen críticos destructivos, incrédulos, escépticos, que utilizan el espíritu del anticristo para la apostasía.  Pero existen críticos honestos, cristianos, creyentes y conservadores, que defienden la autenticidad.  Y todo eso, los argumentos de unos y otros y la prevalencia de los verdaderos, se tiene que ver en esa materia.

Está también el área llamada Baja Crítica.  Explicamos diciendo que a usted le es muy fácil ir a la Sociedad Bíblica y comprar una Biblia, seguramente que a muy bajo costo.  Es importante saber que para poder adquirir esa Biblia por muy poco dinero, en media hora, mientras va al centro de la ciudad y la compra, antes hubo mucho sufrimiento, mucho trabajo.  Puedes adquirir esa traducción tan fácilmente porque hubo personas que la tradujeron del griego y del hebreo, pasajes en arameo en Daniel y Esdras y una que otra palabra en otro lugar también fue traducida de allí.  Pero para que el texto fuese traducido era necesario contar con el texto en el idioma original; y para tener el texto en el idioma original, era necesario conocer la tradición textual, cuáles son los manuscritos más antiguos; cuál es el del siglo I, el del siglo II, cuáles los del siglo III, en las distintas versiones entre uno y otro manuscrito.  Cuáles son los más auténticos, cuáles los más plausibles, cuáles los más dudosos, qué valor tiene uno, qué valor tiene el otro.  La tradición textual, para poder tener al fin hoy un texto claro y confiable, eso es lo que trata la materia que se llama la Baja Crítica.

La Alta Crítica trata de la originalidad del documento, demostrar que es un documento auténtico y legítimo.  La Baja Crítica, de que se ha transmitido fielmente de generación en generación y que hay testigos de esa transmisión desde los siglos antiguos hasta el nuestro. 

¿Cuándo apareció el texto definitivo en griego del cual se hizo la traducción que usted lee con sólo ir allí y comprarlo?  Eso no es así tan fácil, ¿verdad?  Tú compras la Biblia y la lees pero el diablo es muy astuto y anda diciendo a la gente por ahí, palabras como estas:  ¿Usted para qué lee ese libro, cuando ese libro lo escribieron los hombres, y cómo sabe usted que eso lo escribió Mateo?  A lo mejor lo escribió por ahí un tipo del siglo pasado para engañar a los tontos.  ¿Sabe usted que eso lo dice el diablo?  Satanás usa esos argumentos y los que no saben contestarle se atragantan un poquito.  Para eso existe la Baja Crítica, para tener la certeza de todo el proceso de transmisión del texto desde los originales hasta el texto que se tradujo en nuestra versión.  La Baja Crítica  es la historia textual, y la Alta Crítica es la autencidad y la originalidad del documento.  No es el mensaje mismo de Dios.  Es la cuchara en que nos vino ese mensaje, la historia manuscrita del texto, etc.

14.  Historia

Existen otras materias o ciencias auxiliares como la Historia, porque muchas veces al conocer la historia se nos aclara más la coyuntura, el medio en el cual se dio la revelación divina.  Porque Dios no reveló su Palabra en el aire; Dios no dijo:  Sea la Biblia y fue la Biblia; sino que El intervino en la historia alrededor de la Biblia, y ésta se nos clarifica mucho más.

15.  Geografía Bíblica

Estamos viendo que hay algumas materias que son útiles para clarificar todo lo relativo al mundo bíblico, como la Geografía Bíblica y otras, que no constituyen el mensaje de la Biblia, pero lo ayudan a esclarecer, por eso las hemos llamado Ciencias Auxiliares.

Permalink :: 89 Comentarios :: Comentar | Referencias (0)

LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 10:43, Categoría: General



LA ENCARNACIÓN
DEL VERBO DE DIOS



por: GINO IAFRANCESCO V.



"La Encarnación del Verbo de Dios", enseñanza de octubre 16 de 1992, a la iglesia en la localidad de Teusaquillo, Santafé de Bogotá D.C., Colombia, América del Sur.
"La Encarnación del Verbo de Dios", constituye el excursus I del capítulo 10 del libro Introducción a la Teología General.  La presente es la segunda edición independiente de este capítulo. Ciudad Bolívar, julio 8 de 2002.
Los derechos son del autor. Se permite la reproducción total y la distribución gratuita del presente documento, con la única condición de citar enteramente la fuente a fin de corroborar y preservar la integridad del texto. Sin tal citación el autor no puede hacerse responsable por el nuevo texto.


LA ENCARNACIÓN DEL VERBO DE DIOS


Algunos errores cristológicos

 Este apéndice hace parte de las enseñanzas de la serie llamada "Edificando a la Iglesia", y fue precedido por un largo pasaje sobre el contenido de la Iglesia, en donde vimos que Dios ha dado un depósito a la Iglesia, el cual consta de varias áreas básicas y algunas verdades fundamentales que son propias de la Iglesia, entre ellas la Trinidad y la encarnación del Verbo de Dios.  Habíamos tratado lo relacionado con el Verbo de Dios, pero no de Su encarnación.  Por tanto vamos a considerar dos pasajes claves relativos a la encarnación del Verbo de Dios;  se trata de dos grandes verdades, grandes dogmas de la Iglesia cristiana, nacidos de la Palabra de Dios:  La Trinidad, la existencia de un solo Dios en tres Personas, y la encarnación de esa segunda Persona, el Verbo de Dios.  Esos dos pasajes relativos a la encarnación los encontramos en el capítulo 1 del Evangelio según San Juan, y en el capítulo 2 de Filipenses.

"1En el principio era el Verbo (nos recuerda la preexistencia del Verbo antes de todas las cosas), y el Verbo era con Dios (nos recuerda la coexistencia de la persona del Hijo con el Padre antes de la fundación del mundo), y el Verbo era Dios (nos recuerda la divinidad del Hijo de Dios).  3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.  14Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:1,3,14).  


La primera consideración que debemos tener en cuenta por causa de los errores cristológicos que se han dado en la historia de la Iglesia, es aquel Verbo; es decir, el Hijo de Dios que estaba con el Padre desde antes de la fundación del mundo, por medio de quien el Padre creó todas las cosas y para quien las creó, como lo dice en otros pasajes: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros";  teniendo en cuenta que lo que aquí se traduce   «habitó», en el original griego es «tabernaculizó», utilizando el verbo que nos recuerda la figura del tabernáculo.  En el tabernáculo aparecía el arca del madera de acacia y de oro, señalando la naturaleza humana en la madera y la divina en el oro que recubre el arca.


Es necesario detenernos en el primer pasaje.  No dice que el Verbo descendió sobre una carne, sino que El fue hecho carne.  Esto es muy importante entenderlo cristológicamente porque la confesión del Espíritu Santo se distingue de la confesión del espíritu del anticristo acerca de Cristo; es decir, lo que cada espíritu confiese acerca de Jesucristo;  lo delata.  San Juan dice en su primera epístola 4:1-3a:


"1Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.  2En esto conoced el Espíritu de Dios:  todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 3y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo".


También hemos leído en la misma epístola de Juan 5:6a que:  "Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre".  ¿Por  qué esas declaraciones tan misteriosas de que Jesucristo no vino sólo mediante agua, sino mediante agua y sangre?  ¿Por qué esos misterios?  Porque dice que el Espíritu de Dios confiesa que Jesucristo ha venido en carne, y aquí dice San Juan en el prólogo del evangelio, "Y aquel Verbo fue hecho carne".  Lo que está declarando Juan allí no es una cosa liviana;  está haciendo la confesión propia del Espíritu de Dios acerca de esta gran verdad de la encarnación del Verbo  divino;  entonces cuando dice que no vino sólo mediante agua, es porque algunos herejes, entre ellos Cerinto y otros gnósticos, decían que el Logos o Verbo había entrado en un hombre; es decir que allá en el bautismo, cuando vino el Espíritu Santo en forma de paloma, fue cuando el Verbo entró en un hombre.


Eso nos dice que estaban considerando a este hombre, Jesús, como un hombre al cual visitó el Verbo, y después el Verbo lo volvió a dejar en la cruz cuando  dijo:  "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?";  entonces están negando que esa persona del Señor Jesús es divina y humana, y la están tomando solamente como humana;  por eso esa frase tan sencilla que solemos leer rápido y que suena muy bonita, y que a veces no la discernimos, "el Verbo fue hecho carne", significa que la persona divina preexistente del Hijo, que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, consustancial, de su misma esencia, porque el Verbo era con Dios y era Dios, y aquel Verbo se hizo carne.  No dice que descendió sobre una carne, sino que El mismo se hizo; es decir, El asumió la naturaleza humana desde el vientre de la virgen María;  la misma persona del Verbo que era y es el Hijo de Dios, llegó a hacerse el Hijo del Hombre, una misma persona con dos naturalezas, la naturaleza divina en cuanto Verbo de Dios, y la naturaleza humana en cuanto se hizo carne;  no son dos personas, una Logos y otra el hombre.  Decían que sobre El descendió el Logos;  y no es que el Logos descendió sobre un hombre, sino que "el Logos se hizo carne", "semejante a los hombres", como dice Filipenses 2:7.


De lo contrario estaríamos dividiendo al Logos uno y al hombre otro.  Es como si se tratara de dos personas.  Ese es el error cristológico del nestorianismo, que se llamó así porque lo enseñó en la historia de la Iglesia un hombre que se llamó Nestorio, y él enseñaba que Jesús no había sido sino solamente un hombre;  que el que nació de la virgen María era solamente un hombre, y que a ese hombre se unió voluntariamente el Logos de Dios; es decir, que el Logos o el Verbo es una persona, y el hombre sobre el que entró es otra persona.  De manera que no está confesando que Jesús es el Cristo, sino que Jesús es uno y el Cristo es otro;  pero San Juan en el capítulo 2 de su segunda epístola, se refiere a esto mismo, diciendo que precisamente el espíritu del anticristo es el que no confiesa que Jesús es el Cristo.


Falsos cristos

"¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?  Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo" (1Juan 2:22).

¿Quién es el mentiroso?  El que niega que Jesús es el Cristo;  es decir, que hay personas que usan el concepto Cristo por un lado y el concepto Jesús por el otro, sin identificar a Jesús como el Cristo;  esto es lo característico de los falsos cristos.  El Señor me ha permitido conocer la doctrina de algunos falsos cristos que se dicen así mismo cristos, como por ejemplo los de Abdu-Bahá, de la fe Bahai, o de Baha-Bulá; o William Soto Santiago, que dice ser la segunda venida de Cristo;  a Julio Alvarado, de Bolivia, que dice ser el Cristo;  a Majertal, de Holanda, que dice ser el Cristo;  a Laurey, de la India, que era adorado como Nishu-Khrisna, quien también decía ser el Cristo.  Estos personajes tenían en común un detalle:  que ellos hablan del Cristo como el Logos aparte de Jesús, pretendiendo ser cada uno de ellos el mismo Cristo que estuvo en Jesús, afirmando que se trata del mismo Cristo que había estado antes en Buda, en Krisna, en Rama, después en Rama-Krisna, y el mismo que ahora pretenden que está en fulano de tal, y que no era otro sino que era el mismo;  o sea que ellos separan el Cristo de Jesús y ponen ese Cristo, una vez en Buda, otra vez en Jesús, otra vez en otro personaje, y ahora en un falso Cristo.  De esta forma ellos separan a Jesús del Cristo.


Pero la Biblia dice:  "¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?"; es decir, que Jesús es el nombre personal del Verbo de Dios encarnado, Cristo es su posición, es el Ungido, es el Mesías;  es decir Cristo es el título propio de la persona de Jesucristo, pero no es otro.  El Cristo es Jesús, Jesús es el Cristo, Jesucristo es una sola persona divina-humana; divina en cuanto al Verbo, y humana en cuanto ese Verbo se encarnó; es decir, asumió naturaleza humana.  Cuando la Palabra dice que "el Verbo se hizo carne", está afirmando no que descendió sobre una carne, sino que El mismo fue hecho carne;  es decir, que su misma persona divina asumió una naturaleza adicional pero no una persona adicional.  La persona es  El mismo en cuanto a persona.


Antes de la creación era el Verbo, en la creación era el Verbo;  en la eternidad antes de la creación era el Verbo, y desde que comenzó a encarnarse en el vientre de la virgen María continuó siendo la misma persona, el mismo Verbo, solamente que ahora estaba asumiendo, además de su naturaleza divina, la naturaleza humana, pero en su misma persona.  Aquel Verbo fue el que se hizo carne;  aquel Verbo es la persona de este hombre llamado Jesús;  el Verbo de Dios se hizo hombre, entonces Jesús es el Cristo.  No que el Verbo sea uno, y Jesús otro; no es que el hombre sea una persona y la divinidad otra persona.  La persona divina se hizo humana y es una persona divino-humana.  Una sola persona con dos naturalezas:  divina en cuanto Verbo, y humana en cuanto se encarnó.


La kenosis de Cristo

Es posible que si uno considera solamente la encarnación a la luz del capítulo I del evangelio de Juan, se podría cometer un error;  es por eso que no solamente en ese capítulo se habla en las Escrituras de la encarnación, sino también en el capítulo 2 de Filipenses.  Leamos en Filipenses 2:5-7 para ver en qué sentido debemos tomar la palabra "carne" que aparece en Juan 1:14.

"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres".


La frase "el cual siendo en forma de Dios", significa que el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios, como lo afirma Juan.  La Palabra "se despojó a sí mismo",  en el griego es "ekenosen", de donde viene otra palabra que se usa en teología, la kenosis de Cristo; es el despojamiento o anonadamiento a que se sometió el Señor por su propia voluntad, de acuerdo con el Padre, a fin de someterse a una condición de inferioridad.  Al despojarse a Sí mismo y tomar forma de siervo, se trata de Cristo Jesús;  es la misma persona con forma de siervo.  Detengámonos aquí un poco antes de entrar en lo relativo a la cruz y a la resurrección, lo cual requiere una consideración mayor. 

Por el momento veamos solamente los pasajes relativos a la encarnación.


  El versículo 7 dice: "Se despojó a sí mismo";  eso es precisamente lo que se llama la "kenosis";  o sea que Él estaba en una condición de gloria pero se sometió a una condición de humillación.  Él estaba en forma de Dios y tomó forma de siervo; es decir, si tomó forma de siervo es porque no lo era; tuvo que tomar forma de siervo.  El debe ser el servido, no el siervo.  Eso significa que la kenosis consistió por una parte, en tomar forma de siervo, en despojarse; pero fijémonos en un detalle:  no dice que se despojó de sí mismo, de su propia persona, de su propia identidad, sino a sí mismo; es decir se humilló a sí mismo.  No que Él mereciera ser humillado, sin embargo acepta tomar forma de siervo sin ser siervo, y aceptó ser humillado, aceptó ser obediente y estar en condición de hombre, habiendo estado en condición de Dios.  En Filipenses dice: "hecho semejante a los hombres; y estando en condición de hombre, se humilló"; entonces si leemos solamente la declaración de Juan podríamos pensar que lo único que el Verbo asumió de la humanidad sería el cuerpo debido a que la palabra carne es un término que se usa con varios significados; algún día el Señor nos permita considerar los distintos sentidos bíblicos de la palabra carne.  De manera que si uno toma esa palabra sólo en el sentido del cuerpo, de que el Verbo solamente se puso un cuerpo, pero que no tenía ni alma ni espíritu humano (porque la palabra carne en griego es sarx), cuando dice:  "el Verbo se hizo carne", si uno la toma en un sentido literalista, sin relacionarlo con Filipenses 2, entonces, ¿qué sucedería?   pensaríamos que el Verbo divino sólo se puso un cuerpo humano, pero que el alma no era humana, como tampoco el espíritu; eso significaría que realmente no sería un hombre, sino sólo un cuerpo;  y es por eso que el pasaje de la encarnación de Juan 1 se complementa con el pasaje de Filipenses 2.  Es importante aclarar que la carta a los Filipenses fue escrita antes del evangelio de Juan, ya que ese evangelio fue escrito después de la muerte de Pablo.


En Filipenses 2:7 dice:  "Se despojó a sí mismo".  Miremos la prueba de que se despojó a sí mismo.  Recordemos que en el evangelio de Juan, el Señor oraba diciendo:  "Padre, glorificame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:5).  La palabra tuve indica que El estaba antes en una condición de gloria y eso nos da a entender más o menos en qué consistió la kenosis, o sea el despojamiento o anonadamiento a que El se sometió;  tomó forma de siervo.  Tenía esa gloria pero ahora en vez de recibir gloria es humillado.  Estaba en forma de Dios y tomó forma de siervo; estaba en condición de Dios y tomó condición de hombre.

Si entendemos ese fenómeno de kenosis aunque sea superficialmente, vamos a percibir algo interesante, vamos a entender el por qué en algunas ocasiones, aunque el Señor es Dios, habla como si fuera menor.  Si no hubiera habido kenosis no habría razón para que Jesús mismo dijera, "porque el Padre es mayor que yo".  Notemos que aquí en Filipenses dice que "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse"; y eso significa que El es igual a Dios en cuanto Verbo, porque dice que el Verbo es Dios; y si el Verbo es Dios no puede ser menor que Dios, en cuanto Verbo, o en Su  divinidad.  Notemos que como El se despojó a sí mismo, entonces en Su humillación, en Su encarnación, en Su forma de siervo, en Su condición de hombre, podía decir una cosa: 

"El Padre es mayor que yo; yo nada hago por mí mismo sino lo que veo hacer al Padre".  El Padre es la cabeza y el Hijo está sujeto a la cabeza.  Dios es la cabeza de Cristo; es decir, El tomó la forma de siervo; no la tenía pero la tomó.


La inferioridad, la subordinación que aparece en algunos pasajes es por causa de la kenosis del Hijo; no es inferioridad del Hijo respecto a la divinidad del Padre, porque no hay sino una sola divinidad.  Si Dios es Dios y el Verbo es Dios, la divinidad del Verbo es igual a la del Padre, de lo contrario no sería divinidad; pero cuando El se subordina al Padre es porque tomó forma de siervo haciendo a Dios el Padre Su Cabeza.


¿Qué implica la kenosis?  El despojamiento tomando forma de criatura; por eso se llama el Primogénito de la creación, pues toma forma de criatura, y como criatura fue tentado, porque como Dios El no puede ser tentado.  Entonces entendamos un poco lo relativo a la encarnación.  Estando en la condición de hombre se humilló; es decir, todavía más, porque no sólo se despojó a Sí mismo siendo Dios, sino que tomando la naturaleza humana, no se hizo hombre potentado, sino que se hizo siervo, el más humilde; se humilló.


La parte clave es el versículo 7: “hecho semejante a los hombres”. ¿Qué quiere decir eso?  Que el Verbo de Dios no solamente asumió el cuerpo humano, sino toda la naturaleza humana, de lo contrario El no sería hombre.  Si El no hubiera sido un hombre como nosotros, no habría podido redimirnos porque era necesario que Él desarrollara en Su humanidad las posibilidades de la humanidad en Dios, para luego compartirse con nosotros para que nosotros lo asimilemos y seamos realizados en Él; pero Él tenía que hacerse hombre semejante a nosotros.  Por eso dice la Biblia claramente que se hizo carne, no sólo en el sentido de cuerpo, sino que dice: “fue hecho semejante a los hombres”; o sea que el Señor Jesús, que es la persona divina del Verbo de Dios que estaba con Dios el Padre antes de la fundación del mundo, ese Verbo se hizo carne, pero carne semejante a los hombres; es decir, Él no solamente tuvo cuerpo humano, sino también alma humana y espíritu humano; o sea que la persona divina asumió la naturaleza humana con todos sus íntegros componentes, propiedades y operaciones.  Por eso Él decía: “mi alma está muy triste hasta la muerte”.  O sea que Él tenía también alma humana, no sólo cuerpo humano.  “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, significando que Cristo tenía también espíritu humano.  Si El no tuviera espíritu, alma y cuerpo humanos, no sería un hombre como nosotros.  Él en todo es semejante a nosotros excepto en el pecado, porque el pecado no es propio de la naturaleza humana, sino que fue algo a lo que se vendió Adán y Eva.  En las tentaciones sí es semejante a nosotros, por cuanto la Biblia dice que El aprendió la obediencia por lo que padeció, que fue tentado en todo, conforme nosotros somos tentados.


“14Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.  16Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.  17Por lo cual debía ser (debía, de lo contrario no habría podido salvarnos) en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.  18Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:14-18).


Eso indica que El sabía lo que estaba haciendo, y por eso el diablo no quiere confesar que Jesucristo vino en carne para anular toda la obra de Satanás.


“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).


“7Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.  8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:7-9).


Notemos que de la frase: “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia, y habiendo sido perfeccionado”, esas palabras no se pueden decir de Dios, pues de Dios no se puede decir que es perfeccionado, o de que aprende, o que tiene temor, que es liberado, pero cuando se hizo hombre tuvo que crecer, como dice el evangelio de Lucas, en estatura, en sabiduría, en gracia delante de Dios y de los hombres; tuvo que aprender la obediencia por lo que padeció, tuvo que ser perfeccionado; es decir, que Él asumió la naturaleza humana y por eso el Mesías no apareció así glorioso la primera vez (excepto en la transfiguración).  En la segunda sí porque ya hizo lo necesario. 

La primera vez El hubiera podido aparecer como quería la gente.   Ellos estaban esperando un mesías que se apareciera con poder y echara a los romanos al fondo del mar; que apareciera en la plaza y dijera: Yo soy el Mesías, y miren el poder que tengo.  Pero de haber hecho eso, hubiera puesto muy alegres a los judíos, pero no nos hubiera podido salvar.  Él tenía que ser engendrado, concebido, gestado, ser niño, crecer, aprender, crecer en estatura, en gracia y sabiduría, ser sometido a la tentación, estar treinta años ahí trabajando en la carpintería.  La naturaleza humana antes no era caída, sino que Adán fue tentado, y aceptado el mal, llegó a ser caído.  Ahora Jesucristo tomó la naturaleza humana, pero al revés de Adán que permitió que el pecado entrara.  El Señor Jesús no permitió que el pecado entrara, e hizo lo contrario de Adán; Él asumió la naturaleza humana, pero no permitió que el pecado entrara.  Adán recibió la naturaleza humana pero permitió que el pecado entrara en él; es decir, que la condición de la naturaleza antes de la caída no era sometida al pecado; entonces esa la tomó Cristo pero no la sometió al pecado.  Él vino en carne pero sin pecado.  Dice Romanos 8:3, que vino “en semejanza de carne de pecado”; es decir, que el Señor asumió el mismo tipo de carne que luego se vendió al pecado, pero esta vez El no permitió que el pecado entrara en Su carne; entonces condenó el pecado en la carne, y por eso es muy importante la cuestión de la encarnación.


Cuando la Biblia dice que “fue tentado en todo”, nos indica que Él fue un verdadero hombre igual que nosotros, pero que Él no aceptó la tentación.  Adán fue tentado y cayó; Él también fue tentado, pero no cayó.  El Señor Jesús fue tentado por cuanto Él era un hombre con espíritu, con alma y con cuerpo.  Él habla de Su cuerpo cuando dice:

“un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39); respecto del alma dice: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38); respecto del espíritu dice:  “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).  Vemos claramente que la persona del Verbo asumió la naturaleza humana íntegramente y se sometió a la primigenia inocencia y libertad; para eso fue que El se sometió.  Estos dos pasajes de Juan y Filipenses que hemos venido analizando son muy importantes y fundamentales.


Por esa razón el diablo admite confesar que el Señor Jesús es el Hijo de Dios, pero no que vino en carne.  ¿Por que?  Porque fue en la carne que Satanás fue vencido, porque Cristo se hizo hombre, porque se sometió, porque el diablo lo llevó y le dijo: Mira, mira acá; y le dejaba por un rato y luego venía constantemente con todo tipo de tentaciones; sin embargo Él no pecó, Él fue fiel. ¿Para qué hacía el Señor Jesús eso?  Para nosotros.  Dios quiere al hombre con espíritu, alma y cuerpo; Dios no quiere sólo el espíritu del hombre, ni sólo el alma, ni sólo el cuerpo.  Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen”;  lo hizo espíritu, alma y cuerpo, y el hombre cayó íntegramente, y Dios lo quiere recuperar íntegramente, y para eso Él se hizo íntegramente humano y recuperó en su condición, la condición humana; restauró al hombre en su persona, pero luego hizo algo más, incluso algo más que Adán, porque lo que no había hecho Adán era comer del árbol de la vida, y lo que hizo Cristo fue vivir la vida de Dios.  Él pasó a ser la vida del Verbo encarnado, porque antes sólo era del Verbo, y ahora era del Verbo encarnado.  De manera que ahora la gloria del Verbo llegó a ser de nuevo del Verbo, pero encarnado; es decir, la humanidad en el Verbo fue glorificada, y por eso la humanidad fue glorificada en la resurrección, ascensión y entronización de Cristo.  Él es el Hijo del Hombre, y por eso la Biblia dice que nosotros ya estamos glorificados, porque nuestra humanidad asumida por Cristo fue glorificada en Él, y ahora Él es nuestra vida. 

Por eso nos alimentamos de Él, y por eso Él mismo dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:54);  porque nosotros asimilamos de lo que nos alimentamos y eso llega a ser parte nuestra.  Todo lo que hizo el Señor lo hizo por nosotros.  El mismo dijo: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:19).  Sí, todo el vivir humano del Señor, todo su desarrollo humano, era para llevar a la humanidad, a nosotros, a la estatura del varón perfecto; y ahora nosotros nos alimentamos de Él, vivimos por Él, lo asimilamos a Él, para ser redimidos otra vez a la imagen perfecta de Dios.


La encarnación del Verbo es la gran verdad de la Iglesia;  eso es lo más grande, y siendo tan fundamental hay que ponerle mucha atención.  La Iglesia tiene ésto como uno de los contenidos centrales de la verdad.  El Verbo se hizo carne, no solamente cuerpo, sino naturaleza humana completa.


“37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:37-38).


Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret;  es decir, que Jesús es presentado aquí también ungido por el Espíritu Santo.  Notemos que el Verbo, en cuanto Dios es la segunda persona de la Trinidad, que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, siendo Dios juntamente con Él; y aquel Verbo se hizo carne, semejante a los hombres, y estuvo en condición de hombre asumiendo ahora la naturaleza humana, y además de la divina teniendo también la humana.  Una misma persona que se llama Jesús y es el Cristo, con dos naturalezas: la divina en cuanto Verbo, por la que es igual al Padre, y la humana por cuanto se encarnó y se hizo hombre semejante a los hombres, en condición de hombre, por la cual es menor que el Padre;  y por eso es que Él a veces dice que “el Padre es mayor que yo”; por eso es que los a sí mismos llamados testigos de Jehová se aferran de los versículos donde Él habla como hombre en Su kenosis, en Su despojamiento, para pretender negar Su divinidad, y no comprenden que lo que pasó fue que aquel Verbo se despojó a sí mismo, no de Su divinidad, sino de Su condición.  Él sigue siendo siempre la misma persona, pero la condición humana ya no es lo mismo que la divina.  La forma de siervo es una y la forma de Dios es otra;  entonces, Él no se despojó de sí mismo, sino a sí mismo.  Esto no quiere decir que Él desapareció como Dios y ya no es Dios; ¡no! Él siempre es Dios; por eso les dice a ellos: “antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).


Entonces el Verbo no se despojó en el sentido de que dejó de ser Dios, sino que siendo igual a Dios, no lo estimó como cosa a que aferrarse; no se aferró a esa condición, sino que estando en forma de Dios, tomó forma de siervo.  Eso es un despojamiento de aquella gloria que tenía con el Padre; cuando hablaba  esas palabras Él estaba en humillación, y por eso le dijo: “Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).  Él fue hecho menor que los ángeles.  En Hebreos dice ”menor que los ángeles”; eso fue un despojamiento: concebido como hombre, tentado como hombre, se hizo menor que el Padre, como hombre se subordinó, como hombre Él no sabía algunas cosas, tenía que depender de Dios para que se las quisiera revelar, y es por eso que dice (refiriéndose a la segunda venida): “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32); pero se dirá, cómo, ¿acaso el Hijo no es Dios? Sí, pero Él está hablando en su kenosis, en Su despojamiento, en Su condición humana.


Entonces hay que verlo en los dos aspectos: Él es Dios y Él es hombre.  A veces actúa como Dios, a veces actúa como hombre; pero Él es Dios perfecto y hombre perfecto.  Dos naturalezas en una misma persona.  El Verbo encarnado que asumió la naturaleza humana, ahora como hombre; como Verbo divino asumió la naturaleza humana, con espíritu humano, alma humana, cuerpo humano, tentaciones humanas, pero sin pecado; también ungido por el Espíritu Santo, o sea, como ese varón.  El Espíritu Santo de Dios ungió el espíritu humano de Jesús de Nazaret, que es el Cristo y que es el mismo Verbo de Dios que vino encarnado.


Permalink :: Comentar | Referencias (0)

ISAGOGIA JACOBEA / introducción a las cuestiones santiaguinas / ensayo

Por cristianogiv - 18 de Julio, 2006, 18:07, Categoría: General

Primera Trilogía Apostólica:
JACOBO, CEFAS y JUAN.

Volumen I
Jacobo el Justo

Prefacio

Después de Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, Dios y Hombre Verdadero, Primogénito de los resucitados de entre los muertos y Soberano de los reyes de la tierra, Preeminente sobre todas las cosas y Cabeza de la Iglesia, conviene atender al aporte desde el ministerio de su primer hermano en la carne, el apóstol Jacobo el Justo, primera columna de la Iglesia en Jerusalem, presidente del primer sínodo eclesiástico, autor del escrito más antiguo del Nuevo Testamento, representante de los primeros pasos del Cristianismo en su puente de transición del Antiguo al Nuevo Pacto.

Indudablemente fue la mismísima Providencia Divina la que entregó ese importante lugar a Jacobo el Justo en aquella coyuntura crucial de la Historia de la Salvación.
                    Gino Iafrancesco V.
                    Teusaquillo, 1.996

    ISAGOGIA JACOBEA
(Introducción a las Consideraciones Santiaguinas)  

Diferenciación de los distintos Jacobos.-

En el círculo cercano a Nuestro Señor Jesucristo, en la Iglesia primitiva, hubo varios Jacobos:

Uno, el apóstol Jacobo, de los Doce, hijo de Zebedeo y de Salomé, hermano del apóstol Juan, primo de nuestro Señor Jesucristo, puesto que Salomé era hermana de María (Jn.19:25; Mr.15:40 y Mt.27:56).

Otro, el otro apóstol Jacobo, también de los Doce, hijo de Alfeo, y quizás hermano del apóstol Leví Mateo, en caso de que Alfeo, el padre de Mateo, sea el mismo Alfeo padre de éste Jacobo apóstol.

Un tercero, Jacobo el Menor, hermano de José, hijo de Cleofás y de la otra María, la de Galilea, la que junto con la Magdalena y la madre de Nuestro Señor Jesús, con Salomé, Juana y otras mujeres, le siguieron a Cristo, y le sirvieron, y subieron con él desde Galilea a Jerusalem, y estuvieron al pie de la cruz, vieron el lugar de su sepulcro y acudieron allí el día de la resurrección de Jesús. Probablemente este Jacobo el Menor, así llamado para distinguirlo de los demás, pertenecería con su hermano José al grupo de los Setenta otros enviados del Señor, ya que es mencionado en las Sagradas Escrituras como si fuese un personaje de importancia conocido en el ámbito de la Iglesia primitiva, pero diferente a los dos apóstoles del grupo de los Doce, y diferente también a Jacobo el hermano del Señor.

Un Jacobo es, pues, hijo de Zebedeo y Salomé; otro, hijo de Alfeo; otro, el Menor, hermano de José e hijo de Cleofás y de la otra María de Galilea; otro, el hermano del Señor Jesús, y hermano también con él del otro José, del apóstol Judas Tadeo Lebeo, de Simeón y de otras sus hermanas; hijo de José y María, la madre del Señor, en el caso de que la expresión: "su hijo primogénito" en el Primer Tratado de Lucas (2:7), y la expresión de Mateo: "no la conoció hasta que dio a luz su hijo primogénito", aplicadas al Señor Jesús, hijo de María, implique la existencia de otros hermanos, y según así son claramente llamados en los Evangelios Canónicos y el resto del Nuevo Testamento. Es éste último Jacobo, aquí mencionado, el hermano del Señor, el que según la historia llamaban el Justo, y que también era conocido por su particular liderazgo simplemente como Jacobo, a secas, aquel que escribió la Epístola que aparece en el Canon del Nuevo Testamento; Jacobo éste último, reconocido también como apóstol, pero no de los Doce, por el apóstol Pablo de Tarso en su Epístola a los Gálatas (1:19).

Jacobo Boanerge.-

El segundo de los Doce Apóstoles del Cordero, cuyo nombre aparece en el Segundo Cimiento del Muro de la Nueva Jerusalem, escrito en zafiro, piedra que corresponde a Dan, la Tercera Puerta del Oriente de la Ciudad de Dios, donde ha de ser juzgada la tribu del primer hijo de Bilha por éste apóstol, conforme a las promesas del Señor Jesús y las correspondencias bíblicas.

Este apóstol Jacobo Boanerge hijo de Zebedeo y Salomé, hermano del apóstol Juan, y primo de Nuestro Señor Jesucristo, fue con su padre Zebedeo y su hermano Juan, pescador y líder de pescadores, pues la familia tenía jornaleros en la pesca; fue compañero de trabajo de Simón y Andrés en la pesquería que se realizaba en el Mar de Galilea, o Tiberíades, o Cineret, también llamado Lago de Genesareth, en las cercanías de la ciudad de Cafarnaum en la orla de Zabulón y  Neftalí. Cerca del año 37 de nuestra era cristiana corregida, conforme a las correcciones debidas al cálculo de Dionisio el Exiguo, según la cronología de la vida de Herodes Idumeo llamado por algunos "el grande", y según los cómputos astronómicos del cristiano y gran científico Yohan Kepler; cerca pues, del actualmente llamado año 30 de nuestra era cristiana, mientras Jacobo trabajaba en la barca de su padre con los jornaleros, y remendaba las redes con su hermano menor, y después de que el Señor Jesús había llamado ya a sus compañeros Andrés y Pedro para hacerlos pescadores de hombres, pasó también el Señor Jesús frente a su barca a orillas del Tiberías y le llamó para que le siguiese junto con Juan su hermano. Al instante dejando la barca y las redes y a su padre Zebedeo con los jornaleros, comenzaron a seguirle junto con Simón Pedro y Andrés. Ya Andrés había convidado primero a su hermano Simón, pues, Andrés había sido discípulo de Juan el Bautista y le había oído a éste cerca de Betábara junto al Jordán identificar al Señor Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y como el Mesías. Así lo presentó a Simón y probablemente a sus compañeros pescadores. El trabajo, pues, de Juan el Bautista, había dado sus frutos preparando el camino de Yahveh, volviendo el corazón de Andrés y condiscípulos al camino del Dios de sus padres. Jacobo, pues, con su hermano, al oir el llamado directo del Señor Jesús le siguió inmediatamente.

Habiendo asistido Jacobo con Jesús y sus primeros discípulos a la sinagoga de Cafarnaum, ya desenterrada por la arqueología en Tell-Hum, vió a los demonios confesar a Jesús como el Santo, el Hijo de Dios, y ser expulsados por Su poder. Le vió y oyó enseñar el arrepentimiento, la fé en el Evangelio de Dios, el cumplimiento del tiempo y la cercanía del Reino de los Cielos de Dios; le vió recorrer la Galilea enseñando, sanando y liberando. De regreso de la sinagoga de Cafarnaum entró en aquella ocasión con Jesús y compañeros a la casa de Simón y Andrés cuando fue sanada la suegra del primero, y  entonces traían a los enfermos y endemoniados para ser sanados y libres, y lo eran. Le había seguido también a Judea donde participó del bautismo en agua. En Caná le había visto convertir el agua en vino. Fue, pues, su discípulo, siguiéndole y atestiguándole, a lo largo y ancho de Israel, desde los días de Juan el Bautista hasta que el Señor Jesús fue recibido arriba en lo Alto tras la muerte, resurrección y ascensión.

Pero además, en este seguimiento, tuvo privilegios especiales. Fue el segundo en ser apartado, después de Simón Pedro, como apóstol de entre los Doce, para seguir al Señor Jesús de manera especial, como discípulo, testigo y apóstol, para estar con él, para recibir instrucción especial, para ser enviado a predicar, para sanar a los enfermos y liberar a los endemoniados. Y así lo hizo, saliendo como los demás compañeros de los Doce, de dos en dos; así como Pedro y Juan, él lo haría con Andrés. Fue llamado Jacobo con Pedro y Juan para ser testigo especial de la resurrección de la hija de Jairo; también con Pedro y Juan testigo de la Transfiguración gloriosa de Jesús en el Monte; también con ellos testigo especial de las pruebas ahora más intensas de Getsemaní, donde luego se quedó dormido. Fue, pues, Jacobo Boanerge, uno del Trío más íntimo del Señor Jesús, en su correría terrenal.

Pero también fue reprendido con Juan especialmente en varias ocasiones; por ejemplo, como cuando habiendo sido rechazados en Samaria querían pedir que fuego descendiese del cielo y consumiese a los samaritanos. O cuando a través de su madre Salomé pidieron a Jesús sentarse en Su reino a la diestra y siniestra de Su trono. Fue testigo, pues, especial, del ministerio del Señor Jesús, de Sus pruebas, de Su muerte, y de Su gloriosa resurrección, habiéndolo visto vivo después de muerto y resucitado, en variadas ocasiones,  tanto en Jerusalem como en Galilea, y habiendo recibido comisión apostólica especial. Atestiguó también con sus propios ojos la ascensión del Señor.

Regresó entonces a Jerusalem con los apóstoles, los hermanos del Señor y Su madre, y las mujeres entre ellos, y conviviendo en súplica en el aposento alto, recibió el día de Pentecostés la Investidura de poder de lo Alto con que el Espíritu Santo les bautizaba. Ya había participado de la elección de Matías para tomar el oficio del apostolado del que cayó el Iscariote. Comenzó entonces su testimonio dentro del grupo de los Doce en Jerusalem, enseñando todos los días en el templo y por las casas, y haciendo maravillas y prodigios entre el pueblo, con abundante gracia, dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús, predicando y enseñando a Jesucristo, viviendo en la comunidad de bienes de la Iglesia en Jerusalem, administrando con los Doce a la Iglesia, delegando diaconía especial a Esteban y a sus compañeros elegidos, ganando el favor del pueblo, convirtiendo a Jerusalem a la doctrina del Señor Jesús, enviando a Pedro y a Juan a supervisar la obra del Señor, y también a Bernabé.

Pero, además, ganándose la animadversión de muchos de los judíos, soportando la persecución hasta beber completo el cáliz que el Maestro le predijo que con él habría de beber, siendo bautizado con él en Su bautismo de sangre. Herodes Agripa I volvió a hacer que fuese de nuevo encarcelado, (pues ya lo había sido con los Doce), y luego muerto a espada en Jerusalem en el llamado año 42 d.C.; es decir, [49] corregido el Exiguo.

Clemente de Alejandría (c.150-214)  [+221], en el Libro VI de "Hypotyposeis" (Esbozos), sostiene que Jacobo Boanerge, con Pedro y Juan, después de la ascensión del Señor, ordenaron a Jacobo el Justo, hermano del Señor, obispo de la Iglesia en Jerusalem. Aunque la obra clementina de las "Hypotyposeis" se ha perdido, no obstante se conservan fragmentos y alusiones en la "Historia Eclesiástica" de Eusebio de Cesarea, en los "Comentarios" de Ecumenio, en la obra "Sobre los Padres Espirituales" de Juan Mosco, en el Pasaje Latino de Casiodoro con las "Alumbraciones de Clemente Alejandrino en las Epístolas Canónicas", y en el Códice 109 de la Biblioteca de Focio.

De la "Historia Apostólica" escrita por Abdías de Babilonia en base a la traducción latina que Africano hizo de los diez libros de Hechos escritos por Cratón, discípulo de los apóstoles Simón el Zelote y Judas Tadeo Lebeo, se colige algo acerca de la vida de Jacobo Boanerge, también llamado Santiago el Mayor. Se nos dice que Jacobo Boanerge durante sus predicaciones testificó de Cristo a Hermógenes y a Fileto, atrayendo a este último; pero resistido por Hermógenes hubo de enfrentar sus artes mágicas. No obstante Fileto fue exhortado por Jacobo Boanerge para deshacerse de los libros de magia y utilizar en caridades todos los bienes malhabidos, al tiempo que deshacía sus viejas obras en aquellos que antes había engañado. Mientras testificaba Jacobo Boanerge a los fariseos en base a las profecías de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, David, acerca de Cristo, los judíos enviaron a los centuriones Lysias y Teócrito para prenderlo, pero se quedaron presenciando la disputa con los fariseos. Pero puesto que el pueblo recibía el testimonio de Jacobo Boanerge reconociendo sus pecados, entonces el sacerdote Abiatar armó un tumulto y prendieron a Jacobo Boanerge para llevarlo ante Herodes. En el camino sanó en el nombre de Jesús a un paralítico. Y aún el escriba Josías se convirtió pidiendo perdón y siendo bautizado antes de morir con Jacobo, pues lo acompañó en el martirio.

Del Libro VII de las "Hypotyposeis" de Clemente Alejandrino, nos conserva Eusebio de Cesarea en el Libro II:9 de su "Historia Eclesiástica" el siguiente pasaje respecto de la muerte del apóstol Jacobo Boanerge hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano del apóstol Juan:

- "Ahora bien, acerca de este Jacobo, Clemente, en el Libro VII de sus Hypotyposeis, ofrece un relato digno de mención, según parece a partir de una tradición anterior a él mismo. Dice que el que le había denunciado, emocionándose al presenciar su testimonio, confesó que -él también era cristiano- y sigue: <"así pues, ambos fueron llevados juntos; y por el camino, el que le entregaba pidió perdón a Jacobo, y él, tras observarle un momento, le dijo: -la paz sea contigo- y le besó. De ese modo ambos fueron decapitados juntos">".

¿Cómo llegó esta tradición, y otras a Alejandría hasta la época de Clemente Alejandrino? Sabemos que después de la separación de Pablo y Bernabé, éste último, tomando consigo a Marcos viajó a Chipre. De allí pasaron a Egipto fundando iglesias, de entre las cuales la primera fue la de Alejandría, a cargo de la cual quedó Marcos, quien traería la tradición desde Jerusalem. A Marcos sucedióle Aniano, y a éste Abilio, y a éste Cerdón, y a éste Primo, y a éste Justo, y a éste Eumenes, y a éste Marcos II, y a éste Celadión, y a éste Agripino, y a éste Juliano, en cuya época Panteno (c.180) [187], antiguo filósofo estoico ahora convertido a Cristo, fundó la famosa escuela de Alejandría. A Panteno sucedióle, pues, Clemente de Alejandría. Estos serían los principales eslabones de la tradición referida, y de otras, siguiendo las crónicas de la "Historia Eclesiástica" de Eusebio.

En el texto griego del Catálogo Bizantino llamado "Breviario Apostólico" dice:

- "Jacobo el de Zebedeo, anunció el Evangelio a las doce tribus de la diáspora, fue muerto por la espada de Herodes tetrarca y fue sepultado en la ciudad de Marmárica".

No obstante, cerca del llamado año 650 [657] comienza a circular por Occidente una traducción latina del Catálogo Bizantino del Breviario Apostólico, quizá con algún malentendido ampliado legendariamente, donde al parecer por primera vez en el registro histórico se sostiene que Santiago había predicado en la península de Hispania. También en la obra atribuida a Isidoro de Sevilla titulada "De Orto et Obitu Patrum", posiblemente interpolada a mediados del siglo VIII, se sostiene lo mismo. Basado en las noticias de aquel Breviario Apostólico latino traducido y ampliado del Catálogo Bizantino, Beato de Liévana, por cerca del llamado año 795 [802], comienza a difundir tal noticia por las montañas. Y puesto que la sepultura de Jacobo el de Zebedeo se decía estar en la ciudad de Marmárica, se tomó  posiblemente erróneamente la expresión: "Acaia de Marmárica" como referida a un antiguo cementerio en la ciudad de Compostela, Galicia, donde al encontrarse unos cadáveres, y por supuestas visiones de un ermitaño, se atribuyeron "las reliquias" a Santiago y dos discípulos suyos. Teodomiro de Iria (+847) [854] avisó al rey de Asturias de tal "descubrimiento", por lo cual el rey Alfonso II el Casto (793-842) [+849] erigió un templo sobre la sepultura, el cual, por instigación del papa Juan IX, según sostiene el "Cronicón Sampiri" (c.950) [957], fue convertido en basílica por Alfonso III, la cual convirtióse en lugar de peregrinaciones al "sepulcro de Santiago de Compostela". Se menciona el "hallazgo" del supuesto sepulcro también en el "Martirologio de Adón" (857-860) [+867] y en el "Adicionador de Floro". Una de las más antiguas menciones del sepulcro se halla en la "Crónica de Albelda" (881) [888]. Sisenandro de Iria consagró la basílica, la cual fue destruída en el llamado año 997 [1004] por el Caudillo Arabe Almanzor; pero en el llamado año 1.075 [1.082] se planeó su reconstrucción. Ya para el llamado año 1.130 [1.137] Américo Picaud de Cluny puede recopilar y ampliar el "Líber Calixtino" donde se relata el supuesto traslado desde Jerusalem a Galicia, y otras leyendas; libro que el papa Calixto II, hermano del Conde Raimundo de Galicia, utiliza para promocionar la veneración santiaguina y promover las peregrinaciones al sepulcro. Este parece ser, pues, el orígen de la tradición legendaria de la presencia de Jacobo en España, la cual alimentó las romerías a Santiago de Compostela en Galicia, desde más allá de los Pirineos. El nombre de Santiago de Compostela sirvió de modelo al de otras ciudades de las colonias españolas, tales como Santiago de Cali en Colombia, Santiago del Estero en Argentina, Santiago de Chile y Santiago de Cuba. De las peripecias de la leyenda del sepulcro de Santiago de Compostela nos informan, entre otros, los historiadores españoles LLorca, García Villoslada y Montalbán

Jacobo Bar-Alfeo.-

El noveno de los Doce apóstoles del Cordero, cuyo nombre aparece en el Noveno Cimiento del Muro de la Nueva Jerusalem, escrito en topacio, piedra que corresponde a Simeón, la Primera Puerta del Sur de la Ciudad de Dios, donde ha de ser juzgada la tribu del segundo hijo de Lea por este apóstol, conforme a las promesas del Señor Jesús y las correspondencias bíblicas.

Este apóstol Jacobo hijo de Alfeo, y quizás hermano del apóstol Leví Mateo según el patronímico, al igual que todos los Doce fue testigo
ocular del ministerio del Señor Jesús desde los días de Juan el Bautista hasta la ascensión. Fue también partícipe del bautismo en Judea, y discípulo seguidor de Jesucristo llamado noveno para conformar los Doce apóstoles del Cordero mártires de su resurrección. Acompañó a Jesús en su predicación del Evangelio por todas las ciudades y aldeas.

Recibió autoridad sobre los demonios, enfermedades y para predicar el reino de Dios. Su compañero de par fue el apóstol Simón el Zelote o Cananita, y a veces el apóstol Judas Tadeo Lebeo. Todo aquello que en las Sagradas Escrituras se atribuye a los Doce, debe por lo tanto necesariamente atribuírse como a entre ellos al apóstol Jacobo el de Alfeo. Fue, pues, enviado por Jesús con instrucciones y comisión especial en periplo por Galilea. En Cafarnaum oyó a Jesús decirle a los Doce: -¿os queréis ir acaso también vosotros?- Fue testigo especial de la enseñanza de Jesús a los Doce acerca del servicio en el reino; como el mayor es el que sirve, y como es menester recibir a un  niño en Su Nombre; y cómo no debe prohibirse a aquellos que hacen milagro en nombre del Señor, a pesar de no caminar en todo con nosotros.

Participó de la multiplicación de los panes y de la recogida de las cestas. Fue también testigo especial de la subida especial de Jesús a Jerusalem y de como les previno de lo que allí había de acontecer.

Recibió también la promesa de sentarse en uno de los tronos para juzgar a Israel por su respectiva tribu. Le acompañó a Jesús en la entrada triunfal a Jerusalem y de allí a Betania; también en el cenáculo en la noche de la institución de la Cena del Señor, en la muerte, resurrección y ascensión del Señor. Fue testigo especial de varias de las apariciones de la resurrección.

Entonces con sus compañeros testificó del Señor y la resurrección en Jerusalem; participó de la puesta en orden de la diaconía; y  del testimonio cristiano con abundante gracia, prodigios, señales y maravillas. Fue encarcelado en Jerusalem por los saduceos; pero un ángel le libró de la cárcel y le exhortó a continuar el testimonio. La tradición posterior al Nuevo Testamento dice que predicó en Palestina y en Egipto, y que murió en tiempos de Nerón por orden del sumo sacerdote de los judíos de nombre Ananías. Algunos lo han confundido con Jacobo el Menor e incluso con Jacobo el Justo, hermano del Señor.

 Se le han atribuido también falsamente escritos apócrifos. En Egipto habría, pues, confirmado el trabajo de Marcos, de donde surgirían los llamados Terapeutas de que hablan Filón y Eusebio, en el "Libro de los Suplicantes o de la Vida Contemplativa", y en la "Historia Eclesiástica", respectivamente.

Acerca de su compañero, el apóstol Simón el Zelote o Cananita, dice el "Libro de los Mártires" de Fox África, e incluso en Gran Bretaña, habiendo sido allí crucificado en el llamado año 74; es decir cerca del [81] de la era cristiana, corregido el Exiguo.

La Apócrifa ha confundido a los varios Jacobos de una manera  asombrosa, pues al pretender explicar los datos bíblicos con suplementos extracanónicos, más bien ha confundido completamente las cosas contradiciendo los mismos datos neotestamentarios. Un ejemplo de tal confusión apócrifa tenemos en el manuscrito B de Tieschendorf del llamado evangelio apócrifo del Pseudo Mateo donde se lee lo siguiente:

"Y cuando José llegó a su vejez, murió y fue sepultado con sus padres. La bienaventurada María vivió con sus sobrinos o niños de sus hermanas; pues Ana y Emerina fueron hermanas. De Emerina nació Elizabeth, la madre de Juan el Bautista. Y puesto que Ana, la madre de la bienaventurada María, era muy bella, cuando murió Joaquín ella fue desposada con Cleofás de quien tuvo una segunda hija a la que llamo María y entregó a Alfeo como esposa. De ella nació Jacobo el hijo de Alfeo y Felipe su hermano. Y habiendo muerto su segundo marido, Ana fue desposada con un tercer marido llamado Salomé del cual tuvo una tercera hija, a la cual llamó igualmente María y entregó a Zebedeo para esposa; y de ella nació Jacobo el hijo de Zebedeo y Juan el Evangelista".

Se nos informa en los Hechos apócrifos de Tomás que Jacobo hijo de Alfeo estaba presente en Jerusalem cuando los apóstoles supuestamente se repartieron por suerte las regiones del mundo a donde habrían de ir.

Jacobo el Menor

Este Jacobo, llamado el Menor, es llamado así una sola vez en todo el Nuevo Testamento por Marcos. En el ambiente de la Iglesia primitiva y en especial en Jerusalem era, pues, llamado el Menor para diferenciarlo de Jacobo Boanerge hijo de Zebedeo y Salomé, y de Jacobo hijo de Alfeo; también de Jacobo el Justo, hermano del Señor.

En el lenguaje de Marcos así son diferenciados:

1) Jacobo hijo de Zebedeo, el cual también es señalado como hermano de Juan (Mr.1:19; 3:17).

2) Jacobo hijo de Alfeo (Mr.3:18).

3) Simplemente Jacobo, el hermano del Señor y de José, de Judas y de Simeón (Mr.6:3) y

4) Jacobo el Menor, hermano de José, e hijo de María de Galilea. (Mr.15:40).

Mateo y Lucas lo llaman simplemente Jacobo y lo reconocen como hijo de María de Galilea. Mateo, al igual que Marcos, lo presenta como hermano de José. Pero es el apóstol Juan el que nos permite identificar a su padre como Cleofás al señalar quien era la María de Galilea que junto con María la madre del Señor, y con María la Magdalena, estuvieron presentes en la crucifixión (Jn.19:25). Algunos han querido identificar al apóstol Jacobo hijo de Alfeo con Jacobo el Menor hijo de Cleofás, suponiendo que Alfeo y Cleofás son la misma persona. Sin embargo Lucas emplea los dos diferentes nombres como referidos a personas distintas, como puede verse en Lc. 6:15 y 24:18, lo que significa que para Lucas decir Cleofás no es lo mismo que decir Alfeo. Además, en ningún verso bíblico Jacobo el de Alfeo es llamado hijo de María, la de Galilea.

Así que si queremos atenernos a la seguridad de los datos inspirados del Nuevo Testamento, debemos detenernos aquí. A estos datos revelados es ilícito contradecir con arreglos amañados de la tradición posterior. Si tenemos que escoger entre el Nuevo Testamento y la tradición, optamos por el Nuevo Testamento simple y llano. Si la tradición posterior no contradice al Nuevo Testamento, entonces sí podemos darle alguna consideración. Debemos atender sin embargo al hecho de que muchas veces es evidente el intento de la tradición apócrifa por pretender suplir datos que calla el Nuevo Testamento, o pretender aclarar supuestas confusiones, o soslayar susceptibilidades propias de ciertas tendencias, todo ello sin la solidez de fuentes relativamente seguras. La Iglesia primitiva se vio en la necesidad de amonestar en contra de los Apócrifos que personas como Leucio Carino y otros escribían atribuyendo sus escritos a los apóstoles. No obstante, tales noticias de la Apócrifa sirvieron de base al sentimentalismo popular e incluso a futuras declaraciones de apariencia dogmática, con las que se elaboran explicaciones no históricas. Según el Nuevo Testamento, pues, Jacobo el Menor es hijo de Cleofás y de María de Galilea, y hermano de José. Toda esta familia es muy estrecha al círculo del Señor Jesús. De hecho, se habla de Jacobo el Menor y de José como hermanos suficientemente conocidos en el ambiente nuclear de la primitiva comunidad cristiana.

Por eso no es del todo descabellado suponer a Jacobo el Menor por lo menos uno del círculo de los Setenta, quizá junto con su hermano José e incluso con su padre Cleofás a quien se apareció el Señor Jesús resucitado en camino a Emaús cuando iba con otro discípulo. Este José, hermano de Jacobo el Menor, debe distinguirse del marido de la madre del Señor Jesús y de su hijo del mismo nombre, hermano del Señor, de Jacobo, de Judas y de Simón. Pregunto: - Cabría la posibilidad de poder identificar a José, el hermano de Jacobo el Menor, con José llamado Barsabás y que tenía por sobrenombre el Justo, que junto con Matías fue elegido como candidato a los Doce?  Esto, por lo sobresaliente de este José en el ambiente de la Iglesia primitiva, y por lo cual cabe también la posibilidad de identificarlo como uno de los Setenta. En este contexto podemos, pues, decir que Jacobo el Menor perteneció al círculo cercano del Salvador, y era, como suele decirse, uno entre los llamados varones principales, tales como Silvano y Judas Barsabás. No obstante, el patronímico Barsabás de este Judas y de aquel José Justo significa además de hijo de sabiduría, hijo de Sabas, por lo que José hijo de Cleofás es probablemente otro José.

El Apócrifo del siglo II, con interpolaciones del IV, al que Postel (+1581) [1588] llamó "Protoevangelio de Santiago", y  que conocen y a el aluden Orígenes, Pedro de Alejandría, Gregorio de Nisa y Epifanio de Salamina, y quizá también a el se deben alusiones anteriores de Justino mártir y Clemente de Alejandría, a pesar de contener en sus manuscritos C, E, I, O, usadas por Tieschendorf para su edición crítica, el nombre de su verdadero autor, es sin embargo atribuido falsamente a Jacobo el Menor, confundiendo a éste con Jacobo el hermano del Señor. Igualmente el Apócrifo del siglo VI al que Tieschendorf intituló "Evangelio del Pseudo-Mateo", y que algunos falsamente atribuyen a este apóstol, otros lo atribuyen también falsamente a Santiago el Menor confundiéndolo también. Es de estos apócrifos y otros de donde se fortaleció el sentimiento popular acerca de la perpetua virginidad de María y de la calidad de "primos" de los hermanos del Señor. Hegesipo, según Eusebio (H.E. L.III:11), cuenta que Cleofás era hermano de José el esposo de María la madre del Señor.

Las tradiciones apócrifas extracanónicas posteriores hacen, unas, a Cleofás padre de Simón hermano de Jacobo el Justo y sucesor suyo en Jerusalem, y otras, hacen a los hermanos del Señor Jesús como hijos del viudo José en matrimonio anterior; otras, de matrimonio posterior. Las tradiciones apócrifas extracanónicas posteriores, pues, se contradicen, y es obviamente mejor atenernos a las letras canónicas del Nuevo Testamento.

Si son, pues, diferentes personas Alfeo y Cleofás, como lo da a entender Lucas, entonces no podemos identificar a Jacobo el Menor con Jacobo el de Alfeo. Tampoco es exacto identificarlo con el Justo, hermano del Señor, que parece solo creyó definitivamente después de la resurrección de Jesús, y que no era llamado el Menor sino el Justo, o simplemente Jacobo, por haber llegado a ser columna principal de la Iglesia en Jerusalem. La designación: el Menor, de parte de Marcos, que escribe después de muerto Jacobo el de Zebedeo y siendo ya sobresaliente el Justo, da a entender que los está diferenciando.

Jacobo el Justo

Según Juan, Mateo y Judas Tadeo, Pablo, Marcos y Lucas, en el Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo tuvo hermanos según la carne. Uno de ellos, el primero, fue Jacobo.

Mateo 13:54-58 nos dice que los compueblanos del Señor Jesús en Nazareth se escandalizaban de El y decían: " No es éste el hijo del carpintero?  no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?  no están todas sus hermanas con nosotros?...".

También Marcos 6:3 nos narra que decían así:  No es éste el carpintero hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?  no están también aquí con nosotros sus hermanas? y se escandalizaban de El."

Mateo 12:46 nos dice: "Mientras El aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar".
Marcos 3:31,32 nos lo dice así: "Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de El le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan."

Y Lucas 8:19,20 nos lo dice así: "Entonces su madre y sus hermanos vinieron a El. Pero no podían llegar hasta El por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte."

Juan 2:12 nos narra que tras las bodas de Caná "Después de esto descendieron a Cafarnaum, El, su madre, sus hermanos y sus discípulos. Y estuvieron allí no muchos días."

Igualmente Juan 7:1-10 nos relata: "Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea, pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos. Y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en El. Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros, mas a mi me aborrece porque yo testifico de el que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta, yo no subo todavía a esa fiesta porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiendo dicho esto se quedó en Galilea. Pero después que sus hermanos habían subido, entonces El también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto."

En cuanto a la incredulidad inicial de sus hermanos, también nos dice Marcos 3:20: "Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle. Porque decían: Está fuera de sí."

Pero luego creyeron y le siguieron, esperando junto con los discípulos la promesa del Espíritu. Como está escrito: "Todos estos (los Doce) perseveraban unánimes en oración y ruego con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos" (Hchs.1:14). Fue entonces que Jacobo el Justo llegó a ser sobresaliente en Jerusalem en medio de la Iglesia. A él se refiere Pablo en su carta a los Gálatas 1:18,19 cuando dice: "Después, pasados tres años, subí a Jerusalem para ver a Pedro, y permanecí con el quince días. Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor."

Y Pedro, al ser librado milagrosamente de la cárcel después que Herodes mandó a matar a espada a Jacobo Boanerge hijo de Zebedeo y Salomé, se dirige a casa de María la madre de Marcos, en cuya casa oraban, y después de saludarles y narrarles lo sucedido, al despedirse les encarga: "Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos." (Hchs.12:1b). Fue éste Jacobo el que presidió en el Sínodo de Jerusalem (Hchs.15:13) y quien presidía entre los ancianos en Jerusalem (Hchs.21:18). A éste fue a quien se apareció de manera particular el Señor Jesús (1Cor.15:7). El mismo que junto con Cefas y Juan reconocieron el apostolado de Pablo y Bernabé dándoles la diestra de compañerismo (Gal.2:9), respaldando su misión a los gentiles, si bien el presidía con Pedro entre los de la circuncisión en aquella etapa de transición intertestamentaria. Llegó a ser tan sobresaliente este Jacobo en los círculos de la Iglesia primitiva, que incluso su hermano Judas Tadeo Lebeo, de entre los hermanos menores con Simón en su familia según la carne, y que fue incorporado por el Señor Jesús al grupo de los Doce apóstoles, era distinguido como "Judas de Jacobo" (Lc.6:16; Hchs.1:13), y el mismo se identificaba como Judas siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo (Judas 1:1). Estos, pues, Jacobo y Judas, son los mismos que junto con José y Simón y sus hermanas, aparecen en el Nuevo Testamento como hermanos según la carne del Señor Jesús.

Ahora bien, el apóstol Mateo escribe: "Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo [primogénito]; y le puso por nombre Jesús." (Mt.1:24,25). El apóstol Mateo nos dice, pues, que José recibió a María sin conocerla hasta después de que nació el Señor Jesús. Al decir "no la conoció hasta que dio a luz...", con ese "hasta" permite inferir que la abstinencia de conocimiento carnal tuvo un límite, el cual fue después de nacido el primogénito. Mateo, pues, no da a entender que María siguió virgen después del parto, sino que la abstinencia de José tuvo término después del parto.

 Por otra parte, la expresión: "su hijo [primogénito]" permite inferir que no necesariamente Jesús fue el único hijo de María, sino simplemente el primero. Debemos reconocer aquí que la expresión "[primogénito]" en Mateo 1:25, que en Lucas 2:7 está plenamente probada por la crítica textual, no obstante en Mateo no está confirmada en todos los manuscritos. Sí se encuentra en la tradición textual del Textus Receptus que proviene de Stéfanos, Elzevir y Erasmo y se basa principalmente en los Códices C Efraémico, D Bezae, K Chipriota, W Freeriano, Delta Sangalensio, Pi Petropolitano, y los manuscritos cursivos minúsculos 28, 565, 700, 892, 1009, 1010, 1071, 1079, 1195, 1216, 1230, 1241, 1242, 1365, 1546, 1646, 2148, 2174; también se halla en el texto bizantino de varios Leccionarios, y en versiones itálica, vulgata, siriaca, armenia, etiópica y nubia; se halla también en el Diatessarón de Taciano y en citas de Atanasio de Alejandría, Epifanio de Salamina, Jerónimo, y Agustín de Hipona. Sin embargo no aparece en importantes Manuscritos antiguos tales como los Códices Alef Sinaítico, B Vaticano, Uncial 071, en las familias cursivas f1 y f13, en el minúsculo 33. Tampoco se halla en algunos manuscritos de las versiones ítala, siriaca ni en las copta y georgiana.

Falta igualmente en las citas de Ambrosio de Milán. Todo esto lo han comprobado y publicado eruditos tales como: Bruce Metzger, Kurt Aland, Gregory, Altaner, Champlin, Nestlé, Weysmouth, H.von Soden, Westcott, Hort, Tieschendorf, etc., a cuyos trabajos debe mucho la Crítica Textual. Todo esto, pues, respecto de la expresión "[primogénito]" en Mt.1:25.

Por su parte, en Lucas 2:7a dice: "Y dio a luz a su hijo primogénito..."; la expresión es masivamente confirmada por la Crítica Textual, y apenas parece omitirse en el Códice W Freeriano donde Mateo 1:25. La expresión, pues, "primogénito" en Lucas, referido al primer hijo de María, permite inferir la existencia de otros hermanos posteriores, tal cual se cita en otros lugares del Nuevo Testamento.

Es también digno de nota observar que la mayoría de las veces en que aparecen estos hermanos del Señor Jesús mencionados en el Nuevo Testamento, aparecen en compañía de la madre del Señor Jesús, y no de otras supuestas madres. Lo tal, por ejemplo en Mateo 12:46; 13:55; Mr.3:31,32; 6:3; Lc.8:19,20; Jn.2:12; Hchs.1:14 ya transcritos. De manera que no es demasiado atrevido, sino normalmente inferible de las Sagradas Escrituras, decir que Jacobo el Justo es hijo de José y María, hermano de madre según la carne del Señor Jesús, y hermano también de otro José, del apóstol Judas Tadeo Lebeo, y de su sucesor en Jerusalem: Simón. Las aseveraciones contradictorias apócrifas posteriores que alimentaron la enseñanza acerca de la perpetua virginidad de María, no tienen raíces claras en el Nuevo Testamento, sino que provienen de círculos posteriores de tendencia docetista y encratista que circularon en el siglo II de nuestra era, y lograron cierta influencia en el sentimiento patrístico; con lo cual el alud de la "tradición" se fue haciendo más y más arrollador en la medida en que se avanzaba hacia las edades oscuras del medioevo. El llamado "Protoevangelio de Santiago" es quizás el mayor representante apócrifo de tales tendencias. No obstante, aunque conocido, no recibió el reconocimiento canónico de la Iglesia. Lo mismo puede decirse del llamado "Evangelio según Pedro", refutado como docético en el llamado año 190 [197] por Serapión de Antioquía, y al cual se refiere Orígenes. Dentro de la tradición patrística podemos decir que fue Hegesipo en el siglo II uno de los que dio pie con sus Memorias conservadas por Eusebio, para que los datos simples y llanos del Nuevo Testamento al respecto fuesen reinterpretados con tal sesgo (no necesariamente docetista, sino que consideraba solo "primos" a los hermanos de Jesús).

Agradecemos sin embargo a Hegesipo en otros respectos de la historia eclesiástica antigua del siglo II.

El apóstol Juan, por el Espíritu Santo, ya había advertido contra las tendencias docetistas provenientes de espíritus de error. En su Primera Epístola dice: "En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios. Y todo espíritu que no confiesa [que Jesucristo ha venido en carne] no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo." (1Jn.4:2,3). Más adelante, en la misma Primera Epístola, escribe el apóstol Juan: "Este es Jesucristo que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.../ ... y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre: y estos tres concuerdan." (1Jn.5:6a,8). En su Segunda Epístola dice también el apóstol Juan: "Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo." (2Jn.1:7). Todas estas declaraciones del apóstol Juan fueron hechas para enfrentar la herejía docetista que había comenzado a aparecer en su medio, principalmente a través de Cerinto por cerca del llamado año 85 D.C. [92] la cual decía que el cuerpo humano del Señor Jesús era simplemente una apariencia, dokesis, de donde la expresión docetismo. Contra el docetismo se pronunciaron también claramente Ignacio de Antioquía, Ireneo de Lyon y Tertuliano de Cartago.

Por su parte, también el apóstol Pablo, por el Espíritu, anticipa la herejía de los encratitas (del griego Eycrateis: continencia) que abolían el matrimonio, tales como Taciano, Saturnino y Marción.

Escribe Pablo a Timoteo: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse..." (1Tim.4:1-3a). Tanto Pablo como Juan enfrentaron, pues, las doctrinas docetistas y encratistas del gnosticismo pseudocristiano incipiente que rebajaban la dignidad del matrimonio y la plena humanidad de Jesucristo. Resabios de tal docetismo y de tal encratismo aparecen aplicados al nacimiento del Señor Jesús y a la futura conducta de su madre, pero no basados en textos escriturales claros e irrebatibles, sino meramente basados en sentimientos bajo la influencia de las tales tendencias docéticas y encratistas. Algunos de los líderes primitivos quisieron basar la doctrina de la virginidad perpetua de María en dos pasajes de Isaías: 7:14 y 66:7, aplicando en la primera cita la virginidad no sólo en la concepción, sino también tras el nacimiento; la segunda cita bien puede referirse a Sion. Las Sagradas Escrituras son muy claras al decirnos: "Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalem para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas o dos palominos." (Lc.2:22-24).

Efectivamente, Dios, prefigurando al primogénito, había dicho a Moisés: "Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales mio es.../ ...Dedicarán a Jehová todo aquel que abriere matriz..." (Ex.13:2, 12a). Y: "Cuando los días de su purificación fueren cumplidos por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; y los ofrecerá delante de Jehová y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que diere a luz hijo o hija. Y  si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia." (Lev.12:6-8). Así, pues, María la madre del Señor, habiendo dado a luz su hijo primogénito, presentó a Jesús en el templo para consagrar al que en ella había abierto la matriz, y para purificarse con expiación y ser limpia del flujo de su sangre, presentando dos palominos. No tenemos base para decir que ella realmente no se estaba purificando, sino apenas aparentando.

Hasta aquí, pues, lo relativo a la santidad del nacimiento del Señor Jesús a través de su madre María, según las Sagradas Escrituras.

Los hermanos del Señor Jesús, que andaban siempre con María, entre ellos Jacobo, se criaron con El y con ella, y con José su padre, en Nazareth, trabajando en carpintería. Cuando el Señor Jesús comenzó su ministerio público, sus hermanos no lo entendían bien y hasta llegaron a pensar que quizá se habría vuelto loco; sin embargo reconocían los prodigios que hacía y hasta pretendían aconsejarle. A veces le acompañaban. Estaban, pues, perplejos. Uno de sus hermanos menores, Judas Tadeo Lebeo, sería el primero entre ellos en creer y fue incorporado al grupo de los Doce apóstoles. Jacobo el Justo era casado como se desprende de 1Cor.9:5 donde Pablo dice: "No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?". Jacobo, por su parte, se aferraba a su fe judaica hasta que fue plenamente convencido por la resurrección del Señor Jesús. Jesucristo le concedió una aparición especial tras haber resucitado. El apóstol Pablo escribió a los Corintios: "Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los Doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como un abortivo, me apareció a mi." (1Cor.15:3-8). Vemos, pues, aquí, que hubo una aparición especial a Jacobo de la cual se hablaba y de la que Pablo supo por tradición y recibió. Para la época en que Pablo escribió esta carta, ya Jacobo, el hermano del Señor, era el líder prominente de Jerusalem, y podía la Iglesia referirse a él simplemente como Jacobo.

De tal tradición parece haberse escrito algo a partir de Mateo en arameo con caracteres hebreos, según lo refieren desde los ebionitas y nazarenos, Epifanio de Salamina y Jerónimo. También Ireneo de Lyon y Teodoreto de Ciro refieren que los ebionitas y nazarenos tan solo utilizaban una recensión evangélica aramea atribuída a Mateo y luego ampliada. Papías de Hierápolis dice que Mateo escribió en arameo, y que muchos trataron de interpretarlo como pudieron.

Eusebio de Cesarea dice (H.E. L.V.10:3): "Panteno...cuando fue a la
India descubrió que el Evangelio de Mateo se había anticipado a su llegada entre algunos del país que ya conocían a Cristo. Bartolomé, uno de los apóstoles, les había predicado y les había dejado el Texto de Mateo, escrito en hebreo, el cual conservaban hasta entonces."

Los eruditos Tieschendorf y Von Soden dan cuenta de ciertas variantes y anotaciones al margen en ciertos manuscritos minúsculos cursivos del Evangelio de Mateo en griego, los cuales provienen del llamado Judaikón, especialmente en el manuscrito delta de Von Soden proveniente del patriarcado de Antioquía, de los alrededores del siglo V. A partir de todo aquello se formaría la antigua recensión evangélica llamada por Clemente de Alejandría, Orígenes, Eusebio de Cesarea, Jerónimo, Teodoreto de Ciro, Felipe de Side, Nicéforo, Cirilo de Jerusalem y Haymon de Auxerre, como "El Evangelio de los Hebreos", al cual citan.

Respecto de la aparición especial del Señor Jesús resurrecto a su hermano Jacobo, de la que nos habla el apóstol Pablo (1Cor.15:7), nos dice, según lo ha conservado Jerónimo, el Evangelio de los Hebreos así: "Mas el Señor, después de haber dado la sabana al criado del sacerdote, se fue hacia Santiago y se le apareció. [Pues es de saber que este había hecho voto de no comer pan desde aquella hora en que bebió el cáliz del Señor hasta tanto que le fuera dado verle resucitado de entre los muertos]. Y poco después: Traed, dijo el Señor, la mesa y el pan. Y a continuación se añade: Tomó un poco de pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a Santiago el Justo, diciéndole: Hermano mio, come tu pan, porque el Hijo del Hombre ha resucitado de entre los muertos." (Conservado así por Jerónimo en su obra sobre "Los Varones Ilustres"). El paréntesis que aparece en medio de la cita del "Evangelio de los Hebreos", parece ser una explicación quizás un poco descuidada de Jerónimo, o en base a su fuente, donde no se advierte que eran los Doce los que estuvieron con Jesús en la Ultima Cena, y no necesariamente Santiago el Justo (Mt.26:20; Mr.14:17).

No obstante, hechas las salvaguardias del caso, la cita misma parece contener algo de la aparición especial a Jacobo de que habla Pablo. El hecho seguro es que para el día de Pentecostés ya encontramos a Jacobo en el aposento alto como ferventísimo creyente. El resto del Nuevo Testamento nos da fe de la posición elevadísima que alcanzó en la Iglesia primitiva. Pablo lo llama apóstol en su sentido amplio, y es al primero en mencionar como columna de la Iglesia junto con Cefas y Juan (Gal.1:19; 2:9).

Por ser Jacobo el Justo hermano del Señor Jesús, la Apócrifa le atribuye falsamente varios evangelios apócrifos, especialmente de la Infancia. Por ejemplo, el llamado Protoevangelio de Santiago es falsamente atribuido a él, al igual que el Libro de la Infancia del Salvador, según el manuscristo Hereford, pues el Arundel 404 lo atribuye a Mateo. También se le atribuye falsamente a Jacobo el apócrifo Asunción de la Virgen. En el evangelio apócrifo de la infancia falsamente atribuido a Tomás, se presenta a Jacobo como mayor en edad a Jesús, por ser hijo de José en matrimonio anterior; y dice que al ser enviado Jacobo por José a traer madera, lo mordió una víbora, y estando al borde de la muerte fue sanado por el niño Jesús. Una historia similar se cuenta en el evangelio apócrifo árabe de la infancia y en el evangelio apócrifo del Pseudo Mateo, donde también se cuenta que en la familia de Jesús, siempre lo esperaban para que fuese El quien bendijese la mesa e iniciase la refección. También la apócrifa Historia de José el carpintero presenta a los hermanos de Jesús como anteriores a El; llama Lisia y Lidia a las hermanas de Jesús, y dice que por causa de María haber cuidado con cariño en su niñez a Santiago, por eso fue llamada María la de Santiago.

En 1.945 [1.952], al sur de Egipto, se descubrieron en Hamra Dom, a unos cinco kilómetros del Cenobio de Pacomio (320) [327], cerca, pues, del Kenoboskion y Nag-Hammadi, trece códices de una biblioteca gnóstica. En el Quinto Códice de Nag-Hammadi, compuesto de 5 tratados, el cuarto tratado es un supuesto Segundo Apocalipsis de Santiago. En el Segundo Apocalipsis de Jacobo aparece un Logión donde supuestamente Jesús revela a Jacobo la Kenósis. En versión libre allí nos dice: "Pues Yo he venido tal como no soy. Y no me he manifestado en esta tierra ahora tal como Yo soy, sino que estoy en un espacio reducido."  En el Códice I de Nag-Hammadi, obtenido por el Instituto Jung de Zurich, se hallan cino obras en copto, de cerca de la primera parte del siglo IV. La segunda de las obras de este Códice Jung es una supuesta segunda carta de Santiago probablemente a Cerinto (c.125) [132], donde pretendidamente se le responde a éste unas consultas por las transmisiones a Santiago en privado durante las apariciones tras la resurrección de Jesús antes de la ascención. Los profesores J.D.Dubois y R.Kuntzman, de París y Estrasburgo respectivamente, en su obra conjunta "Nag-Hammadi", dieron a conocer porciones de esa carta. He aquí, pues, una versión libre de los Fragmentos de la Segunda Carta Apócrifa de Santiago quizás a Cerinto. La Primera carta no ha sido hallada, pero la Segunda la supone. Los fragmentos fueron publicados en francés por Dubois y Kuntzman, del Segundo Tratado del Códice Jung, I de Nag-Hammadi, proveniente del copto:

"Paz de parte de la Paz,
Amor de parte del Amor,
Gracia de parte de la Gracia,
Fe de parte de la Fe,
Vida de parte de la santa Vida.
Puesto que me has pedido que te enseñe un misterio que me haya sido revelado, así como a Pedro, por el Señor, no puedo negarme a ello; pero tampoco puedo ahora decírtelo de viva voz; por lo cual lo he transmitido en hebreo y te lo envío particularmente. Mas como eres servidor de la salvación de los santos, sé vigilante y guárdate de entregarlo descuidadamente a muchos, ya que el Salvador ni siquiera quiso comunicarlo abiertamente a todos los discípulos.../...
...Yo le dije: -Podemos confiar en Ti, Señor, si lo quieres, puesto que hemos dejado a nuestros padres, madres y aldeas y te hemos seguido. Concédenos que no seamos probados por el maligno.- Respondiendo el Señor dijo: - Cuál sería vuestro galardón si, habiendo hecho la voluntad del Padre, no recibieseis de El alguna recompensa habiendo sido probados por Satanás? mas si siendo oprimidos y perseguidos por Satanás, aún así hacéis la voluntad del Padre, Yo os digo que El os amará y os hará como a mi; os reconocerá cual amados en Su providencia por esa vuestra decisión. No dejaréis entonces de amar la carne y temer el sufrimiento?  acaso no sabéis que aún no habéis sido maltratados ni acusados injustamente, ni encarcelados, ni condenados sin juicio, ni crucificados sin motivo, ni sepultados en tierra por instigación del maligno, tal como me aconteció a mi? acaso os atrevéis a cuidar de la carne, vosotros, a quienes el Espíritu cerca como muro?
Si entendéis del mundo, cual ha sido su tiempo antes de que vinierais a el, y cuanto durará después de vosotros, reconoceríais que vuestra vida es apenas un día y vuestro sufrimiento tan solo una pequeña hora; pues los verdaderos bienes no son de este mundo. Por lo tanto menospreciad la muerte y ocupaos de la Vida. Acordaos de mi cruz y de mi muerte y viviréis.../...
...No perdáis el reino de los cielos, que es semejante a la rama de una palmera cuyos dátiles han caído alrededor, y echaron hojas, y al crecer hicieron que se secase la planta madre. Así también sucede con los frutos que se forman desde una misma raíz, la cual se reproduce en muchos renuevos a los que bien recibís como plantas nuevas.../...
...Me obligasteis a quedarme muchos meses con vosotros por causa de las parábolas. Pero éstas, para los hombres, bastan ya. Han oído y aprendido la enseñanza del pastor, de la semilla, de la casa edificada, de las lámparas de las vírgenes, del salario de los obreros, de las dracmas de la mujer. Ocupaos del Verbo, pues del Verbo lo primero es la fe, lo segundo es el amor, lo tercero son las obras. De estos tres brota la vida, pues el Verbo es semejante a un grano de trigo que cuando ha sido sembrado, se ha puesto en el la confianza, y cuando brota se le ama, pues he allí muchos frutos en lugar de uno; y porque ha trabajado también ha prosperado y lo ha convertido en alimento; además, ha reservado para volver a sembrar. El reino de los cielos es semejante a esto y así habéis de recibirlo. Sabedlo y encontradlo; por eso os digo que seáis sobrios y vigilantes para que no caigáis en error.../...
...Todo esto os lo digo para que sepáis que sois vosotros. Pues el reino de los cielos es semejante a una espiga de trigo que ha brotado en el campo y que habiendo madurado ha sembrado de nuevo el campo y lo ha llenado para otro año. Así también vosotros apresuraos a segar para vosotros una espiga de trigo de modo que llenéis el campo de la perfección del reino.../...
...Es necesario que ocupe mi lugar a la diestra del Padre. Os he dado mi Palabra. Soy tomado de entre vosotros como en carro de fuego. Es la hora de mi revestimiento. Velad. Bienaventurados los que anuncian al Hijo antes de Su Venida a la Tierra. Como vine, ahora debo volver. En verdad, en verdad os digo: bienaventurados aquellos que desde antes estaban ordenados para recibir la voz del Hijo. Que sea con ellos vuestra parte.-  Con estas palabras se marchó."

Este documento parece, pues, contener un lejano eco retocado gnósticamente de la tradición de las palabras del Cristo resurrecto a Jacobo en sus apariciones.

El segundo de tales códices contiene siete obras en papiro escritas en copto y datadas cerca del 333 [340]. La segunda de estas siete obras del Segundo Códice de Nag-Hammadi es el llamado, y antiguamente citado en tiempos patrísticos, como el "Evangelio de Tomás". Consta de 114 dichos atribuídos a Jesús. Parecen ser una versión libre en copto de una versión griega anterior (c.225) [232} de la que a principios de nuestro siglo XX hallaron Grenfell y Hunt algunos fragmentos papiráceos en Oxyrrinco, varios kilómetros más al norte.

Efectivamente, los Papiros Oxyrrincos 1, 654 y 655 se corresponden con los primeros 14 dichos del "Evangelio de Tomás", y con los dichos 36 a 39 del mismo. A su vez, los dichos de tales Fragmentos Griegos de Oxyrrinco parecen similares a algunos de los conservados del "Evangelio de los Hebreos" en arameo (c.200) [207], atribuido su trasfondo a Mateo. Mateo y Tomás era una de las parejas de compañeros especiales del grupo de los Doce Apóstoles. Hipólito de Roma (+235) [242], en su "Filosofúmena" atribuye el "Evangelio de Tomás" al círculo de los naasenos. Cirilo de Jerusalem (c.315-387) [+394] sostiene en sus "Catequesis" que el "Evangelio de Tomás" proviene del círculo de los maniqueos, reelaborado por uno de los tres discípulos de Manes. En el Logión 12 del "Evangelio Copto de Tomás" se dice lo siguiente:

"Los discípulos dijeron a Jesús: -Sabemos que te marcharás lejos de nosotros; quién será el mayor de nosotros?  Jesús les dijo: -Desde aquel sitio a donde hayáis llegado, iréis a Jacobo el Justo, para quien fueron hechos cielo y tierra."

Tal dicho, pues, parece reflejar una antigua tradición acerca de la elección de Jacobo el Justo para un lugar importante de liderazgo en la Iglesia primitiva; si bien no debemos olvidar que en el reino de los cielos el mayor es el que sirve.

Clemente de Alejandría, en sus "Hypotyposeis", sostiene tal tradición asimismo del hermano del Salvador, no consideraron para ellos mismos este honor, aunque eran los mas estimados por el Salvador, sino que ordenaron obispo de Jerusalem a Jacobo el Justo."

Debemos además tener en cuenta que la época primitiva de la Iglesia participaba de la costumbre ancestral en lo relacionado a la hereditariedad gubernamental y sacerdotal. Hoy en día, en nuestra época las sucesiones gubernamentales se realizan generalmente por elección democrática abierta a varios aspirantes. En Israel, en cambio, el sacerdocio aarónico y el servicio levítico eran hereditarios; igualmente acontecía con la sucesión al trono monárquico de David, especialmente en el reino de Judá, cuyo cetro no se perdió
hasta la venida de Cristo y en cuya diestra continúa.  Lo normal era que el trono pasara al hijo primogénito; pero a falta de hijos, la sucesión correspondía al pariente más cercano, en cuyo turno estaba precisamente el hermano siguiente en la linea de consanguinidad. Ese era el lugar de Jacobo el Justo en relación con el Señor Jesús, heredero del trono de David, y cabeza de la Iglesia.  Y no solo en Israel, sino en casi toda la antigüedad, la sucesión gubernamental se hacía por herencia de consanguinidad. Y así vemos que en el gobierno de la iglesia en Jerusalem, al Señor Jesús sucede Jacobo el Justo, su primer hermano; y a éste sucede su hermano menor Simón, y a éste Justo, y sigue incluso hasta los nietos del apóstol Judas Tadeo Lebeo, como lo atestigua Hegesipo en sus "Memorias", y nos lo conserva Eusebio de Cesarea en su "Historia Eclesiástica". Además, María, aparte de ser de la tribu de Judá y de la familia de David genealógicamente al igual que su marido José, también, por algún cruzamiento genealógico anterior, alguna relación tendría con la línea de Aarón, puesto que su parienta Elizabeth, esposa del sacerdote Zacarías y madre de Juan el Bautista, era claramente aaronita. Y así la historia antigua nos muestra también a Jacobo el Justo  teniendo acceso sacerdotal al Templo de Jerusalem. Así que por una parte nos dice la Escritura:"Y aquel de quien se dice esto..."(ser sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec, con juramento) "...es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio."(Heb.7:13,14). Por otra parte también sostiene la Escritura: "...su mujer..."(del sacerdote Zacarías) "...era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elizabeth." Y más adelante Gabriel dice a María: "Y he aquí tu parienta Elizabeth,,,"(Lc.1:5b,36a).

Al respecto de las genealogías según Mateo y Lucas es conveniente ver la Carta de Africano para Aristides, que conserva las explicaciones propias de boca de José y María conservadas en la Iglesia, y que nos conserva Eusebio en el Libro I de su Historia, explicando que Jacob fue padre natural de José marido de María, pero lo engendró conforme a la Ley en nombre de Elí, su hermano de madre que murió sin hijos, por lo que Elí es también padre de José según la Ley. Y sea suficiente lo relativo a genealogías, como nos amonesta el apóstol Pablo (1Tim.1:4).

En la literatura rabínica se ha conservado en varias fuentes una historia que recuerda junto a Jesús de Nazareth, también a Jacobo y a los rabinos Eliezer y Akiba. Esta historia se encuentra en el Talmud Babilónico (Baraita, Abodah  Zarah 16b, 17a y en Qoh R. 1,8), también en la Tosefta (Hullin 2,24) y en Sefer ha Ma`asiyyot 29. Dice lo siguiente:

"Nuestros rabíes enseñaron que cuando el gran rabí Eliezer ben-Hyrqano fue arrestado por herejía lo llevaron al tribunal para juzgarlo, y le dijo el procurador: Cómo un anciano como tú puede ocuparse de cosas tan necias?. Respondió: confío en quien me juzga.
Pensando el procurador que se refería a él, aunque en realidad se refería al Padre celestial, dijo: pues que confías en mi, quedas libre. Al regresar a casa y ser consolado por sus discípulos, no lo aceptó. Rabí Akiba le dijo: Me permites decir algo de lo que me has enseñado? Házlo, respondió. Quizás algún hereje vino a ti y concordaste con él, y por eso fuiste arrestado. Entonces respondió: Me lo estás recordando ahora, Akiba. Cierta vez, caminando por la galería de Séforis encontré a uno de los discípulos de Jesús el Nazareno, el llamado Jacobo Sakkanin, el cual me dijo: "Está escrito en la Torah: -No traerás a la casa de Dios el salario de una ramera...- ¿Qué entonces hacer con el? ¿Una letrina para el sumo sacerdote? y como nada respondí, entonces me dijo: Así enseñó Jesús el Nazareno: -Puesto que de dones de ramera se juntó, a dones de ramera volverá. Puesto que de suciedad ha venido, a suciedad regresará.-  El dicho me agradó y concordé, y por eso me arrestaron por herejía, pues transgredí las Escrituras que dicen: -Aleja de ella tu camino- es decir, de la herejía; - y no te acerques a la puerta de su casa- es decir, a la potestad."

El erudito judío Joseph Klausner identifica a Jacobo Sakkanin con Jacobo el Justo.

 Respecto, pues, de Jacobo el Justo, el hermano del Señor Jesús, nos dice Hegesipo en el Libro V de sus "Memorias":

"Jacobo, el hermano del Señor, es el sucesor, con los apóstoles, del gobierno de la Iglesia. A éste todos le llaman "Justo" ya desde el tiempo del Señor y hasta nosotros, porque muchos se llamaban Jacobo. No obstante, solo el fue santo desde el vientre de su madre; no bebió vino ni bebida fermentada; ni tocó carne; no pasó navaja alguna sobre su cabeza ni fue ungido con aceite; y tampoco usó del baño. Solo él tenía permitido introducirse en el Santuario, porque su atuendo no era de lana, sino de lino. Asimismo, únicamente él entraba en el templo, donde se hallaba arrodillado y rogando por el perdón de su pueblo, de manera que se encallecían sus rodillas como las de un camello, porque siempre estaba prosternado sobre sus rodillas humillándose ante Dios y rogando por el perdón de su pueblo.
Por la exageración de su justicia le llamaban "Justo" y "Oblías" que en griego significa protección del pueblo y justicia, del mismo modo que los profetas dan a entender de él. Algunas de las siete sectas del pueblo, las que antes mencioné, procuraban aprender de él acerca de la puerta de Jesús, y él les decía que se trataba del Salvador. Unos cuantos de ellos creyeron que Jesús era el Cristo. Pero las sectas, a las que hemos aludido, no creyeron en la resurrección ni en su inminente regreso para pagar a cada uno según sean sus obras; no obstante, todos los que creyeron lo hicieron por medio de Jacobo. Muchos fueron los convertidos, incluso entre los principales, y por ello hubo alboroto entre los judíos, los escribas y los fariseos, y decían que el pueblo peligraba aguardando al Cristo."

Después, Dios mediante, volveremos al testimonio de Hegesipo; por lo pronto notemos la tradición de la importancia de Jacobo el Justo, hermano del Señor Jesús, en la Iglesia primitiva. Lo que dice Hegesipo acerca de la abstinencia de Jacobo respecto del aceite y del baño, debe entenderse de la asistencia a los baños públicos y del acicalarse con lujos. Jacobo el Justo era un nazareo. Clemente de Alejandría, también en sus "Hypotyposeis" nos dice textualmente:

"El Señor, después de su ascensión, entregó el conocimiento a Jacobo el Justo, a Juan y a Pedro; éstos a su vez lo entregaron a los otros apóstoles y a los Setenta; entre ellos se hallaba Bernabé."

En el Talmud de Jerusalem (Shabbath 14d, Abodah Zarah 40d, 41a), en el Talmud de Babilonia (Abodah Zarah 27b. Rabi) y en la Tosefta (Hullin 2.22), se narra lo siguiente:

"Esto sucedió a Rabí Elazar ben-Damah, a quien mordió una serpiente, al que Jacobo, un hombre de Kefar Soma, vino a sanarle en el nombre de Yeshua ben-Pantera; pero Rabí Ismael no se lo permitió. Dijo: os traeré pruebas de que él puede sanarme...". Este pasaje rabínico en una obra contraria a Jesucristo nos muestra como los discípulos del Señor también sanaban; y en este caso Jacobo.
Aquel era un tiempo de transición entre el Antiguo y el Nuevo Pactos.

Dios providenció que Jacobo el Justo, prescisamente el primer hermano de Su Hijo el Señor Jesús, liderase a la iglesia en Jerusalem, en companía de los Doce, y especialmente con Cefas y Juan, en esos tiempos conflictivos en los que confluían muchas corrientes, y en esa dinámica se interpolinizaban unas a otras. Estaban los esenios, los fariseos, los saduceos, los herodianos, los zelotes, los seguidores de ciertos líderes carismáticos, los mandeos seguidores engañados de Juan el Bautista como si éste fuese el Cristo aunque él personalmente lo negó, los helenistas, los gnósticos, los judaizantes, los ebionitas, los elkasaítas, los nazarenos, y los discípulos cristianos de los apóstoles.

Fue en medio de aquella situación, cuando el Cristianismo comenzaba a penetrar la cultura circundante, y en las fronteras ideológicas se formaban conflictos, cuando surgió la necesidad del Sínodo de Jerusalem. Allí se escuchó a todos, incluso al partido farisaico al interior de la Cristiandad, de en medio del cual surgirían luego los judaizantes, los ebionitas, los elkasaítas y los nazarenos. Pedro, Pablo y Bernabé tuvieron una excelente participación, la cual inclinó la balanza de la conclusión en el sentido que aparece en el Libro de los Hechos; pero realmente fue Jacobo el que cerró la discusión y configuró las conclusiones. Jacobo actuó allí precisamente como catalizador y puente en el momento de transición intertestamentaria.

El era nada menos que el hermano en la carne del Mesías, nazareo, y altamente reconocido en su piedad judaica incluso por los judíos no cristianos. Si Jesús era el Hijo de David heredero del trono, y había ascendido a los cielos, quién mejor que Jacobo el Justo, su primer hermano, y en aquellos tiempos de costumbres monárquicas hereditarias, para asumir en la tierra por el Espíritu Santo el gobierno delegado?

Lucas, en su Segundo Tratado, nos dice:
"Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: varones hermanos, oídme. Simón ha contado como Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para Su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: -Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David que esta caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi Nombre, dice el Señor, que hace conocer esto desde tiempos antiguos.- Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada dia de reposo." (Hchs.15:14-21).

Hasta aquí Jacobo. Su cita es de Amós en una versión libre de la Septuaginta. El Sínodo Apostólico entonces cerró la discusión y efectivamente en su Carta acogió íntegramente las recomendaciones de Jacobo. De tal manera que incluso Pablo y Bernabé, con Silvano y Judas Barsabás, las aplicaron en Antioquía, y después fueron hechas extensivas a las demás iglesias venidas de la gentilidad (Hchs.15:30-32; 16:1-5). He aquí el tenor de la Carta:

"Los apóstoles y los presbíteros hermanos a aquellos en la Antioquía y Siria y Cilicia hermanos de entre los gentiles: cariños. Por cuanto escuchamos que algunos de entre nosotros los turbaron con palabras trastornando las almas vuestras, a quienes no comisionamos, pareciónos habiendo llegado a un acuerdo, escogidos varones enviaros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han entregado sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Enviamos, pues, a Judas y Silas y ellos mediante la palabra os anunciarán las mismas cosas, porque pareció al Espíritu Santo y a nosotros ninguna no imponeros más carga excepto estas cosas necesarias: abstenerse de lo sacrificado a ídolos y de sangre y cosas estranguladas y de fornicación, de las cuales cosas guardándoos bien haréis. Pasadlo bien." (Hchs.15:23-29).

Ciertamente que la Epístola de los Apóstoles y de los Presbíteros de Jerusalem convenida en tal Sínodo, reconoce que de en medio de su heterogénea multitud algunos salieron sin orden y por su propia cuenta, perturbando a los cristianos convertidos de entre los gentiles, pervirtiendo el Evangelio, con tendencias judaizantes. Son precisamente estos perturbadores los que antes del concilio, y pretendiendo ampararse con la autoridad de Jacobo, habían llegado antes a Antioquía y fueron resistidos por Pablo y Bernabé; lo que motivó la subida de éstos con otros a Jerusalem para un concilio.

Como está escrito: "Entonces algunos que vinieron de Judea enseñaban a los hermanos: si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalem y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos, para tratar esta cuestión." (Hchs.15:1,2).

Pero incluso ya antes habían subido a Jerusalem Pablo, Bernabé y Tito a conversar en privado acerca del Evangelio, tal como lo relata Pablo en el capítulo 2o de su Epístola a las iglesias de Galacia. Ya había motivado también tal situación el que Pablo reprendiera públicamente a Pedro en Antioquía; pues después de haber sido reconocidos por Jacobo, Cefas y Juan en Jerusalem la gracia y el apostolado de Pablo, y después de haberles dado la diestra de compañerismo a éste y a Bernabé, que estaban con Tito, no obstante, antes de las plenas y públicas definiciones posteriores del Sínodo de Jerusalem, algunos judaizantes amparándose en su cercanía a Jacobo hicieron retraerse a Pedro en Antioquía y aún a Bernabé. Al respecto escribe Pablo:

"Después pasados 14 años, subí otra vez a Jerusalem con Bernabé llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles; mas ni aún Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mi pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circunsición (pues El que actuó en Pedro para el apostolado de la circunsición, actuó también en mi para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mi y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer. Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos de tal manera que aún Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, por qué obligas a los gentiles a judaizar? Nosotros judíos de nacimiento, no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. Y si buscando ser justificados en Cristo, también somos nosotros hallados pecadores, es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mi. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo." (Gal.2:1-21).

Debe enfatizarse aquí sin embargo que tales cosas sucedieron antes de las Definiciones Sinodales de Jerusalem, a partir de las cuales la esencia del Evangelio quedó plenamente salvaguardada, recomendándose apenas ciertas cargas necesarias a los gentiles en asuntos especialmente sensibles a la conciencia judía. Recordemos que eran tiempos de transición intertestamentaria. A pesar de todo, Jacobo el Justo primeramente, con Cefas y Juan,  reconocieron la gracia y el apostolado entregado por el Señor a Pablo para con los gentiles y le dieron la diestra de compañerismo; y también luego en el Sínodo de Jerusalem, Jacobo propuso que no se inquietase a los convertidos de entre los gentiles, tal como lo habían hecho antes los que pretendiendo salir de parte de Jacobo, pero sin orden expresa de ninguno de ellos, habían perturbado a los cristianos de la gentilidad con tendencias judaizantes.

Cuando más tarde Pablo regresa a Jerusalem para llevar ofrendas, entra a saludar a Jacobo y a los ancianos y es por ellos recibido con comprensión por parte de Jacobo. Entonces éste aconseja a Pablo realizar ciertas prácticas en honor a los celosos de la Ley para evitar y aclarar malentendidos. Efectivamente, Lucas, testigo ocular, en su Segundo Tratado, nos relata inspiradamente:

"Cuando llegamos a Jerusalem, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios y le dijeron: ya ves, hermano, cuantos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. Qué hay pues? la multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró con ellos en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos."(Hchs.21:17-26).

Es allí cuando la providencia divina hace que Pablo sea llevado al medio gentil al que el Señor le había enviado. Ahora encarcelado debe testificar a magistrados, reyes y hasta al mismo emperador. Ya el Señor había advertido a Pablo que su testimonio no sería acepto en Jerusalem. Y aunque fielmente (Hchs.22:17-21) el Espíritu le guió a ministrar a los santos pobres de Jerusalem, igualmente fiel le testificó por el camino lo que sufriría en Jerusalem (Hchs.20:23,24; 21:10-14); la ofrenda fue llevada, la cortesía hecha, el testimonio dado, la profecía cumplida y la misión ampliada. Pablo se acordó de los pobres como se lo había pedido Jacobo con Cefas y Juan, y se hizo judío a los judíos, como si estuviera el también sujeto a la ley, no obstante que realmente estaba en Cristo y bajo el régimen nuevo del Espíritu; pero condescendió a purificarse a la manera judaica; mas el Señor lo reservó para el testimonio a los gentiles hasta el más alto nivel.

También el apóstol Pedro en su Segunda Carta reconoce las Epístolas Paulinas, aunque también dice que algunos las malinterpretaban (2 Pedro 3:15,16). Por culpa, pues, de tales indoctos e inconstantes que malinterpretaban a Pablo, por un lado, y por otro lado, por culpa también del bando extremista opuesto y que enfatizaba ilícitamente las tendencias judaizantes, Pablo fue malentendido, calumniado y perseguido, pero no por Jacobo, ni por Cefas, ni por Juan. Fue de entre aquellos judaizantes extremos que surgieron los ebionitas y los elkasaítas, que abominando de Pablo, pretendían a su manera cobijarse bajo el nombre de Jacobo. Tal posición aparece clara en escritos apócrifos tales como las Homilías Pseudo Clementinas de mediados del siglo III, en las que supuestamente Pedro y Clemente escriben sendas cartas a Santiago y le envían una colección de homilías narrando discursos de tinte ebionita falsamente atribuídos a Pedro dizque por Clemente de Roma quien le había acompañado. Allí Jesús es presentado simplemente como un mero profeta y maestro.

Acerca de tal corriente ebionita que siguió con Artemón, y luego con Pablo de Samosata, y que después desembocó en el arrianismo respecto del Verbo de Dios, negando Su divinidad, nos dice una antiquísima obra del siglo II titulada "Contra Artemón" (conservada gracias a Eusebio) así:

"Pues dicen que todos los primeros, incluso los apóstoles, recibieron y enseñaron estas cosas que ahora dicen ellos, y que se ha conservado la verdad de la predicación hasta la época de Víctor, decimotercer obispo de Roma partiendo desde Pedro, pero que la verdad fue corrompida a partir de Ceferino. Lo que se ha dicho sonaría persuasivo si primeramente no lo negaran las divinas Escrituras, y también hay los escritos de algunos hermanos, más antiguos que los tiempos de Víctor, los cuales ellos redactaron contra los paganos y contra las herejías de la época en favor de la verdad. Me refiero a las obras de Justino, de Milciades, de Taciano, de Clemente y de muchos más, y en todas ellas se atribuye la divinidad a Cristo. Pues, quién no conoce los libros de Ireneo, de Melitón y de los demás, los cuales proclamaron a Cristo Dios y hombre? y todos los salmos y cánticos que escribieron desde el principio hermanos fieles que cantan himnos al Verbo de Dios, a Cristo, llamándolo Dios?  Así pues, habiendo sido proclamado el pensamiento de la Iglesia durante tantos años, cómo se ha de aceptar que lo hayan anunciado los que fueron antes de Víctor del modo que éstos afirman? y cómo no tiene vergüenza de calumniar a Víctor con estas acusaciones, sabiendo exactamente que Víctor expulsó de la comunión a Teodoto, el zapatero, jefe y padre de esta apostasía negadora de Dios, y el primero en decir que Cristo era un simple hombre? Pues si Víctor hubiera compartido el mismo parecer que ellos como enseña su blasfemia, cómo hubiese podido echar fuera a Teodoto cuando descubrió esta herejía?".

Hasta aquí el "Contra Artemón", con lo que se ve la línea que tomó el ebionismo, cuya vertiente se ve en sus libros espúreos y apócrifos.

De tales apócrifos y libros espúreos se siguen valiendo hoy escritores que publican "best-sellers" tergiversando el Cristianismo, tal cual lo hacen aquellos que publican la moderna serie llamada por ellos "Enigmas del Cristianismo", o como hace J.J.Benitez con sus novelas "El Caballo de Troya" y "El Testamento de Juan", con lo que teñidos de espíritu anticristo engañan a los indoctos y a los de tendencias ocultistas, gnósticas, herméticas, cabalísticas y anticristianas, acerca de lo cual amonestamos.

También Epifanio de Salamina en su obra Contra las Herejías menciona de las calumnias contra el apóstol Pablo, como las que aparecen en la obra por Epifanio citada y que titulaban: "Las Ascenciones de Santiago". Al respecto dice Epifanio: las ascensiones de Santiago, como si éste predicara contra el templo y los sacrificios y contra el fuego del altar. Además, otras muchas cosas que no son sino palabras hueras, tales como cuando tienen la desfachatez de acusar a Pablo con discursos ficticios, forjados a base de la malicia y el error de estos falsos apóstoles. Pues al llamarse tarsense, cosa que él mismo afirma y no lo niega, pretenden que era descendiente de griegos; tomando pretexto de este lugar y partiendo de su confesión sincera de que -soy tarsense, ciudadano de una ciudad no insignificante- dicen, pues, que era griego, hijo de padre y madre de la misma condición. Que subió a Jerusalem y que permaneció allí durante algún tiempo.
Que pretendió por esposa a una hija del (sumo) sacerdote, y que por esto se hizo prosélito y se circuncidó. Que después, al no poder conseguirla, se llenó de ira y escribió contra la circuncisión y el sábado y la ley." (Ad.Haeres.26:2,3; 30:16).

Esta, pues, la descripción de Epifanio de Salamina, de los contenidos heréticos de la obra apócrifa "Ascensiones de Santiago", que como las "Homilías Pseudo Clementinas" y otras obras ebionitas, representaban la línea de los perturbadores descritos por el Sínodo Apostólico de Jerusalem, pero que pretendían falsamente cobijarse bajo el nombre de Jacobo.

En el capítulo 27 del Libro III de su Historia Eclesiástica, el historiador Eusebio de Cesarea dice acerca de los ebionitas lo siguiente:
"A otros el maligno demonio, no pudiendo apartarles de su dedicación para con el Cristo de Dios, se los hizo suyos al encontrarles algún otro punto débil. Los primeros fueron llamados ebionitas acertadamente, pues consideraban a Cristo de un modo bajo y pobre. Creían que era un hombre simple y común que iba justificándose a medida que crecía en su carácter, y que nació como fruto de la unión de un hombre y de María. Les parecía indispensable cumplir la ley, como si no pudieran salvarse con la sola fe en Cristo y una vida conforme a ella. Además de éstos, existieron otros con el mismo nombre que estaban libres de las cosas absurdas de los anteriores. No rechazaban el hecho de que el Señor naciera de una vírgen y del Espíritu Santo, pero, del mismo modo que aquellos, no confesaban que ya preexistía puesto que era el mismo Dios, el Verbo y la Sabiduría. También volvían a la impiedad de los primeros, principalmente cuando, como ellos, se afanaban en honrar el culto a la ley escrita. También creían que se había de rechazar definitivamente las Epístolas del Apóstol Pablo, al que llamaron apóstata de la ley; pero hacían uso exclusivo del llamado "Evangelio de los Hebreos", ignorando los demás. Guardaban el sábado (como los primeros) y toda la conducta judaica, pero el domingo observaban prácticas parecidas a las nuestras en memoria de la resurrección del Salvador. Por esta causa de estos hechos llevan esta denominación, porque el apelativo Ebionita expresa la pobreza de su mentalidad. Pues los hebreos llaman con este nombre al pobre."
Hasta aquí Eusebio.

Orígenes, en su Hexapla, conservó una versión ebionita de las Escrituras; aquella de Símaco. Al respecto de este Símaco nos sigue diciendo Eusebio, lo siguiente, en su Libro VI, cap.17:

"Referente a estos traductores ha de saberse que Símaco era ebionita. La herejía así llamada de los ebionitas es la de aquellos que sostienen que Cristo nació de José y María; creen que fue simplemente un hombre, e insisten en que se debe guardar la ley como los judíos, tal como hemos explicado anteriormente. Incluso hoy aún se conservan Comentarios de Símaco en los cuales da la impresión de querer fomentar la herejía aludida, discurriendo acerca del Evangelio de Mateo. Orígenes indica que estos libros, además de otras interpretaciones de Símaco acerca de las Escrituras, los consiguió de una tal Juliana, la cual afirma haberlos heredado del propio Símaco."

A principios del siglo II se reelaboró el Judaikón de Mateo dando luego origen a los llamados: "Evangelio de los Hebreos", "Evangelio de los Doce" y "Evangelio de los Ebionitas". A estos últimos se refieren en sus escritos Orígenes, Ambrosio de Milán, Beda el venerable, Teofilacto, Jerónimo, Epifanio de Salamina y Eusebio. Tal "Evangelio Ebionita" sirvió de fuente para las "Homilías y Reconigciones Pseudo Clementinas". De tal corriente nos dice Epifanio de Salamina en su Panarion 30:16:

"Y dicen que no fue engendrado de Dios Padre, sino creado, como uno de los arcángeles y más aún. Dicen además que tiene dominio sobre los ángeles y sobre todo lo que creó el Pantocrator, y que vino a declarar, según se dice en su Evangelio llamado según los Hebreos: - He venido a abolir los sacrificios, y si no dejáis de sacrificar, no se apartará de vosotros mi ira." Varios pasajes cita Epifanio de ellos mostrando como tuercen las Escrituras.

Desgraciadamente, en ciertos círculos heréticos se dio este fenómeno común de torcer, manipular y acomodar las Escrituras y los escritos de otros escritores ortodoxos. Incluso se compusieron diversas clases de apócrifos pseudoepígrafos. Ya en el siglo II Dioniso de Corinto escribía a Sotero de Roma lo siguiente:

"Porque yo escribí unas cartas tras pedirme algunos hermanos que lo hiciera, en las cuales los apóstoles del diablo han introducido cizaña, quitando ciertas cosas y añadiendo otras. Para estos está escrito el ay! del Señor. No es de extrañar, pues, que algunos se hayan dedicado a falsificar las Sagradas Escrituras, viendo como maquinan con las de menor importancia."

Producían Escrituras manipuladas heréticamente: Teodoto, Asclepíades, Hermófilo, Apoloníades, tal como se expone en la antiquísima obra "Contra Artemón" (H.E. L.V:28) donde se dice:

"Han violado las Divinas Escrituras sin temor alguno, han anulado la regla de la fe primitiva y no han conocido a Cristo por no escudriñar lo que dicen las Divinas Escrituras, en lugar de prepararse con dificultades para hallar un silogismo, con el fin de tener una base para su ateísmo. Pues cuando alguien les muestra una palabra de la Divina Escritura, buscan a ver que forma de silogismo se puede hacer, si conexo o disyuntivo. Habiendo abandonado las Santas Escrituras de Dios, se ejercitan en la geometría, como que siendo de la tierra, hablan cosas terrenales y no conocen al que vino de arriba. En todo caso algunos de ellos estudian penosamente la Geometría de Euclides, y quedan admirados ante Aristóteles y Teofrasto, pues Galeno seguramente es adorado por algunos. Pero, para que hemos de decir que los que usan las artes de los infieles para planear su propia herejía y adulteran la pura fe de las Divinas Escrituras con la astucia de los impíos no están en nada cercanos a la fe? Por esta razón echaron sus manos sin temor sobre las Divinas Escrituras, afirmando que las habían corregido. Y que esto lo digo sin acusar falsamente lo puede saber quien lo desee, porque si alguien deseara recoger las copias de cada uno de ellos y compararlas entre ellas, verá que se contradicen mucho. Como mínimo se contradicen las de Asclepíades y las de Teodoto. Se pueden comprar muchas copias, porque sus discípulos han escrito diligentemente las que ellos llaman corregidas, es decir, corrompidas. Las de Hermófilo tampoco están de acuerdo con estas. Las de Apoloníades no concuerdan ni consigo mismas, porque se puede ver las que prepararon ellos primero y las que corrompieron de nuevo posteriormente, y encontramos que difieren mucho. Las dimensiones de la osadía de este pecado no deben ignorarlas ellos mismos, porque, o piensan que las Divinas Escrituras no fueron designadas por el Espíritu Santo y son incrédulos, o se creen más sabios que el Espíritu Santo. Y qué es eso sino posesión demoníaca? pues no pueden negar que el crimen es suyo, puesto que los escritos son de su propia mano; ni recibieron tales Escrituras así de los instructores, ni les sería posible mostrar un original de donde sacaron sus copias."
Hasta aquí de nuevo el "Contra Artemón".

Esta situación explica por qué aparecen a veces variantes heréticas en ciertos manuscritos de las Sagradas Escrituras, de los que se valen los que quieren apoyar sus propios errores, sin echar de ver la gran masa de otros manuscritos que contiene la lectura original canónica. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa de la herejía ebionita respecto al nacimiento virginal de nuestro Señor Jesús, pues aquellos herejes, no creyéndolo, sostenían, como hoy otros herejes, que había nacido carnalmente de José y María, tal herejía estaría quizás en la base de la variante del manuscrito siriaco sinaítico donde se presenta a Jesús como hijo de José. El supuesto apoyo a tal variante siriaca, pretendido por Conybeare de Oxford, en el "Diálogo de Timoteo y Aquila", cuyo texto final es del siglo V, ha sido claramente demostrado como insuficiente por Burkit de Cambridge, Zahn, Metzger, Alard, Champlin y otros eruditos. Lo mismo acontece con el alegado apoyo de Los Comentarios de Dionisio Bar-Salibi de Amida, más adicto a la versión de la Peshita canónica, acerca de lo cual trata Amstrong de Princeton.

Hay también al respecto otras variantes descuidadas en este pasaje, a las cuales se aferran los herederos de la herejía ebionita. Tales variantes en los siguientes manuscritos: el Códice Uncial Theta, la familia de minúsculos f13, la versión latina antigua Itala en sus manuscritos Ita, (b), c, d, (k), q, el manuscrito siriaco curetoniano, el Leccionario £547m y una cita de Ambrosiaster. No obstante, la gran mayoría de manuscritos, incluídos los más antiguos y valiosos, apoyan la lectura original donde Jesús es declarado hijo de María, mas no de José en la carne. Entre los principales manuscritos que apoyan tal lectura canónica, contra la herejía ebionita, están: El Papiro 1 P1 de cerca del 250 [257] de texto alejandrino que se halla en un museo de Filadelfia, el Códice Uncial Alef Sinaítico, el Códice Uncial B Vaticano, el Códice Uncial C Efraémico, el Códice Uncial K Chipriota, el Códice Uncial L regio, el Códice Uncial P Guelfertino A, el Códice Uncial W Freeriano, el Códice Uncial Delta Sangalensio, el Códice Pi Petropolitano, los manuscritos minúsculos griegos 28, 33, 565, 700, 892, 1009, 1010, 1071, 1195, 1216, 1230, 1241, 1242, 1365, 1546, 1646, 2148, 2174, los Leccionarios Bizantinos m £78, £211, la versión latina antigua Itala Itaur,i,ffl, la Vulgata, la Siriacap,h,pal, la Copta 86, la Etiópicaro,pp, las Georgianas, las citas de Tertuliano y las de Agustín de Hipona. Tratándose de asunto tan importante como la concepción virginal de Cristo, no podíamos permitir que unos pocos manuscritos hechos por copistas descuidados o herejes, pudiesen ser usados para pretender apoyar la herejía ebionita y semejantes, sin respetar la avasalladora prueba textual de los muchísimos, más antiguos y valiosos testimonios que avalan la lectura canónica.
Por otra parte, el ataque a la persona del Señor Jesús y a su nacimiento, ha sido común dentro del rabinismo talmúdico. El rabí Simeón ben-Azzai dijo: "Hallé una lista genealógica en Jerusalem en donde está inscrito, el tal es un bastardo de una adúltera." (Yebamot 49b). Con lo cual se aclara el dato neotestamentario en el que aparecen dicindole a Jesús: "nosotros no somos nacidos de fornicación". Fue justamente por causa del nacimiento virginal de Jesús que se le calumniaba como hijo de fornicación. Lo cual comprueba la historicidad de la tradición de su concepción virginal.

Era llamado por los rabinos: hijo de Pandira (Pandira, para no decir Parthenos=vírgen), hijo de Stada, nacido de una adúltera, y otras blasfemias irreproductibles, tales como las que aparecen en el Tratado Kallah 1b(18b) en boca de los rabinos Akiba, Jehoschua y Eliezer, o en el Toledoth Jeschu, o en Sanhedrín 67a al final del cap.VII, o en Pumbedita, o en el capítulo final de Iebhammoth, o en el Tratado Schabbath (fol.194b), o en el Sefer Juchasin (9b), etc; tal como documentalmente lo expone el célebre talmudista mártir Pranaitis Petropolitano, asesinado, según sus previsiones, por la Checa en la Revolución Bolchevique. Es curioso que en la edición de Varsovia, pg.20, del Suplemento al Megillath Taanith, como lo expone Edersheim, el dia 9o de Tebheth es señalado para los judíos como dia de ayuno, pero encubriéndose las razones del tal. Pero precisamente varios cronistas judíos muestran como, en el medioevo, entre los llamados años 500 y 816 d.C. [507 y 823], tal 9o de Tebheth coincide una docena de veces con el 25 de Diciembre, fecha en que cierta tradición quiere celebrar el nacimiento de Cristo. Por otra parte, recordemos que era en el Abodah Zarah de la Tosefta (I:17a,27b) donde se hacen referencias al apóstol Santiago, por ellos apellidado Sekhanites (de Tsidkenu=justicia nuestra), y al cual acusan de herejía.

Es precisamente a grupos de tales corrientes judaizantes perturbadoras del Evangelio de Dios y del legítimo Cristianismo, a los que el Señor Jesús llama "Sinagoga de Satanás" en sus Cartas Apocalípticas a Esmirna y a Filadelfia (Ap.2:9; 3:9):

"Yo conozco... la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás".

"He aquí, Yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, Yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que Yo te he amado."

Tal Sinagoga denunciada por el Señor Jesús, sobrevive hoy en algunos ghetos y logias del tipo judío-masónico y gnóstico, por los que se sirve a la ecléctica y anticristiana llamada "Nueva Era", de tendencias draconianas y globalizantes. Sobrevive también en ciertas sectas judaicas pseudocristianas que rebajan a Jesucristo y mezclan el Evangelio.

Lo anterior, pues, respecto de los desvíos posteriores de aquellos que, como los ebionitas surgieron rechazando a Pablo y que pretendieron tomarse el concilio de Jerusalem y confundieron las iglesias con su trasfondo judaizante incapaz de ver la divinidad del Mesías (Is.9:6; Jer.23:5,6; etc.). Jacobo, no obstante, fue uno con los demás apóstoles en las conclusiones sinodales y confiesa claramente a su hermano Jesús, en su Carta, como Señor y Cristo (Stgo.1:1; 5:7,8,10,11). En 5:10 llama Señor a Yahveh Dios en cuyo nombre hablaron los profetas en el Antiguo Testamento; y en el contexto inmediato, antes y después, aplica éste mismo título al Hijo de Dios, el Mesías, a quien claramente los profetas identificaban con la divinidad (por ej.: Is.9:6; Jer.23:5,6; etc).

 Y así como el Libro de los Hechos de los Apóstoles narra que éstos hacían prodigios en el nombre del Señor Jesús, también se conservan algunos ecos de tradición acerca de prodigios realizados por Jacobo el Justo y en su entorno. Las iglesias de Mesopotamia y Siria, y especialmente la de Edesa, conservan legendarias tradiciones de Tadeo, en medio de las cuales se sugiere que éste les relató algo acontecido en Jerusalem, en una visita de Protonice esposa del emperador Claudio. El escriba Labubna hijo de Sennoq Absaradita, al servicio del rey Abgar de Edesa, escribió los acontecimientos relativos al testimonio de Tadeo en Edesa. En base a tales escritos se compuso luego, alrededor del siglo IV, la obra titulada en siriaco: "Malpanuta da-Sliha Addai" (Enseñanza del apóstol Addai [Tadeo]), conservada principalmente en los siguientes manuscritos: el mLsir. N.S.4 (Saltikov-Sch`druc), y los ms. Add.14644, Add.14654 y Add.14535 de la Librería Británica de Londres. También se encuentran extractos en el ms.de Tubingea Or.Quart.887, en el ms. de Harvard Sir.151, en los ms. de París Sir.56, 309 y 326 de la Biblioteca Nacional, en el ms. Vaticano Sir.58, en el ms. de Oxford III/13 de la Biblioteca Bodleiana, en los ms. de Londres BL.Add.12174 y BL.Or.4404 y BL.Add.14484, y el de la Real Sociedad Asiática, en el ms. de Berlín Sachau 222, en el ms. de Birmighan Minigana Sir.598, en el ms. del Sinaí Sir.30 y en el ms. de Alqash.

Respecto de Santiago, el hermano del Señor, se nos dice allí como de parte de Tadeo lo siguiente:

"Cuando Protonice la esposa de César Claudio (al que Tiberio había constituído segundo de su reino mientras él iba a luchar contra los hispanos que se habían revelado contra él), vio las señales, prodigios y milagros extraordinarios que realizaba Simón, uno de los discípulos en Roma, en el nombre de Cristo, renunció al paganismo de sus padres, en el que había sido educada, y a los ídolos paganos a los que daba culto, y creyó en Cristo nuestro Señor, le adoró y le glorificó junto con los que seguían a Simón, a quien tenía en gran estima. Más tarde deseó conocer Jerusalem y los lugares en los que habían ocurrido los hechos prodigiosos de nuestro Señor. Con gran celo se levantó y bajó de Roma a Jerusalem, ella y sus dos hijos con ella, y su única hija virgen. Al entrar a Jerusalem, la ciudad salió a su encuentro, la recibieron con gran honor, como correspondía a la reina del gran imperio de los romanos. Cuando Santiago, que había sido constituido guía e inspector de la iglesia allí edificada, se enteró de para lo que había ido, se levantó, acudió donde ella y entró en el gran palacio de la casa real del rey Herodes [Agripa], donde estaba alojada. Al verlo, ella lo recibió con gran alegría, como si fuese Simón Pedro. Santiago, por su parte permitió que ella conociera de curaciones y prodigios como los que hacía Simón. Ella le pidió que le mostrase el Gólgota, donde Cristo fue crucificado, y el madero de la crucifixión donde fue colgado por los judíos, y el sepulcro en el que fue puesto. Santiago le respondió: -Majestad, estas tres cosas que desea ver están bajo la autoridad de los judíos; ellos las controlan y no permiten que vayamos a orar al Gólgota ni al sepulcro. Y tampoco quieren darnos el madero de la crucifixión. También se nos persigue para que no anunciemos ni prediquemos en el nombre de Cristo y varias veces se nos encarcela.- Cuando la reina oyó estas cosas ordenó al instante que le llevasen a Honías Bar-Hannan, a Gedalías Bar-Caifás y a Judá Bar-Ebed-Salom, inspectores de los judíos, y les ordenó entregar a Santiago el Gólgota, el sepulcro y el madero de la crucifixión, y que nadie les impidiera dar culto allí según sus costumbres. Una vez dadas tales órdenes se levantó a conocer los lugares y a entregarlos a Santiago y a los suyos... /...Tomó la cruz de Cristo y se la dio a Santiago.../ La noticia... llegó también a lugares lejanos, incluso a los apóstoles que predicaban a Cristo.../ ...Entonces Santiago, guía de la iglesia de Jerusalem, lo comunicó a los apóstoles. También éstos comunicaron a Santiago lo que Cristo hacía por medio de ellos".

En medio de tales relatos, se cuenta también un milagro acontecido a la hija de Protonice. Hasta aquí Malpanuta de Addai. Tal, pues, el ambiente en que tuvo que moverse el apóstol Jacobo el Justo, hermano del Señor.

Por ser Jacobo un personaje de tanta importancia en la Iglesia primitiva, a su alrededor se formó mucha tradición, parte de la cual obviamente fue pervertida por los ebionitas, los elkasaítas, los gnósticos y otros. Pero el testimonio cristiano de Jacobo el Justo fue fiel hasta su muerte, de la cual nos hablan varios documentos.

En el Códice V de Nag-Hammadi que contiene cinco obras, después de una nueva versión de "Eugnosto el bienaventurado" que se compilaba también en el Códice III, aparecen cuatro apocalipsis pseudo-epigráficos y espúreos: uno supuestamente de Pablo, dos supuestamente de Santiago y uno supuestamente de Adam.  En el Primer Apocalipsis de Santiago se contienen pretendidas conversaciones reelaboradas, quizá con algún lejano eco tradicional, entre Jesús y Santiago, donde a éste se le anuncian sufrimientos y la muerte y se le prepara para el tránsito. De los Fragmentos Coptos publicados en francés por Dubois y Kuntzman, he aquí una versión libre:

"Dijo Santiago: -Rabí, tú has dicho que te apresarán; pero yo qué podré hacer? El me dijo: -No temas, Santiago. También a ti te apresarán. Guárdate de ésta Jerusalem, porque ella es la que da en todo momento el cáliz de amargura a los hijos de luz, pues ha llegado a ser morada de muchos principados. Pero para que te sean expuestos tú serás librado de sus manos.../ ...Santiago dijo: -Rabí, cómo llegaré hasta el Eterno cuando estas potestades y huestes acampen contra mi? El me dijo: Esas potestades no están armadas solamente contra ti, sino contra Otro; es contra mi contra quienes están armadas. Y se han aliado, pero será para juicio.../ ...Ahora bien, Santiago temía, sollozaba y estaba muy afligido. Entonces se sentaron ambos en una piedra y el Señor le dijo: -Santiago, sí sufrirás, pero no se turbe tu corazón; la carne es débil, pero recibirás la promesa, no temas ni desmayes.- Entonces el Señor calló. Al oir Santiago estas palabras enjugó sus lágrimas.../ ...El Señor le dijo -Te mostraré la salvación. Una turba se armará para tomarte y para que sufras. Y aún más, hasta tres te pesarán en balanza exigiendo el alma. Preguntarán de ti, quién eres y de dónde; pero tú confesarás que eres un hijo del Padre, del Eterno; un hijo que mora en El; y mostrarás las señales de Aquel que es la Sabiduría, del Verbo que creó todo género de la nada. Y no serás extraño, puesto que la esposa ha nacido del Eterno. Aunque extraño sí, es aquello que no tiene comunión con El. Responderás que vas a Aquel de quien has nacido. Así te librarás de las asechanzas de las potestades".

El historiador judío Flavio Josefo, contemporáneo de Jacobo el Justo, en su obra Antigüedades de los Judíos (L.XX,9:1) narra suscitamente las circunstancias de la muerte de Jacobo. Escribió él:

"El joven Anán que, como dijimos, recibió el pontificado, era hombre de carácter severo y notable valor. Pertenecía a la secta de los saduceos que comparados con los demás judíos son inflexibles en sus puntos de vista, como antes indicamos. Siendo Anán de este carácter, aprovechándose de la oportunidad, pues Festo había fallecido y Albino todavía estaba en camino, reunió el Sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Jesús que se llamó Cristo; su nombre era Jacobo, y con él hizo comparecer a varios otros. Los acusó de ser infractores a la ley y los condenó a ser apedreados. Pero los habitantes de la ciudad más moderados y afectos a la ley se indignaron. A escondidas enviaron mensajeros al rey, pidiéndole que por carta exhortara a Anán, a que, en adelante, no hiciera tales cosas, pues lo realizado no estaba bien. Algunos de ellos fueron a encontrar a Albino que venía de Alejandría; le pidieron que no permitiera que Anán sin su consentimiento, convocara al Sanedrín. Albino, convencido, envió una carta a Anán, en la cual lleno de indignación le anunciaba que tomaría venganza con él. Luego el rey Agripa, habiéndole quitado el pontificado, que ejerció durante tres meses, puso en su lugar a Yeshua Bar-Damneo."
Hasta aquí Josefo.

Sea este el momento de continuar con la narración que hacía de la vida y muerte de Jacobo el historiador Hegesipo del siglo II, en su libro V de Memorias. Escribió Hegesipo:

"...Muchos fueron los convertidos (por medio de Jacobo), incluso entre los principales, y por ello hubo alboroto entre los judíos, los escribas y los fariseos, y decían que el pueblo peligraba aguardando al Cristo. Reuniéndose entonces ante Jacobo le decían: -Te lo rogamos; sujeta al pueblo, pues se encuentran engañados acerca de Jesús y creen que El es el Cristo. Te rogamos que aconsejes, acerca de Jesús, a cuantos acudan en día de la pascua, pues todos te obedecemos. Porque nosotros y todo el pueblo damos testimonio de que tú eres justo y no haces acepción de personas. Así pues, persuade a la multitud para que no yerre acerca de Cristo. Pues todo el pueblo y nosotros te obedecemos. Mantente en pie sobre el pináculo del templo para que desde esa altura todo el pueblo te vea y oiga tus palabras, ya que por la pascua se unen todas las tribus incluyendo los gentiles.- De este modo los aludidos escribas y fariseos colocaron a Jacobo sobre el pináculo del templo, y estallaron a gritos diciendo: -Tú, el Justo, al que todos nosotros debemos obedecer, explícanos cuál es la puerta de Jesús, pues todo el pueblo está engañado, siguiendo a Jesús el crucificado.- Entonces él contestó con voz potente: -Por qué me interrogáis acerca del Hijo del Hombre? El está sentado a la diestra del Gran Poder, y pronto vendrá sobre las nubes del cielo!- Y muchos creyeron de corazón y, por el testimonio de Jacobo, alabaron diciendo: Hosanna al Hijo de David!; pero entonces, de nuevo los mismos escribas y fariseos comentaban: -Hemos actuado erróneamente al procurar un testimonio tan grande en contra de Jesús; pero subamos y arrojemos a este, para que se confundan y no crean en él.- Así, gritaban diciendo: Oh! oh! también el Justo anda en error; y con este acto cumplieron la Escritura en Isaías: "Saquemos al Justo porque nos es molesto. Entonces comerán del fruto de sus obras." Entonces subieron y lanzaron abajo al Justo. Luego comentaban: -Apedreemos a Jacobo el Justo.- y empezaron a apedrearlo, pues no había muerto al ser arrojado. Pero él, volviéndose, hincó las rodillas diciendo: -Señor, Dios Padre, te lo suplico, perdónalos, porque no saben lo que hacen.- Mientras lo apedreaban, un sacerdote de los hijos de Recab, de los que el profeta Jeremías dio testimonio rompió a gritar diciendo: -Deteneos que hacéis? el Justo pide por vosotros. Y cierto hombre entre ellos, un batanero, golpeó al Justo en la cabeza con el mazo que usaba para batir las prendas, y de este modo fue martirizado Jacobo y allí le enterraron al lado del templo,  y su columna todavía permanece cerca del templo. Fue un testigo verdadero para los judíos y griegos de que Jesús es el Cristo. E inmediatamente Vespasiano asedió Jerusalem."

Hasta aquí Hegesipo, de cuyo testimonio Eusebio dice que coincide con el de Clemente Alejandrino, de cuyas "Hypotyposeis" extrae noticias acerca de Jacobo.

Eusebio de Cesarea resume por su parte (H.E. L.II 1:4):
"Santiago el Justo fue lanzado desde el pináculo del templo y azotado hasta morir con un garrote batanero. El otro Santiago fue decapitado."

Además del testimonio de Josefo, de Hegesipo, de Clemente de Alejandría y de Eusebio de Cesarea, acerca de la muerte de Jacobo el Justo, hermano del Señor Jesús, también Marino, escribiendo a Teudas, recoge la tradición que había oído en Jerusalem acerca de Jacobo, y la cual pretende conservarse en el llamado Segundo Apocalipsis de Santiago que está en el Códice V de Nag-Hammadi, donde dice lo siguiente:

"Era sábado. En aquel dia todo el pueblo y también los gentiles estaban turbados y manifestaban su insatisfacción. Entonces él (Santiago) se levantó y habló. Y entró de nuevo aquel día y habló durante unas pocas horas. Ya estaba con los sacerdotes y no manifestaba el parentesco que tenía con El, porque todos decían a una sola voz: -Ea lapidemos a este Justo. Y se levantaron diciendo: Sí, matemos a esta hombre y que sea quitado de en medio de nosotros, porque no nos es útil para nada. Y estaban allí y lo encontraron en pie junta a la columnata del templo, cerca de la fuerte piedra angular; y decidieron tirarlo abajo. Pero al mirarlo, vieron que no había muerto todavía; se levantaron a prisa, llegaron hasta el, le tomaron, lo arrastraron por tierra; lo tendieron sobre el suelo, pusieron una piedra sobre su vientre, y pusieron todos los pies sobre él, diciendo: -Te has engañado.- De nuevo lo levantaron vivo, hicieron escavar un agujero, lo metieron allí hasta el vientre y lo lapidaron así."

Este mismo escrito, un poco más adelante, pone en boca del mártir la siguiente oración final de Santiago, según la traducción de Alfonso Ortiz García: 

"Dios mio y Padre mio, que me salvaste de esta esperanza mortal, que me vivificaste por el misterio deseado, no prolongues para mi los dias de este mundo, sino que subsista en mi el día de tu luz, que viene de ti. Apresúralo. Recíbeme en tu luz y sálvame. Sé mi socorro. Líbrame de este lugar de estancia provisional. Que tu gracia no me abandone sino que sea santo. Sálvame de una mala muerte. Llévame vivo fuera de la tumba, porque por tu gracia, el amor vive en mi para llevar las cosas a la plenitud. Sálvame de la carne del pecado, pues he puesto mi confianza en Ti, con toda mi fuerza, porque Tú eres la vida de la vida. Sálvame de un enemigo humillante; no me entregues a un juez severo con el pecado. Perdóname los pecados de los días de mi vida. Porque yo vivo en Ti, que tu gracia viva en mi. He renunciado a todos, pero a Ti he confesado. Sálvame de una opresión mala. Es ahora el momento y la hora; envía al Espíritu Santo. Trae la salvación. La luz que viene de la luz me coronará con fuerza indestructible."

Esta, pues, una traducción de la Oración Final de Santiago hallada en Hamra Don, Egipto.

Terminemos este capítulo respectivo a la vida y muerte de Jacobo el Justo, con las siguientes palabras de Eusebio de Cesarea, que a su vez cita a Josefo; y que añade luego de su larga cita de las Memorias de Hegesipo. Dice Eusebio:

"Jacobo fue tan maravilloso y su justicia era conocida por todos los demás de tal modo, que hasta los judíos prudentes creían que este era el motivo del asedio a Jerusalem (que tuvo lugar en el mismo momento en que le martirizaron) y que les sobrevino únicamente debido al sacrilegio preparado contra él. Naturalmente, Josefo no se abstuvo de dar testimonio escrito de estos hechos con las siguientes palabras: "Esto vino sobre los judíos como venganza de Jacobo el Justo, quien era hermano de Jesus llamado el Cristo, porque a pesar de ser un varón extremadamente justo le dieron muerte.-"

Realmente aquellos judíos con Josefo no pudieron percibir que no solamente por la muerte de Jacobo el Justo, sino por la del mismo Mesías, el Señor Jesús, retribución vino sobre Jerusalem y toda la nación como estaba previsto en las Sagradas Escrituras (Daniel 9:26).

 Tal retribución fue detenida unos años por la intercesión de Jacobo el Justo; pero asesinado éste, el muro cedió.

Continúa Eusebio de Cesarea, basándose principalmente en Hegesipo, narrándonos la historia de la sucesión de Jacobo el Justo en Jerusalem:

"Tras el martirio de Jacobo y la inmediata toma de Jerusalem, cuenta la tradición, que, viniendo de diversos sitios, se reunieron en un mismo lugar los apóstoles y los discípulos del Señor que todavía se hallaban con vida, y juntos con ellos también los que eran de la familia del Señor según la carne (pues muchos aún estaban vivos). Todos ellos deliberaron acerca de quién había de ser digno de la sucesión de Jacobo, y por unanimidad todos pensaron que Simón el hijo [?] de Cleofás (a quien menciona el Evangelio) merecía el trono [?] de aquella región, por ser, según se dice, primo [?] del Salvador, pues Hegesipo cuenta que Cleofás era hermano de José." (H.E. LIII:11). [interrogantes míos].

Por las Escrituras (Mt.13:55; Mr.6:3) vemos que Simón, hermano de Jacobo, lo era también del Señor Jesús, pero quizá por estar muerto José, su tio Cleofás lo prohijó. Es, pues, Hegesipo, como ya vimos anteriormente, uno de los que abre la puerta para reinterpretar en sentido prodocético y proencratista el asunto de los hermanos de Jesús. Dejando, pues, de lado la discusión al respecto, que ya tratamos anteriormente, subrayamos simplemente aquí el dato histórico de la sucesión de Jacobo por su hermano menor Simón, según acuerdo apostólico.

Por su propia parte sigue diciendo Hegesipo en sus Memorias:
"Tras ser martirizado Jacobo el Justo, como lo había sido el Señor, y por la misma doctrina, se estableció como Obispo al hijo de su tio [?], Simón, hijo de Cleofás. Todos proponían a Simeón porque era el segundo primo [?] del Señor. Por ello llamaban virgen a la Iglesia, puesto que aún no estaba corrompida por falsas tradiciones. Pero Tibutis empezó a pervertirla por no haber sido elegido Obispo, partiendo de él siete sectas que aparecieron en el pueblo. Una fue la de Simón (de donde los simonianos), Cleobio (de donde los cleobinos), Gorteo (de donde los goratenos) y los Masboteos. A partir de estos salieron los menandrianistas, los marcianistas, los carpocratrianos, los valentinianos, los cuales introdujeron sus ideas propias cada uno por separado y de diversos modos. De estos hombres proceden los falsos cristos, los falsos profetas y los falsos apóstoles, los cuales dividieron la unidad de la Iglesia con sus doctrinas de corrupción contra Dios y contra su Cristo.../ ...En la circuncisión, entre los hijos de los Israelitas, se daban diversas opiniones contra la tribu de Judá y contra el Cristo, que son las siguientes: esenios galileos, hemerobautistas, marboteos, samaritanos, saduceos y fariseos."

Ahora, al respecto de este Simón hermano de Jesús y de Jacobo continúa Eusebio con Hegesipo:

"Una tradición sostiene que, en el tiempo del emperador cuya época estamos estudiando, después de Nerón y Domiciano, resurgió en ciertas partes y en las ciudades una nueva persecución contra nosotros por causa de las revueltas del pueblo. En esta, Simeón, el hijo [?] de Cleofás, al cual ya indicamos que fue el segundo en ser instituído segundo Obispo de la Iglesia de Jerusalem, nos hemos enterado que murió martirizado. De esto es testigo aquel Hegesipo que ya hemos citado en diversas ocasiones. Añade que, claramente, en ese mismo tiempo, Simeón sufrió una acusación y que fue atormentado por muchos días y de muchos modos diferentes, hasta que, dejando consternado al mismo juez y a los suyos, alcanzó una muerte parecida a la pasión del Señor. Pero no hay  como escuchar al propio autor que refiere textualmente lo que sigue:

"Por esto, claramente algunos herejes acusan a Simón, hijo [?] de Cleofás, a causa de ser descendiente de David y cristiano, y de este modo sufre el martirio a los 120 anos de edad, en tiempos del emperador Trajano y del gobernador Atico.-". Hegesipo dice que sucedió que sus acusadores, cuando se investigaba acerca de la tribu real de los judíos, fueron apresados porque ellos también pertenecían a ella. Calculando un poco se puede decir que Simón vio y oyó en persona al Señor, tomando como prueba su larga edad y la referencia, en los Evangelios, a María de Cleofás, el cual, como ya demostramos [?], era su padre. Este mismo escritor dice que otros descendientes de uno de los que llaman hermanos del Señor, de nombre Judas, también vivieron hasta este reinado tras dar testimonio de la fe en Cristo en época de Domiciano, como ya relatamos anteriormente, y escribe como sigue: -Así pues, llegan y se ponen a la cabeza de toda iglesia por ser mártires de la familia del Señor. Y una vez que hubo una profunda paz en la Iglesia aún permanecen hasta el emperador Trajano, hasta que el hijo del tio [?] del Señor al que llamamos antes Simón hijo [?] de Cleofás fue del mismo modo denunciado y acusado por las sectas. También él, por la misma causa, bajo el Gobernador Atico, por muchos días dio testimonio mientras lo torturaban, de manera que todos se maravillaban en extremo, incluso el Gobernador, de como lo aguantaba, siendo ya de 120 años de edad. Finalmente ordenaron que fuera crucificado.- El mismo escritor añade, exponiendo lo sucedido en los tiempos mencionados, que tras estos acontecimientos la iglesia se conservaba hasta entonces virgen, pura y sin corrupción, como si hasta entonces los que pretendían corromper las buenas leyes de la predicación del Salvador, si es que existían, se hallaran escondidos en inciertas tinieblas. Pero cuando el santo grupo de los apóstoles fue llegando de diversos modos al final de su vida y se extinguió aquella generación de los que fueron tenidos por dignos de oír con sus propios oídos la Sabiduría Divina, empezó entonces la formación del error contrario a Dios a través de la estratagema de maestros de otras enseñanzas. Estos, como no quedaba ninguno de los apóstoles, a partir de entonces, con la cabeza ya descubierta, han pretendido contraponer a la predicación de la verdad, la predicación de la falsamente llamada gnosis".

También acerca de la familia del Señor Jesús, de los descendientes de esta,  y de las persecuciones que sufrieron dice Eusebio (H.E. Libro III.19:1 y 20:1-6) con Hegesipo:

"Domiciano también ordenó aniquilar a los de la familia de David, y según una antigua tradición, ciertos herejes acusaban a los descendientes de Judas (el cual era hermano, según la carne, del Salvador) por ser de la familia de David y estar emparentados con el mismo Cristo. Esto expone Hegesipo con las siguientes palabras:

-Todavía se hallan con vida, de la familia del Señor, los nietos de Judas, (llamado su hermano según la carne).  A estos delataron porque eran de la familia de David. El evocato los llevó ante el César Domiciano, pues, como Herodes, también tenía miedo de la venida de Cristo. Les preguntó si eran descendientes de David. Y ellos lo confesaron. Luego les preguntó acerca del número de sus bienes o cuánto dinero poseían, pero ellos dijeron que entre ambos solo sumaban 9.000 denarios,  la mitad cada uno; y persistían en decir que ni siquiera esto tenían en metálico, sino que se trataba de la tasación de solo 39 plietros de tierra, por la que pagaban impuestos y la trabajaban ellos mismos para su subsistencia.- A continuación mostraron sus manos y ofrecieron como testimonio de su trabajo personal su fortaleza física y sus callos que les habían salido en sus propias manos por la obra ininterrumpida. Interrogados sobre Cristo y su reino, que tipo de reino era, dónde y cuándo aparecería, explicaron que no se trataba de un reino de este mundo o de esta tierra, sino celestial y angélico y que ha de tener lugar en el final de los tiempos. Porque viniendo en gloria juzgará a vivos y muertos y pagará a cada uno según sus obras. Observando todo esto, Domiciano nada les reprochó, sino que incluso los menospreció como a gente vulgar, y dejándolos en libertad, puso fin a la persecución de la iglesia mediante un decreto. Los que habían sido liberados dirigieron las iglesias por haber testificado y por pertenecer a la familia del Señor, y habiendo llegado la paz, vivieron hasta Trajano. Esto según Hegesipo, pero Tertuliano también hace una mención parecida de Domiciano."

Continuamos con Eusebio que escribe:
"Pero, al morir Simón del modo referido, le sucedió en el trono [?] del Episcopado en Jerusalem un judío llamado Justo, el cual era uno de los muchos que siendo de la circuncisión, entonces ya creía en Cristo." (Libro III:35). Y en otro lugar (L.IV 5:1-4) continúa al respecto de la sucesión Jacobea en Jerusalem, el antiguo historiador Eusebio de Cesarea, así:

"No he encontrado ningún escrito conservado referente a las fechas de los obispos de Jerusalem, pues de hecho, según una tradición, tuvieron una vida muy corta. De todo lo escrito solo he podido sacar lo siguiente: Desde la destrucción de Jerusalem hasta el sitio de los judíos, en tiempos de Adriano, hubo 15 pastores sucesivos, y dicen que desde un principio todos fueron hebreos que habían recibido sinceramente el conocimiento de Cristo, de modo que los que podían juzgarlo, les consideraron dignos del ministerio. Pues por entonces toda esa iglesia se componía de fieles hebreos, desde los apóstoles y hasta el sitio, de los que aún quedaban. Durante este tiempo los judíos, apartados de nuevo de los romanos, se vieron envueltos en muchas guerras.  Así pues, debido a que precisamente entonces cesaron los obispos de la circuncisión, tal vez sea preciso ofrecer una lista desde el primero. Jacobo, llamado hermano del Señor, fue el primero, Simeón el segundo, Justo el tercero, Zaqueo el cuarto, el quinto Tobías, el sexto Benjamín, Juan el séptimo, el octavo Matías, el noveno Felipe, el décimo Séneca, el undécimo Justo, Leví el duodécimo, Efrén el decimotercero, el decimocuarto José y el decimoquinto y último Judas. Estos fueron los obispos de Jerusalem desde los apóstoles hasta el tiempo mencionado. Todos ellos procedentes de la circuncisión."

Y en el L.IV,6:4C sigue Eusebio:
"El primero en recibir el ministerio, después de los obispos de la circuncisión, fue Marcos."

Esto en el tiempo de Adriano, tras la Revolución de Bar-Kobscha, cuando los habitantes de Jerusalem fueron esparcidos y la ciudad reconstruída con el nombre de Elia, y repoblada con gentiles.
Y acerca de la sucesión Jacobea gentil en Jerusalem (Elia) continúa Eusebio en L.V,12:2:

"...La sucesión desde el sitio de los judíos bajo el mando de Adriano. Posteriormente daremos evidencia de que a partir de ese momento fue cuando por primera vez la iglesia del lugar estaba formada por gentiles, después de los que venían de la circuncisión, y que su primer obispo gentil fue Marcos. Las sucesiones de Jerusalem indican que Casiano sucedió a Marcos en el episcopado, después de éste, Publio, a continuación Maximino; luego Juliano y después Cayo, a quien sigue Símaco; también otro Cayo y otro Juliano; tras estos Capitón, Valente y Doliquiano, y después de todos ellos Narciso, que fue el trigésimo desde los apóstoles, según la sucesión en la serie."

Siguiendo, pues, las noticias dispersas de Eusebio se obtiene que la sucesión Jacobea en Jerusalem ha sido la siguiente hasta los tiempos de ese historiador: Jacobo, Simeón, Justo I, Zaqueo, Tobías, Benjamín, Juan, Matías, Felipe, Séneca, Justo II, Leví, Efrén, José, Judas, Marcos, Casiano, Publio, Maximino, Juliano I, Cayo I, Símaco, Cayo II, Juliano II, Capitón, Valente, Doliquiano, Narciso, Theo, Germanión, Gordio, Narciso (de nuevo), Alejandro, Himeneo, Zabdas, Hermón...

En L.VII,19:1 dice Eusebio:
"Se conserva hasta hoy el trono [?] de Jacobo, quien fue el primero en recibir del Salvador y de los apóstoles el episcopado de la Iglesia de Jerusalem, y a quien los libros divinos llaman hermano de Cristo. Los hermanos de allí, rodeándolo de cuidados en cada generación, indican manifiestamente a todos cuan grande veneración guardan los antiguos, y también los de nuestros dias, para con los santos varones, porque son amados de Dios."

Esto, pues, lo relativo a la identidad, familia, vida, muerte, sucesión y tradición del apóstol de Jesucristo, Jacobo el Justo, hermano suyo y del apóstol Judas Tadeo Lebeo, de José y de Simón, y de sus hermanas Lisia y Lidia; hijo de José y María, y autor de la Epístola que lleva su nombre en el Nuevo Testamento.
         

 TESTIGOS MANUSCRITOS DEL TEXTO Y CANONICIDAD
              DE LA EPÍSTOLA DE JACOBO EL JUSTO.

Hasta donde éste autor conoce a la fecha, el manuscrito testigo textual más antiguo de la existencia de la Epístola del apóstol Jacobo el Justo es el Fragmento 7Q8, hallado con otros 18 fragmentos, en su mayoría neotestamentarios, en una de las cuevas del Qumram entre las inmediaciones del Mar Muerto y las cercanías de Jericó; precisamente en la cueva No.7, donde, a diferencia de las otras cuevas, solo se encontraron fragmentos de papiros escritos en griego. Realmente el Fragmento 7Q8, más que testigo textual, en este caso es más bien un testigo, por una parte, de la antigüedad de la Epístola de Jacobo; y por otra parte, testigo de su inclusión en una colección típicamente neotestamentaria, en la primera generación de cristianos y aún en vida del apóstol Jacobo el Justo, hermano del Señor Jesús.
En cuanto a su antigüedad tenemos, entre otras cosas, lo siguiente: el experto C.H. Roberts dató el cierre de la cueva 7 del Qumram como habiendo sido efectuado cerca del llamado año 70 [77] de nuestra era por causa de la guerra con los romanos. Los hallazgos de la cueva fueron inventariados desde 7Q1 hasta 7Q19, y datados entre los llamados años 50 A.C. hasta 50 D.C. [43 A.C.- 57 D.C]. El experto M.E. Boismard identificó el Fragmento 7Q1 como correspondiente al pasaje de las Vestiduras Sacerdotales del Libro del Éxodo. Y juntamente con P. Benoit identificaron el Fragmento 7Q2 como perteneciente a un pasaje de la Epístola de Jeremías que suele anexarse al libro deuterocanónico de Baruk. Los Fragmentos 7Q3 hasta 7Q18 y la impronta 7Q19 datáronse en base a evidencias paleográficas y otros detalles, pues, a más tardar hasta mediados del primer siglo. Tales dataciones fueron luego confirmadas posteriormente, lo cual se dio a la publicidad en 1.972 [1.979] en la Revista Bíblica No. 53, pg. 515. Después de las dataciones e identificaciones de Roberts, Boismard y Benoit, el experto J.O'Callaghan identificó los fragmentos restantes, los cuales resultaron pertenecer a una colección neotestamentaria que incluía los escritos de Marcos, Hechos, Romanos, 1a. Timoteo, Santiago y 2a. Pedro. El Fragmento inventariado como 7Q8 era el correspondiente a la Epístola de Jacobo. Este papiro estaba escrito en el tipo paleográfico conocido como Herculanense y con las señales esticométricas típicas de tal tipo de papiro, cuyo modelo paleográfico de datación es el de los Rollos de Herculano, la mayoría con obras de Filodeno de Gadara, contemporáneo de Cicerón y anterior a la catástrofe de Pompeya por la erupción del volcán Vesubio. Tal tipo paleográfico corresponde, pues, al siglo que va entre mediados del anterior y mediados del primer siglo cristiano.

El Fragmento 7Q8 de Santiago se corresponde con el pasaje donde dice: "Porque si alguno es oidor de la Palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida como era."

El Fragmento 7Q8 pertenece a un papiro de rollo antiguo escrito por una sola cara, y no a un códice, y por lo tanto es de tipo más antiguo, según la ciencia papirológica.

Por otra parte, el hecho de que tal fragmento se encontrase con otros de Marcos, Hechos, las Epístolas de Pablo a los Romanos y 1a. Timoteo, y la 2a. Epístola de Pedro, [lo cual implica a su vez la existencia también de Lucas (Hchs.1:1), 1a. Pedro (2Pd.3:1) y las demás Cartas de la colección Paulina reconocidas por Pedro (2Pd.3:15,16)], todo esto indica que la Epístola del apóstol Jacobo el Justo formaba parte del más antiguo canon neotestamentario conocido hasta el presente, y cuando aún estaba en vida Jacobo, pues es sabido que este murió mínimo recién en el llamado año 62 [69] de nuestra era durante el pontificado sacerdotal de Ananos en Jerusalem, en el interregno entre los gobernadores de Judea Festo y Albino, como lo testifica el historiador Josefo, en el libro XX de sus Antigüedades.

La Epístola de Jacobo también por su evidencia interna da pie para deducir que fue escrita antes del Sínodo de Jerusalem realizado por cerca del llamado año 49 D.C. [56]; e incluso escrita antes de la anterior visita de Pablo, Bernabé y Tito a Jacobo, Cefas y Juan en Jerusalem, pues no da señales ni de la inclusión de los gentiles, ni de las conclusiones sinodales, ni de las anteriores conversaciones privadas, y evidencia un ambiente apenas primigenio en la transición intertestamentaria. Además, para nada alude a la caída de Jerusalem, fecha por lo demás para la cual ya fue sellada la Cueva 7 de Qumram conteniendo en su interior el papiro de Santiago 7Q8 en escritura típica Herculanense de mediados del primer siglo a más tardar. La cueva apenas fue abierta y excavada entre el 16 y 19 de febrero de 1.955 [1.962] por Hassan Awad.

El asunto de la fe y las obras es luego tratado por Pablo; en Romanos 4:2 éste dice: "Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de que gloriarse, pero no para con Dios.", lo cual alude a Santiago 2:11-13 complementándolo. La Epístola de Pablo a los Romanos fue escrita por el llamado año 57 D.C. [64] antes de la visita del apóstol a la ciudad de Roma. Por lo tanto la Epístola de Jacobo demuéstrase también en esto anterior. La Epístola de Pablo a los Gálatas fue escrita desde Antioquía (Gal.2:11) antes del Sínodo público de Jerusalem al cual no hace referencia; es decir más o menos por el llamado año 48 D.C. [55] (Gal.2:1). Para ese tiempo Pablo ya había subido recientemente con Bernabé y Tito a Jerusalem para tratar en privado el asunto del Evangelio con Jacobo, Cefas y Juan.  Por lo tanto, la Epístola de Jacobo, que para nada tiene en cuenta el asunto de los gentiles, y que se dirige a las doce tribus en la diáspora, debió de ser escrita un tiempo antes; quizás en los alrededores del llamado año 45 D.C. [52]. Por una fecha temprana se han pronunciado varios eruditos, como: Neander, Alford, Salmon, Weiss, Plumptre, Gloag, Mayor, Angus, Green, A.T. Robertson, Michaelis, Kittel, E. Harrison, entre otros. Personalmente también yo me pronuncio a favor de una fecha temprana, y por la autoría legítima del Apóstol Jacobo el Justo, quizá con la ayuda del amanuense Silvano, como en los casos de la Epístola Apostólica y Presbiterial del Sínodo de Jerusalem a las Iglesias de la Gentilidad (Hchs.15:23) (que con la Epístola de Jacobo tiene similitudes), y de la 1a. Epístola de Pedro (1Pd.5:12), lo cual explicaría lo culto del koiné usado, si fuese necesario, aunque no es perentorio.

El trasfondo semítico es notorio en varios pasajes y los aspectos estoicos serían apenas influencias culturales externas a través de libros judío-helenistas como los deuterocanónicos Sabiduría y Eclesiástico de Jesús Ben-Sirak. También sus abundantes alusiones a la tradición protoevangélica revelan, por la evidencia interna, una gran familiaridad con la comunidad apostólica cristiana primitiva, y un alto puesto de autoridad en tal comunidad. Todo esto se corresponde perfectamente con Jacobo el Justo. La epístola no es anónima, y para una fecha temprana como se demuestra arqueológicamente y por lo adusto de su contenido, no habría razón para ser pseudoepígrafa.

Ya en la segunda mitad del primer siglo se percibe el eco de su lenguaje en escritores como los varones apostólicos Clemente de Roma, Hermas e Ignacio de Antioquía. Tales alusiones y otras posteriores, como en Ireneo de Lyon y Tertuliano de Cartago, aunque breves, indicarían un conocimiento de la Epístola y/o de su ambiente, un uso de ella, y un período de asimilación en el lenguaje del nuevo ambiente cristiano gentil.

Por ejemplo: los pasajes del primer capítulo de Santiago 1:5-8,17,26,27 que dicen: "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos... /... Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.../ ...Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo."

Se corresponden con pasajes con alusiones  en Clemente de Roma, en la Epístola, por él escrita, de la iglesia de Roma a la iglesia de Corinto, a fines del primer siglo, donde dice:
"El que en todo es misericordioso y Padre benéfico, tiene entrañas de compasión para con todos los que le temen y benigna y amorosamente reparte sus gracias entre los que se acercan a El con mente sencilla. Por lo tanto no dudemos ni vacile nuestra alma de sus dádivas sobreabundantes y gloriosas. Lejos de nosotros aquel lugar de la Escritura que dice: Desgraciados los dobles, los que dudan en su alma..."(Clemente de Roma, Ep.ad Cor.XXIII:1-3).

También en la llamada Primera Carta de Clemente a las Vírgenes, mencionada por Epifanio de Salamamina, Jerónimo y Antioco de Sabas, dice: "...Dios te dará sabiduría... pero es vana religión confesar que se tiene la virginidad y continencia, y negar la virtud de ella.../ ...y en efecto, quien aspira a lo mejor, renuncia al mundo, para vivir vida divina, celeste, angélica, en religión pura y sin mancha, y santa en Espíritu de Dios.../ ...mas se condenarán aquellos que con su garrulonería y vana doctrina enseñan mas si recibiese dádiva espiritual y palabra de sabiduría... bendito sea Dios, rico sobre todo, que da a todos los hombres y no reprocha.../ ...Cosa buena es visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones..." (I Ad.Virgenes III:4,5; IV:1; XI:9,10; XII:1 (véase también Santiago 3:13-18).

Por su parte, dice el Ángel, con lenguaje Jacobeo, al varón apostólico Hermas, en su obra "El Pastor":

"...Purifica tu corazón de todas las vanidades de este siglo y de todos los pecados... y pide al Señor y lo alcanzarás todo. De ninguna de tus peticiones te verás defraudado, con tal que pidas al Señor sin vacilaciones. Mas si vacilares en tu corazón, ninguna de tus peticiones se verá cumplida. Porque los que vacilan de Dios son dobles de alma, y nada absolutamente obtienen de cuanto piden. En cambio los enteros en la fe piden todo con confianza en el Señor, sin dudar. Pues el que duda, si no se arrepiente, con dificultad se salvará. Purifica pues tu corazón de toda duda y revístete de fe.../ ... Escucha ahora lo que sigue: Servir a las viudas, socorrer a los huérfanos y necesitados, redimir de sus necesidades a los siervos de Dios..." ("El Pastor" de Hermas; Mandamientos IX:4-7; VIII:10).

Del segundo capítulo de Santiago 2:21-26:
"no fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?  y se cumplió la Escritura que dice: -Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera,  no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta."

De lo cual se tiene en Clemente de Roma las siguientes alusiones:
" Por qué fue bendecido nuestro padre Abraham?  No lo fue acaso por haber practicado la justicia y la verdad por medio de la fe?... Unámosnos, pues, a aquellos a quienes fue dada gracia de parte de Dios; revistámosnos de concordia, manteniéndonos en el espíritu de humildad y continencia, apartados muy lejos de toda murmuración y calumnia, justificados por nuestras obras y no por nuestras palabras... Abraham que fue dicho amigo de Dios fue encontrado fiel por haber sido obediente a las palabras de Dios... Atestiguado con grande testimonio fue Abraham, y amigo de Dios fue llamado, y sin embargo mirando a la gloria de Dios, dice con espíritu de humildad: Yo soy tierra y ceniza... Por su fe y hospitalidad, se salvo Rahab la ramera... Ya veis, carísimos, como se dio en esta mujer no solo la fe, sino también la profecía..." (Clemente de Roma, Ep.ad Cor. XXXI:2; XXX:3; X:1; XVII:2; XII:1,8).

En relación también con Santiago 2:1:
"Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro Senor Jesucristo sea sin acepción de personas" etc. (y véase también Stgo.2:9,15,16; Gal.2:10) nos dice la llamada Primera de Clemente a las Vírgenes XII:8 así:

"Y en este punto postrémosnos sin escándalo, y no hagamos cosa alguna por acepción de personas y como por consideración a los demás, sino amemos a los pobres como a siervos de Dios, y a ellos visitemos antes que a nadie. Porque a la verdad, cosa hermosa delante de Dios y de los hombres que nos acordemos de los pobres y amemos a los hermanos y peregrinos por Dios y por aquellos que creen en Dios, conforme aprendimos por la ley y los profetas de nuestro Señor Jesucristo, acerca de la caridad para con los hermanos y peregrinos, por razón de que esto mismo es agradable para vosotros, puesto que todos vosotros estáis enseñados por Dios. Conocéis, en efecto, las palabras que fueron dichas sobre el amor para con los hermanos y peregrinos, pues poderosamente han sido dichas esas palabras para todos aquellos que las cumplen."

Y así como Santiago.3:13 nos dice: "Quién es sabio y entendido entre vosotros? muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre."

Así también nos dice Clemente de Roma XXVIII:2 con trasfondo Jacobeo: "El fuerte cuide del débil y el débil respete al fuerte; el rico suministre al pobre y el pobre de gracias a Dios, que le deparó quien remedie su necesidad. El sabio muestre su sabiduría no en palabras, sino en buenas obras..."

Y desde Santiago.4:1,6,16 que nos dice: " De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? no es de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?... pero El da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes.../ ...pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala."

Nos dice Clemente de Roma XLVI:5; XXX:2; XIII:1:
" A qué vienen en vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras? ... porque Dios, dice la Escritura, resiste a los soberbios, pero a los humildes da su gracia... /...seamos, pues, humildes, hermanos, deponiendo toda jactancia, ostentación..."

Y en la Primera a las Vírgenes XI:4 se nos dice así:
"...Quieren ser maestros y mostrarse hombres elocuentes, negociando iniquidad en el nombre de Cristo. Esto sucede a muchos; pero es indecoroso que lo hagan los siervos de Dios. No atienden a lo que dice la Escritura: No sean muchos entre vosotros los maestros, hermanos, ni seáis todos profetas. El que no prevarica en sus palabras, este hombre es perfecto, pues puede domar y someter todo su cuerpo."

Lo cual proviene como cita textual de Stgo.3:1,2: "Hermanos mios, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo."

De modo que toda la literatura Clementina resuma el conocimiento de Santiago. Si bien la Primera a las Vírgenes se tiene por algunos como de alrededor del llamado año 225 [232], e incluso algunos la atribuyen, probablemente con mucho error, a Atanasio (la versión copta), se halla incluida en el Canon de un manuscrito de la Peshita Siriaca del Nuevo Testamento, y la citan como de Clemente: Epifanio en Panarion 30:15, Jerónimo en Ad.Joviniano 1:12 y Antioco de Sabas (620) [627] en el Pandektos de los Santos Libros.

El siglo I cristiano se halla lleno del eco de la autoridad de Jacobo el Justo y de su Epístola. Entrado ya el siglo II, alude a Santiago 4:6,7 (y a su fuente veterotestamentaria) de la siguiente manera: "Así, pues, el que no acude a la reunión de los fieles, ese es ya un soberbio y él mismo pronuncia su sentencia. Porque está escrito: Dios resiste a los soberbios. Pongamos, por ende en no resistir al obispo, a fin de estar sometidos a Dios."

La frase final conecta más con el contexto de Santiago que con el de Proverbios.

Por su parte Ireneo de Lyon, en el mismo siglo II, un poco más adelante, de la Epístola de Santiago tiene expresiones prestadas en su obra "Contra las Herejias" así:
Santiago              Ireneo               Expresiones y conceptos prestados

1:4                      V;24:2(39)        En nada leves
1:15                    V;12:2(17)        Consumado
1:16                    V;9:4(93)          No erréis
1:18                   IV;38:1(455)    
14:1(3ss)            V;1:1(17)          Primicias de sus criaturas
1:22                   V;1:1(9)            Hacedores de la Palabra
2:5                     V;9:4ss              Herederos
2:23                  IV;13:4(102ss),27 16:2(32ss)   Amigo de Dios
3:6                     V;35:2(79)                             Gehena
3:17                   V;10:2(40)                            Frutos
3:18                   V;10:1(26)      Frutos de justicia (justicia infructuosa)
4:3                     V;29:1(7)        Gastar en
4:4                     V;17:1(5)        Enemigos
5:6                   IV;18:3(56)

De la misma manera Tertuliano de Cartago tiene expresiones similares a las de Santiago, en sus obras: Contra los Judíos 2, y De la Oración 8.

En el Nuevo Aparato Crítico de la Epístola del apóstol Jacobo el Justo, Metzger, Aland, Gregory y Champlin incluyen citas del Siriaco que van desde cerca de los llamados años 150 hasta el 600, y del Copto que van desde cerca del 200 hasta el 500.

Clemente de Alejandría (150-214) [+221] llama apóstol a este Jacobo. En su libro "Hypotyposeis" hace una relación de la Escritura Testamentaria, incluyendo las Epístolas de Judas, Santiago, Segunda de Pedro, Segunda y Tercera de Juan, Hebreos, el Apocalipsis canónico de Juan, Bernabé y el llamado Apocalipsis de Pedro. De esto nos da cuenta Eusebio de Cesarea (H.E. L.VI;14:1).

Por su parte Orígenes (181-251) [+258], uno de los más grandes y eruditos pilares antenicenos del Cristianismo primitivo, heredando toda la tradición de la Escuela de Alejandría, hace citas textuales de la Epístola de Santiago, mencionándolo por nombre propio y como Apóstol, y teniendo tal Epístola como Escritura Sagrada. Ejemplos de tales citas vemos en su Comentario a Juan XIX:23, en sus Selecciones de los Salmos 30, 65, 118; en su Tratado Sobre el Éxodo, en la sección del capítulo 15. Fragmentos del Comentario a Juan 6,38,126. Ciertamente que también Orígenes hace mención de que ya para su época algunos comenzaban a discutir acerca de la Epístola de Santiago; no obstante, él personalmente la tenía y citaba como Escritura Sagrada. Y lo mismo hacen los famosos discípulos del Señor que Orígenes hizo, tales como Gregorio Taumaturgo (c.270) y Dionisio de Alejandría (c.270); este último, por ejemplo en su Comentario a Lucas XXII:46.

De los alrededores del llamado año 250 D.C. se conservan dos importantísimos papiros testigos antiquísimos del texto de la Epístola de Jacobo; ellos son el Papiro P20 conservado en el Seminario Clásico de Princeton, bajo la nomenclatura AM4117(15) y que consta del pasaje que va desde 2:19 hasta 3:9 con los asuntos clásicos Jacobeos de la fe y las obras, y la lengua. El otro es su contemporáneo Papiro P23 conservado en el Archivo Clásico y Museo de Arte de Urbana, bajo la nomenclatura G.P.1229, y que consta de los pasajes Jacobeos 1:10-12,15-18 con su diatriba primera contra los ricos, su bienaventuranza a los que soportan la tentación, y su pasaje sobre la concupiscencia, las dádivas del Altísimo y la regeneración.

Importante también por su antigüedad y conteniendo Hechos y las llamadas Epístolas Universales, es el Códice Uncial 0232 con un tipo de texto por vuelta de los años 200.

Otro antiquísimo papiro de importancia en relación al texto de Santiago es el Papiro P74 Bodmer. Pertenece a la famosísima y más amplia colección papirácea de Martín Bodmer conservada en Colonia y Ginebra. El Papiro Bodmer P74 por su parte contiene amplios pasajes de Hechos, Santiago, 1a. y 2a. de Pedro, 1a., 2a, y 3a. de Juan, y de Judas. Es de cerca de los años 250. En relación a la Epístola de Jacobo contiene los pasajes 1:1-6,8-19,21-25,27 hasta 2:15; y 2:19-22,25 hasta 3:1; y 3:5,6,10-12,14,17 hasta 4:8; y 4:11-14; 5:1-3,7-9,12-14,19 y 20. Es decir solo le faltan 26 versículos entre 108 del total. Con el solo Bodmer P74 se recuperan 3/4 del texto en época muy antigua.

Por el llamado año 311 [+318] moría Metodio de Olimpo, que aunque tuvo en gran estima a Orígenes, no obstante se vio obligado en conciencia a refutarlo en sus errores, principalmente en lo relativo a la preexistencia de las almas y a su manera de ver la resurrección de los cuerpos. Este gran doctor Metodio de Olimpo, reconocía y citaba también como Escritura Sagrada la Epístola de Jacobo.

Eusebio de Cesarea (263-340) [+347] en su Historia Eclesiástica L.II;23:24,25, después de citar el pasaje de Josefo donde se narra la muerte de Jacobo el Justo dice: "Todo esto es lo que se cuenta de Jacobo (o sea, Santiago), de quien se dice ser la primera de las llamadas Epístolas Universales. Pero es necesario conocer que muchos de los antiguos no hacen mención de ella, ni tampoco de la llamada de Judas, que también pertenece a las siete llamadas Universales.

Pero, a pesar de todo, me consta que tanto esta como las otras se
usan en público en la mayoría de las iglesias."

Más adelante, en el L.III;25:3 escribe Eusebio:
"Los escritos discutidos, a pesar de ser conocidos por la mayoría, son las Epístolas de Santiago, la de Judas y la Segunda de Pedro, y las que llaman Segunda y Tercera de Juan, tanto si son del evangelista como si son de alguien con el mismo nombre."

Vemos, pues, que para la época de Eusebio, aquella tendencia mencionada antes por Orígenes, de algunos discutir acerca de ciertos libros canónicos del Nuevo Testamento, bullía entre ciertos líderes; no obstante, aún así Eusebio reconoce la tradición acerca de la autoría de la Epístola de Santiago, reconoce que formaba parte del Canon Neotestamentario en la serie de las Epístolas Universales, ocupando allí el primer lugar; reconoce también que era conocida por la mayoría y además que le constaba que era usada en público en la mayoría de las iglesias. El desconocimiento, pues, por una minoría, o sus discusiones, realmente son muy poco ante el testimonio del Espíritu Santo en el amplio Cuerpo de Cristo. Ciertamente que Pablo, Pedro y Juan eran más citados que Santiago por los antiguos; no obstante, las alusiones y/o citas de Clemente de Roma, Hermas, Ignacio de Antioquía, Ireneo de Lyon, Tertuliano de Cartago, Clemente de Alejandría, Orígenes, Gregorio Taumaturgo, Metodio de Olimpo, Dionisio de Alejandría y otros antes de Eusebio, no pueden pasarse por alto, como tampoco la amplia tradición de las iglesias y escuelas de la obra, lo cual si analizamos es geográficamente muy amplia: Asia, Africa y Europa.

El gran teólogo alejandrino, conocido como teólogo del Espíritu Santo, Dídimo el Ciego (313-398) [+405] en su Tratado del Espíritu Santo cita textualmente a Jacobo y su Epístola (De Spiritu Sancto 54-57; Patrología Griega 39:1079A-1081C), en una importante consideración acerca del pneuma. Escribe Dídimo el Ciego así: "Quien vive según la carne morirá con aquella muerte que es consecuencia del pecado. En efecto, el pecado, una vez consumado, engendra la muerte, según Santiago." Más adelante cita de nuevo Dídimo: "...se le llama espíritu, como en la epístola de Santiago: como el cuerpo sin espíritu está muerto, etc." (Tratado sobre el Espíritu Santo XLI/194; LIV/239. Biblioteca de Patrística 36, Ed.C.N.).

El Códice Uncial 01 Alef Sinaítico de Tieschendorf que se encuentra en el Museo Británico de Londres, y que contiene el texto íntegro de la Epístola de Jacobo, aunque es de alrededor de los años 300, sin embargo, al compararse su tipo de texto con el de los Papiros Chester Beatty, un siglo más antiguos, se percibe que el texto del Sinaítico proviene de mayor antigüedad.

Otros Códices Unciales bastante antiguos, de vueltas del año 300, son el 0189, y el 0206, ambos con Hechos y las Epístolas Universales. Igualmente versiones antiguas de la Epístolas de Jacobo y citadas en los aparatos críticos, son los manuscritos en latín antiguo de la Itala, de entre los siglos II al IV, y de cuyo texto, de los alrededores del 300, pasó a la Vulgata. Jülicher-Wordswrth-White editaron los manuscritos latinos m Speculum Agustinos de entre el 300 y el 800, conteniendo los Evangelios, Hechos, las Epístolas Paulinas y las Universales y el Apocalipsis. La versión Armenia es de los alrededores del 350.

Por el 340 Gregorio Nacianceno incluye expresamente en su Catálogo de Libros Canónicos a Santiago, citándolo directamente. Lo mismo hace Atanasio diez años después, y Cirilo de Jerusalem en la siguiente década. En el año 364 la Epístola de Jacobo es citada directamente en el Catálogo de Libros Canónicos acatados por el Concilio de Laodicea en su canon número 60. Lo mismo hacen por esa época Cirilo de Alejandría y de allí en adelante todos los demás alejandrinos posteriores.

También se acata la canonicidad de la Epístola de Jacobo en el Catálogo Claromontano de mediados del siglo IV. Inclúyenla y cítanla por la época Ambrosiaster (382)[389], Hilario de Poitiers (385)[392], Prisciliano (386)[393], Macario Egipcio (391)[398]. No obstante, Anfiloquio (374)[381] es por la época el que expresa duda.

Veamos un ejemplo de acatamiento Jacobeo canónico por la época; citado a la par que las Escrituras Sagradas del Antiguo Testamento. En el Libro IV:8 De la Trinidad de Hilario de Poitiers: "... Además, solo a El han conocido como incambiable e inmutable, porque ha dicho por medio del profeta: Yo soy el Señor Dios vuestro y no cambio (Mlq.3:6); y el Apóstol Santiago ha dicho: "En el cual no hay cambio (Stgo.1:17). A él conocen como Juez justo, pues está escrito: Dios, Juez justo y fuerte y paciente (Salmos 7:12)".

De rodeando los años 400 D.C. nos quedan dos importantísimos códices unciales neotestamentarios que incluyen el texto de la Epístola de Jacobo; ellos son el Códice Uncial 02 A Alejandrino conservado en el Museo Británico de Londres, cuyo texto de tipo alejandrino coincide con el del Sinaítico y el del Vaticano, y además de contener toda la Biblia con pequeñas lagunas contiene también las dos Epístolas de Clemente. El otro es el Códice Uncial 04 C Palimpsesto Efraémico Rescripto descifrado por Tieschendorf debajo de los escritos de Efrem el Sirio, conservado en la Bilioteca Nacional de París.

Otros Manuscritos Mayúsculos importantes de cerca de los años 400 con el Texto de Jacobo son los Códices Unciales 048, 0165, 0175 y 0236; el primero con Hechos, las Universales y las Paulinas; los otros tres sin las Paulinas. Esto en griego; pero de la misma época también con el Texto de Jacobo en latín son el manuscrito d 5 Bezae-Cantabrigense editado por Jülicher, y el manuscrito h 55 Floriacense editado por Buchanan. Es por esta época que Epifanio de Salamina acata y cita a Jacobo; igualmente hace Juan Crisóstomo a vueltas del 400.

Por el llamado 412 [419] aparece el Texto de la Epístola de Jacobo en siriaco en la edición bíblica de la Peshita. Y por el llamado año 419 [426] es catalogado entre los canónicos por el Concilio de Cartago. Así lo reconocen también Jerónimo (+420) [427] y Agustín (+430) [437]. Así lo habían hecho también Filatrio y Rufino por el 400, Inocente (+417) [424] y Hesiquio Salonitano (+418) [425]. También Hesiquio de Jerusalem (+450) [457] de cuya mitad de siglo es el importante Papiro P54 conservado en el Depósito Garret de la Librería de la Universidad de Princeton en New Jersey, catalogado con la nomenclatura 7742 y que consta de Santiago 2:16-18,21-25; 3:2-4.

El Texto de la Epístola de Jacobo se halla también en la versión Armenia cercana al año 430. De mediados de este siglo V es también en griego el Códice Uncial 076 con Hechos y las Epístolas Universales.

La Epístola de Santiago aparece como canónica por el llamado año 470 [477] en el Catálogo de Gelasio.

De mediados de los años 500 nos quedan los Códices Unciales 066, 093 y 0246 también de Hechos y las Universales. De esa misma época es la versión Etiópica y las citas de Atanasiastro. Algunos retardan hasta aquí el Códice Claromontano con la canocidad de Santiago. El representante latino del Texto de Jacobo por esta época es el manuscrito s 53 Bobiense editado por White. Entrado ya el siglo citan canónicamente a Santiago: Leoncio de Bizancio (+540) [547] y Casiodoro (550)[557]. El que por la época expresa alguna duda es Junilio (550)[557].

De vueltas de los años 600 son los Códices Unciales 096, 097 y 0209; los primeros de Hechos y las Universales; y el último además con las Paulinas. El representante latino de los 600 con Santiago es el manuscrito l 67 Legionense editado por Fisher; y las citas patrísticas que por la época reconocen explícitamente la canonicidad de Santiago son las de Isidoro de Sevilla (608) [615] y Antioco de Sabas (+614) [621].

Los más importantes manuscritos griegos de los 700 conteniendo Santiago son el Códice Uncial 044 PSi Laurense de los Evangelios, Hechos, y todas las Epístolas, conservado en la República Monástica del Monte Attos, y el S(ap) Athousiano de lo mismo, conservado en el Monasterio de Laura en el mismo lugar. También de los 700 los Códices Unciales 095 y 0156 de Hechos y las Universales. El representante latino de los 700 con Santiago es el manuscrito z 65 Harleiano-Londinense editado por Buchanan. A mediados del siglo cita canónicamente a Santiago: Juan Damasceno (+749) [756].

Los más importantes Manuscritos Griegos Mayúsculos de los 800 son el Códice Uncial 018 K2 Mosquense con Hechos y todas las Epístolas conservado en Moscú, y el Códice Uncial 020 L2 Angélico, también de Hechos y todas las Epístolas, conservado en la Biblioteca Angelicana de Roma. Además los Códices Unciales 049 y 0120 de Hechos y las Universales, el primero además con las Paulinas. De los 800 contienen también en griego a Santiago los importantes manuscritos minúsculos 33 de tipo de texto similar al del Códice Vaticano, y 1424 con comentario al margen y del cual depende toda la familia de minúsculos f1424 identificada por B.H.Streeter. También en griego con Texto de Santiago por los 800 el Leccionario £368. Los representantes latinos de los 800 con Santiago son: el manuscrito ar 61 Ardmacano editado por Gwynn, y el manuscrito g17 Sangermanense editado por Belsheim-Wordsworth-White. La cita Jacobeana de los 800, de finales del período patrístico, la tenemos en Nicéforo. El manuscrito griego minúsculo 1424 es de los años 850.

De los años 900 nos queda el importante Códice Uncial 025 P2 Porfiriano Palimpsesto recuperado bajo los comentarios de Eulalio, y conservado en la Biblioteca Pública de Lenningrado (hoy San Petersburgo), con Hechos, Universales, Paulinas y Apocalipsis. También de los 900 los Códices Unciales 056 con Hechos, Universales y Paulinas, y 0142 con lo mismo. Entre los minúsculos el 307, el 605, el 1836, el 1898 de Hechos y todas las Epístolas; el 1739 con notas marginales tomadas de Ireneo, Clemente Alejandrino, Orígenes, Eusebio y Basilio Magno. Con citas de Santiago en griego también de los 900 los Leccionarios £597, £1356 y £1504, revisados para la edición crítica de Champlin por el Proyecto de Leccionarios Griegos de la Universidad de Chicago. De los 900 el manuscrito latino ff19 Corbiense I con los Evangelios, Hechos y Epístolas Universales, editado por Jülicher. Igualmente, apenas levemente posterior el manuscrito latino ff 66 Corbiense de solo las epístolas católicas y editado por Wordsworth-White. La cita Jacobeana de los 900 pertenece a Ecumeniastro.

Llegamos entonces acompañando el Texto de la Epístola canónica de Jacobo el Justo hasta vueltas del primer milenio cristiano, los años 1000. De esta primera vuelta de milenio nos quedan con el texto de Santiago los manuscritos griegos minúsculos 181, 436, 451, 945, 1854, 2344 coleccionados y estudiados por el Instituto para la Investigación del Texto del Nuevo Testamento, de Munster, Alemania.

 Todos estos mencionados son independientes del tipo de texto llamado bizantino. Pero además son significativos para el estudio de las variantes, con Santiago, de vueltas del primer milenio también los manuscritos minúsculos 35, 42, 103, 142, 241, 256, 323, 325, 424, 431, 465, 491, 547, 627, 945, 1175, 1835, 1837, 1838 y los Leccionarios Griegos £598, £599, £603, £883, £1298 y £1300, revisados también para la edición crítica de Champlin por el Proyecto de Leccionarios Griegos de la Universidad de Chicago. El representante latino de vueltas del primer milenio es el manuscrito t 56 Líber Cómicus Toledano editado por Morin. Entrado el milenio tenemos algunos manuscritos minúsculos y Leccionarios Griegos en los que consta con toda precisión la fecha de su copia. Con el Texto de Santiago tales, por ejemplo, los manuscritos griegos minúsculos: el 623 del año 1.037 [1.044]; el 81 del año 1.044 ]1.051]; el 507 cercano al año 1.050 [1.057]; el 2138 del año 1.072 [1.079]; el 1505 del año 1.084 [1.091]; y el 1311 del año 1.090 [1.097]; el Leccionario Griego £1443 del año 1.053 [1.060]. Teofilacto (+1077) [1.084] es de quien para la época nos quedan citas Jacobeas.

De los años 1.100, con Santiago, son los manuscritos minúsculos griegos: 1, 88, 326, 330, 1241, 1611, 1828, 2127 y 2412 de la colección estudiada en Munster; y además: 2, 57, 76, 97, 110, 122, 242, 255, 378, 440, 618, 808, 917, 1319 y 1873 de interés para la investigación de las variantes. De la misma centuria los Leccionarios Griegos £147, £809, £1021, £1149, £1364 y £1365 de la investigación de Chicago; y £37, £44 y £1440. Con datación exacta en la copia los minúsculos 927 del año 1.133 [1.140]; y el 104 del aÆo 1.137 [1.144] con el 1646 del año 1.172 [1.179]; el £141 del aÆo 1.105 [1.112]; el £164 del año 1.172 [1.179] de la Colección de Munster. El £241 del año 1.199 [1.206]; el £1311 del año 1.116 [1.123]. Un minúsculo griego sobresaliente cercano al llamado año 1.150 es el 1241. De la misma época el manuscrito latino c 6 Colbertino editado por Jülicher.

De los años 1.200 con Santiago, de la Colección de Minúsculos de Munster: el 614 y el 1242. Fuera de esta colección, además: 4, 38, 94, 206, 263, 309, 327, 328, 441, 460, 462, 468, 469, 915, 1758; cercano también el 614; y Leccionarios Griegos de los 1.200: De la Investigación de Chicago: £680, £1441, £1590. Y además: £6, £174, £611. Cercano también el importante minúsculo 383. Con datación exacta de copia: el 234 del aÆo 1.278 [1.285]; el 1597 del año 1.289 [1.296] y el 483 del año 1.295 [1.302]. Los representantes latinos de este siglo XIII son: los manuscritos: el dem 59 Demidoviano editado por Matthaei; el div Divionense editado por Wordsworth-White; el gig 51 Gigas editado por Belsheim-Wordsworth-White; y el p 54 Perpinianense editado por Wordsworth. En el año 1.285 [1.292] Ebed-Jesu cita y trata la Epístola de Jacobo.

De los años 1.300, de la Colección de Munster los minúsculos griegos 629, 630, 1859, 1877, 1881 y un poco posterior el 2495. Fuera de la colección de Munster, además: 5, 131, 209, 254, 4291 y 1522, de interés para la crítica textual. Con datación exacta en la copia: el 18 del año 1.304 [1.311]; el 489 del año 1.316 [1.323]; el 425 del año 1.330 ]1.337] y el 102 del año 1.345 [1.352]. De este siglo, con Santiago también los Leccionarios Griegos £1153a, £1291 y £1294.

De los años 1.400, con Santiago, los minúsculos griegos 69, 205, 322, 336, 1518, 1626 y los Leccionarios Griegos £53, £57, £223 y £1357. Con datación exacta en la copia el £54 del año 1.470 [1.477]. Un manuscrito minúsculo griego con Santiago cercano al llamado año 1.450 es el 61; importante por ser el primero en que aparece dentro del texto griego el verso de 1Jn.5:7.

Un manuscrito griego minúsculo cercano a la época de la Reforma Protestante y con datación exacta de su copia en el año 1.515 [1.522], apenas dos años antes de que Lutero clavara sus 95 Tesis en las puertas de la Catedral de Wittenberg, es el minúsculo 522. Con esto hemos llegado a la época de la Reforma y a la época de la Imprenta, habiendo seguido minuciosamente, siglo tras siglo, las principales huellas testimoniales a las que tenemos acceso directo en nuestra biblioteca del Texto de la Epístola Canónica de Jacobo el Justo, hermano del Señor Jesús, y su aventura canónica. Este testimonio es, pues, la base fundamental de Crítica Textual para la Edición Crítica del Texto de la Epístola del Apóstol Jacobo el Justo.

Lastimosamente Martín Lutero participó del irrespeto a la Epístola de Santiago, del que algunos antiguos a quienes aluden Orígenes y Eusebio, participaron; así como luego de ellos Anfiloquio y Junilio.

Respecto a la carta de Jacobo escribió Lutero en su Introducción a tal Epístola:

"En suma, el Evangelio de Juan y su Primera Epístola, las Epístolas de Pablo, sobre todo aquellas a los Romanos, a los Gálatas, a los Efesios, y la Primera Epístola de Pedro, esos son los Libros que muestran a Cristo y nos enseñan todo cuanto es necesario y bienaventurado conocer, aunque no veamos ni oigamos cualquier otro Libro o doctrina. Por tanto, la Epístola de Santiago es una epístola de paja, en comparación con aquellas, por cuanto no exhibe el carácter del Evangelio... Por consiguiente, yo no la tendré en mi Biblia entre sus principales Libros, mas ni así pretendo prohibir a quien quiera que sea de colocarla allí y de exaltarla como mejor le convenga, pues contiene muchas cosas buenas."-

En su Traducción Alemana de la Biblia Lutero relegó al final, y fuera de la Tabla de Contenido, a esta Epístola. Las ediciones alemanas por un tiempo siguieron este ejemplo, aunque luego la aceptaron en la Tabla de Contenido.

Erasmo también levantó cuestiones. Carlsdadt en esto fue menos radical y no la excluyó. Sin embargo Melancton entre los Reformadores la tuvo en alta estima. Tyndale (1.525) [1.532] aceptó la Epístola. Un siglo después la Denominación Luterana acató la autoridad de la Epístola de Santiago. Igualmente hizo la Confesión de Westminster en 1.647 [1.654], como había hecho la Contrarreforma en el Concilio romanopapista de Trento en la jornada del 8 de abril de 1.546 [1.553]. También los Anglicanos acataron la Epístola en sus 39 Artículos, especialmente en su Artículo 6o. El Concilio romanopapista Vaticano I la acató igualmente en la jornada del 24 de abril de 1.870 [1.877]. El Concilio romanopapista Vaticano II, en su Constitución Dei Verbum, de la Sagrada Revelación, sin mención específica implica su acatamiento; aunque la falta de mención específica podría dar a entender una concesión al modernismo que ha asumido irreverentemente y sin base la bandera del cuestionamiento.

Por mi parte, como miembro de Cristo, de Su Cuerpo, del Ministerio del Nuevo Pacto, y de la comunión apostólica universal y del apostolado, recibo como plenamente canónica la Epístola Legítima del Apóstol Jacobo el Justo, hermano del Señor Jesús Cristo, y del Apóstol Judas Tadeo Lebeo, de Simón y de José; y lo hago, porque quien recibe a los que Cristo envía, a El recibe; y quien a El recibe recibe al Padre. Y quien rechaza a Jacobo, rechaza a Jesús Cristo quien lo envió; rechaza aquello de Cristo y del Padre a él encomendado y en lo que tuvo participación el Espíritu Santo.

                                     Gino Iafrancesco V.
                               25 de Julio de 1.996
                               Teusaquillo, Bogotá, Colombia.


Síguese, Dios mediante, con la Edición Crítica y Bilingüe, con sus variantes, del Texto Griego de la Epístola de Jacobo el Justo, con Aproximación Castellana al Texto Griego, y Traducción Dinámica del mismo, y comentario séptuple (textual, exegético, dogmático, histórico, apologético, místico y general).

Se continúa después, si Dios quiere, con Cefas y Juan, para completar la Primera Trilogía apostólica.

Permalink :: 83 Comentarios :: Comentar | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com