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ACERCA DEL TESTIMONIO CONJUNTO DEL ESPRITU, LA ESCRITURA, LA IGLESIA Y LA TRADICIN

Por Gino Iafrancesco V. - 16 de Diciembre, 2008, 12:40, Categora: General

 

ACERCA DEL TESTIMONIO

CONJUNTO DEL ESPRITU,

LA ESCRITURA, LA IGLESIA

Y LA TRADICIN

 

POR:

GINO  IAFRANCESCO V.

 


Acerca del Testimonio Conjunto del Espritu, la Escritura, la Iglesia y la Tradicin, escrito en Ciudad Presidente Stroessner, Paraguay, en octubre de 1981, hace parte del libro "Asuntos Eclesiolgicos" de Gino Iafrancesco V.


Presentamos al HIJO DE DIOS, el Seor Jesucristo, IMAGEN MISMA DE LA SUBSTANCIA[1] Y REVELADOR DE LA GLORIA DE DIOS que se hizo carne en nuestra historia, nico fundamento de la Iglesia, resucitado, ascendido y esperado, en Gloria y corporalmente.

De l dan testimonio: El Espritu Santo, las Sagradas Escrituras y el Cuerpo de Cristo, que es Su Iglesia.  Estos tres testigos concuerdan: El Espritu respalda a las Escrituras y a la Iglesia; inspira a ambas.  La Iglesia conserva y obedece a las Escrituras, y tiene y obedece al Espritu.  Las Escrituras manifiestan lo que es del Espritu y ensean a la Iglesia.  El Espritu no contradice a las Escrituras que l mismo inspir.  La Iglesia, que es guiada por el Espritu y obedece a l, est de acuerdo a las Sagradas Escrituras.

No Iglesia no debe torcer las Escrituras.  El Espritu hace que reconozca a las Escrituras. Las Escrituras confirman la guianza del Espritu y ponen de manifiesto la falsedad de otros espritus y los desvos de la Iglesia.

La Iglesia no canoniza el Canon; ste es cannico en s. El Espritu que inspir las Escrituras es el que hace a la Iglesia reconocerlo y conservarlo. La Iglesia no tiene autoridad sobre las Escrituras para cambiarlas o hacerlas decir diferente de lo que por s mismas dicen; es el Espritu Santo el que tiene Autoridad sobre la Iglesia e impone a Ella las Sagradas Escrituras, ensendole con ellas, para que ella ensee al mundo.

La Iglesia es la Compaa de todos los regenerados en Cristo, hijos de Dios, que habindose antes reconocido pecadores en el mundo, se han arrepentido y han recibido a Cristo como Hijo de Dios, Salvador y Seor, identificndose con Su Muerte y Vida para perdn de los pecados y regeneracin para vida eterna, y en su Gloria, mediante el Espritu Santo.


Loa redimidos nacen de la Palabra de Dios por el testimonio del Espritu Santo y/o las Escrituras y/o la Iglesia.  El testimonio indispensable es el del Espritu Santo, que convence al mundo de pecado, justicia y juicio, y que puede trabajar solo (Omnipotente y Soberano), junto con las Escrituras, o junto con la Iglesia, o junto con las dos, como quiso condescender a hacerlo habitualmente.

Solamente quien participa de la Vida de Cristo por Su Espritu, es miembro de Cristo y de Su Cuerpo.

Es el Espritu quien bautiza o sumerge en el Cuerpo; y es Cristo quien nos hace UNO e Iglesia.  No pertenece a la Iglesia o Cuerpo de Cristo ningn no regenerado, ni aunque aparezca nominalmente como un jerarca religioso. Es identificacin con Cristo y no con una organizacin lo que regenera. Y slo los regenerados mediante el NUEVO nacimiento, del Espritu, por fe consciente, son miembros de la Iglesia.  Toda la compaa de los renacidos en Cristo son la Iglesia.  Esta es la Iglesia de Cristo que cuenta con la guianza del Espritu, el cual inspir las Escrituras y el cual las impone a la Iglesia.  sta es una, el Cuerpo de Cristo, que abarca a todos los redimidos por Su Sangre, de todo tiempo y lugar, la Esposa del Cordero, regenerados por medio del Espritu Santo, los cuales, como Cuerpo de Cristo, forman "las iglesias", una en cada localidad formada por todos los recibidos por Cristo en ese lugar; una iglesia por ciudad, que acoge a todos los renacidos en Cristo.

Los sistemas de organizacin, sean catlicos o protestantes, no determinan los lmites de la Iglesia; la regeneracin por la Vida de Cristo s determina tales lmites.  Tampoco es cristiano el que en vez de entrar por la PUERTA, que es Cristo, pretende hacerse supuestamente cristiano adhirindose tan slo exteriormente, como por la ventana, sin regeneracin interior, a tal o cual sistema organizado.  Fe en la Palabra de Dios es requisito para la regeneracin.  "Los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios[2]."


Cristo es la CABEZA que directamente dirige por Su Espritu a la Iglesia, a cada miembro en particular y a todos en conjunto como el COORDINADOR.  Si la Iglesia le obedece al Espritu que ensea con la Escritura, es guiada a toda verdad, y hasta donde ella haya sido fiel a Cristo puede testificar de l al mundo.  El Espritu testifica de Cristo; las Escrituras testifican de Cristo; la Iglesia, con el Espritu y las Escrituras, testifica de Cristo el mismo testimonio hasta la medida en que ella misma lo haya aprehendido.  La autoridad de la Iglesia descansa, pues, en la medida en que ella misma est bajo la autoridad del Espritu que le ensea con las Escrituras y las establece; asimismo la autoridad de la tradicin descansa en la medida en que tal tradicin sea fiel al Espritu que ensea con las Escrituras y las establece.  Cuando la Iglesia pervierte su tradicin agregando y/o quitando y/o deformando, siendo infiel al Espritu y a las Escrituras, cercena la autoridad de su testimonio. La Iglesia no tiene ninguna autoridad inherente en s misma que sea independiente del Espritu y de las Escrituras.

Cristo no nos dej hurfanos; envi a Su Espritu para dirigir a Su Iglesia, el cual inspir las Escrituras y las impuso a la Iglesia para dirigir el curso correcto de su tradicin, y para corregir sus perversiones. Las Escrituras fueron dadas por el Espritu a la Iglesia para establecer sus tradiciones legtimas y para corregir sus desvos.  La Iglesia reconoce a las Escrituras y las conserva, dirigida a esto por el testimonio directo del Espritu.

Las tradiciones que habiendo pervertido su curso o incorporado elementos extraos, entran en pugna con la autoridad del Espritu y de las Escrituras inspiradas para establecer y corregir con ellas tales perversiones en la tradicin, caen bajo el anatema del Espritu, que habla tambin desde las Escrituras vivificndolas hoy a y en la Iglesia.

El Espritu Santo no puede cambiar, es el Mismo e Inmutable; el Evangelio tampoco puede cambiar; es eterno y su verdad es inmutable.  Las Escrituras deben decir lo mismo desde que fueron inspiradas por el Espritu para establecer y corregir la Doctrina; pero en cambio la Iglesia, cada miembro en particular, puede ser fiel o infiel, perseverar o no, cambiar o no, y un candelero local puede ser o no ser removido.  La historia registra errores de cristianos, de obispos y de papas, de reformadores; errores morales y doctrinales, contradicciones interpapales, pugnas interconciliares, etctera.  Sin embargo la Iglesia, no tal o cual organizacin o jerarqua, sino los regenerados, nunca ha quedado hurfana del Espritu; adems, ha conservado las Escrituras hasta hoy, pero ella misma ha sido muchas veces infiel, descuidada y desobediente; algunos han manchado sus ropas; pero siempre, en toda poca hubo tambin algunos vencedores que aunaron su vida y voz eclesisticas, es decir, de redimidos, al testimonio inmutable del Espritu y las Escrituras. Hubo tambin muchos nominales no regenerados que incluso ocuparon cargos de relevancia en las jerarquas que llegaron a formarse progresivamente y con injusticias; no podemos decir de ellos que son la Iglesia, pues no fueron renacidos.


Una cosa es la Iglesia, Cuerpo de Cristo, Compaa de todos los redimidos por la sangre de Cristo y regenerados por el Espritu, y otra cosa es una institucin jerrquica y meramente terrenal, muchas veces ajena al movimiento del Espritu Santo y desobediente a las Sagradas Escrituras; jerarqua que en muchos casos no era ministerio espiritual sino poltica hegemnica e indigna espiritualmente.

Los lmites del Cuerpo los establece la participacin con la Vida de Cristo, no la conformidad a las pretensiones de una organizacin antibblica, ni mucho menos a las de un usurpador.  Acerca de esta Iglesia de redimidos fundada sobre la Roca de la Revelacin y Confesin del Cristo, Hijo del Dios Viviente, Jess, se dice que ser edificada y que las puertas del infierno no prevalecern contra ella.

De stos muestra la historia evanglica una sucesin ininterrumpida hasta nuestros das.  Una sucesin que es comunicacin de Vida y de Verdad, no de cargos y ttulos altisonantes e ilegtimos, algunas veces conseguidos por dinero o por la fuerza o por engao, etctera. Descansa acaso la autoridad de la Iglesia en una lista trunca, enredada y manchada con escndalos, de papas a veces en desacuerdo entre s? Es autoridad sentarse en un trono fabricado con falsificaciones, hegemonas fraudulentas y nfasis desentonados? No, por cierto!  No es autoridad espiritual ni moral.  La esencia de la autoridad espiritual radica en la evidencia de la Vida reproducida de Cristo y en Espritu y Verdad, en la comisin directa y personal de Dios, y en la Revelacin; sto nunca contradice las Escrituras ni sobrepasa su Espritu.

Cristo, como Cabeza de la Iglesia, est con nosotros todos los das, y l mismo constituye por Su Espritu, apstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. l Mismo los llama, los comisiona y enva directamente.  l Mismo confirma a los que unge, en el corazn de los discpulos que forman "las iglesias de los santos", y obliga a reconocer la gracia concedida directamente. Es recin entonces cuando el presbiterio de la iglesia local aparta a los que l ya ha llamado; la evidencia de la verdad hace que se extiendan manos de compaerismo.


Cristo mismo coordina, y esa coordinacin nacida en el Espritu de Cristo, dirige a la Iglesia a una administracin santa cuyos principios fueron revelados en las Escrituras; el Espritu Santo escoge a los obispos o ancianos de la iglesia de la ciudad, hombres de madurez espiritual, los cuales entonces son constitudos o designados oficialmente con imposicin de manos de parte de los obreros apostlicos regionales comisionados directamente tambin por Cristo, mediante el Espritu, de entre los presbiterios, y reconocida su autoridad espiritual y moral en la conciencia de las iglesias, las cuales reciben testimonio del Espritu, expreso principalmente entre sus presbiterios, ms maduros para discernir.  La Iglesia prueba asimismo a los que se dicen ser apstoles y no lo son; los prueba por el Espritu, la Palabra y la Vida; no slo por cartas de recomendacin o certificados vacos de contenido espiritual, que sin el respaldo de la evidencia vital, no dicen casi nada.

No podemos avasallar a la Iglesia; no podemos prescindir del aporte de ningn regenerado en Cristo, pues al ser recibido por el Seor, es miembro de Su Cuerpo, que es UNO y que se expresa en el tiempo y en la tierra en "iglesias" locales, es decir, slo una por cada ciudad, a la comunin dentro de la cual, en Espritu y administracin, somos guiados solcitamente por el Espritu para que el mundo crea: contra lo cual ciertamente ha pecado tambin el protestantismo, discriminando entre los hijos de Dios con criterios carnales, pues al hacer girar sus facciones alrededor de centros de compaerismo artificiales y denominacionales, no ha discernido el Cuerpo, estorbando su administracin local escrituraria, pues, ya que el Cuerpo es UNO, as, conforme a las Escrituras, slo puede ser una la iglesia de la ciudad y una su administracin; la iglesia, que se rene en las muchas casas, es nica en la ciudad. En Jerusaln eran varias las reuniones en diversas casas, pero era una la iglesia de Jerusaln; la iglesia en casa de Ninfas era la iglesia de los laodicenses; en Laodicea era uno el candelero; lo mismo en feso, cuya iglesia poda reunirse en casa de Aquila y Priscila.

La Jurisdiccin de los obispos o ancianos es la ciudad y en compaerismo coordinado de presbteros. Hacia tal integracin corporativa apunta el Espritu Santo, sin dejar de denunciar las herejas y sin dejar de corregir las irregularidades, separando del mundo y liberando de Babilonia.


La Jurisdiccin de las compaas de obreros apostlicos es la Regin de su Obra, asignada a ellos directamente por el Espritu.  Entre compaas de obreros debe haber compaerismo; que si bien atiende cada una su redil asignado, segn su actividad y operacin propias, no por eso levanta murallas ilegtimas que impidan la edificacin mutua.  La diestra de compaerismo entre compaas de obreros significa plena comunin; trabajan para Cristo conjuntamente y no para s mismas, separadamente; sus convertidos son para el Cuerpo, la iglesia de la ciudad, no para ser encasillados en sucursales competitivas.

Cristo es quien directamente por Su Espritu coordina en Su Cuerpo a los miembros entre s, en la iglesia de la ciudad o localidad; y l Mismo tambin directamente coordina a los obispos o ancianos en el presbiterio de la iglesia de la ciudad; e igualmente, l Mismo directamente coordina a los obreros apostlicos de la Regin de sus respectivas Obras; tambin l coordina la comunin de las iglesias entre s. Su Vicario coordinador que congrega en unidad universal, real y espiritual, es por supuesto nicamente el Espritu Santo; nadie ms que l lleva sobre s la responsabilidad del trabajo total.

Cada miembro es responsable a Cristo; cada iglesia local o candelero tambin; igualmente cada compaa de obreros apostlicos en su obra regional.  La comunin universal sigue la guianza exclusiva del Espritu segn la sazn de Dios.

La Vida de Cristo por el Espritu, se contiene a plenitud en este odre, y es comunicada ESPIRITUALMENTE por el testimonio ntegro y armnico del Cuerpo todo, conforme a las Sagradas Escrituras.  El Dilogo de la reconciliacin se acrecienta en el vnculo de la paz que es Cristo, el cual se hace conocido al Cuerpo ms y ms en la comunin y edificacin espiritual mutua hasta que el mundo pueda ver y creer; entonces las naciones habiendo recibido el testimonio de Dios en Cristo, y por Su Cuerpo en la demostracin del Espritu, se alistan para comparecer en juicio.

Dios ha venido, pues, al mundo y se ha dado a conocer en carne de humanidad en Su Hijo Jesucristo, vencedor sobre el pecado, la carne, el mundo, Satans y la muerte; ha llevado sobre S Mismo en Su muerte el castigo por nuestros pecados, derramando Su Sangre para darnos perdn y Vida. Resucit corporalmente al tercer da, y habiendo ascendido al cielo ante testigos, en el tiempo y la historia, en la carne y desde la tierra, ha sido glorificado y hecho Seor sobre el universo todo, visible e invisible. Intercede por nosotros para salvarnos por gracia mediante la fe que viene de or Su Palabra.  Ha prometido volver pronto, y ya est cerca.  Derram Su Espritu Santo, el Cual promete a todo aquel que crea en l.  De esto, ms, y de l damos testimonio.  Su Espritu nos gua a toda verdad, nos introduce al Reino.  El Espritu, las Escrituras, la Iglesia y la tradicin os damos testimonio.



[1] En sentido de "hipstasis" (Heb. 1:3).

[2] Juan 1:12

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Gino Iafrancesco V., octubre 1981, Ciudad del Este, Paraguay.

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