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CARTA ABIERTA AL JESUITA DON ANTONIO COLOM (3)

Por Gino Iafrancesco V. - 16 de Diciembre, 2008, 12:21, Categora: General

CARTA ABIERTA AL JESUITA DON ANTONIO COLOM

TERCERA PARTE

 

IV.  Por la crtica de Dn. Antonio Colom, parece que l no entiende la diferencia entre la Iglesia universal, una sola,  el Cuerpo de Cristo, y  las iglesias locales tales como la de Jerusaln, la de Antioqua, la de Efeso, la de Tesalnica y las de Galacia, las de Macedonia, las de Acaya, las de Judea, las de Asia, etc.

La Iglesia universal, compuesta de todos los miembros del Cuerpo de Cristo en toda poca y lugar, comenz a partir de Cristo con sus discpulos y el da de Pentecosts tuvo lo que podramos llamar su inauguracin, pues a partir de all fue derramado plenamente el Espritu Santo, quien es el que nos bautiza en el Cuerpo (1 Corintios 12:13).


La Iglesia universal tuvo un solo comienzo al cual estamos ligados todos los cristianos.  Y comenz en Jerusaln, no en Roma; las iglesias de Judea, Samaria, Galilea, Galacha y las de Siria y griegas, etc. son ms antiguas que la iglesia de Roma.

Nuestra fe, al nacer del testimonio directo de los apstoles a travs de sus escritos, es tan antigua como cuando Pablo escriba a los Romanos antes de visitarlos.  Nuestra fe ha nacido y se nutre por el testimonio directo de los apstoles a travs de sus escrituras; no nos apartamos de ese testimonio; adems hemos sido tambin bautizados en las aguas por miembros de Cristo y de Su parte; el Espritu Santo nos ha bautizado tambin, transformndonos y convirtindonos del mundo, del pecado y de la incredulidad, al Camino que es Cristo mismo reproducindose vitalmente entre nosotros (Juan 14:6).  No se nos puede destruir esta fe, pues ha sido el mismo Padre quien por el Espritu Santo nos ha revelado al Hijo.  La sangre de Cristo nos ha limpiado de todo pecado y su virtud nos participa la santificacin como experiencia real; incluso, el Espritu Santo nos ha bendecido con dones espirituales, y a varios ha llamado directamente al ministerio del apostolado.  Adems, en ningn momento nos consideramos otra iglesia; ni siquiera organizamos nada en forma exclusivista como supone el jesuita Dn. Antonio Colom en su crtica.  No tenemos necesidad de fabricar una organizacin exclusivista que pretenda ser otra iglesia; no!  sino que ya pertenecemos a Cristo y El a nosotros, y somos ya parte de Su Cuerpo y recibimos a todos los verdaderos cristianos como una familia universal, respetando la jurisdiccin ciudadana de cada candelero.  Y como dice el apstol Pablo: a nadie conocemos segn la carne (2 Corintios 5:16).

Ahora bien, en cuanto a la iglesia local a la cual acudir (Mateo 18:17), es lgico que la iglesia del lugar se funde apenas en la fecha de su comienzo particular, el cual es diferente en cada lugar.  Hay lugares donde an no ha sido fundada la iglesia de all; cuando lo sea, aunque en el futuro, eso no la hace menos verdadera, una vez que su fe sea la misma que predicaron los apstoles cuyo ncleo esencial para la salvacin est registrado, gracias a Dios, en las Escrituras[8].

As que tratndose de iglesias locales, es decir, de ciudades o lugares, no nos afecta cul sea primero o despus;  lo que s nos importa es que sea el mismo Espritu y el mismo evangelio de Cristo y los apstoles, para conocer el cual acudimos al Seor resucitado, Cabeza del Cuerpo, y a sus pronunciamientos ms seguros los cuales estn registrados en la Biblia, junto a la explicacin de sus apstoles; tenemos tambin el Espritu Santo y apreciamos el ministerio del Cuerpo.  No tenemos tampoco problema en ayudarnos unos a otros y recibir ayuda, en Cristo, de cualquier miembro suyo conocido por sus frutos.  Si la tradicin extrabblica puede demostrarnos sin lugar a duda algo proveniente de Cristo y de los apstoles que no se halle en las Escrituras, lo examinamos gozosos; pero una cosa s decimos: Nada puede pretenderse de origen apostlico que contradiga sus mismas Escrituras.  Estamos al tanto de muchas innovaciones y perversiones a travs de la historia; el diablo siempre ha intentado pervertir el cristianismo de manera que en parte lo ha hecho edificando a Babilonia en vez de a Jerusaln.

Nosotros empero nacimos en este siglo, y no tenemos la culpa de lo que ha sucedido en la historia.  Eramos pecadores mundanos perdidos, incrdulos e inconversos, pero ahora somos cristianos, y una cosa s sabemos bien:  somos el fruto del Espritu Santo a travs de los escritos apostlicos, y amamos a la Iglesia universal, a todas las iglesias de los santos (Apocalipsis 2:23; 1 Corintios 14:33; Romanos 16:4) y buscamos en Cristo acrecentar y profundizar nuestra comunin, superando las divisiones creadas por el diablo.  Tenemos por cierto que tan solo la verdadera comn participacin con y en el Cristo vivo efectuar, como es Su ministerio, la perfecta reconciliacin entre los verdaderos cristianos, nacidos del agua y del Espritu, en la genuina regeneracin evidente por sus frutos.  A tal reconciliacin estamos dispuestos; pero pretender una mera unificacin externa, poltica y hegemnica, ajena al Cristo vivo, es vano para Dios y aprovechable para el diablo y su anticristo.  Mostradnos a Cristo y os recibiremos.

Dn. Antonio Colom, al parecer justificando los malos frutos de los que fueron rociados sin creer ni querer, deca en su crtica as: se entra a formar parte de la Iglesia por medio del bautismo.  Y en la Iglesia de Cristo hay buenos y malos (vase la parbola de la cizaa, Mateo 13:24 y ss.).  La Iglesia de Cristo es la sociedad cuyo Jefe es el sucesor de Pedro.


En primer lugar respondemos que en la parbola de la cizaa no es la Iglesia el campo con trigo y cizaa, sino el mundo; el mundo es el campo donde el Seor sembr el trigo (Su Iglesia) y el diablo la cizaa (Babilonia); puede verse la interpretacin de Cristo mismo en Mateo 13:37,38.  Sera un absurdo considerar regenerado a un impostor rociado, incrdulo, cuyo fruto es cizaa cual hijo del malo.  Si es hijo del malo (cizaa) entonces no es regenerado, y fue plantado por el diablo en el mundo entre la Iglesia, pero no en ella.  Pablo dice que es el Espritu el que nos bautiza en el Cuerpo (1 Corintios 12:13) y ste se recibe habiendo odo con fe (Glatas 3:5,14) mediante la cual invocamos al Seor en el bautismo (sumersin) en Cristo y en agua de parte de Dios.  Por eso el apstol Felipe respondi al eunuco: Si crees de todo corazn, bien puedes (ser bautizado).

Una ceremonia de rociamiento sin fe (que no es bautismo) no regenera a nadie, pues est desprovista del contacto espiritual.  Nadie es regenerado por una fe ajena; es la vida recibida de Cristo, por la fe personal, concientemente, la que regenera.

Dn. Antonio Colom nos criticaba por decir que la Iglesia es la suma de los regenerados en Cristo, por el Espritu; y enfatizaba el agua; pues bien, entre nosotros hemos recordado siempre las aguas bautismales, y los que llegan a creer son entonces bautizados (sumergidos) de parte de Dios en ellas, obedeciendo a Cristo; pero nuestro nfasis, sin desconocer el agua, es en la realidad espiritual, la fe personal y consciente, el acto voluntario, pues faltando esto, el agua por s sola no tiene ningn poder regenerador, como tambin lo da a entender el apstol Pedro en su primera carta (l Pedro 3:21).  Se trata, pues, del lavamiento del agua por la Palabra (Efesios 5:26), del lavamiento de la regeneracin (Tito 3:5), la cual viene de recibir por la fe a Cristo (Juan 1:12; 1 Juan 5:1,4,5); 1 Pedro 1:24,3); tal fe la demostramos y confesamos en el bautismo voluntario.  Sostenemos, pues, la necesidad de nacer no slo del agua sino tambin del Espritu (Juan 3:5,6).

Faltando la sustancia de la fe y de la realidad espiritual, el rociamiento se convierte en un mero formalismo que a nadie regenera.  Pablo dice en Colosenses 2:12, que en el bautismo somos resucitados con Cristo mediante la fe en el poder de Dios que levant a Cristo de entre los muertos.  Es esta la razn por la cual al hablar de regeneracin, nuevo nacimiento, enfatizamos la fe y el Espritu, precisamente para evitar la irresponsabilidad de los que se confan en la mera apariencia ritual y externa, atribuyndole al agua ceremonial el poder regenerador, enajenados del Cristo vivo al que es necesario asirse por la fe, en la realidad espiritual.  Aun as, creemos y practicamos tambin el bautismo en agua, procurando hacerlo con toda seriedad y responsabilidad, pues no son las estadsticas lo que deseamos poblar, sino el cielo.


Ahora, Dn. Antonio Colom contra este contexto nos dice, al parecer ingenuamente, que la Iglesia de Cristo no son los regenerados sino la sociedad cuyo jefe es el sucesor de Pedro; nos parece que se engaa y nos quiere tambin engaar. De qu tipo de sucesor habla?  Y, sucesor en qu sentido?  Sabemos que se refiere al papa de Roma.  Pues, bien, todos los papas actuales, a quienes apreciamos en cuanto hombres e incluso amamos y por lo cual les somos sinceros en la manifestacin de la verdad, todos los papas actuales, deca, son sucesores de Martn V, hecho papa por el concilio de Constanza convocado por el emperador Segismundo de Alemania.  Tal papa no recibi la sucesin de ninguno de los tres que le precedieron a un mismo tiempo: Gregorio XII de la lnea de Roma, Benedicto XIII de la de Avignon y Juan XXIII de la de Pisa.  Estos tres fueron depuestos por el Concilio de Constanza. Por qu? Eran falsos?  Adems, con qu autoridad?  Si la lnea de Roma desde Urbano VI a Gregorio XII era falsa, est rota la cadena, y si era verdadera, por qu fue desconocida y por qu acat la deposicin? Acaso no se supone al concilio inferior al papa?  Y si cambian las cosas, qu es lo que sucede? Un ttulo prohibido por Cristo con diversos contenidos?  Si la lnea de Roma acat la deposicin, se consider a s misma falsa, y entonces la lnea de Avignon sera la verdadera, la cual a partir de Urbano VI pas a Clemente VII, a quien sucedi Benedicto XIII que no acat la decisin del concilio.  Si la lnea de Roma no era la verdadera, entonces lo era la Avignon y por eso el papa no acat la deposicin del concilio, pero fue igualmente depuesta y repudiada hasta el da de hoy.  Los sucesores actuales no provienen de Avignon, y si es porque tambin esta lnea era falsa, entonces no era sino comenzar de nuevo con Pisa, lo cual no es sucesin.  La lnea de Pisa no es heredera de Roma ni de Avignon; no puede serlo pues fueron repudiadas; cmo entonces iba a sucederle a Pedro?  Adems, la lnea de Pisa la hered Juan XXIII a quien el concilio depuso por hereje y otras cosas, pues incluso negaba la inmortalidad del alma.  En nuestro tiempos, otro papa tom el homnimo de Juan XXIII, lo cual significa reconocer la deposicin de la lnea de Pisa.  As que Martn V, nombrado por el concilio de Constanza no es sucesor ni de la lnea de Roma depuesta con acatamiento, ni de la lnea de Avignon depuesta sin acatamiento pero abandonada, ni de la lnea de Pisa que vena por el primer Juan XXIII tambin depuesto.  Entonces Martn V, a quien suceden los actuales papas, no hered ninguna autoridad apostlica proveniente de Pedro, sino que proviene su autoridad poltica del concilio de Constanza, que demostr mayor autoridad que los papas deponindolos a todos y hacindose de uno nuevo.  As que los que pretendan ser sucesores fueron depuestos y los actuales no vienen de ninguno de ellos, pues cmo suceder a depuestos?  Si fueron depuestos no eran verdaderos, y entonces se sucede a falsos o no se sucede a nadie.  La pretendida cadena est rota; y pensar que esta no es la nica ocasin en que aconteci tal tipo de cosas, sino que es apenas un ejemplo entre varios.  S, varios papas fueron derrocados por sus supuestos sucesores e incluso condenados por estos mismos; varios fueron entronizados por reyes poderosos que no tenan de Pedro ninguna autoridad para constituir.  Para nosotros, pues, Dn. Antonio Colom, una lista de papas no significa nada; si se conociese la verdadera historia de cada uno de esos nombres! Son exctedra las bulas pontificias?  En ellas se permite matar contradiciendo a Cristo, se manda a desobedecer a las autoridades civiles contradiciendo Su Palabra, se legitiman mentiras, se anatematizan verdades y hasta hechos histricos, etctera.

La verdad, la vida, el evangelio, el cristianismo, es muchsimo ms que eso y hasta el da de hoy existen herederos de herencias de verdad ms antigua que la misma fecha de la visita apostlica a Roma.

Qu necedad sera desprendernos de Cristo de sus Palabras seguras por los apstoles en las Escrituras, y hacer depender nuestra salvacin de las ocurrencias inesperadas de una galera tan variada!  Un solo Mediador tenemos entre Dios y nosotros: a Jesucristo hombre, en cuya virtud ha de vivirse. Que nadie pretenda separarnos de este Mediador interponindose! Estamos asidos a la Cabeza y somos el Cuerpo! Somos la Iglesia! Tenemos Su Espritu! tenemos voz y voto!  Tenemos tambin responsabilidad por la cual respondemos directamente al Juez de toda carne: el Hijo de Dios, Jesucristo el Seor.

Al estudiar la historia, lastimosamente nos parece que la institucin romano-papista ha sido la causa de terribles males, y an hoy, es tambin triste decirlo, la multitud de su pueblo que se dice adepto a ella sin conocerla, son en su mayora indiferentes, atrapados all sin voluntad propia, y hasta usados para escarnecer, y lo que es peor, no conocen an el camino de salvacin, el Evangelio.  Basta una conversacin para notarlo.  Perdneme por favor si hubo un desmedido entusiasmo en esta respuesta, pero es as como expresamos nuestro sincero deseo por la genuina salvacin de las almas; confimosnos en el Hijo de Dios y Su sacrificio definitivo, conozcamos por la gracia de Dios la virtud de Su Espritu que nos convierte verdaderamente a Dios.

 

 

V.  En el artculo criticado por Dn. Antonio Colom, decamos que el Espritu Santo inspira las Escrituras y a la Iglesia; usbase un tiempo presente literario, pero el jesuita nos corrigi diciendo que el Espritu inspir (pasado) a las Escrituras y ahora (presente) inspira a la Iglesia.  Muchas gracias, es verdad que es en el pasado que el Espritu inspir las Escrituras, no obstante tambin decimos que hoy el Espritu Santo sigue operando a travs de las Sagradas Escrituras.

Y para terminar, el jesuita Colom, preguntaba, qu querase decir al decirse que la Iglesia no canoniza el canon;  ste es cannico en s.

Bien, es esto lo que se quiere decir: No es la Iglesia la que le da el carcter sagrado a los libros de la Biblia, sino que stos son sagrados en s mismos, y la Iglesia meramente los reconoce; en ese sentido, la Iglesia no tiene derecho de modificarlos; adems, tales Libros hablan por s mismos.  La Providencia de Dios, no tan slo la Iglesia nos los conserv.

 

En Paraguay, 1982.



[1] En sentido de hipstasis (Heb. 1:3).

[2] Juan 1:12

[3] Opsculo de Cristologa

[4] Referencia a Romanos 10:8-13; Glatas 3:26; Juan 1:12

[5] Referencia a 1 Corintios 12:13

[6] Referencia a Efesios 2:20,22; Colosenses 2:19

[7] Referencia a Apocalipsis 17

[8] Juan 20:30,31; Efesios 3:3-6; Glatas 6:16; 2 Corintios 1:13; Romanos 15:15,16; 1 Corintios 15:1-8; Filipenses 3:15-17; 2 Tesalonicenses 3:14; 1 Timoteo 1:15; 2 Timoteo 3:15;  Tito 3:4-8; 1 Pedro 5:12; 2 Pedro 3:1,2; 1 Juan 1:4,5-10; 1 Juan 2:1-6,7; 1 Juan 3:11,23; 1 Juan 5:10-13; Judas 3; Apocalipsis 22:6-10.
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Gino Iafrancesco V.,1982, Ciudad del Este, Paraguay.

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