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Mayo del 2008

EDIFICACIÓN / prefacio e índice

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 21:02, Categoría: General

Para acceder a todo el depósito del blog, y no solo a la primera vitrina, haga click en categoría "general".

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EDIFICACIÓN


por:

Gino Iafrancesco V.

 

 

PREFACIO

 

El presente libro: "Edificación", está conformado por la trascripción de casi un centenar de dosificadas emisiones radiales en serie de Gino Iafrancesco V. durante el año 1987, en su programa radial con el mismo título, entregadas al aire desde Bogotá, Colombia. Las trascripciones de las grabaciones fueron realizadas por Iván Darío Páez Torres, y revisadas por el autor.

Se presentan aquí estos mensajes para un público más amplio y para un espacio y tiempo más prolongados, si Dios así lo quiere, como registro de testimonio dado al cuerpo de Cristo, y a la humanidad en general. El autor no pretende  ser original en todas las cosas y detalles, sino simplemente  trasmitir  para sus hermanos más jóvenes, lo que es patrimonio  de la Iglesia en su sentido más universal.

                                                       

Cortina

 

"…a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento de Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:12,13).

 

CONTENIDO

 

     (1)   Todo el consejo de Dios

(2)   La Suma de la Palabra

(3)   Piedad y conocimiento de la verdad

(4)   Consulta y tropiezo

(5)   Grosura de corazón y entendimiento

(6)   Sobre el altar

(7)   Revelación

(8)   La Iglesia edificada sobre Cristo confesado y revelado

(9)   El Espíritu revela el Misterio de Cristo

(10)   Conocer según el Espíritu

(11)   La Revelación Escrita

(12)   Forma y substancia

(13)   Guardar el buen depósito evitando la gnosis

(14)   Lo que habéis oído desde el principio

(15)   Candelabro y depósito

(16)   El misterio de la Fe una vez dada a los santos

(17)   Aquella Fe que iba a ser revelada

(18)   Acuérdate

(19)
   Edificación de Dios en vez de heterodidascalías

     (20)   Oikonomía

     (21)   Salvos para el propósito de la voluntad divina

     (22)   Beneplácito divino

     (23)   Encabezamiento Crístico

     (24)   Administración delegada

     (25)   Evangelio, economía y propósito

     (26)   Economía e Iglesia

     (27)   La pregunta por la administración

     (28)   En qué consiste la economía divina

     (29)   Dios, gracia y misterios

     (30)   El Ungido      

           (31)   Dispensarse del mismo Dios trino

       (32)   Ecónomos

       (33)   Tres clases de ecónomos

       (34)   Objeto de la administración
 
       (35)   Ministerio del Nuevo Pacto

       (36)   Para la obra de la edificación del cuerpo de Cristo

       (37)   Vida y edificación

       (38)   Pareja

       (39)   Elementos primordiales

       (40)   Nuestro disfrute

       (41)   Alimento de vida

       (42)   Bebida y respiración

       (43)   Nutridos

       (44)   Aliento

       (45)   Gracia, amor y comunión

       (46)   Jesucristo y gracia a nuestro espíritu  
     
       (47)   Dispensarse divino al hombre redimido corporativo

       (48)   El Padre revelado por el Hijo

       (49)   El Hijo Creador, Sustentador, Redentor y Señor

       (50)   Co-existencia del Verbo Divino con Dios

       (51)   La Persona de la Sabiduría Divina

       (52)   La voluntad, función del alma

       (53)   La mente, función del alma

       (54)   La emoción, función del alma

       (55)   Distintas clases de emociones del alma

       (56)   Constitución tripartita del hombre

       (57)  
Antropología y hamartiología del espíritu humano
      
       (58)   El espíritu y el alma humanos tras la caída

       (59)   Carne y naturaleza pecaminosa

       (60)   Hamartiología

       (61)   Las trasgresiones y el pecado

       (62)   La ley del pecado en mis miembros

       (63)   Triplicidad

       (64)   Cristología y soteriología

       (65)   Cristología, soteriología y pneumatología

       (66)   Encarnación del Verbo Divino

       (67)   Kenósis y concepción virginal

       (68)   Desarrollo humano del Verbo de Dios

       (69)   Vivir humano santificante y perfeccionante del Hijo

       (70)   Tentado en todo, pero sin pecado

       (71)   En semejanza de carne de pecado

       (72)   Preámbulo a la soteriología

       (73)   Introducción a los variados aspectos del sacrificio de Cristo

       (74)   Ofrenda por las trasgresiones y ofrenda por el pecado

       (75)   Perdón y liberación

       (76)   Ofrenda de paz y reconciliación

       (77)   Liberación

       (78)   Hecho maldición por nosotros

       (79)   Dos aspectos de la santificación

       (80)   La Cruz entre el mundo y nosotros

       (81)   La cabeza aplastada de la serpiente

       (82)   El grano de trigo

       (83)   Vivificado en espíritu

       (84)   Sepultado

       (85)   Primogénito

       (86)   Declaradao Hijo de Dios por la resurrección

       (87)   Cristo, nuestra justificación y santificación, por la resurrección

       (88)   Regeneración y nuevo nacimiento

       (89)   Regeneración y renovación

       (90)   Renovaos en el espíritu de vuestra mente

       (91)   Transformación por la renovación

       (92)   Recapitulación pro configuración

       (93)   Conformación a Cristo

       (94)   Vivificación y glorificación del cuerpo

       (95)   La Vida de Jesús manifiesta en nuestros cuerpos mortales

       (96)   Adopción, transformación, resurrección y glorificación de nuestros cuerpos

       (97)   Ekklessía

       (98)   Cristo magnificado en el cuerpo

       (99)   Colofón

       (100)   Bibliografía

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EDIFICACIÓN (1) / Todo el Consejo de Dios

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:59, Categoría: General

(1)

 

 

Todo el consejo de Dios.-

 

Abrimos Las Escrituras en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, el capítulo veinte, versículo veintisiete; allí el apóstol Pablo, hablándole a los ancianos de la iglesia de Éfeso, en Mileto, entre otras cosas les dice: “porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios”.

 

El apóstol se estaba despidiendo de estos ancianos; les decía que ya no volverían a verse en esta vida; y la carga de su corazón era que ellos retuvieran todo el consejo de Dios; el apóstol tenía carga por todo el consejo de Dios. Sea esa la carga de todos los ancianos y de todos los hijos de Dios: todo el consejo de Dios.

 

Cuando el apóstol escribía una carta a la iglesia de los Tesalonicenses, la primera a los Tesalonicenses, capítulo tres, versículo diez, les decía: “orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe”. Es importante ver también  en esta carta la carga del apóstol, de completar la fe de la iglesia; completemos lo que falte a vuestra fe.

 

A Timoteo también el apóstol le hablaba en los siguientes términos, en la primera carta, capítulo dos, versículo cuatro: “Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad”. En este pasaje, la versión Reina-Valera que estamos leyendo, revisión de 1960, nos dice simplemente: “vengan al conocimiento de la verdad.”. No obstante, en el original griego, la palabra no es solamente “gnosis”, que quiere decir “conocimiento”; la palabra que utiliza el apóstol en el original griego es “epignosis”; se refiere al pleno conocimiento de la verdad. El tiene aquí la carga, no solamente de que los hombres sean salvos, sino que, una vez que hayan sido salvos, vengan al pleno conocimiento de la verdad.

 

Es importante recordar lo que el Señor Jesús le contestó a Satanás en la tentación. Registra Mateo, en el capítulo cuatro, versículo cuatro, que el Señor le contestó: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

 

Otro pasaje importante, en Colosenses, el capítulo uno, el versículo veinticinco, nos dice que Pablo fue hecho ministro de la Iglesia, según la administración de Dios que me fue dada, dice él, para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios. Aquí también la palabra clave es: “anunciar cumplidamente la palabra de Dios”.

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EDIFICACIÓN (2) / La Suma de la Palabra

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:58, Categoría: General

(2)

 

La Suma de la Palabra.-

 

Tenemos la palabra del Señor abierta en el Salmo 119, y vamos a leer la primera parte del versículo 160; allí nos dice la palabra: “La suma de tu palabra es verdad”; aquí el salmista está declarando a la palabra del Señor como la verdad; pero es interesante que el utilice la expresión: “la suma de tu palabra es verdad”.

 

La palabra del Señor se compone de muchas partes, pero no debemos aislar ninguna parte del resto de ella; necesitamos la suma de la palabra del Señor.

 

Es muy interesante notar en el primero de Samuel, capítulo tres, versículo diez y nueve, algo que se dice acerca de Samuel; nos dice allí: “Y Samuel creció, y Yahveh estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras”. No dejar caer a tierra ninguna de las palabras del Señor, es algo que el Espíritu de Dios hace loable aquí en este pasaje que hemos leído. ¿Por qué? porque Satanás también usa las palabras de Dios, pero las aísla de su contexto, y las desvirtúa; como, por ejemplo, al Señor Jesús, Satanás tentó y le citó las Escrituras; sin embargo, el Señor Jesús tomó aquellas palabras de las Escrituras que estaba citando Satanás, y las relacionó a las demás palabras de Dios y a la verdadera intención de Dios. A lo largo de toda la palabra divina está la intención divina y el propósito divino; y cada porción de la palabra debemos relacionarla con su contexto y con la intención y el propósito de Dios.

 

Es por eso que el apóstol Pablo le escribía a Timoteo, en su segunda carta, que podemos leer en el capítulo dos, verso quince: “Procura con diligencia presentarte a Dios  aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. Otra traducción puede decir: que corta bien, o que traza bien, la palabra de verdad.

 

Es necesario, pues, tener en cuenta toda la palabra del Señor, la suma de Sus palabras; no dejar caer a tierra ninguna de Sus palabras; tomar el consejo de Dios completo, y trazar bien la palabra del Señor, identificando sus prioridades y la intención de Dios, sin aislarla del contexto.

 

Es por eso que en la segunda a los Corintios, decía el apóstol Pablo: “renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios”. No adulteremos la palabra de Dios, sino tomémosla en su suma y en su intención original.

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EDIFICACIÓN (3) / Piedad y conocimiento de la verdad

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:57, Categoría: General

(3)

 

Piedad y conocimiento de la verdad.-

 

El apóstol Pablo, en su segunda carta a los Corintios, en el capítulo cuatro, versos uno y dos, escribió: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio, según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad  recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.”

 

Es importante ver como lo oculto y vergonzoso de nuestro corazón puede adulterar la palabra de Dios. Muchas veces pretendemos acerarnos a la palabra de Dios con intenciones ya establecidas en nuestro corazón; y algunas veces no tenemos conciencia de ello. El salmista hablaba de pedir al Señor perdón aún por los pecados que nos son ocultos. Es importante, para entrar en los misterios de la palabra del Señor, tener un corazón dispuesto hacia Dios. Proverbios 18:1 dice: “Su deseo busca el que se desvía…”; antes de desviarse una persona, e inclusive en su entendimiento, como sigue diciendo: “…y se entremete en todo negocio”. El problema comienza en el deseo de su corazón.

 

Por eso, para no adulterar la palabra del Señor, para entenderla correctamente, se necesita un corazón limpio, como dice el Señor: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. En cambio, Daniel, en el capítulo 12, verso diez, dice que ninguno de los impíos entendería; los entendidos comprenderán, pero ninguno de los impíos entenderá.

 

El Señor Jesús, según lo registra Juan, en el capítulo siete, verso diez y siete, había declarado que quien quisiera hacer la voluntad de Dios, conocería si la doctrina de Cristo era de Dios, o no. Vemos que allí el Señor Jesús estableció como requisito para conocer  verdaderamente si la doctrina de Cristo es de Dios, el que el corazón decidiera hacer la voluntad de Dios; no importa si uno todavía no entiende algo; lo importante es que el corazón esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios; si el corazón se dispone a hacer la voluntad de Dios, tenemos la promesa del Señor de que conoceremos si la doctrina es de Dios.

 

Terminamos leyendo un saludo de Pablo a Tito; en su carta expresa Pablo algo muy interesante; le dice: “Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad”. Esa frase en este saludo es importante: el conocimiento de la verdad que es según la piedad.

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EDIFICACIÓN (4) / Consulta y tropiezo

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:55, Categoría: General

(4)

 

Consulta y tropiezo.-

 

Tenemos abiertas las Escrituras en el libro de Ezequiel, en el capítulo catorce; los primeros versos dicen así: “Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel, y se sentaron delante de mí.

Y vino a mí palabra de Yahveh diciendo: Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser Yo de modo alguno consultado por ellos?

 

Son tremendas estas palabras del Señor a Ezequiel acerca de aquellos ancianos que se acercaron dizque a consultar al Señor; eso era para tomar una apariencia exterior de piedad, pero la realidad es que sus corazones ya se habían decidido por su propio tropiezo.

 

Es, pues, necesario, lo repetimos, que para penetrar en los negocios del Señor, en el  misterio de Su palabra, necesitamos un corazón dispuesto al Señor; que la cruz opere en nuestro corazón. Muchas veces tenemos un mero ambiente exterior de piedad, pero eso no basta para que la luz del Señor ilumine nuestros corazones.

 

Ezequiel también registra en el capítulo treinta y tres, del verso treinta al treinta y tres, que el Señor le dice: “Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: venid ahora y oíd que palabra viene de Yahveh. Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra.”

 

Vemos aquí que el Señor denuncia de nuevo el corazón de su propio pueblo; cómo se alegra en un ambiente de piedad exterior, pero en lo profundo de su corazón está siguiendo tras la idolatría, y tras su propia avaricia.

En Malaquías, capítulo 1:10, el Señor dice que El no se complace de su pueblo, ni aún de muchos de sus ministros; dice: “¿Quién de vosotros cierra las puertas o alumbra  mi altar de balde?” Muchas cosas religiosas se hacen con motivos e intereses equivocados; por eso dice el Señor en 1 Samuel 15:23: “Como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación”.

 

Vemos allí que la obstinación es considerada también idolatría. Muchos estaríamos dispuestos a predicar en contra de los ídolos externos, pero  nuestro corazón ha establecido ídolos en aquello que nosotros nos obstinamos por encima d la voluntad del Señor.

 

También en Efesios 5:5 se nos habla de la avaricia, la cual es idolatría. Muchas veces la avaricia, o la obstinación de nuestro corazón, nos impiden ver la luz de Dios. Si nos acercamos a consultar al Señor, habiendo establecido ya en nuestro corazón lo que queremos, El Señor pregunta: ¿he de ser acaso consultado en modo alguno por ellos?

 

El Señor guarde nuestros corazones para que estén dispuestos a Su verdadera luz.

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EDIFICACIÓN (5) / Grosura de corazón y entendimiento

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:54, Categoría: General

(5)

 

Grosura de corazón y entendimiento.-

 

Tenemos abiertas las Escrituras en la carta del apóstol Pablo a los Gálatas; leemos en el capítulo uno, el verso diez, donde pregunta Pablo: “¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.

 

Esta pregunta que se hace públicamente el apóstol Pablo, delante de los Gálatas, se refiere a dos cosas importantes que son una: ¿qué es lo que busco?, y ¿qué es lo que estoy tratando de hacer? El se pregunta: ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? o ¿trato de agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Ser siervo de Cristo está, pues, muy relacionado con lo que nosotros estamos buscando, y con lo que nosotros estamos tratando de hacer. Nuestro corazón, si debe servir a Dios, si desea agradar al Señor, debe buscar primeramente eso, el agrado de Dios. Por ejemplo, decía también Pablo, citando al profeta Isaías, como lo registra Lucas en Hechos 28:26-27:

 

Ve a este pueblo, y diles:

De oído oiréis, y no entenderéis;

y viendo veréis, y no percibiréis;

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

Y con los oídos oyeron pesadamente,

Y sus ojos se han cerrado,

Para que no vean con los ojos,

Y oigan con los oídos,

Y entiendan de corazón,

Y se conviertan,

Y Yo los sane.”

 

Vemos aquí, en las palabras del Señor, que nuestro corazón engrosado nos impide entender. Si nosotros no estamos buscando con pureza al Señor, y la realidad de Su palabra, nosotros mismos estamos poniéndonos un velo que nos impedirá entender; pero el Señor dice que nos convirtamos a Él. Tenemos el ejemplo del profeta Daniel, en el capítulo 10 de su profecía, en el verso 12; el ángel le dijo a Daniel: “Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido”.

 

Vemos aquí, pues, que el Señor toma en cuenta profundamente el corazón del hombre; al Señor no le engañan nuestras apariencias. El desea que busquemos de todo corazón Su rostro, que busquemos Su perfecta voluntad; por eso dice: “desde el primer día en que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras”.

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EDIFICACIÓN (6) / Sobre el altar

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:53, Categoría: General

(6)

 

Sobre el altar.-

 

El tercer libro del Pentateuco, comúnmente llamado “Levítico”, es un libro especialmente sacerdotal. El sacerdocio del Antiguo Testamento, sus altares, el sacrificio del cordero, el templo, y todas las demás cosas, eran figura de las cosas espirituales correspondientes al Nuevo Testamento, o al Nuevo Pacto.

 

Lemos, pues, en este Libro, algo muy importante acerca de la disposición a Dios, y de la parte del Señor para con nosotros. En el capítulo uno de Levítico, versos dos en adelante, leemos: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de vosotros ofrende a Yahveh, de ganado  ovejuno o vacuno haréis vuestra ofrenda (figura de Cristo). Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá (figura de que el cordero es sin mancha); de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Yahveh. Y  pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya”.

 

Allí vemos al pecador identificándose con Aquel que es sacrificado para que le sea válida la expiación. Sigue diciendo: “Entonces  degollará el becerro en la presencia de Yahveh; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre (figura de Cristo), y la rociarán alrededor del sobre el altar (la disposición al Señor), el cual está a la puerta del  tabernáculo de reunión. Y desollará el holocausto,  y lo dividirá en sus piezas. Y los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego.”

 

Para penetrar en los misterios de la palabra del Señor necesitamos, por lo menos, dos cosas fundamentales: por una parte, por la parte del hombre, necesitamos la correcta disposición de corazón hacia Dios; lo cual se presenta aquí en el venir voluntariamente como pecador, reconocer el pecado, identificarse con el sacrificio, reconociendo que Aquél que es sacrificado lo hace por nuestros pecados y por nuestra culpa, y disponernos sobre el altar para ser separados pieza por pieza.

Por otra parte, o sea, por la parte del Señor, nosotros encontramos también la intervención del sumo sacerdote, o sea, en figura de Cristo. Por eso el sumo sacerdote, o los sacerdotes, ofrecían la sangre.

 

Vemos la parte del hombre: disponerse delante del Señor, haciendo libre uso de Su gracia capacitadora; y la parte del Señor es, después de haber hecho Su sacrificio, entonces sobre el altar, aquel sacrificio sobre el cual nosotros en Cristo nos ofrecemos a Dios, entonces nosotros somos, como se dice, separados o divididos.

 

En Hebreos 4:12 se nos dice que “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu…” Así que la palabra  del Señor, cuando nos ofrecemos a Dios, nos alumbra. La exposición de Sus palabras nos alumbra. De nuestra parte, nos disponemos a Dios; Su gracia nos capacita, pero no nos obliga; y de Su parte, se revela a nosotros; se revela El, nos revela lo que somos, nos revela Su salvación y Su propósito eterno.

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EDIFICACIÓN (7) / Revelación

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:52, Categoría: General

(7)

 

 

Revelación.-

 

Tenemos abiertas las Sagradas Escrituras en el Libro de  Mateo, donde en el capítulo once, verso veinte y siete, se nos registran las siguientes palabras del Señor Jesucristo: “Todas la cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

 

Es preciosa esta frase última que nos dice el Señor Jesús; también son preciosas todas las palabras de Dios. Nos dice el Señor Jesús que Él conoce al Padre, y que también lo ha de conocer aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Necesitamos que el Hijo nos  quiera revelar al Padre; y el Hijo vino especialmente para revelarnos al Padre.

Aquí queremos hacer énfasis en la palabra “revelar”. No podemos conocer a Dios solamente por nuestros medios naturales, necesitamos la revelación divina. Por eso el Señor, hablándole a Pedro, también lo registra Mateo, le dice que no se lo había enseñado carne ni sangre, sino el Padre que está en los cielos. Y Juan nos registra también otras palabras del Señor Jesús que dice: “Todo aquél que oyó al Padre, y aprendió de Él, viene a mí.”

 

La verdad está en Jesús. El mensaje de Dios es que Dios es luz. Como dice en Job; que “ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda”. Necesitamos el soplo del Omnipotente, necesitamos  la luz que proviene de Dios. Nuestras luces meramente humanas no son suficientes para conocer a Dios y el mensaje de Dios. Necesitamos de la revelación divina; por eso dice: “Nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

 

Por eso el apóstol Pablo oraba en su carta a los Efesios, para que los santos recibieran de Dios espíritu de sabiduría y de revelación; él sabía que la Iglesia necesitaba mucho más que el esfuerzo humano; necesitaba de la intervención divina del soplo del Omnipotente, el espíritu de sabiduría y de revelación de parte de Dios. Pablo mismo decía que él mismo había conocido a Jesucristo por revelación; dijo: cuando  plugo a Dios revelar a Su Hijo en mí, para que yo le predicase...

 

Es necesario, pues, que recibamos revelación de Dios, de Su palabra.

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EDIFICACIÓN (8) / La Iglesia edificada sobre Cristo revelado y confesado

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:50, Categoría: General

(8)

 

 

La Iglesia edificada sobre Cristo revelado y confesado.-

 

El apóstol Mateo, en su Libro,  capítulo diez y seis, desde el versículo trece, nos registra: “Viniendo Jesús a la región de Cesaréa de Filipo, preguntó a su discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros. ¿Quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”

 

El Señor Jesús apartó a los suyos, a los apóstoles, de aquel ambiente religioso de Jerusalén, los llevó a un lugar apartado en Cesaréa de Filipo, y les preguntó acerca de Sí  mismo; primeramente  preguntó lo que los hombres opinaban, pero  luego les preguntó a ellos, a los suyos; y Pedro, por revelación de Dios, oyendo del Padre, le contestó: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces el Señor le llamó a Pedro, bienaventurado, y le cambió el nombre.

 

Esa revelación de Jesucristo que Pedro recibió de parte de Dios, convirtió a Simón Bar Jonás, en piedra, en Pedro; entonces el Señor le dijo: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre. Lo que hizo bienaventurado a Pedro, fue recibir directamente del Padre, la revelación de quién es Jesucristo.

 

Claro está que esa revelación concuerda con toda revelación que el Señor ha dado a la Iglesia, según la palabra de Dios. Y vemos que el Señor le dijo: y yo también te digo; por una parte, el Padre le dijo a Pedro quien es Jesús; ahora Jesús le dice también a Pedro la segunda parte.

 

El misterio de Dios es Cristo; pero el misterio de Cristo es la Iglesia. Por eso el Señor le Dijo: Yo también te digo, tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; no le dice: sobre ti. Con Pedro está hablando en segunda persona; le dice: a ti daré las llaves, y yo también te digo que tú eres Pedro; pero NO le dice: sobre ti edificaré mi iglesia; sino que traslada las palabras a la tercera persona: sobre ésta roca; o sea, Pedro acababa de declarar por revelación del Padre quien era Jesús, el Cristo , el Hijo del Dios viviente; y sobre esa roca, del Cristo revelado y confesado, el Señor Jesús edifica Su Iglesia. Cuanto necesitamos de parte de Dios, la revelación de Jesucristo.

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EDIFICACIÓN (9) / El Espíritu revela el Misterio de Cristo

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Mayo, 2008, 20:49, Categoría: General

(9)

 

El Espíritu revela el Misterio de Cristo.-

 

El apóstol Pablo, en su epístola a los Efesios, en el capítulo tres, nos dice: “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; Que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cual sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu; que los gentiles son  coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.”

 

Es tremendo lo que nos dice  aquí en esta porción el apóstol Pablo; aquí él está hablando del misterio de Cristo, e incluye en este misterio al cuerpo de Cristo; pero nos dice Pablo que este misterio él lo recibió directamente de Dios por revelación; por revelación me fue declarado el misterio. También en el verso cinco, nos dice, que ese misterio ahora es revelado, revelado, a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu. El Señor Jesús prometió que recibiríamos la promesa del Espíritu santo; y unas de las funciones importantes del Espíritu Santo es revelarnos el misterio de Cristo; el misterio de Cristo fue revelado a Pablo, y ha sido escrito, y está consignado en el Nuevo Testamento, y el Espíritu Santo nos hace penetrar en las riquezas del Nuevo Testamento y de su  Nuevo Pacto, para que conozcamos el misterio de Cristo. Dios revela este misterio a sus apóstoles y profetas por el Espíritu.

 

En la primera carta a los Corintios, en el capítulo dos, Pablo decía en el verso nueve: “Está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo  escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque ¿Quién de los hombres  sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,  sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido; lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero  el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

 

Vemos aquí como el apóstol enfatiza la necesidad de recibir de Dios una revelación por el Espíritu Santo acerca de Su palabra; no basta nuestra capacidad humana, no basta la situación caída del hombre natural para penetrar en los misterios de la palabra de Dios. Si por Su gracia, como reacción positiva a la gracia de Dios, nos disponemos a El sobre el altar, El nos revela por Su Espíritu.

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